Tecnología médica con indicación específica para enfermedades graves, reciclada como rejuvenecimiento fuera de indicación a 10–15.000 dólares la sesión sin un solo ensayo controlado en sujetos sanos que sostenga el precio.
Hay un patrón que se repite en la industria de la longevidad: un procedimiento médico con indicación aprobada para una enfermedad grave, un hallazgo mecanístico en ratón, y una cadena de clínicas que convierten ese hallazgo en un producto premium para adultos sanos. La plasmaféresis terapéutica y la ozonoterapia extracorpórea son dos casos de libro del mismo patrón, aunque llegan por caminos distintos.
La primera parte de una base médica legitimada: la American Society for Apheresis la cataloga como tratamiento de primera línea para una lista concreta de enfermedades autoinmunes y hematológicas. La segunda parte de un nicho regulatorio propio: la FDA la clasifica como gas tóxico sin aplicación médica demostrada. Lo que tienen en común es lo que se vende con ellas cuando cruzan al mercado de la longevidad: rejuvenecimiento sistémico, reversión de la edad biológica, limpieza del inflammaging, todo por un precio que oscila entre cinco y cuarenta mil dólares por ciclo.
Ninguno de esos claims está sostenido por un ensayo controlado aleatorizado en sujetos sanos. Ninguno. Este artículo documenta la brecha entre lo que dice la literatura primaria y lo que dicen las clínicas, explica por qué el patrón funciona comercialmente a pesar de esa brecha, y toma posición sobre dónde está el límite.
Del mecanismo en ratón al producto premium
El esquema es siempre el mismo y tiene cuatro pasos.
Primero, un laboratorio académico publica un hallazgo mecanístico en animales. La hipótesis se expresa en términos moleculares: vías de señalización, factores circulantes, marcadores de senescencia, relojes epigenéticos. El paper real casi siempre es honesto con sus limitaciones. El laboratorio de los Conboy en Berkeley, por ejemplo, publicó en 2020 que diluir el plasma viejo de ratones con solución salina y albúmina producía efectos equivalentes a la parabiosis heterocrónica clásica: mejor reparación muscular, menos adiposidad hepática, más neurogénesis hipocampal [1]. Pero en ratones. De dos años de edad. En condiciones de laboratorio. La propia Irina Conboy, coautora principal, decía textualmente al hablar de resultados en humanos: I would warn against silver bullets. Y sin embargo el paper fue leído en todo el ecosistema longevity como la validación molecular de una práctica clínica.
Segundo paso, un emprendedor con credenciales médicas monta una clínica. La clínica emplea un procedimiento ya aprobado por FDA para una indicación distinta, asume que el paso de paciente enfermo a cliente sano es trivial, y ofrece el servicio por un precio alto. La legalidad del acto médico se apoya en dos pilares: el procedimiento está aprobado, y el uso off-label es una prerrogativa del clínico. El marketing es menos escrupuloso.
Tercero, el ecosistema mediático lo convierte en fenómeno. Aparecen en podcasts de gran audiencia, se asocian con figuras conocidas del biohacking, y la cobertura se desliza del may help al reverses aging en cuestión de meses. El testimonio sustituye al ensayo. La anécdota ocupa el hueco de los outcomes.
Cuarto, llega la contraevidencia. A veces tarda años. Cuando llega, el precio ya se ha consolidado, la clínica ya tiene cartera, y la literatura crítica publicada en revistas técnicas no tiene la misma capacidad de viralización que el testimonio. La narrativa popular se desplaza hacia la siguiente promesa antes de que el mercado absorba la desconfirmación de la anterior.
El problema epistémico de fondo no es que estas terapias sean falsas. Es que se venden como demostradas cuando no lo son. Lo que existe en la literatura es un hallazgo mecanístico preliminar. Lo que se vende es un resultado clínico. La distancia entre ambos —la distancia entre mecanismo y outcome— es el negocio.
Lo que ASFA dice, y lo que venden las clínicas
La plasmaféresis terapéutica (TPE, therapeutic plasma exchange) no es medicina alternativa. Es un procedimiento hospitalario con décadas de uso. La American Society for Apheresis publica una guía que clasifica las indicaciones en cuatro categorías [2]. La novena edición, publicada en 2023, contiene 91 fichas y 166 indicaciones clasificadas.
| Categoría ASFA | Significado | Ejemplos |
|---|---|---|
| I | Terapia de primera línea. | Púrpura trombótica trombocitopénica (PTT), Guillain-Barré, miastenia gravis, CIDP, neuromielitis óptica, glomerulonefritis por anticuerpos anti-MBG. |
| II | Segunda línea. Evidencia favorable. | Algunos escenarios de rechazo de trasplante, esclerosis múltiple aguda severa, GvHD crónica (fotoféresis). |
| III | Beneficio incierto. Decisión individualizada. | Casos específicos con evidencia heterogénea o limitada. |
| IV | La evidencia sugiere que es inefectiva o dañina. | Indicaciones retiradas por falta de beneficio. |
¿Dónde está «longevidad» en esta tabla? En ningún sitio. ASFA no la contempla ni como indicación categórica ni como uso experimental tabulado. El procedimiento que se hace en una clínica de longevidad es mecánicamente idéntico al que se hace en un hospital para tratar a un paciente con púrpura trombótica trombocitopénica, pero la legitimidad de la indicación es incomparable. En un caso se trata una enfermedad con mortalidad documentada si no se trata. En el otro se trata la sospecha de envejecer antes de tiempo.
El marketing comercial borra esta diferencia deliberadamente. Next Health vende la TPE como most advanced longevity treatment available. Extension Health la ofrece en su sede de West Village de Manhattan a 10.000 dólares la sesión, no cubierto por seguro, self-pay only. Global Apheresis, la clínica del propio Dobri Kiprov en Mill Valley, cobra cifras similares por protocolos de varias sesiones. Un reportaje de 2024 del San Francisco Standard titulaba: A $36K blood-cleaning treatment is the new longevity craze [3].
Los dos estudios que se citan. Y cómo se citan.
Cuando una clínica de longevidad justifica su protocolo de TPE, casi siempre apoya el claim en dos papers: Kim & Kiprov 2022 y Fuentealba & Furman 2025. Conviene leer exactamente qué dicen estos papers y, sobre todo, qué no dicen.
Kim & Kiprov 2022 — GeroScience
El paper Old plasma dilution reduces human biological age: a clinical study se publicó en 2022 en GeroScience 44:2701-2720 [4]. Es un estudio clínico pequeño, sin grupo control con placebo propiamente dicho, que documentó reducciones en relojes epigenéticos tras sesiones de TPE en adultos mayores. El primer autor es Daehwan Kim, del laboratorio Conboy en Berkeley. Dobri Kiprov figura como coautor y aporta la tecnología de aféresis desde Global Apheresis.
El paper es honesto en su planteamiento: es una prueba de concepto. Pero el problema no es el paper sino cómo se usa. En el material comercial, clinical study se traduce como si fuera un ensayo controlado aleatorizado, y la reducción de uno a tres años en relojes epigenéticos se presenta como si fuera extensión de healthspan. Son cosas distintas. Los relojes epigenéticos predicen mortalidad en población general, pero su respuesta a una intervención no equivale automáticamente a un cambio en esa mortalidad.
Fuentealba & Furman 2025 — Aging Cell
En mayo de 2025 salió el siguiente paso: Multi-Omics Analysis Reveals Biomarkers That Contribute to Biological Age Rejuvenation in Response to Single-Blinded Randomized Placebo-Controlled Therapeutic Plasma Exchange, publicado en Aging Cell 24(8):e70103, con David Furman del Buck Institute como autor sénior y Kiprov de nuevo entre los coautores [5].
Es el mejor dato disponible hasta la fecha. Conviene resumirlo con precisión:
Lo que el paper sí soporta: que la TPE asociada a inmunoglobulina intravenosa (IVIG), administrada cada dos semanas durante varios meses, produce cambios medibles en biomarcadores epigenéticos en adultos mayores de 50 años. La combinación TPE + IVIG fue la única rama que mostró efecto robusto y consistente. La TPE sola, tanto en régimen bisemanal como mensual, produjo efectos menores y no siempre significativos. El placebo no produjo cambios.
Lo que el paper no soporta:
- No es doble ciego. Es single-blinded. El personal de la clínica sabía quién recibía qué.
- El tamaño muestral es modesto (42 sujetos, repartidos en cuatro grupos).
- Sigue sin haber un outcome clínico —ni mortalidad, ni morbilidad incidente, ni función física medida objetivamente. Solo biomarcadores moleculares.
- El conflicto de intereses es severo y está declarado: Kiprov es coautor del paper y propietario de Global Apheresis, la empresa que suministra la tecnología y cobra por los tratamientos comerciales.
- El efecto robusto aparece con IVIG asociado. La inmunoglobulina intravenosa tiene su propio perfil de efectos antiinflamatorios bien documentado. Separar la contribución de la TPE de la del IVIG en esos 2,6 años no es trivial.
El paper de 2025 es el mejor dato disponible, y sigue siendo insuficiente para justificar el precio. 42 sujetos, un solo ciego, conflicto de interés del coautor que es el dueño comercial, efecto dependiente del cotratamiento con IVIG, sin outcome clínico medido. Eso es un buen estudio piloto. No es evidencia para facturar 36.000 dólares a un adulto sano.
El estudio independiente que nadie cita
En julio de 2025, un grupo académico sin vínculos con la industria longevity publica en Scientific Reports un ensayo clínico cruzado en donantes sanos sometidos a plasmaféresis repetida. Primer autor: Pavel Borsky, de la Charles University en Hradec Králové, República Checa [6]. El protocolo es distinto al de Kiprov: no incluye reemplazo de volumen con albúmina después de cada sesión. Es plasmaféresis de donación, no TPE con reemplazo.
El hallazgo incomoda. Los autores reportan que:
No hubo rejuvenecimiento epigenético. En varios relojes —DNAmGrimAge, Hannum, Dunedin Pace of Aging— se documentó aceleración de la edad epigenética tras el protocolo. Los autores concluyen que el protocolo seleccionado no aportó datos concluyentes de beneficio, y que más investigación sobre su seguridad a largo plazo es necesaria.
¿Qué hay que leer de esto? Primero, que la técnica importa. La plasmaféresis sin reemplazo es una cosa, la TPE con albúmina es otra, y no tienen por qué producir el mismo efecto biológico. Segundo, que el resultado de Kiprov/Furman no es universal ni automático: cambia el protocolo y puede desaparecer, o incluso invertirse. Tercero, y más importante: la literatura sobre TPE y edad epigenética es lo bastante joven e incompleta como para que un estudio independiente reporte aceleración en lugar de rejuvenecimiento. Cuando eso pasa en un campo científico, la respuesta correcta no es subir el precio, es pausar el marketing.
Steve Horvath, creador de los relojes epigenéticos que se usan como vara de medir en estos estudios, resumió la situación en una entrevista de 2025 con notable franqueza: el efecto del intercambio plasmático en roedores está documentado y es sólido; en humanos hay datos que me convencen, pero los datos siguen siendo escasos comparados con los de ratón, y el consenso sigue abierto [7].
Ni siquiera la base
La plasmaféresis tiene una base médica sólida que las clínicas de longevidad estiran fuera de indicación. La ozonoterapia extracorpórea, en sus dos modalidades comerciales principales —autohemoterapia mayor (MAH) y oxigenación/ozonización sanguínea extracorpórea (EBOO)— no tiene ni siquiera ese punto de partida.
La posición regulatoria
La FDA lleva décadas manteniendo una postura explícita. El Code of Federal Regulations recoge en 21 CFR 801.415 literalmente que el ozono es un gas tóxico sin aplicación médica útil conocida y que para que sea efectivo como germicida debe estar presente en concentraciones superiores a las toleradas por el ser humano [8]. La regulación prohíbe expresamente su uso en cualquier condición médica para la que no se haya demostrado seguridad y eficacia. En 2019 la FDA reiteró la advertencia. En 2017, el Ministerio de Sanidad de Malasia prohibió la ozonoterapia por falta de soporte científico y riesgo documentado. La American Cancer Society la había marcado en 2010 como terapia sin eficacia demostrada y potencialmente peligrosa.
La evidencia disponible
La revisión Cochrane más relevante —Liu y colaboradores 2015, Ozone therapy for treating foot ulcers in people with diabetes, CD008474.pub2— es la pieza que más se cita como soporte de la ozonoterapia [9]. Vale la pena citar lo que efectivamente concluye, no lo que le hacen decir.
| Dimensión | Lo que dice Cochrane 2015 |
|---|---|
| Estudios incluidos | 3 ECA, 212 participantes totales. |
| Calidad de la evidencia | Baja. Metodología poco clara, riesgo de sesgo. |
| Efecto en cicatrización completa | Sin diferencia significativa vs. cuidado estándar. |
| Efecto en área de úlcera | Reducción mayor con ozono en un estudio vs. antibióticos. |
| Conclusión Cochrane | We are unable to draw any firm conclusions regarding the effectiveness of ozone therapy. |
Eso es todo. La mejor revisión sistemática disponible en la mejor indicación de la ozonoterapia —úlcera del pie diabético, paciente con enfermedad real— no permite extraer conclusiones firmes. Eso no es alta evidencia. No es estudios piloto positivos. Es insuficiente.
EBOO en longevidad: el salto es mayor
La versión más sofisticada de la ozonoterapia extracorpórea, EBOO, fue desarrollada en Italia por el grupo de Di Paolo y Bocci a partir de 1990. El único ensayo clínico controlado publicado con esta técnica es un pilot study de 2005 en 28 pacientes con enfermedad arterial periférica comparando EBOO con prostaciclina intravenosa [10]. No era placebo-controlado. No era en sujetos sanos. No medía longevidad. Medía regresión de lesiones cutáneas en pacientes con isquemia.
Veinte años después, el cuerpo de evidencia no ha crecido sustancialmente. Steven Novella, neurólogo de Yale y editor ejecutivo de Science-Based Medicine, lo resumía en 2025 con una frase que captura la situación: en veinte años no se ha producido ninguna respuesta definitiva a la pregunta de si EBOO funciona, y sigue sin haber investigación que estudie su efecto en la población general ni evidencia de incremento de salud o longevidad [11].
A pesar de ello, EBOO se vende hoy como elite precision-engineered intervention en clínicas de Nueva York, Miami, Los Ángeles, Dubai y el sur de Europa, a precios que oscilan entre 1.500 y 5.000 dólares por sesión, con protocolos recomendados de 10 a 14 sesiones por ciclo.
Lo que cuesta y lo que puede costar
| Procedimiento | Clínica típica | Precio por sesión | Protocolo habitual |
|---|---|---|---|
| TPE | Extension Health NYC | 10.000 USD | 3-5 sesiones |
| TPE | Global Apheresis (Kiprov) | ~12.000 USD | Bimensual / mensual |
| TPE | Next Health bundle | No público | Paquete de 3 sesiones |
| TPE (serie completa) | Rango de mercado | 30.000-45.000 USD | Ciclo anual |
| EBOO | Clínicas de longevidad | 1.500-5.000 USD | 10-14 sesiones |
| MAH (ozono rectal / IV) | Centros de medicina integrativa | 150-500 USD | Indefinido |
TPE: lo que sí está documentado
Los eventos adversos de la TPE en entorno hospitalario son conocidos y, en manos experimentadas, manejables. Un estudio retrospectivo brasileño reciente sobre 85 pacientes y 493 sesiones documentó efectos adversos en el 5,88% de los casos [12]. Los más frecuentes: hipotensión transitoria, toxicidad por citrato con parestesias y calambres, hipocalcemia, reacciones alérgicas a la albúmina, depleción de factores de coagulación tras sesiones repetidas.
La lista es manejable cuando el paciente tiene indicación. Cuando el paciente es un adulto sano que ha pagado por un procedimiento sin indicación médica, el balance riesgo/beneficio cambia radicalmente, porque el beneficio clínico no está demostrado.
Ozono: la lista es más fea
La literatura médica documenta complicaciones graves de la ozonoterapia que no aparecen en el material comercial de las clínicas:
- Embolia gaseosa, especialmente en pacientes con foramen oval permeable. Documentada en casos fatales.
- Encefalopatía inducida por ozono (OIE): Haggiag y colaboradores describieron una serie de pacientes con infartos en circulación posterior tras ozonoterapia paraespinal intramuscular [13].
- Infartos cerebrales tras ozono intravenoso: un reporte de caso australiano de 2024 describe infartos isquémicos múltiples en una paciente previamente sana tras una sesión de ozono IV, con déficits cognitivos persistentes [14].
- Transmisión de hepatitis C por deficiencias de asepsia en clínicas no reguladas.
- Daño pulmonar agudo si el ozono entra en vía respiratoria: el ozono es un oxidante potente que genera edema pulmonar.
Ambrosia: la próxima vez no será distinta
En 2015, Jesse Karmazin, médico graduado en Stanford, fundó Ambrosia Medical. El pitch: infundir plasma de donantes jóvenes (16-25 años) a receptores mayores (35+) para revertir el envejecimiento. El precio: 8.000 dólares por un litro, 12.000 por dos. El ensayo clínico de la empresa no estaba registrado bajo un Investigational New Drug application de la FDA, de modo que la agencia no revisó el protocolo.
El 19 de febrero de 2019, Scott Gottlieb (entonces comisionado de la FDA) y Peter Marks (director del Center for Biologics Evaluation and Research) publicaron una declaración pública en la que afirmaban textualmente que no existe beneficio clínico probado de la infusión de plasma de donantes jóvenes para tratar las condiciones que las clínicas anunciaban, y que algunos pacientes están siendo presa de actores sin escrúpulos que promueven tratamientos de plasma de donantes jóvenes como curas y remedios [15]. Ambrosia cerró operaciones el mismo día.
El paralelismo con la situación actual es demasiado directo como para ignorarlo. Ambrosia vendía el plasma joven revierte el envejecimiento apoyándose en los estudios clásicos de parabiosis de Conboy y Wyss-Coray. Las clínicas actuales de TPE venden diluir el plasma viejo revierte el envejecimiento apoyándose en los estudios más recientes del mismo laboratorio —que, hay que recordarlo, demostraron que el plasma joven no hacía falta. La narrativa cambió. El precio se mantuvo. La evidencia en humanos sanos sigue siendo preliminar.
Cuando un procedimiento se vende a precio de servicio de lujo antes de tener ensayos fase 3, la probabilidad de que termine con una warning letter de FDA en los siguientes cinco años es alta. Ambrosia fue un caso. NAD+ IV va camino de otro. Exosomas comerciales ya lo son. La plasmaféresis como longevidad está en el mismo cuadrante si la literatura no madura antes que el marketing.
El mecanismo no es el outcome. Un piloto de 42 sujetos sin endpoint clínico no justifica 36.000 dólares. Y la ozonoterapia extracorpórea para longevidad no es un área gris: es un área prohibida que se practica igualmente.
Este artículo es documentación editorial y científica, no prescripción médica ni asesoramiento clínico individualizado. La plasmaféresis terapéutica es un procedimiento médico invasivo con indicaciones aprobadas por ASFA y FDA para enfermedades concretas; su uso en sujetos sanos como intervención de longevidad es extrapolación fuera de indicación sin respaldo de ensayos Fase 3. La ozonoterapia extracorpórea (EBOO, MAH) no está aprobada por la FDA (21 CFR 801.415) para ninguna condición médica y su evidencia más sólida (Cochrane 2015 sobre úlcera diabética) es de baja calidad. Cualquier consideración de estos procedimientos debe discutirse con profesional médico cualificado en el marco de una indicación clínica documentada. KRECE no recomienda estas intervenciones como herramientas de longevidad en adultos sanos.
- Mehdipour M, Skinner C, Wong N, Lieb M, Liu C, Etienne J, Kato C, Kiprov D, Conboy MJ, Conboy IM. Rejuvenation of three germ layers tissues by exchanging old blood plasma with saline-albumin. Aging (Albany NY). 2020;12(10):8790-8819. DOI: 10.18632/aging.103418.
- Connelly-Smith L, Alquist CR, Aqui NA, et al. Guidelines on the use of therapeutic apheresis in clinical practice: the ninth special issue. J Clin Apher. 2023;38(2):77-278. DOI: 10.1002/jca.22043.
- Eyring M. A $36K blood-cleaning treatment is the new longevity craze. The San Francisco Standard, 5 octubre 2024.
- Kim D, Kiprov DD, Luellen C, Lieb M, Liu C, Watanabe E, Mei X, Cassaleto K, Kramer J, Conboy MJ, Conboy IM. Old plasma dilution reduces human biological age: a clinical study. GeroScience. 2022;44(6):2701-2720. DOI: 10.1007/s11357-022-00645-w.
- Fuentealba M, Kiprov D, Schneider K, Mu WC, Kumaar PA, Kasler H, Burton JB, Watson M, Halaweh H, King CD, Yüksel ZS, Roska-Pamaong C, Schilling B, Verdin E, Furman D. Multi-omics analysis reveals biomarkers that contribute to biological age rejuvenation in response to single-blinded randomized placebo-controlled therapeutic plasma exchange. Aging Cell. 2025;24(8):e70103. DOI: 10.1111/acel.70103. PMID: 40424097.
- Borsky P, et al. Human clinical trial of plasmapheresis effects on biomarkers of aging (efficacy and safety trial). Scientific Reports. 2025;15(1):21059. DOI: 10.1038/s41598-025-05396-0. PMID: 40592961. PMC12218284. Charles University Hradec Králové.
- Entrevista con Steve Horvath (Altos Labs) en Drug Discovery News, agosto 2025: The science of young blood transfusions: can blood rejuvenate?
- U.S. Food and Drug Administration. 21 CFR 801.415 — Maximum acceptable level of ozone. Code of Federal Regulations, Title 21, Chapter I, Subchapter H. ecfr.gov.
- Liu J, Zhang P, Tian J, et al. Ozone therapy for treating foot ulcers in people with diabetes. Cochrane Database Syst Rev. 2015;(10):CD008474.pub2. DOI: 10.1002/14651858.CD008474.pub2.
- Di Paolo N, Bocci V, Salvo DP, et al. Extracorporeal blood oxygenation and ozonation (EBOO): a controlled trial in patients with peripheral artery disease. Int J Artif Organs. 2005;28(10):1039-1050. PMID: 16288443.
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- Miranda et al. Therapeutic plasma exchange: analysis of practices and compliance with international guidelines. J Clin Apher. 2025. DOI: 10.1002/jca.70023.
- Haggiag S, et al. Reportes clínicos de encefalopatía inducida por ozono (OIE) tras inyección paraespinal intramuscular; revisados en contexto de seguridad en ozonoterapia.
- Wong CYY, et al. Neurological crisis following intravenous ozone therapy: a case report. PMC11868665. 2024-2025.
- Gottlieb S, Marks P. Statement cautioning consumers against receiving young donor plasma infusions that are promoted as unproven treatment for varying conditions. U.S. FDA, 19 febrero 2019.
