La mitocondria es el único orgánulo que el cuerpo fabrica de nuevo cuando entrenas. Pero el tipo de entrenamiento decide si construyes contenido, función o nada. La divulgación ha vendido la zona 2 como si fuera la respuesta completa; no lo es. Cuando bajas a la biopsia muscular humana, el único terreno que zanja la discusión, la foto es más incómoda para el eslogan. Una sola vara: la evidencia N0-N5, no el folclore.
Lo que has venido a saber
¿Qué tipo de ejercicio fabrica mitocondrias?
El aeróbico de alta intensidad. En el estudio con biopsia más limpio (Robinson 2017), solo el HIIT y el combinado mejoraron la respiración mitocondrial; la fuerza aislada no fabricó una sola mitocondria nueva.
¿HIIT o zona 2 para las mitocondrias?
Depende de qué construyas y de cuántas horas entrenes. El HIIT es superior para la función mitocondrial; la zona 2 construye contenido, pero solo con mucho volumen. Con horas contadas, la evidencia apoya priorizar trabajo por encima de la zona 2.
¿Sirve la fuerza para las mitocondrias?
Para biogénesis, no de forma comparable al aeróbico intenso: activa más mTOR que AMPK. Es imprescindible por otras razones (masa muscular, hueso, sensibilidad a la insulina), no por esta.
¿Volumen o intensidad?
Construyen cosas distintas y no compiten: el volumen construye contenido (masa mitocondrial); la intensidad construye función (cómo respira cada mitocondria). Se combinan, no se elige.
¿Vale con caminar mucho?
No, y hay biopsia que lo dice. En el estudio de Janssens (Nature Aging, 2026), los mayores que igualaban a los jóvenes en pasos diarios y en actividad de alta intensidad vieron declinar igualmente sus genes de metabolismo energético. Lo que preservaba el perfil juvenil era el entrenamiento estructurado, tres sesiones planificadas por semana durante más de un año.
¿La metformina interfiere con el ejercicio?
Sí. Un ensayo doble ciego (Konopka 2019) mostró que anuló el aumento de VO2max y bloqueó la mejora de respiración mitocondrial del HIIT. En no diabéticos que entrenan, es contraproducente.
Biogénesis y ejercicio: lo que vas a encontrar
Biogénesis mitocondrial y ejercicio, sección a sección
Contenido, función y red: tres cosas que se confunden
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El término biogénesis mitocondrial se usa en divulgación como si apuntara a una sola cosa, fabricar mitocondrias nuevas. El qué es y el mecanismo molecular están en el pilar del concepto; lo que importa aquí, para leer bien la evidencia del entrenamiento, es que la literatura distingue al menos tres dimensiones que no siempre se correlacionan. Confundirlas es la fuente de la mitad de las afirmaciones infladas.
Contenido es la cantidad total de masa mitocondrial en el músculo: se mide por actividad de la citrato sintasa, densidad de volumen en microscopía o abundancia de proteínas de la cadena respiratoria. Aumentar contenido es añadir más fábricas de ATP. Función respiratoria es la eficiencia intrínseca de cada unidad: cuánto oxígeno consume y cuánto ATP sintetiza, medida por respirometría de alta resolución sobre fibras permeabilizadas. Puedes tener más mitocondrias pero peores, o menos pero mejores. Red mitocondrial es cómo se organizan por fusión (MFN1, MFN2, OPA1) y fisión (DRP1, FIS1): determina si pueden compartir contenido, repararse y eliminar fracciones dañadas por mitofagia.
Esta distinción no es pedantería, es operativa: distintos tipos de ejercicio mueven estas variables de forma distinta y a veces en direcciones opuestas. Pensar en biogénesis como una variable única es un error categorial que explica por qué estudios con diseños similares obtienen resultados contradictorios.
Los sensores del ejercicio que encienden PGC-1α
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El regulador maestro de la biogénesis es PGC-1α, el director de orquesta que coordina el genoma nuclear y el mitocondrial; su cascada completa (NRF1, NRF2, TFAM) está en el pilar. Lo relevante para el entrenamiento es qué lo activa, porque ahí está la clave de por qué unas modalidades funcionan y otras no.
Hay dos sensores principales. La AMPK se activa cuando la célula gasta energía más rápido de la que repone; fosforila a PGC-1α y su señal es proporcional a la intensidad. La CaMKII responde a las oscilaciones de calcio de la contracción y es teóricamente sensible a la duración, por eso se postula como la vía del trabajo prolongado de bajo grado; pero la evidencia es más débil de lo que el eslogan sugiere, con respuestas inconsistentes a intensidades de zona 2. Participa además SIRT1, sensor del ratio NAD+/NADH, que desacetila PGC-1α y liga la biogénesis al estado redox. Los tres convergen sobre PGC-1α, y esa es la razón mecánica de que volumen e intensidad construyan cosas distintas.
Un matiz con consecuencias: Ristow y colaboradores demostraron en 2009 (PNAS) que suplementar dosis altas de vitamina C y E durante el entrenamiento bloquea la activación de PGC-1α y anula la mejora de sensibilidad a la insulina. El pulso oxidativo posterior al ejercicio es la señal que queremos activar; secuestrarlo con antioxidantes exógenos es interferir con la vía. Más antioxidante no es más longevidad.
La biología no premia el tiempo sin perturbación. La señal que dispara biogénesis es proporcional al estrés metabólico, no a cuántos minutos hagas. Tres horas de paseo al 60 % de la frecuencia máxima pueden activar PGC-1α menos que 20 minutos de intervalos por encima del umbral láctico.
HIIT vs continuo vs fuerza: lo que muestra el músculo
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Toda la teoría anterior se resuelve en un único tribunal: la biopsia muscular humana con respirometría. El trabajo más limpio es Robinson, Konopka y Nair (Cell Metabolism, 2017, Mayo Clinic): 72 participantes jóvenes y mayores, aleatorizados a 12 semanas de HIIT, fuerza o combinado, con biopsia de vasto lateral, respirometría, transcriptómica y proteómica. El resultado crítico: solo el HIIT y el combinado mejoraron la respiración mitocondrial y el VO2max. La fuerza sola mejoró sensibilidad a la insulina y masa magra, pero no la biogénesis, y el HIIT fue el que más revirtió el proteóma asociado a la edad. Un estudio independiente de 2025 (Pengam, Frontiers in Physiology) comparó HIIT frente a continuo moderado: ambos subieron VO2max y citrato sintasa, pero el HIIT mostró efectividad superior en biogénesis y densidad de volumen. En cifras de apoyo, la respiración sube un 22 % ya tras 2 semanas de HIIT en no entrenados y la citrato sintasa un 40-50 % tras 3 semanas de alto volumen.
La evidencia más nueva llega en julio de 2026 y va en la misma dirección desde otro ángulo. Janssens y el grupo de Ámsterdam y Maastricht (Nature Aging, volumen 6, páginas 1482 a 1500) tomaron biopsia de vasto lateral a jóvenes y mayores con distinta forma física y midieron transcriptoma, metaboloma y lipidoma antes y después de una hora de ejercicio submáximo. En los mayores entrenados, la mitad de la firma transcripcional del envejecimiento muscular sencillamente no estaba: los genes de respiración celular como NDUFS1 y COX5A se mantenían a nivel casi juvenil. Y la respuesta molecular al esfuerzo agudo escalaba con la forma física (correlación con los jóvenes de 0,45 en entrenados frente a 0,26 en los más deteriorados). El contraste con la sangre lo desarrollamos en por qué el NAD+ en sangre no baja con la edad: la película está en el tejido, no en el tubo.
Ese trabajo trae además el hallazgo más incómodo de todo el territorio, y conviene leerlo despacio porque contradice el consejo de salud pública más repetido de la década. El grupo de mayores normalmente activos estaba emparejado con los jóvenes en pasos diarios y en actividad de alta intensidad. No eran sedentarios: se movían tanto como un veinteañero. Y sus genes de metabolismo energético declinaron igual. Lo que preservaba el perfil juvenil no era moverse mucho, era haber entrenado de forma estructurada y sostenida, definido en el estudio como al menos tres sesiones planificadas de una hora por semana durante más de un año. Llenar el contador de pasos y estar entrenado no son lo mismo a nivel molecular, y esa distinción no aparece en ninguna recomendación oficial.
Ahora las cautelas, que este estudio se ha contado en redes sin ninguna. Son 47 participantes en total: 11 jóvenes, 16 mayores entrenados, 15 normalmente activos y 5 con deterioro físico. Es un atlas multiómico exploratorio, no un ensayo de intervención como el de Robinson. Los datos fisiológicos de esta cohorte ya se habían publicado en 2021 (Grevendonk, Nature Communications): esto es un reanálisis con ómicas de una cohorte existente. Y la objeción de fondo la declaran los propios autores: la transcriptómica se hizo en tejido completo y no a resolución de célula única, y el grupo entrenado tenía mayor proporción de fibras tipo I. Como las fibras tipo I son más mitocondriales por definición, parte de ese perfil juvenil preservado puede ser composición de fibras y no envejecimiento evitado. La cohorte además es neerlandesa, con actividad basal inusualmente alta, y el propio equipo pide validación en poblaciones más sedentarias.
El hallazgo de Robinson sobre la fuerza merece énfasis porque va contra una línea de marketing que la presenta como rehabilitadora mitocondrial en sí misma. La fuerza es imprescindible (masa muscular, densidad ósea, sensibilidad a la insulina), pero no induce biogénesis comparable: activa más mTORC1 que AMPK. No se sustituyen, se complementan, lo que alinea con la tríada de VO2max, fuerza y masa muscular. Y un condicionante importante: Konopka (Aging Cell, 2019), en un doble ciego con 53 mayores, mostró que la metformina anuló el aumento de VO2max y bloqueó la mejora de respiración del HIIT. En no diabéticos que entrenan, prescribirla por longevidad es contraproducente para justo la adaptación que el ejercicio construye.
Volumen o intensidad, y por qué la pregunta está mal formulada
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En la última década, la fisiología del ejercicio vivió una controversia con dos campos que parecen contradecirse. No se contradicen: miden cosas distintas. Por un lado, Granata y Bishop (Victoria University): un metaanálisis de más de cincuenta estudios no halló asociación entre intensidad y contenido mitocondrial, pero sí con el volumen total. Por otro, MacInnis y Gibala (McMaster): igualando la carga de trabajo, la intensidad marca diferencias, sobre todo en la función y en la señalización (PGC-1α, p53).
¿Quién tiene razón? Ambos, porque miden dimensiones distintas. La síntesis que emergió en 2023-2025 es limpia: el volumen construye contenido; la intensidad construye función. No son sustituibles, son dos ejes de la misma adaptación, y optimizar uno solo es optimizar media foto. El propio Granata lo documentó: la intensidad modula PGC-1α, p53 y respiración pero no los marcadores de contenido, y las adaptaciones revierten rápido cuando el volumen cae.
Aquí entra la pieza que confronta la narrativa dominante: Storoschuk, Gibala y Gurd (Sports Medicine, junio 2025), con título explícito, «Much Ado About Zone 2». Revisa las dos afirmaciones fundacionales del marketing de la zona 2 para población general y concluye que la evidencia no las sostiene: la señal de PGC-1α tras zona 2 es inconsistente y solo aparece con sesiones de 60-90 minutos, no de 30. Para mejorar la capacidad mitocondrial en personas poco activas, la evidencia apoya entrenar deliberadamente por encima de la zona 2. Un apunte de transparencia: Gibala declara equity en Longevity League Ltd., una empresa que prescribe HIIT, y consta en el propio paper; no invalida los argumentos (hay revisión por pares), pero exige lectura crítica.
Cómo se traduce esto a una semana real
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Los atletas de endurance de élite entrenan 20-30 horas semanales con distribución polarizada 80/20. Ese modelo funciona porque el volumen absoluto es enorme. Extrapolarlo al adulto que entrena 3-5 horas no está justificado: a esos volúmenes, dedicar el 80 % del tiempo a zona 2 es renunciar al estímulo intenso que mueve la aguja. La zona 2 tiene valor real (coste de recuperación bajo, bajo riesgo de lesión, sostenible), lo que la hace el vehículo ideal para acumular volumen; lo que la evidencia no sostiene es que en solitario sea el óptimo para construir mitocondrias con horas limitadas. Así se ve una semana que respeta la literatura humana para el adulto no atleta:
| Día | Tipo | Duración | Intensidad | Qué construye |
|---|---|---|---|---|
| Lunes | HIIT o umbral | 30-40 min | 4×4 min al 85-90 % FCmax | Función, VO2max |
| Martes | Fuerza compuesta | 45-60 min | 3-5 series, 6-10 reps | Masa, hueso, GLUT4 |
| Miércoles | Zona 2 o caminata | 45-60 min | 65-75 % FCmax | Volumen, recuperación |
| Jueves | HIIT o intervalos | 25-35 min | 8×2 min al 95 % Wmax | Señal AMPK, mitofagia |
| Viernes | Fuerza compuesta | 45-60 min | Alternado con el martes | Composición, metabólico |
| Sábado | Zona 2 largo | 60-90 min | Conversación posible | Volumen para contenido |
| Domingo | Descanso activo | libre | Caminar, movilidad | Recuperación |
Dos sesiones por encima de la zona 2, donde se fabrica la función; dos de fuerza, imprescindibles para la masa; y la zona 2 dos veces como acumulador de volumen. El detalle de protocolos (4×4, 8×2 y variantes) está en el satélite de entrenamiento del cluster VO2max. Una imagen fija la jerarquía: el endurance rescata el fenotipo progeroide completo en ratones con mutaciones catastróficas del ADN mitocondrial (Safdar, PNAS 2011). No existe fármaco ni suplemento que haga eso; por eso el ejercicio está en la cúspide y todo lo demás optimiza al margen.
Si tienes 3-4 horas semanales y las gastas enteras en zona 2, estás optimizando volumen a costa de intensidad. Para la mayoría de adultos no atletas, añadir dos sesiones cortas por encima del umbral láctico produce más adaptación mitocondrial que una hora extra de paseo suave.
Qué construye cada modalidad, por nivel de evidencia
| Modalidad | Activación molecular | Contenido | Función | Nivel (N0-N5) |
|---|---|---|---|---|
| Zona 2 aislada (< umbral) | Modesta; sesiones >60-90 min | Solo con volumen alto | Limitada | N2-N4 |
| Continuo sobre umbral | Consistente | Sí | Sí | N4 |
| HIIT (80-95 % Wmax) | Robusta (AMPK + CaMKII + p53) | Sí | Superior | N4-N5 |
| SIT (sprint, all-out) | Máxima en poco tiempo | Sí (agudo) | Sí | N4 |
| Fuerza aislada | mTOR >> AMPK | No | No | N4 |
| Combinado (HIIT + fuerza) | Completa | Sí | Sí | N4 |
El volumen construye contenido; la intensidad construye función. La fuerza aislada no fabrica mitocondrias (Robinson 2017).
Biogénesis y ejercicio: 5 cosas que la evidencia deja claras
- La biogénesis no es una variable, son tres: contenido, función y red. Ningún estímulo las mueve todas por igual.
- La zona 2 aislada no es el óptimo para biogénesis en población general no atleta (Storoschuk 2025); con 3-5 horas semanales, entrena deliberadamente por encima de ella.
- La fuerza sola no induce biogénesis (Robinson 2017): activa más mTOR que AMPK. Imprescindible por masa, hueso e insulina, no por la mitocondria.
- Volumen e intensidad no compiten, se combinan: uno construye contenido, la otra función. La distribución 80/20 de la élite no aplica al no atleta.
- Ningún suplemento ni fármaco rescata mitocondrias como el ejercicio (Safdar 2011); la metformina incluso lo estorba en no diabéticos que entrenan.
La posición de KRECE
Volumen e intensidad no compiten, se combinan. La dicotomía mediática es falsa, y la zona 2 en solitario no es la respuesta óptima para quien tiene horas contadas. El volumen construye contenido, la intensidad construye función y la red se remodela según el patrón de contracción; hablar de biogénesis como eslogan es perder el detalle operativo donde está la decisión. Para el adulto con 3-5 horas semanales, el esquema que funciona combina trabajo continuo moderado como acumulador de volumen con dos sesiones por encima del umbral láctico, y dos de fuerza que no sustituyen al aeróbico para la mitocondria pero sí para la masa muscular.
Y la jerarquía no se negocia: ningún suplemento ni fármaco rescata mitocondrias como lo hace el ejercicio. Safdar 2011 revirtió el fenotipo progeroide completo en ratones mutator con cinco meses de endurance; ni los precursores de NAD, ni la rapamicina, ni los péptidos mitocondriales lo hacen. La metformina es contraproducente en no diabéticos que entrenan y los antioxidantes exógenos bloquean las adaptaciones. Lo que mueve la aguja es el estímulo mecánico-metabólico correcto, no la farmacología.
Caminar mucho no es entrenar, y esta es la frase que más incomoda de toda la página. El dato de Janssens es duro: mayores que igualaban a veinteañeros en pasos diarios y en actividad de alta intensidad perdieron igualmente sus genes de respiración celular. La consigna de los diez mil pasos es útil contra el sedentarismo y es completamente insuficiente contra el envejecimiento mitocondrial. Son cosas distintas y llevan décadas confundiéndose en el mismo consejo.
Y sin embargo no vamos a vender ese hallazgo como más de lo que es. Son 47 personas, es transversal, la cohorte es neerlandesa con actividad basal altísima, y el grupo entrenado tenía más fibras tipo I, que son más mitocondriales de partida. Parte del perfil juvenil preservado puede ser composición de fibras y no envejecimiento evitado, y lo dicen los propios autores. El hallazgo apunta en la misma dirección que Robinson, que sí era un ensayo aleatorizado, y por eso lo sostenemos. Si estuviera solo, no lo sostendríamos.
La lectura práctica cabe en una línea: la mitad de esto se decide en tu agenda y la otra mitad no. Los cambios de metabolismo energético responden al entrenamiento estructurado. Los de señalización sináptica aparecen en todos los mayores, entrenen o no, y ahí harán falta fármacos que hoy no existen. Saber qué mitad es cuál es exactamente saber dónde acaba tu comportamiento y empieza la biología. Lo único que se puede afirmar con la evidencia en la mano es que la mitad negociable se negocia ahora, en la mediana edad, y no cuando ya se nota.
Preguntas frecuentes
¿Qué tipo de ejercicio fabrica mitocondrias?
¿Es mejor el HIIT o la zona 2 para las mitocondrias?
¿Sirve el entrenamiento de fuerza para las mitocondrias?
¿Cuánta zona 2 hay que hacer?
¿Qué construye más mitocondrias, el volumen o la intensidad?
¿Cuánto tarda el ejercicio en aumentar las mitocondrias?
¿Caminar 10.000 pasos construye mitocondrias?
¿La metformina interfiere con las adaptaciones del ejercicio?
En qué se basa este artículo
Ver las 18 fuentes
- Janssens GE, Trętowicz MM, Grevendonk L, et al. Delayed molecular aging, preservation of energy metabolism and enhanced exercise response in exercise-trained human muscle. Nature Aging 2026;6(7):1482-1500.Atlas multiómico de 47 participantes. Fuente del 50 por ciento de firma ausente en entrenados, del hallazgo de pasos frente a entrenamiento estructurado y de las limitaciones de fibras tipo I. Verificado contra la página del editor el 26 de julio de 2026.
- Grevendonk L, et al. Impact of aging and exercise on skeletal muscle mitochondrial capacity, energy metabolism, and physical function. Nature Communications 2021;12:4773.La cohorte original cuyos datos fisiológicos reanaliza el trabajo anterior. Importante para no contarlos como dos estudios independientes.
- Robinson MM, Dasari S, Konopka AR, et al. Enhanced protein translation underlies improved metabolic and physical adaptations to different exercise training modalities in young and old humans. Cell Metabolism 2017.El ensayo aleatorizado de referencia: 72 participantes, 12 semanas, biopsia con respirometría. La base de que la fuerza aislada no induce biogénesis comparable.
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- Gurd BJ, Menezes ES, Arhen BB, Islam H. Impacts of altered exercise volume, intensity, and duration on AMPK, CaMKII and PGC-1α mRNA. Semin Cell Dev Biol. 2023;143:17-27.Respuestas inconsistentes de la CaMKII a intensidades de zona 2.
- Ristow M, Zarse K, Oberbach A, et al. Antioxidants prevent health-promoting effects of physical exercise in humans. PNAS. 2009;106(21):8665-8670.Vitaminas C y E bloquean la activación de PGC-1α.
- Robinson MM, Dasari S, Konopka AR, et al. Enhanced protein translation underlies improved metabolic and physical adaptations to different exercise training modes. Cell Metab. 2017;25(3):581-592. PMID 28273480.Biopsia + respirometría: solo HIIT y combinado mejoran la respiración mitocondrial; la fuerza no. Fuente central.
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- Janssens GE, Trętowicz MM, Grevendonk L, et al. Delayed molecular aging, preservation of energy metabolism and enhanced exercise response in exercise-trained human muscle. Nat Aging. 2026;6:1482-1500. doi:10.1038/s43587-026-01150-x.Multiómica de biopsia: los mayores entrenados preservan los genes de respiración a nivel juvenil; la mitad de la firma del envejecimiento está ausente. Evidencia de tejido (N2).
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- MacInnis MJ, Gibala MJ. Physiological adaptations to interval training and the role of exercise intensity. J Physiol. 2017;595(9):2915-2930.Igualando la carga, la intensidad marca diferencias en función.
- Granata C, Oliveira RSF, Little JP, et al. Mitochondrial adaptations to high-volume training are rapidly reversed after a reduction in volume. FASEB J. 2016;30(10):3413-3423.Las adaptaciones revierten rápido cuando cae el volumen.
- Storoschuk KL, Moran-MacDonald A, Gibala MJ, Gurd BJ. Much ado about Zone 2. Sports Med. 2025;55(7):1611-1624. PMID 40560504.La evidencia no sostiene la zona 2 como intensidad óptima en población general. Conflicto declarado: Gibala, equity en Longevity League Ltd.
- Safdar A, Bourgeois JM, Ogborn DI, et al. Endurance exercise rescues progeroid aging and induces systemic mitochondrial rejuvenation in mtDNA mutator mice. PNAS. 2011;108(10):4135-4140.El endurance rescató el fenotipo progeroide completo; ningún fármaco lo hace.
