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Ilustración editorial de una cámara de respirometría de alta resolución Oroboros con fibras musculares permeabilizadas suspendidas, iluminación verde KRECE sobre fondo oscuro profundo, representando el gold standard actual para medir función mitocondrial.
LONGEVIDAD · 20 Abr 2026

Disfunción mitocondrial: cómo se mide y cómo no se mide

GDF-15 y FGF-21 detectan enfermedad mitocondrial primaria. Respirometría requiere biopsia. 31P-MRS exige imán. Los paneles comerciales de "salud mitocondrial" no están validados. Qué sí sirve.

Longevity · Diagnóstico clínico
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Longevidad

Medir función mitocondrial en un laboratorio de investigación es rutina desde 1984. Medirla en consulta clínica sigue siendo un problema no resuelto. Entre lo uno y lo otro, una industria entera de paneles comerciales que prometen evaluar «salud mitocondrial» y cobran por incertidumbre disfrazada de ciencia.

El ancla del cluster Mitocondria cerró reconociendo una limitación estructural del campo: no existe hoy un biomarcador de sangre fiable para evaluar función mitocondrial en población general sana. Ese es el punto ciego que este satélite aborda de frente —y con el que cierra el cluster.

La brecha es real y tiene consecuencias clínicas. Por un lado, la comunidad científica dispone de herramientas sofisticadas para caracterizar la función mitocondrial con precisión: respirometría de alta resolución sobre fibras musculares permeabilizadas, espectroscopia de resonancia magnética con fósforo-31, metabolómica dirigida. Por otro, el clínico en consulta privada y el paciente que busca «optimizar su longevidad» tienen acceso a paneles de biomarcadores comerciales cuya validación para población sana es débil o inexistente. Entre ambos mundos circula un marketing que promete en lenguaje científico lo que la ciencia no está en condiciones de entregar.

Este artículo hace inventario. Qué se puede medir y cómo, dónde está el gold standard, cuáles son los biomarcadores de sangre validados y para qué población, qué técnicas no invasivas emergen y qué técnicas siguen siendo imprescindibles. Termina con la traducción clínica práctica: qué debe saber el paciente sano antes de aceptar que le vendan un panel de «salud mitocondrial» de 400 dólares.

Respirometría de alta resolución sobre biopsia muscular

El estándar de oro actual para medir función mitocondrial en humanos es la respirometría de alta resolución sobre fibras musculares permeabilizadas obtenidas por biopsia. El equipo de referencia es el sistema Oxygraph-2k del fabricante austríaco Oroboros Instruments, que mide el consumo de oxígeno en tiempo real en cámaras de 2 mL mediante electrodos polarográficos de alta sensibilidad.

El protocolo clásico, denominado SUIT (Substrate-Uncoupler-Inhibitor Titration), consiste en añadir secuencialmente sustratos y moduladores farmacológicos a la cámara para interrogar estados funcionales concretos de la cadena respiratoria. Primero se mide el estado basal (LEAK) sin ADP. Luego se añade ADP para activar OXPHOS dependiente del complejo I. Después succinato para activar OXPHOS complejo I+II. A continuación FCCP para desacoplar y medir capacidad máxima del sistema de transporte de electrones (ETS). Finalmente rotenona para aislar respiración solo complejo II, y antimicina A para confirmar el fondo de respiración no mitocondrial. Cada paso dura minutos; el experimento completo, una hora.

El output es rico: respiración dependiente de sustrato complejo-específica, capacidad máxima del ETS, ratio P/E (OXPHOS / ETS) como índice de acoplamiento intrínseco, control respiratorio por ADP. Es la medición más detallada posible de la función mitocondrial en una muestra viva de tejido humano.

Por qué esto no llega a consulta. La respirometría Oroboros exige biopsia muscular bajo anestesia local (procedimiento Bergström), procesamiento inmediato de la muestra sobre tejido fresco no congelado, un equipamiento de laboratorio de ~80.000 euros, y un operador entrenado específicamente. El resultado se procesa en DatLab, software propietario. El paciente no sale de consulta con un número; sale de un programa de investigación con un dataset. Para clínica rutinaria es inviable.

Esto no es un fallo del método. Es un recordatorio de que el estándar de oro actual de función mitocondrial depende de tejido fresco obtenido invasivamente. Toda medición menos invasiva que se promocione comercialmente se compara necesariamente con este referente, y en la mayoría de los casos sale perdiendo.

El paper Short 2005 publicado en PNAS ilustra la validez del método y su peso en la literatura. Con N=146 hombres y mujeres sanos entre 18 y 89 años, biopsia de vasto lateral, actividad de citrato sintasa, contenido de mtDNA y MAPR (mitochondrial ATP production rate), el grupo de Nair documentó el declive gradual continuo de función mitocondrial con la edad en humanos sanos [1]. Sigue siendo la referencia cuantitativa de cabecera para «qué le pasa a la mitocondria con los años» en humanos no patológicos.

Qué detectan realmente GDF-15, FGF-21 y la batería clásica

El santo grial de la diagnóstica mitocondrial sería un biomarcador de sangre que detectara disfunción mitocondrial con sensibilidad y especificidad altas, idealmente capaz de distinguir entre enfermedad mitocondrial primaria y declive sutil. Ese biomarcador no existe todavía, pero hay dos candidatos serios y una batería clásica que conviene situar.

FGF-21

Anu Suomalainen y colaboradores publicaron en 2011 en Lancet Neurology el paper fundacional de FGF-21 como biomarcador mitocondrial [2]. FGF-21 (fibroblast growth factor 21) es una hormona hepática involucrada en el metabolismo de lípidos y la respuesta al ayuno. Suomalainen reportó niveles elevados en suero de pacientes con enfermedades mitocondriales que afectan músculo esquelético, con AUC 0,97. El estudio incluía 67 pacientes con enfermedad mitocondrial, 34 controles con otras enfermedades neurológicas, y 74 controles sanos.

Lo que FGF-21 detecta bien: miopatía mitocondrial con compromiso muscular manifiesto. Defectos de traducción mitocondrial, mutaciones en mantenimiento del mtDNA (deleción única, múltiples deleciones), miopatías con alta carga de heteroplasmia tisular.

Lo que FGF-21 no detecta bien: enfermedades mitocondriales sin compromiso muscular prominente (encefalopatías puras, cardiomiopatías, miopatías leves). También se eleva en contextos no mitocondriales como obesidad, diabetes tipo 2, enfermedad hepática grasa, embarazo, ejercicio agudo. El propio grupo reconoce esa limitación; la revisión de Tsygankova et al. en 2019 en Journal of Inherited Metabolic Disease documentó que FGF-21 está elevado en diversas enfermedades metabólicas hereditarias que no son mitocondriales [3].

GDF-15

GDF-15 (growth differentiation factor 15) es una citoquina de la superfamilia TGF-β que se induce ante estrés celular de varios tipos. En 2015, Yatsuga y Koga publicaron en Annals of Neurology el estudio de referencia: 48 pacientes con enfermedad mitocondrial y 146 controles sanos japoneses [4]. Los pacientes mostraron niveles 6× superiores (2.711 ± 2.459 pg/mL vs 462,5 ± 141,0 pg/mL, p<0,001). La AUC de GDF-15 en esa cohorte fue 0,997 (IC 95% 0,993-1,000) —rendimiento diagnóstico cercano al perfecto en esa población— frente a AUC 0,889 para FGF-21.

La comparación directa cabeza con cabeza la hizo Davis et al. en 2016 en Neurology, en una cohorte adulta australiana distinta [5]. GDF-15 resultó más preciso globalmente: sensibilidad diagnóstica 77,8% vs 68,5%, diagnostic odds ratio 75,3 vs 45,7, AUC 0,941 vs 0,911. El meta-análisis más reciente, Lin et al. 2020 en Annals of Clinical and Translational Neurology, consolida la ventaja de GDF-15 sobre FGF-21 para enfermedad mitocondrial en adultos, integrando ocho RCTs con 1.563 participantes (718 evaluados para FGF-21, 845 para GDF-15) [6]. Los datos agregados para GDF-15: sensibilidad 0,83, especificidad 0,92, AUC 0,94, DOR 52.

El matiz pediátrico

La jerarquía GDF-15 > FGF-21 se invierte cuando el paciente es un niño. Riley y colaboradores publicaron en 2022 en Molecular Genetics and Metabolism una cohorte pediátrica de 56 niños con enfermedad mitocondrial, 104 con enfermedad no mitocondrial (27 neuromusculares, 26 cardíacas, 21 hepáticas, 30 renales) y 30 controles sanos [7]. El hallazgo crítico: los controles pediátricos con enfermedad no mitocondrial tenían GDF-15 elevado (cardíaca, hepática y renal lo elevan falsamente), pero FGF-21 no. En niños, FGF-21 outperforma a GDF-15 porque GDF-15 pierde especificidad en ese contexto. Un prescriptor que aplica la regla «GDF-15 es mejor» sin contexto de edad está extrapolando mal la evidencia.

La línea crítica

Los dos biomarcadores funcionan para enfermedad mitocondrial primaria establecida. No hay evidencia robusta de que detecten el declive mitocondrial asociado al envejecimiento normal, ni menos aún que permitan distinguir entre «mitocondrias sanas» y «mitocondrias subclínicamente deterioradas» en un adulto aparentemente sano. Las elevaciones existen también en otros contextos patológicos —enfermedad renal, insuficiencia cardíaca, cáncer, inflamación crónica— lo que reduce su especificidad fuera del contexto diagnóstico original. Aplicados fuera del cribado de enfermedad mitocondrial clínica, sus propiedades operativas caen.

La batería clásica

Antes de la era FGF-21/GDF-15, se utilizaban marcadores derivados del metabolismo anaeróbico. La consensus statement de la Mitochondrial Medicine Society reconoce sus limitaciones operativas con nombre propio.

MarcadorQué mideSensibilidadEspecificidadProblema principal
LactatoShift a metabolismo anaeróbico (OXPHOS insuficiente)34-62%83-100%Muchos falsos negativos en MD establecida
Ratio Lactato/PiruvatoDesequilibrio redox citosólicoVariableModeradaRequiere obtención cuidadosa para piruvato
Creatina kinasa (CK)Integridad de membrana muscularBaja para MDBaja para MDInespecífico; se eleva con ejercicio y distrofias
GGT, ácido úrico, bilirrubinaEstrés metabólico sistémico genéricoN/AN/ANO son biomarcadores mitocondriales específicos
FGF-21Hormona hepática inducida por estrés mitocondrial muscular~68%~92%No detecta MD sin compromiso muscular. Preferido en pediátrico
GDF-15Citoquina de estrés celular multi-órgano~83%~92%Se eleva en cáncer, renal, cardiaco, especialmente en niños
KRECE TIP — Lo que GGT y ácido úrico NO son

Si una clínica te ofrece un panel que incluye GGT, ácido úrico o bilirrubina como «marcadores mitocondriales», está vendiendo mal el producto. Son marcadores de estrés metabólico sistémico, no de función mitocondrial específica. Sirven para otras cosas —GGT para hígado graso y alcohol, ácido úrico para gota y riesgo cardiovascular— pero no te dicen nada fiable sobre tus mitocondrias.

31P-MRS, NIRS y el futuro que no termina de llegar

La alternativa no invasiva al gold standard de biopsia es la espectroscopia de resonancia magnética con fósforo-31, o 31P-MRS. La técnica existe desde 1984 —el paper original es Arnold, Matthews y Radda en Magnetic Resonance in Medicine [8]— y mide en tiempo real las concentraciones de fosfocreatina (PCr), fósforo inorgánico (Pi) y ATP en músculo esquelético mediante un imán de resonancia magnética. El parámetro clínico derivado es la cinética de resíntesis de PCr post-ejercicio —la velocidad a la que el músculo reconstruye el reservorio de PCr tras depletarlo con contracción isométrica breve. Esa velocidad depende directamente de la capacidad mitocondrial de síntesis de ATP aeróbico.

Ejemplo de rango típico: en controles sanos de edad media, la constante de recuperación de PCr ronda 2,0-2,2 min-1. En adultos con síndrome de Down, Phillips y colaboradores documentaron 1,7 min-1, indicando disfunción mitocondrial in vivo [9]. La técnica es sensible, cuantitativa, no requiere pinchazo ni radiación ionizante, y captura función muscular real en el paciente real.

Por qué no está en todas las consultas: requiere resonancia magnética de alto campo (3T, idealmente 7T), bobina especializada de fósforo-31, paciente haciendo ejercicio dentro del imán, software dedicado de post-procesado, y operador entrenado. El coste por exploración ronda los 800-1.500 euros cuando está disponible en un programa de investigación clínica. La literatura reconoce un problema metodológico adicional documentado por Valkovič et al. en 2017 en Analytical Biochemistry: los protocolos son específicos de cada laboratorio, lo que reduce la reproducibilidad entre centros y limita la generalización de rangos de referencia [10].

NIRS — espectroscopia de infrarrojo cercano

NIRS (near-infrared spectroscopy) mide la cinética de reoxigenación de la mioglobina y hemoglobina musculares tras un período de oclusión arterial inducido con manguito de presión. La velocidad de reoxigenación refleja función mitocondrial oxidativa. La ventaja frente a 31P-MRS: aparatos portátiles, sin imán, mucho más baratos. La desventaja: sensible a grosor de tejido subcutáneo (la obesidad distorsiona la medición), pigmentación de piel, y protocolo exacto de isquemia-reperfusión. La validación para clínica rutinaria sigue siendo parcial. Espíritu científico sólido, alcance práctico restringido a grupos de investigación por ahora.

Lo que emerge: metabolómica dirigida y sensores portátiles

La metabolómica dirigida a intermediarios del ciclo de Krebs (citrato, α-cetoglutarato, succinato, fumarato, malato) medidos por espectrometría de masas en plasma, orina o gota seca, es una vía prometedora pero aún en fase investigacional. Permitiría detectar firmas específicas de bloqueos enzimáticos concretos de la cadena respiratoria. Los datos publicados todavía son heterogéneos y no hay panel comercialmente validado para uso clínico en sujeto sano.

Paralelamente, sensores portátiles de lactato en sudor, relojes que estiman VO2max por HRV, y perfiles de variabilidad de frecuencia cardíaca que se proponen como proxy de «estrés mitocondrial» se han multiplicado en el mercado de wearables. Su relación con función mitocondrial real, medida por respirometría o 31P-MRS, es débil o no validada. Son herramientas de monitorización de tendencias personales, no mediciones.

El paisaje de lo que se vende como «salud mitocondrial» y no lo mide

La industria de longevidad ha identificado correctamente que «mitocondria» vende. Lo que se ha desplegado a partir de ese insight es una oferta comercial de paneles, tests y algoritmos que se presentan como medición de salud mitocondrial pero cuya correlación con función mitocondrial en biopsia o 31P-MRS es débil, nula, o directamente no validada. Un inventario crítico.

Se vende comoQué es realmenteRelación con función mitocondrial
GGT γ-glutamil transpeptidasaMarcador de daño hepático y consumo de alcoholIndirecta. Correlaciona con hígado graso, no con mitocondria
Ácido úrico elevadoMarcador de metabolismo de purinas, inflamación, riesgo CVNo específica. Correlaciona con síndrome metabólico
HomocisteínaMetabolismo de B12/folatoNo. Relación con CV y cognición, no con mitocondria
HRV (variabilidad FC)Tono vagal, estado autónomoProxy indirecto de «reserva» fisiológica
Relojes epigenéticos (Horvath, DunedinPACE)Estimación de edad biológica por metilaciónCorrelación débil con una de varias dimensiones de envejecimiento
Panel de estrés oxidativo (8-OHdG, MDA, GSH)Marcadores de daño oxidativo genéricoReflejo indirecto; alta variabilidad preanalítica
IrisinaMioquina debatidaMetodológicamente controvertida (los anticuerpos comerciales no detectan irisina humana específica)
NAD+/NADH plasmáticoCofactor metabólicoPlasmático no refleja NAD+ intracelular tisular
Lactato basalProducto de glucólisis anaeróbicaSí, pero baja sensibilidad. Muchos falsos negativos
VO2maxCapacidad aeróbica máximaCorrelaciona con densidad mitocondrial muscular y capilarización

El patrón se repite: marcadores del síndrome metabólico o del estrés oxidativo sistémico, correctamente medidos y con utilidad clínica documentada para otras cosas, se empaquetan y venden bajo el epígrafe «salud mitocondrial» porque la palabra suena más moderna y premium. El paciente paga más por el mismo análisis que su médico de atención primaria le pediría gratis, y termina con la ilusión de haber medido una propiedad específica del orgánulo cuando lo que ha medido es, en realidad, estado metabólico general.

Hay una excepción notable en la tabla: VO2max es un buen biomarcador funcional sistémico que sí correlaciona con densidad mitocondrial muscular (biopsia vasto lateral) y con capilarización. Es medible con una prueba de ejercicio cardíaca relativamente accesible, cuesta entre 150 y 400 euros, y tiene poder pronóstico en mortalidad total de calidad N5. Si hay que elegir un solo «biomarcador mitocondrial» disponible en el mundo real para un adulto sano, ese es. No es una medición directa del orgánulo, pero es un proxy funcional con correlación documentada y utilidad clínica probada. Ver percentiles por edad y sexo para contextualizarlo.

Qué hacer con todo esto en un paciente real

Tres escenarios clínicos distintos requieren aproximaciones distintas. Agruparlos bajo «quiero medir mi salud mitocondrial» es una confusión categorial que el paciente informado debe evitar.

Escenario 1 — Sospecha clínica de enfermedad mitocondrial primaria

Paciente con clínica compatible: miopatía con intolerancia al ejercicio desproporcionada, ptosis palpebral y oftalmoplejía, encefalopatía con episodios stroke-like, neuropatía periférica progresiva, cardiopatía con patrón de cardiomiopatía hipertrófica no explicada, sordera neurosensorial de aparición temprana, retinopatía pigmentaria, diabetes mellitus asociada a alguno de los anteriores. Aquí sí hay un algoritmo diagnóstico formal recogido por la Mitochondrial Medicine Society [11]: evaluación clínica, lactato/piruvato plasmático, FGF-21 y/o GDF-15, secuenciación del mtDNA por long-range PCR o next-generation sequencing, secuenciación del exoma nuclear para genes mitocondriales codificados en nDNA, con/sin histopatología y bioquímica en biopsia muscular. Se hace en centros especializados de neurología mitocondrial, no en la consulta de «longevidad».

Escenario 2 — Monitorización de intervención terapéutica

Paciente ya diagnosticado, en ensayo clínico o tratamiento compasivo con elamipretide u otros agentes experimentales. Aquí GDF-15 y FGF-21 seriados, test de marcha de 6 minutos, respirometría si se hace reevaluación de biopsia, 31P-MRS si está disponible. Los endpoints suelen estar protocolizados.

Escenario 3 — Adulto sano que quiere «optimizar» su función mitocondrial

Este es el caso que la industria de longevidad atiende con más ruido. La respuesta honesta: no hay panel de sangre validado para medir función mitocondrial en adulto sano con calidad clínica hoy. Lo que se puede hacer con evidencia es:

VO2max
Proxy funcional sistémico. Correlaciona con densidad mitocondrial muscular. Pronóstico de mortalidad N5
1RM
Fuerza máxima en ejercicios compound. Masa muscular como reservorio de mitocondrias
DEXA
Composición corporal. Masa magra directamente medida
HbA1c
Proxy de flexibilidad metabólica. Mitocondrias disfuncionales → insulinorresistencia

El adulto sano que busca evaluar su «salud mitocondrial» operativamente tiene acceso a herramientas reales: prueba de ejercicio con medición de VO2max en laboratorio de fisiología del ejercicio, test de 1RM para músculos principales, DEXA para masa magra, HbA1c y glucosa en ayunas como proxy de flexibilidad metabólica, y perfil lipídico completo. Ninguna de estas mide función mitocondrial directamente, pero todas correlacionan con propiedades que la función mitocondrial determina, y todas tienen valor pronóstico documentado en outcomes duros.

KRECE TIP — Si hay que hacer un solo gasto, este

La medición más útil y accesible para un adulto sano no es un panel de biomarcadores. Es un CPET (cardiopulmonary exercise test) con VO2max medido, ejecutado por un fisiólogo del ejercicio cualificado. Cuesta menos que la mayoría de «paneles de longevidad» comerciales, tiene evidencia prono´stica N5, se repite cada 6-12 meses para seguir tendencia, y responde a intervenciones (entrenamiento). Si hay un solo gasto que hacer, es ese.

La pieza hermana del cluster sobre biogénesis mitocondrial y ejercicio detalla cómo esa medición evoluciona con entrenamiento específico. Y el ancla del cluster VO2max desarrolla el contexto de mortalidad y calidad prono´stica. Juntos cubren el espacio que un panel de biomarcadores comerciales pretende ocupar —y lo cubren con mejor evidencia.

Posición de KRECE

No hay panel de sangre que mida función mitocondrial en adulto sano. Todo lo que se venda como tal extiende más allá de su validación.

GDF-15 y FGF-21 funcionan para enfermedad mitocondrial primaria establecida. Fuera de ese contexto, sus propiedades operativas caen.
En la cohorte original de Yatsuga 2015, GDF-15 alcanzó AUC 0,997. En el meta-análisis Lin 2020 con poblaciones más heterogéneas, 0,94. Esa caída es real y se mantiene cuando se sale del contexto diagnóstico. Cualquier panel comercial que prometa «medir tu salud mitocondrial» en adulto asintomático está extendiendo más allá de su validación herramientas diseñadas para otro propósito. En pediátrico la jerarquía se invierte (Riley 2022): FGF-21 sobre GDF-15.
El gold standard clínico es respirometría sobre biopsia muscular. Todo lo demás es un compromiso con la práctica.
Oroboros + protocolo SUIT + biopsia Bergström sigue siendo lo más cercano a medir función mitocondrial real en humanos. No escala a consulta. Las alternativas no invasivas (31P-MRS, NIRS, metabolómica) están entre «prometedoras» y «en desarrollo»; ninguna reemplaza al gold standard todavía.
GGT, ácido úrico, homocisteína, HRV e irisina NO son biomarcadores mitocondriales.
Son marcadores válidos de otras cosas —hígado, riesgo CV, síndrome metabólico, tono vagal. Venderlos como «mitocondriales» porque suena premium es marketing que confunde al paciente. Un perfil metabólico básico bien pedido por el médico de familia cubre la mayoría de lo que estos paneles caros pretenden ofrecer.
VO2max sigue siendo el mejor proxy funcional accesible en 2026.
Correlaciona con densidad mitocondrial muscular (Short 2005), tiene valor pronóstico N5 en mortalidad, es medible en laboratorio de fisiología del ejercicio por un coste razonable, responde a intervenciones en semanas. No es una medición directa del orgánulo, pero es el mejor proxy cuantitativo que un adulto sano puede obtener fuera de un programa de investigación clínica.
Antes de pagar un panel de 400 euros, identifica si lo tuyo es sospecha clínica, monitorización u «optimización».
Sospecha clínica → neurología especializada, no clínica de longevidad. Monitorización de intervención → protocolo del ensayo correspondiente. Optimización en sano → CPET con VO2max + DEXA + analítica metabólica básica. La industria de longevidad que vende paneles exclusivos para la tercera situación está obteniendo precio premium por valor diagnóstico limitado.
Responsabilidad editorial KRECE

Este artículo es material educativo y de referencia editorial. No constituye consejo médico ni guía diagnóstica para uso clínico individual. La sospecha de enfermedad mitocondrial primaria requiere evaluación por neurología especializada; los algoritmos diagnósticos citados (Mitochondrial Medicine Society) están formulados para ese contexto y no son extrapolables a autoevaluación. Los rangos de sensibilidad y especificidad para GDF-15 y FGF-21 proceden de cohortes específicas (adultos, pediátricos, japoneses, australianos, europeos) y sus propiedades operativas pueden variar en otras poblaciones. La decisión de solicitar respirometría, 31P-MRS o paneles de biomarcadores debe partir de un profesional cualificado con información completa del paciente. Cualquier prescripción o interpretación basada únicamente en este artículo es uso inapropiado del material.

Referencias verificadas
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