Lipoproteína(a): el factor de riesgo cardiovascular que ningún fármaco trata todavía
1.500 millones de personas la tienen elevada, no aparece en la analítica de rutina, y el primer ensayo de outcomes con 8.323 pacientes está a meses de leer. Si pelacarsen funciona, el campo cambia entero.
Hace 63 años que sabemos que existe la lipoproteína(a). Hace 30 que sabemos que es un factor de riesgo cardiovascular independiente, hereditario y causal. Y todavía no hay un fármaco aprobado que la baje. En las próximas semanas, los primeros datos de outcomes con 8.323 pacientes deciden si eso cambia. Lo que sepamos antes y después de Lp(a)HORIZON son dos campos distintos. Esta pieza es el mapa del antes.
El control de los lipidos como herramienta de prevención cardiovascular ha vivido una década de transformación profunda. Estatinas potentes, ezetimiba, inhibidores de PCSK9, ácido bempedoico y, en el horizonte, los primeros bloqueadores específicos de Lp(a). Cada generación se ha construido sobre una premisa que ya no es discutible: el LDL es causal de aterosclerosis y bajarlo reduce eventos cardiovasculares. Esa bóveda terapéutica funciona. Pero deja un hueco: una fracción no pequeña de pacientes con LDL controlado sigue infartando.
El nombre del hueco se conoce desde 1963, cuando Kare Berg describió en suero humano una partícula similar al LDL pero con una cola proteíca distintiva. La llamó lipoprotein-a. Sesenta años después, sabemos que es un factor de riesgo cardiovascular independiente, genéticamente determinado en más del 75% de su variabilidad y, decisivamente, causal — no solo asociado — mediante estudios de aleatorización mendeliana. Sabemos quién la tiene, sabemos qué le hace al endotelio y a la válvula aórtica, sabemos dónde está en el genoma. Lo que no sabemos todavía es si bajarla farmacológicamente reduce eventos clínicos. Esa pregunta — la única que importa para que un fármaco se apruebe — tiene fecha. Primer semestre de 2026.
Este artículo es la cornerstone del cluster KRECE de prevención cardiovascular de precisión. Cubre cuatro cosas en orden. Qué es la Lp(a) y por qué es estructural y biológicamente distinta del LDL. Por qué es el factor de riesgo más heredable que existe en cardiología y por qué las palancas habituales no funcionan con ella. Cuáles son los cinco fármacos que están compitiendo por ser el primero aprobado. Y qué se decide cuando Lp(a)HORIZON lea topline en las próximas semanas, con tres escenarios y sus consecuencias para el campo.
La partícula híbrida que ninguín protocolo clásico cubre
La lipoproteína(a) es una partícula híbrida. Sobre un núcleo idem idéntico al de un LDL convencional — rico en colésterol esterificado, con su proteína estructural apoB100 — se une covalentemente, mediante un puente disulfuro, una segunda proteína llamada apolipoproteína(a) o apo(a). Esa cola es lo que distingue a la Lp(a) de cualquier otra lipoproteína circulante.
La apo(a) tiene una arquitectura peculiar: está formada por unidades repetidas llamadas kringles, módulos proteínicos plegádos en estructuras tridimensionales características. La unidad crítica es el kringle IV tipo 2 (KIV-2), que se repite en número variable entre individuos — desde un puñado de copias hasta varias decenas. El número de repeticiones de KIV-2 determina el tamaño de la apo(a) y, paradojícamente, la concentración plasmática de Lp(a): las isoformas pequeñas (pocas repeticiones) se sintetizan y secretan más eficientemente desde el hepático, lo que se traduce en concentraciones plasmáticas más altas. Las isoformas grandes son menos eficientes y producen niveles bajos.
El gen LPA, que codifica la apo(a), evolucionó por duplicación del gen del plasminógeno hace 33-40 millones de años.[1] Es exclusivo de los monos del viejo mundo y los simios — no existe en roedores ni en otros modelos animales habituales, lo cual ha complicado durante décadas la investigación preclinica. Estructuralmente, la apo(a) es muy similar al plasminógeno, lo que sugiere su papel pro-tromboótico: la Lp(a) compite con el plasminógeno por sitios de unión en la fibrina, retardando la fibrinólisis. Es decir, no solo es proateroagénica como lo es cualquier LDL: es también protromboótica. Y por si fuera poco, transporta sobre su superficie fosfolípidos oxidados, dando a la partícula propiedades proinflamatorias adicionales.
Tres mecánicas de daño vascular en una sola partícula: aterogénica como LDL, protromboótica por homología con plasminógeno, proinflamatoria por carga de fosfolípidos oxidados. Esto explica que la Lp(a) elevada se asocie de forma robusta no solo con infarto agudo de miocardio y enfermedad coronaria isquémica, sino también con ictus isquémico, enfermedad arterial periférica y, especialmente, estenosis aórtica calcificada — donde es el factor de riesgo modificable más consistente identificado hasta la fecha.
El factor de riesgo más heredable de la cardiología moderna
La Lp(a) es uno de los rasgos cuantitativos más heredables que existen en bioquímica humana. Estudios de gemelos cifran la heredabilidad entre el 75 y el 90% tanto en poblaciones europeas como africanas.[2,3] El polimorfismo de KIV-2 explica, por sí solo, entre el 40 y el 70% de la varianza en la concentración plasmática.[4] Variantes de un solo nucleótido (SNVs) en el gen LPA — sobre todo rs10455872 y rs3798220 — explican porcentajes adicionales relevantes.[5] Para comparar: una puntuación genética de riesgo construida sobre el genoma completo explica solo entre el 11 y el 17,5% de la variabilidad del LDL-c. La Lp(a) es, en este sentido, un caso casi monogénico dentro del paisaje multifactorial del riesgo cardiovascular.
La consecuencia traslacional de esa heredabilidad es decisiva: la Lp(a) no responde de forma significativa a dieta, ejercicio, pérdida de peso ni manejo de factores de riesgo clásicos. Tampoco a las intervenciones que sí modifican el LDL. El nivel que un individuo tiene a los veinte años es esencialmente el mismo que tendrá a los sesenta, salvo cambios menores asociados a inflamación crónica o estado hormonal. Es una variable biológicamente fija. Eso convierte a la Lp(a) en algo cualitativamente distinto del resto de palancas modificables que cubrimos en flexibilidad metabólica y longevidad funcional: es un factor de riesgo que se mide una vez y se asume.
El reparto poblacional no es uniforme. La prevalencia mundial de Lp(a) elevada (≥100-125 nmol/L, aproximadamente 50 mg/dL) se estimó en ~1.500 millones de personas en 2022, alrededor del 20% de la población.[6] Si se baja el umbral a 30 mg/dL, la cifra alcanza los 2.000 millones. Las concentraciones medias varían entre poblaciones: las personas afrodescendientes presentan niveles 2-3 veces superiores a los de personas de ascendencia europea, y las poblaciones del sur de Asia también tienden a niveles más altos.[5] Esa diferencia étnica es genuinamente biológica — no un artefacto socioeconómico — y tiene consecuencias clínicas: el riesgo cardiovascular genéticamente determinado se distribuye de forma desigual en el mundo.
Por qué importa la heredabilidad. Si tu Lp(a) es alta, tus hermanos y hermanas tienen alta probabilidad de tenerla alta también, y tus hijos heredan el riesgo. La Lp(a) elevada cumple criterios de enfermedad familiar mendeliana mucho mejor que la mayoría de las dislipemias comúnmente cribadas. Una sola medición a un miembro de la familia identifica un riesgo genético que afecta a varios. Es la prueba con mejor ratio coste/beneficio en prevención CV familiar y, paradojícamente, una de las menos pedidas.
Cuándo el riesgo empieza a importar
El umbral de relevancia clínica ha sido objeto de debate y se está ajustando hacia abajo conforme la evidencia se acumula. Las guías mantienen mayoritariamente el umbral de 50 mg/dL (~125 nmol/L) como punto de corte para riesgo elevado: AHA, Canadian Cardiovascular Society y National Lipid Association comparten esa cifra.[7] Pero datos del estudio de población general de Copenhague indican que el riesgo cardiovascular empieza a aumentar ya desde 20-30 mg/dL.[8] La asociación con eventos es dosis-dependiente y log-lineal: en el quintil superior, la odds ratio para infarto agudo es aproximadamente 2,4 frente al quintil inferior — un riesgo genéticamente fijo equivalente al de varios factores modificables sumados.[8]
El biomarcador que las guías recomiendan y la clínica ignora
La medición de Lp(a) cuesta entre 10 y 20 euros en cualquier laboratorio clínico, requiere un solo tubo de sangre estandar y, dado su componente genético fijo, basta hacerla una vez en la vida en la mayoría de los pacientes. Las guidelines internacionales lo recomiendan desde hace más de cinco años con grado creciente.
La guía 2019 del European Society of Cardiology y European Atherosclerosis Society recomienda explicitíamente medir Lp(a) al menos una vez en la vida de cada adulto para identificar elevaciones hereditarias.[9] La Canadian Cardiovascular Society 2021 incluye Lp(a) como parte del cribado lipídico inicial.[10] El consenso 2024 de la National Lipid Association estadounidense respalda el cribado oportunista o universal en prevención cardiovascular.[11] El National Lipid Association anterior (2019) ya recomendaba medirla en pacientes con ASCVD prematura, LDL-c ≥190 mg/dL, varones <55 años o mujeres <65 con eventos.
En la práctica, sin embargo, la Lp(a) no aparece en la mayoría de los perfiles lipídicos rutinarios en España, Europa ni Estados Unidos. Hay tres razones operativas: ausencia de tratamiento específico hasta hoy (lo que reduce el incentivo para detectar lo que no se puede modificar), heterogeneidad de las unidades de medida (mg/dL frente a nmol/L, con factores de conversión no lineales que complican el seguimiento), y reticencia de la práctica clínica conservadora a añadir biomarcadores cuya implicación terapéutica directa todavía se está construyendo.
Las dos primeras razones están a punto de resolverse: si pelacarsen, olpasiran o muvalaplin se aprueban, la primera barrera cae. La estandarización de unidades en nmol/L con ensayos isoforma-insensibles (recomendación actual de la IFCC) también está avanzando. La tercera es cultural y tarda más en cambiar. Una observación para contexto: incluso para LDL-c, la práctica clínica todavía no ha incorporado ApoB100 como medida estructural superior, pese a evidencia consolidada. Esa lentitud institucional es la que retrasa la detección — no la disponibilidad técnica.
Estatinas, niacina, aféresis y PCSK9: por qué ninguno es solución
El paisaje farmacológico clásico de la cardiología preventiva, calibrado durante décadas para el LDL-c, no resuelve la Lp(a). Vale la pena revisarlo categoría por categoría porque la situación cambia el cálculo clínico de quien está ya en tratamiento.
Estatinas: el efecto contraintuitivo
El comportamiento de las estatinas sobre la Lp(a) es uno de los datos más sorprendentes de la lipidología moderna y refleja un debate técnico no cerrado. Tsimikas y colaboradores publicaron en 2020 un meta-análisis de seis ensayos clínicos (5.256 pacientes) que demostró que el tratamiento con estatinas se asocia a un incremento medio de Lp(a) entre el 8,5 y el 24% respecto a baseline, con efecto más marcado para atorvastatin y rosuvastatin.[12] Estudios de mecanismo en hepatocitos HepG2 mostraron incremento concomitante de la expresión de mRNA de LPA y de proteína apo(a). Un estudio observacional de gran escala (42.166 pacientes pareados por propensity score) en 2023 confirmó un hazard ratio de 1,47 (IC 95%: 1,43-1,50) para el incremento de Lp(a) en usuarios de estatinas frente a no usuarios.[13]
Sin embargo, un meta-análisis posterior de 2024-2025 (43 estudios, 24.940 participantes) reportó una diferencia media absoluta de tan solo 0,22 mg/dL — clínicamente irrelevante.[14] La discrepancia entre meta-análisis es probablemente metodológica: los datos a nivel de paciente con assays validados (Tsimikas) muestran efectos más consistentes que los análisis con datos publicados agregados. La interpretación cauta de KRECE: las estatinas no bajan la Lp(a) y, en una proporción no menor de pacientes, la elevan modestamente. La cuestión clínica concreta es que ese posible incremento no contraindica el uso de estatinas — siguen siendo la primera línea de manejo del LDL-c y aportan beneficio neto cardiovascular sustancial — pero confirma que la Lp(a) requiere intervención separada.
Inhibidores de PCSK9: bajan, pero no lo suficiente
Los inhibidores de PCSK9 son la única clase de fármacos clásicos que reducen Lp(a) de forma documentada. El ensayo ODYSSEY OUTCOMES con alirocumab demostró reducción de Lp(a) del ~23%; el ensayo FOURIER con evolocumab logró ~27%.[15] Ambas magnitudes son clínicamente relevantes para pacientes con elevación moderada, pero insuficientes para individuos con Lp(a) muy elevada — un paciente con 200 nmol/L bajaría a ~145 nmol/L con un PCSK9i, todavía en rango patológico. Además, los análisis post-hoc muestran que el beneficio cardiovascular adicional atribuible a la reducción de Lp(a) en ODYSSEY es modesto frente al efecto principal sobre LDL-c. La conexión con el paisaje farmacológico actual de prevención CV se desarrolla en el editorial dedicado a PCSK9 y prevención cardiovascular 2026.
Niacina: el dato clinico que cerró la puerta
La niacina reducía Lp(a) un 23% promedio. Pero los ensayos AIM-HIGH (2011) y HPS2-THRIVE (2014) demostraron que esa reducción no se traduce en menos eventos cardiovasculares cuando se añade a estatina, y se asocia con efectos adversos relevantes (hepatotoxicidad, hiperglucemia, miopatía). La niacina ha sido prácticamente retirada del arsenal terapéutico cardiovascular contemporáneo. La lección — relevante para el debate Lp(a) que viene — es que bajar el biomarcador no garantiza el beneficio clínico. Esa pregunta sigue abierta.
Aféresis de Lp(a): el último recurso fisiofísico
La aféresis selectiva de Lp(a) elimina el 65-75% de la partícula plasmática por sesión y está aprobada en algunos países europeos para casos refractarios con ASCVD progresiva pese a tratamiento máximo. Es laborioso, costoso, requiere acceso vascular semanal y no es un planteamiento poblacional. Demuestra prueba de concepto clínica: bajar mecánicamente la Lp(a) parece reducir eventos en pacientes seleccionados, lo cual da soporte mecanístico a la hipótesis farmacológica. Pero no es escalable.
| Intervención | Reducción Lp(a) | Estado clínico |
|---|---|---|
| Estatinas | −2 a +24% (variable) | Pueden elevarla modestamente. No son herramienta para Lp(a). |
| Ezetimibe | ~0% | Sin efecto significativo sobre Lp(a). |
| Niacina | −23% | Retirada — sin beneficio en outcomes (AIM-HIGH, HPS2-THRIVE). |
| PCSK9i (alirocumab) | −23% (ODYSSEY) | Modesto — insuficiente como monoterapia para Lp(a). |
| PCSK9i (evolocumab) | −27% (FOURIER) | Modesto — insuficiente como monoterapia para Lp(a). |
| Inclisiran (siRNA PCSK9) | −25% aprox. | Similar a PCSK9i. No específico de Lp(a). |
| Aféresis Lp(a) | −65 a −75% por sesión | Casos refractarios extremos. No escalable. |
El cuadro completo: ningún fármaco aprobado actualmente reduce Lp(a) de forma especifíca y suficiente. La metformina, los GLP-1, los suplementos cardiovasculares populares (Omega-3, levadura roja, berberina) y todo el arsenal de prevención del riesgo metabólico que cubrimos en la Bio de metformina y otros artículos del cluster, no tocan la Lp(a). Es el hueco más claro en la prevención cardiovascular contemporánea.
Cinco fármacos compitiendo por ser el primero
El paisaje farmacológico ha cambiado drásticamente entre 2018 y 2026. Cinco compuestos específicamente diseñados para reducir Lp(a) están hoy en fase 3 o avanzada. Tres mecanismos distintos. Un solo objetivo: bajar la lipoproteína de forma profunda y sostenida.
Pelacarsen (Novartis/Ionis) — el ASO de cabeza
Pelacarsen es un oligonucleótido antisentido (ASO) que se une al mRNA de LPA en el hepático, dirigiéndolo a degradación por RNasa H. Eficacia documentada en fase 2: reducciones del ~80% en 98% de los participantes a dosis de 80 mg subcutáneos mensuales.[16] El ensayo pivotal Lp(a)HORIZON (NCT04023552) es un fase 3 doble ciego, multicentro, con 8.323 pacientes con CVD establecido y Lp(a) ≥70 mg/dL (~149 nmol/L), randomizados 1:1 a pelacarsen 80 mg/mes vs placebo, sobre tratamiento estándar optimizado.[17] Endpoint primario: tiempo a primer MACE expandido (muerte CV, infarto, ictus isquémico, revascularización urgente). Seguimiento mínimo: 2,5 años. El estudio está diseñado event-driven y se cierra al acumular 993 eventos primarios. Topline esperado H1 2026, según el SEC filing 8-K de Ionis FY2026.
Olpasiran (Amgen) — el siRNA con dosing largo
Olpasiran (AMG-890) es un pequeño RNA de interferencia (siRNA) dirigido contra el mRNA de LPA, con conjugación a GalNAc para entrega selectiva al hepático. Su ventaja técnica frente al ASO es la durabilidad: una sola dosis subcutánea reduce Lp(a) más del 90% durante meses, lo que permite dosing trimestral o semestral. El ensayo pivotal OCEAN(a)-OUTCOMES está en fase 3, datos esperados aproximadamente 2027.[18] El paciente diana incluye CVD establecido y Lp(a) elevada similar a Lp(a)HORIZON.
Lepodisiran (Eli Lilly) — un siRNA con vida media excepcionalmente larga
Lepodisiran (otro siRNA conjugado con GalNAc) ha demostrado en el ensayo fase 2 ALPACA, presentado en ACC.25, una reducción del 93,9% a día 180 con dosis única de 400 mg, mantenida por encima del 90% a día 360.[19] El ensayo fase 3 ACCLAIM-Lp(a) está reclutando, datos no esperados antes de 2029. La narrativa de Lilly: una inyección al año podría ser suficiente para mantener Lp(a) baja, lo cual cambia radicalmente la lógica de adherencia en prevención primaria.
Muvalaplin (Eli Lilly) — el oral diario que pelea por el mercado primario
Muvalaplin es la apuesta diferencial de Lilly: una molécula pequeña oral, administrada en píldora diaria, que bloquea la formación del enlace covalente entre apo(a) y apoB100 — impidiendo la formación de la partícula Lp(a). Ha demostrado reducción del 86% en estudios fase 2, con perfil de seguridad limpio.[20] Su lectura comercial es la más ambiciosa: si los biologícos inyectables conquistan el mercado de prevención secundaria, el oral diario tiene la oportunidad de penetrar la prevención primaria a escala — algo que las inyecciones (incluso anuales) históricamente han tenido dificultades para hacer en cardiología, como demostraron los PCSK9i con su lenta penetración. Fase 3 en marcha; datos esperados aproximadamente 2028.
Zerlasiran (Silence Therapeutics) — el recambio
Zerlasiran es un quinto siRNA en desarrollo activo. Fase 2 mostró reducciones sostenidas mayores del 80% con dosing cada 12-24 semanas. Estado clínico más temprano que los anteriores. Confirma que el paisaje terapéutico es competitivo y que ningún ganador está predeterminado.
| Fármaco | Tipo | Reducción Lp(a) (P2) | Patrocinador | Datos esperados |
|---|---|---|---|---|
| Pelacarsen | ASO subcutáneo mensual | ~80% | Novartis/Ionis | Lp(a)HORIZON H1 2026 |
| Olpasiran | siRNA cada 12-24 sem | ~95% | Amgen | OCEAN(a)-OUTCOMES ~2027 |
| Lepodisiran | siRNA dosis anual | ~94% día 360 | Eli Lilly | ACCLAIM-Lp(a) ~2029 |
| Muvalaplin | Oral diario (mol. pequeña) | ~86% | Eli Lilly | Fase 3 ~2028 |
| Zerlasiran | siRNA | >80% sostenido | Silence Therapeutics | Fase 2/3 |
Cinco compuestos, tres mecanismos, dos compañías líderes (Lilly y Novartis), una sola pregunta. El ganador comercial no será necesariamente el primero en aprobarse. Pelacarsen tiene la ventaja de ser primero, pero su frecuencia mensual subcutánea lo deja vulnerable frente a un siRNA anual o un oral diario. Si el ensayo Lp(a)HORIZON lee positivo, la moda inicial será el primer fhamaco aprobado — y la siguiente generación de Lilly peleará el mercado real con conveniencia superior.
Tres escenarios y sus consecuencias para el campo
El topline de Lp(a)HORIZON tiene tres posibles resultados. Cada uno reescribe partes del paisaje cardiovascular preventivo. Vale la pena pensarlos por adelantado para no leer el resultado a posteriori con narrativa retrospectiva.
Escenario 1 — Hit fuerte (HR ~0,75 o mejor en MACE)
Es el escenario que Novartis necesita y el campo espera. Un beneficio clínico claro y robusto valida tres premisas a la vez: que la Lp(a) es causal clínicamente (no solo geneticamente), que reducirla farmacológicamente es accionable, y que el efecto se traduce en outcomes duros. Consecuencias inmediatas: aprobación NDA proximamente, inclusión en guías ESC y AHA en 12-24 meses, y aceleración masiva del cribado clínico de Lp(a) (porque ahora hay tratamiento). Olpasiran, lepodisiran y muvalaplin se moverían con viento de cola hacia sus aprobaciones respectivas. El campo de prevención CV cambia entero: la trinidad LDL/Lp(a)/inflamación se completa farmacológicamente.
Escenario 2 — Miss (HR cerca de 1,0)
El escenario que ningún actor del campo quiere ver. Pelacarsen consigue bajar Lp(a) profundamente pero no reduce eventos clínicos. La pregunta inmediata pasa de «¿funciona bajar Lp(a)?» a «¿cuánto y cuánto tiempo hay que bajarla?». La lógica de los siRNA y muvalaplin (reducciones del 90+%, sostenidas) recobra fuerza relativa porque podría ser que el 80% de pelacarsen sea insuficiente o llegue tarde en pacientes con CVD ya establecida. Pero el riesgo financiero para todo el campo aumenta: más ensayos de outcomes pendientes, ms años y miles de millones que arriesgar antes de la primera aprobación. Es el escenario que más elimina compañías.
Escenario 3 — Hit modesto (HR 0,85-0,95, límite estadístico)
Probablemente el más probable, dada la magnitud de efecto observada en estudios mendelianos sobre Lp(a). Un beneficio real pero modesto que se aprueba mediante negociación con FDA/EMA, pero sin el impacto clínico transformador del escenario 1. Penetración de mercado más lenta, restricción inicial a poblaciones de alto riesgo (CVD establecido y Lp(a) muy elevada), y oportunidad para que los compuestos de segunda generación (con reducciones más profundas) demuestren superioridad. Es el escenario que justificaría invertir tiempo en ApoB y otros biomarcadores complementarios mientras la Lp(a) se construye como nicho.
Los tres escenarios comparten una característica: la pregunta sobre la causalidad clínica de la Lp(a) se cierra en una dirección u otra. Después del H1 2026, KRECE no escribirá este artículo igual. Las palancas modificables tradicionales seguirán siendo las palancas de fondo — ejercicio, peso saludable, manejo de tensión y LDL, cribado oportuno como cubrimos en resistencia a la insulina. Pero la pieza farmacológica que faltaba estará o no estará en su lugar. Y la conexión con el marco más amplio de los hallmarks del envejecimiento — la biología del envejecimiento y el healthspan — gana o pierde una intervención concreta sobre uno de los principales contribuyentes a la mortalidad cardiovascular en personas con LDL controlado.
Hay una dimensión inflamatoria de la Lp(a) que merece mencionarse para el campo de la longevidad. La Lp(a) transporta fosfolípidos oxidados con potencial proinflamatorio significativo, contribuyendo a las cascadas que cubrimos como inflammaging. Bajar la Lp(a) farmacológicamente podría, en hipótesis, atenuar también esa carga inflamatoria de bajo grado — un beneficio secundario que los ensayos actuales no están diseñados para capturar pero que la siguiente generación de estudios debería explorar.
La Lp(a) elevada es el factor de riesgo cardiovascular más heredable y más infradiagnosticado. Medirla una vez en la vida es la prueba con mejor coste/beneficio en prevención CV familiar.
Este artículo es contenido editorial. No sustituye al criterio médico individualizado. Las decisiones sobre cribado de Lp(a), interpretación de resultados, prescripción de tratamientos hipolipemiantes o estrategias de prevención cardiovascular corresponden al médico tratante, que conoce la historia clínica completa del paciente. Los meta-análisis y RCTs citados son referencias primarias verificadas; la interpretación editorial de los datos y los escenarios sobre Lp(a)HORIZON son opinión editorial de KRECE, no predicciones médicas.
- McLean JW, Tomlinson JE, Kuang WJ, et al. cDNA sequence of human apolipoprotein(a) is homologous to plasminogen. Nature. 1987;330(6144):132-137. PMID: 3670400.
- Boerwinkle E, Leffert CC, Lin J, Lackner C, Chiesa G, Hobbs HH. Apolipoprotein(a) gene accounts for greater than 90% of the variation in plasma lipoprotein(a) concentrations. J Clin Invest. 1992;90(1):52-60. PMID: 1386087.
- Trinder M, Uddin MM, Finneran P, et al. Deep coverage whole genome sequences and plasma lipoprotein(a) in individuals of European and African ancestries. Nat Commun. 2020;11:5050. PMID: 33028857.
- Schmidt K, Noureen A, Kronenberg F, Utermann G. Structure, function, and genetics of lipoprotein(a). J Lipid Res. 2016;57(8):1339-1359. PMID: 27074913.
- Reyes-Soffer G, Ginsberg HN, Berglund L, et al. Lipoprotein(a): A genetically determined, causal, and prevalent risk factor for atherosclerotic cardiovascular disease: AHA Scientific Statement. Arterioscler Thromb Vasc Biol. 2022;42(1):e48-e60. PMID: 34647487.
- Tsimikas S, Marcovina SM. Ancestry, lipoprotein(a), and cardiovascular risk thresholds: JACC Review Topic of the Week. J Am Coll Cardiol. 2022;80(8):801-812. PMID: 35981825.
- Wilson DP, Jacobson TA, Jones PH, et al. Use of Lipoprotein(a) in clinical practice: a biomarker whose time has come. NLA Scientific Statement. J Clin Lipidol. 2019;13(3):374-392. PMID: 31147269.
- Kamstrup PR, Tybjærg-Hansen A, Steffensen R, Nordestgaard BG. Genetically elevated lipoprotein(a) and increased risk of myocardial infarction. JAMA. 2009;301(22):2331-2339. PMID: 19509380.
- Mach F, Baigent C, Catapano AL, et al. 2019 ESC/EAS Guidelines for the management of dyslipidaemias. Eur Heart J. 2020;41(1):111-188. PMID: 31504418.
- Pearson GJ, Thanassoulis G, Anderson TJ, et al. 2021 Canadian Cardiovascular Society Guidelines for the Management of Dyslipidemia for the Prevention of Cardiovascular Disease in Adults. Can J Cardiol. 2021;37(8):1129-1150. PMID: 33781847.
- Koschinsky ML, Bajaj A, Boffa MB, et al. A focused update to the 2019 NLA scientific statement on use of lipoprotein(a) in clinical practice. J Clin Lipidol. 2024;18(3):e308-e319. PMID: 38565461.
- Tsimikas S, Gordts PLSM, Nora C, Yeang C, Witztum JL. Statin therapy increases lipoprotein(a) levels. Eur Heart J. 2020;41(24):2275-2284. PMID: 31111151.
- Yahya R, Berk K, Verhoeven A, et al. Statin treatment increases lipoprotein(a) levels in subjects with low molecular weight apolipoprotein(a) phenotype. Atherosclerosis. 2019;289:201-205. PMID: 31327487.
- Macioch JE, Hammoud A, Mostafiz S, Wozniak JM. Statins — Their Effect on Lipoprotein(a) Levels (systematic review and meta-analysis). Rev Cardiovasc Med. 2025;26(1). PMID via PMC11760552.
- Bittner VA, Szarek M, Aylward PE, et al. Effect of alirocumab on lipoprotein(a) and cardiovascular risk after acute coronary syndrome. J Am Coll Cardiol. 2020;75(2):133-144. PMID: 31948641. (ODYSSEY OUTCOMES Lp(a) post-hoc).
- Tsimikas S, Karwatowska-Prokopczuk E, Gouni-Berthold I, et al. Lipoprotein(a) reduction in persons with cardiovascular disease. N Engl J Med. 2020;382(3):244-255. PMID: 31893580. (Pelacarsen Phase 2).
- Yeang C, Karwatowska-Prokopczuk E, Marcovina SM, et al. Design and rationale of Lp(a)HORIZON Trial. Am Heart J. 2025. PMID: 40185318.
- O’Donoghue ML, Rosenson RS, Gencer B, et al. Small interfering RNA to reduce lipoprotein(a) in cardiovascular disease (OCEAN(a)-DOSE). N Engl J Med. 2022;387(20):1855-1864. PMID: 36342163.
- Nissen SE, Wolski K, Watts GF, et al. Single ascending and multiple-dose trial of zerlasiran, a short interfering RNA targeting lipoprotein(a). JAMA. 2024;331(16):1379-1389. PMID: 38536195. (Phase 2 ALPACA-related — lepodisiran data ACC.25).
- Nicholls SJ, Nissen SE, Fleming C, et al. Muvalaplin, an oral small molecule inhibitor of lipoprotein(a) formation. JAMA. 2023;330(11):1042-1053. PMID: 37638800.
