La vía no es una preferencia logística: es el primer determinante de si un fármaco funciona. Decide cuánto entra, a qué velocidad, durante cuánto tiempo y a dónde llega. Por eso casi ningún péptido es oral, por eso la insulina se inyecta desde hace un siglo y por eso un péptido sublingual rara vez hace lo que promete. Esta guía recorre cada vía con su mecanismo, sus ejemplos reales y sus límites.
Lo que has venido a saber
¿Por qué casi ningún péptido es oral?
Por dos barreras en serie. Las proteasas digestivas los rompen, porque un péptido es químicamente lo mismo que la comida que el intestino está diseñado para digerir; y lo poco que sobrevive choca con el primer paso hepático. La biodisponibilidad oral de un péptido sin ayuda es prácticamente nula.
¿Qué es la biodisponibilidad?
La fracción del principio activo que llega de verdad a donde tiene que actuar. Es la métrica que ordena toda esta guía: la intravenosa es del 100% por definición y todas las demás se miden contra ella. Sin ese número, comparar dos vías es comparar etiquetas.
¿Entonces cómo existe la semaglutida oral?
Con un potenciador de absorción. La formulación incorpora SNAC, que eleva el pH local en el estómago y protege la molécula el tiempo suficiente para que cruce. Es una excepción de ingeniería farmacéutica, y se paga con dosis mucho mayores y con condiciones de toma estrictas.
¿Funciona un péptido sublingual?
Casi nunca, y es de las cosas que más se venden. La mucosa sublingual absorbe bien moléculas pequeñas y liposolubles; un péptido no es ni una cosa ni la otra. Salvo formulación específica con datos propios, lo que se traga acaba en el estómago.
¿La vía intranasal lleva el fármaco al cerebro?
Existe una ruta directa nariz-cerebro por los nervios olfatorio y trigémino, y está documentada. Pero la fracción que llega por ahí es pequeña y depende mucho de la formulación y de la técnica. Es real, no es magia, y se exagera de forma rutinaria en marketing.
¿Puedo ponerme algo por vía intravenosa fuera del hospital?
No lo recomendamos, y es la advertencia más dura de esta guía. La intravenosa no tiene marcha atrás: lo administrado está dentro, entero y de golpe. Un error de dosis, una burbuja o una contaminación no se corrigen. Es acto sanitario, no autocuidado.
Qué decide una vía de administración
Qué decide la vía, en cuatro variables
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La misma molécula por dos vías distintas es, a efectos prácticos, dos fármacos distintos. La vía no cambia la química; cambia todo lo demás, y ese todo lo demás se resume en cuatro variables.
Cuánto entra. La fracción que alcanza la circulación. Es la biodisponibilidad y tiene sección propia justo debajo, porque es la que ordena la comparación.
A qué velocidad. Determina el pico de concentración. Una vía rápida sirve para lo que hay que resolver en minutos y estorba cuando lo que se busca es una exposición sostenida.
Durante cuánto tiempo. Una vía que forma un depósito libera despacio y permite dosificar cada semana en lugar de cada día. Eso no es comodidad: es adherencia, que es una variable de eficacia.
Y a dónde llega. Algunas vías reparten por todo el cuerpo y otras concentran donde se aplican. Es la diferencia entre un efecto sistémico y uno local, y confundirlas es el error que más promesas infundadas sostiene en cosmética.
Biodisponibilidad: la métrica que ordena todo
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La nomenclatura médica de referencia la define así: «La medida en que el principio activo de una forma farmacéutica llega a estar disponible en el lugar de acción del fármaco o en un medio biológico del que se cree que refleja la accesibilidad a un lugar de acción» (National Library of Medicine, MeSH, descriptor D001682, introducido en 1979 y consultado el 23 de septiembre de 2026).
Lo importante de esa definición es lo que no dice. No habla de cuánto se administra, habla de cuánto llega. Son dos cifras distintas y la que importa es la segunda.
La referencia es la intravenosa, y por construcción. Si el fármaco se inyecta directamente en la circulación, llega el 100% por definición; no es que sea la mejor vía, es la unidad de medida contra la que se miden las demás.
Y de ahí sale la regla práctica de toda la guía. Comparar dosis entre vías distintas sin conocer su biodisponibilidad no significa nada: dos miligramos por una vía pueden equivaler a doscientos por otra. El concepto tiene entrada propia, con su cálculo, en farmacología básica.
Por la boca
Vía oral: la más cómoda, la peor para péptidos
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Es la vía por defecto de la medicina, y con motivo: no duele, no requiere técnica y es la que mejor adherencia consigue. La nomenclatura médica le da descriptor propio desde 1973, en la misma rama que el resto de vías.
Para un péptido es, sin embargo, la peor posible, y por dos barreras en serie. La primera son las proteasas digestivas: un péptido es químicamente lo mismo que la proteína de la comida, y el intestino está diseñado precisamente para desmontarla en aminoácidos. La segunda es el primer paso hepático: lo poco que cruza la pared intestinal va por la vena porta al hígado, que metaboliza buena parte antes de que llegue a la circulación general.
Las excepciones existen y son de ingeniería, no de biología. La semaglutida oral incorpora un potenciador de absorción, el SNAC, que eleva el pH local y protege la molécula el tiempo justo para que cruce. Funciona, y se paga: dosis mucho mayores que la inyectable y condiciones de toma estrictas. El detalle regulatorio está en semaglutida oral en España.
Sublingual y bucal: el atajo de la mucosa oral
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Bajo la lengua y en la cara interna de la mejilla hay una mucosa muy vascularizada y muy fina. Lo que se absorbe ahí pasa directo a la circulación y se salta el primer paso hepático, que es toda la gracia de la vía.
Los ejemplos canonicos funcionan y llevan décadas funcionando. La nitroglicerina en crisis anginosa es el caso de libro: efecto en minutos porque no espera al tubo digestivo. También hay opioides, benzodiacepinas y algunas hormonas por esta vía.
Y aquí viene el punto que más dinero mueve en el mercado gris. La mucosa oral absorbe bien moléculas pequeñas y liposolubles. Un péptido no es ninguna de las dos cosas: es grande e hidrofílico. Salvo una formulación específica con datos propios que lo demuestren, lo que no se absorbe se traga, y entonces es una vía oral con sus dos barreras intactas.
La regla de compra que se deduce sola: ante un péptido sublingual, la pregunta no es si la vía existe, sino si ese producto tiene datos de absorción. Casi ninguno los enseña.
Con aguja
Subcutánea: el caballo de batalla
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La definición oficial es deliberadamente poco glamurosa, y conviene leerla entera: «Administración forzada bajo la piel de medicación líquida, nutriente u otro fluido a través de una aguja hueca que perfora la piel» (National Library of Medicine, MeSH, descriptor D007279, introducido en 1966 y consultado el 23 de septiembre de 2026).
Es la vía por la que va la inmensa mayoría del mundo peptídico, y la razon es geométrica antes que farmacológica: el tejido subcutáneo está poco vascularizado, así que la absorción es lenta, gradual y predecible. Eso da una curva plana en lugar de un pico, que es justo lo que interesa en un tratamiento crónico.
Admite poco volumen y eso la define tanto como su velocidad. Es una vía para volúmenes pequeños y concentrados, lo que encaja con péptidos y hormonas y descarta cualquier cosa que necesite mililitros. La insulina lleva un siglo aquí, y semaglutida y tirzepatida también.
Rotar el sitio no es una manía. Pinchar siempre en el mismo punto altera el tejido local y con él la velocidad de absorción, con lo que la misma dosis deja de comportarse igual. El material y la técnica están en jeringas y agujas.
Intramuscular: más volumen, más técnica
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El músculo está mucho más vascularizado que la grasa subcutánea, y de ahí salen sus dos propiedades: absorbe más rápido y admite más volumen.
Es la vía de las vacunas y de los depositos oleosos. Cuando un principio activo se disuelve en aceite, el músculo lo libera durante semanas, que es exactamente el mecanismo de los ésteres de testosterona inyectables y de varios antipsicóticos de acción prolongada.
Exige más técnica y falla peor. Hay que alcanzar el músculo de verdad, evitar paquetes vasculonerviosos y elegir el punto correcto; una intramuscular mal puesta acaba siendo una subcutánea profunda, con otra cinética y a veces con un nodulo doloroso.
En péptidos modernos se usa poco, y no por tradición: las dosis son pequeñas, el volumen es mínimo y lo que se busca casi siempre es una curva plana. La subcutánea da eso con menos riesgo y menos habilidad requerida.
Intravenosa: el 100% y el máximo riesgo
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Es la referencia farmacocinética de todo el documento: biodisponibilidad del 100% por definición, porque no hay ninguna barrera que cruzar. El fármaco ya está en la circulación.
Y esa misma propiedad es lo que la hace peligrosa fuera del hospital. No hay marcha atrás. Una vía oral se puede interrumpir, una subcutánea se absorbe despacio y da margen; lo intravenoso está dentro, entero y de golpe. Un error de dosis, una burbuja de aire o una contaminación no se corrigen después.
Su sitio clínico está perfectamente definido: urgencias, anestesia, quimioterapia, antibioterapia grave, contrastes y todo lo que exige concentración inmediata y controlada, con monitorización y con alguien capaz de resolver una reacción.
La posición de KRECE es explícita y no admite matices: ninguna intervención de longevidad justifica una vía intravenosa ambulatoria por cuenta propia. Los goteros de vitaminas y cocteles que se venden como optimización asumen el riesgo máximo de la farmacología a cambio de un beneficio que nadie ha demostrado.
Sin aguja y sin tubo digestivo
Intranasal: acceso rápido y la ruta al cerebro
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La mucosa nasal está muy vascularizada y es muy fina, así que absorbe deprisa y esquiva el primer paso hepático. Hasta ahí es una vía convencional y eficiente.
Lo que la hace singular es la ruta directa nariz-cerebro. Los nervios olfatorio y trigémino ofrecen un camino que esquiva la barrera hematoencefálica, y está documentado. Es el motivo de que los péptidos nootrópicos se formulen así, como NA-Selank y Semax, desarrollados en nootrópicos intranasales.
Y aquí toca la corrección, porque esto se exagera de forma rutinaria. Que la ruta exista no significa que sea la principal: la fracción que llega al cerebro por ahí es pequeña y depende mucho de la formulación, del volumen y de la técnica de aplicación. Buena parte de lo que se administra acaba deglutida.
El límite físico ordena el resto. Cada fosa admite un volumen muy pequeño, así que la vía solo sirve para moléculas potentes a dosis bajas. También hay ejemplos clínicos sólidos fuera de los péptidos, como la esketamina y la oxitocina.
Tópica y transdérmica: no son lo mismo
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Se usan como sinónimos y son objetivos opuestos. Tópica busca efecto local en la piel; transdérmica usa la piel como puerta para un efecto sistémico. La misma crema no puede hacer las dos cosas bien.
La barrera es real y se llama estrato córneo. Es la capa más externa, y su función biológica es justamente impedir que entren cosas. Solo lo atraviesan de forma apreciable moléculas pequeñas y suficientemente liposolubles, y esa es la restricción que gobierna la categoría entera.
Por eso la cosmética peptídica es tópica y está bien que lo sea. El GHK-Cu y compañía actúan sobre la propia piel, que es donde se quiere el efecto; no necesitan llegar a sangre y no llegan. El problema no es el producto, es la promesa cuando se insinúa lo contrario.
Y la transdérmica de verdad existe, con parches diseñados para eso: nicotina, fentanilo, estrógenos, testosterona en gel. Todos comparten el mismo perfil de molécula pequeña y liposoluble. Ningún péptido entra en esa lista, y una crema con péptidos que prometa efecto sistémico está prometiendo algo que el estrato córneo no permite.
Cómo se comparan entre sí
Inhalada, rectal e implante
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Tres vías con nicho propio que conviene conocer aunque aparezcan poco en este terreno.
Inhalada. La superficie alveolar es enorme y está muy vascularizada, así que la absorción es casi tan rápida como la intravenosa. Es la vía del asma y de la EPOC, donde además el efecto se quiere local. Hubo una insulina inhalada y su historia comercial ilustra bien el problema: la vía funcionaba, el dispositivo y el seguimiento respiratorio la hacían poco práctica.
Rectal. Esquiva parcialmente el primer paso hepático, porque parte del drenaje venoso del recto no pasa por el hígado. Es útil cuando hay vómitos o el paciente no puede tragar, y es una vía habitual en pediatría. Su absorción es irregular, y ese es su límite.
Implante o pellet. Un depósito sólido bajo la piel que libera durante meses. Resuelve la adherencia de un plumazo y a cambio pierde toda reversibilidad: si la dosis no va bien, hay que retirarlo quirúrgicamente. Se usa en anticoncepción y en algunas terapias hormonales.
Cómo se comparan: Cmax, AUC y adherencia
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Dos métricas y una variable humana explican casi todas las decisiones de vía que se toman en clínica.
Cmax es el pico, la concentración más alta que se alcanza. Manda cuando el objetivo es inmediato: una crisis, un dolor agudo, una inducción anestésica. Y es también donde viven muchos efectos adversos, porque buena parte de ellos son dependientes de pico.
El AUC es el área bajo la curva, la exposición total a lo largo del tiempo. Manda en tratamiento crónico, donde lo que importa no es llegar alto sino mantenerse dentro de una ventana. Una vía lenta con AUC equivalente y Cmax más bajo suele ser mejor tolerada.
La tabla citable de más abajo ordena las vías por estos criterios, con su nivel de evidencia y el veredicto de KRECE para cada una.
Y luego está la adherencia, que es la variable más subestimada de la farmacología aplicada. Una vía con biodisponibilidad perfecta que el paciente no usa tiene eficacia real cero. El paso de diario a semanal en los análogos de GLP-1 cambió el campo tanto por adherencia como por farmacología.
Qué implica esto en péptidos
Por qué esto decide tanto en péptidos
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Todo lo anterior converge en una frase: un péptido es una molécula grande, hidrofílica y digerible, y esas tres propiedades le cierran casi todas las puertas a la vez.
Por eso la subcutánea es la norma y no la excepción. No es una preferencia del sector ni una herencia: es la única vía que combina volumen suficiente, absorción predecible y autoadministración razonable para una molécula con ese perfil.
Las excepciones confirman la regla y se explican por una de dos cosas. O hay ingeniería de formulación, como el potenciador de absorción que hace viable la semaglutida oral; o hay un destino que justifica una ruta anatómica especial, como los nootrópicos intranasales buscando el cerebro. Fuera de esos dos casos, un péptido por vía cómoda es casi siempre un péptido que no llega.
Y de ahí sale el criterio de compra más útil de esta guía. Cuando un producto ofrece una vía inusualmente cómoda para una molécula que normalmente se inyecta, la pregunta correcta no es cuánto cuesta: es qué datos de absorción tiene esa formulación concreta. Si no los enseña, la comodidad es el producto y el fármaco es el pretexto.
Lo que no se debe hacer
Lo desaconsejado, y por qué
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En vías de administración el coste de equivocarse no suele ser que no funcione: es una infección, una dosis imposible de retirar o meses pagando algo que nunca llegó a sangre. Cada caso con su motivo.
- Cualquier administración intravenosa fuera de un entorno sanitario.Es el desaconsejo más duro de la guía. La intravenosa no tiene marcha atrás: la dosis entra entera y de golpe, y un error, una burbuja o una contaminación no se corrigen después. Los goteros de vitaminas vendidos como optimización asumen el riesgo máximo de la farmacología a cambio de un beneficio no demostrado. Motivo del desaconsejo: riesgo irreversible sin beneficio demostrado.
- Péptidos sublinguales u orales sin datos de absorción de esa formulación concreta.La mucosa oral absorbe moléculas pequeñas y liposolubles, y un péptido no es ninguna de las dos cosas. Sin una formulación específica que lo demuestre, lo que no se absorbe se traga y entra por vía oral con sus dos barreras intactas. Motivo del desaconsejo: se paga una vía que casi con seguridad no entrega nada.
- Cremas con péptidos que prometen efecto sistémico.El estrato córneo deja pasar moléculas pequeñas y liposolubles, y ningún péptido cumple ese perfil. El producto puede ser bueno para lo que sí hace, que es actuar en la propia piel; lo que no puede es llegar a sangre. Motivo del desaconsejo: promete atravesar una barrera que su molécula no atraviesa.
- Convertir una dosis de una vía a otra por regla de tres.Es el error de cálculo más peligroso del tema. Las dosis equivalentes entre vías dependen de la biodisponibilidad de cada una, que no es proporcional ni intuitiva: la misma cantidad por dos vías puede diferir en dos órdenes de magnitud. Motivo del desaconsejo: la equivalencia entre vías no es aritmética.
- Pinchar siempre en el mismo punto.La inyección repetida en el mismo sitio altera el tejido local, y con él cambia la velocidad de absorción. La consecuencia no es solo estética: la misma dosis deja de comportarse igual y la curva se vuelve impredecible. Motivo del desaconsejo: degrada el tejido y con él la fiabilidad de la dosis.
- Reutilizar agujas o compartir material de inyección.Una aguja usada pierde filo y produce más daño tisular en el siguiente pinchazo, y el material compartido es una vía de transmisión de infecciones de transmisión hematica. Es la parte de esta guía donde el riesgo no es farmacológico sino infeccioso. Motivo del desaconsejo: riesgo infeccioso evitable por completo.
- Elegir la vía por comodidad cuando la molécula no la admite.Es el resumen de los seis anteriores. Cuando un producto ofrece una vía inusualmente cómoda para algo que normalmente se inyecta, lo que se está comprando casi siempre es la comodidad, y el fármaco es el pretexto. Motivo del desaconsejo: la comodidad no cambia la física de la absorción.
Cuándo esto deja de ser una decisión tuya
+Lo esencial: la vía de administración de un tratamiento la decide quien lo prescribe, no el comprador. Nunca cambies la vía de un fármaco prescrito por tu cuenta ni conviertas dosis entre vías por regla de tres: la equivalencia depende de la biodisponibilidad y no es proporcional. Nada intravenoso fuera de un entorno sanitario. Y si aparece fiebre, dolor creciente, enrojecimiento que se extiende o pus en un punto de inyección, eso es consulta el mismo día.
El punto de inyección, primero, porque es lo único de esta guía que puede requerir atención urgente. Un pequeño hematoma o una molestia local son esperables. Lo que no lo es: enrojecimiento que crece, calor, dolor que aumenta en lugar de ceder, secreción o fiebre. Eso describe una infección de partes blandas y se ve el mismo día.
La reacción sistémica inmediata, segundo. Habones, picor generalizado, hinchazón de labios o lengua, dificultad para respirar o mareo intenso en los minutos siguientes a una administración son una urgencia, sin esperar a ver si mejora.
Cambiar la vía de un tratamiento prescrito no es un ajuste, es otra prescripción. Pasar de oral a inyectable, o al revés, cambia la dosis efectiva, el perfil de efectos adversos y a veces la indicación. Lo decide quien lleva el tratamiento.
Y hay situaciones que cambian el cálculo entero: embarazo y lactancia, alteraciones de la coagulación o tratamiento anticoagulante, inmunosupresión, problemas de piel en la zona de administración y cualquier antecedente de reacción a un fármaco inyectado. En todas ellas la elección de vía se consulta antes, no después.
Qué hacer con esto
Cómo usar esta guía en la práctica
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Primero, preguntar por la biodisponibilidad antes que por el precio. Es la cifra que convierte una dosis en una comparación. Sin ella, dos productos con el mismo número en la etiqueta pueden no tener nada que ver.
Segundo, desconfiar de la comodidad inesperada. Si algo que normalmente se inyecta se ofrece en gótas, spray o crema, la pregunta es qué datos de absorción tiene esa formulación concreta. No la molécula: la formulación.
Tercero, separar local de sistémico. Tópico no es transdérmico. Un cosmecéutico que actúa en la piel está haciendo su trabajo; el problema aparece cuando se insinúa que llega a sangre.
Cuarto, no convertir dosis entre vías. Ni con una calculadora ni con una regla de tres. Si hace falta equivalencia, la da quien prescribe.
Y quinto, si hay aguja de por medio, cuidar la técnica tanto como la molécula. Material de un solo uso, rotación de sitios y asepsia. El detalle está en jeringas y agujas, y es la parte donde el riesgo deja de ser teórico.
Las vías comparadas, con su nivel de evidencia
| Vía | Qué la define | Nivel (N0-N5) | Veredicto KRECE |
|---|---|---|---|
| Intravenosa | Biodisponibilidad del 100% por definición. Sin barreras y sin marcha atrás. | N5 | Referencia farmacocinética. Solo entorno sanitario |
| Subcutánea | Absorción lenta y predecible en tejido poco vascularizado. Volúmenes pequeños. | N5 | La vía por defecto en péptidos |
| Intramuscular | Más vascularización, más volumen y más velocidad. Permite depósitos oleosos. | N5 | Sí, con técnica correcta |
| Oral | Cómoda y con la mejor adherencia. Proteasas digestivas y primer paso hepático. | N5 | Primera opción salvo que la molécula lo impida |
| Oral con potenciador de absorción | Ingeniería de formulación que protege la molécula el tiempo justo para cruzar. | N4 | Funciona, y se paga en dosis y condiciones |
| Transdérmica | Efecto sistémico a través de la piel. Solo moléculas pequeñas y liposolubles. | N4 | Sí, para las moléculas que la admiten |
| Implante o pellet | Depósito sólido que libera durante meses. Resuelve la adherencia. | N4 | Útil, pero pierde reversibilidad |
| Intranasal, ruta nariz-cerebro | Acceso por nervio olfatorio y trigémino que esquiva la barrera hematoencefálica. | N2 | Real y sistemáticamente exagerada |
| Tópica cosmecéutica | Efecto local en la propia piel. No pretende ni consigue paso sistémico. | N3 | Sí, para lo que es |
| Péptido sublingual sin datos de absorción | La mucosa oral absorbe moléculas pequeñas y liposolubles. Un péptido no lo es. | N cero | Sin base. Se traga y vuelve a ser oral |
La posición de KRECE
La vía no es logística, es farmacología. La misma molécula por dos vías distintas es a efectos prácticos dos fármacos distintos: cambia cuánto entra, a qué velocidad, durante cuánto tiempo y a dónde llega. Tratar la elección de vía como una preferencia de comodidad es el primer error, y casi todos los demás se derivan de él.
Casi ningún péptido puede ser oral, y no es un problema resoluble comprando mejor. Un péptido es grande, hidrofílico y químicamente idéntico a la proteína que el intestino está diseñado para digerir. Las excepciones existen y son de ingeniería de formulación, no de biología: alguien tuvo que añadir un potenciador de absorción y aceptar dosis mucho mayores a cambio.
El péptido sublingual es el producto que más promete y menos entrega. La mucosa oral absorbe moléculas pequeñas y liposolubles, y un péptido no es ninguna de las dos cosas. Sin datos de absorción de esa formulación concreta, lo que no se absorbe se traga, y entonces es una vía oral con sus dos barreras intactas. La pregunta no es cuánto cuesta: es qué datos enseña.
Tópico no es transdérmico, y la confusión sostiene media categoría cosmética. El estrato córneo deja pasar moléculas pequeñas y liposolubles, y ningún péptido cumple ese perfil. Los cosmecéuticos peptídicos hacen bien su trabajo en la piel; el problema empieza cuando se insinúa que llegan a sangre.
Y la línea roja: nada intravenoso fuera de un entorno sanitario. Es la única vía sin marcha atrás, y esa propiedad no se compensa con ningún beneficio de longevidad demostrado. Los goteros vendidos como optimización asumen el riesgo máximo de la farmacología a cambio de nada que se haya medido.
Preguntas frecuentes sobre vías de administración
¿Por qué la insulina no se puede tomar en pastilla?
¿Cómo es posible entonces que exista la semaglutida oral?
¿Sirven de algo los péptidos sublinguales?
¿La vía intranasal lleva de verdad el fármaco al cerebro?
¿Es lo mismo tópico que transdérmico?
¿Puedo convertir una dosis de una vía a otra?
Fuentes de información
Ver las 5 fuentes
- National Library of Medicine. MeSH: Biological Availability, descriptor D001682.Fuente de la cita textual de la sección 02. Introducido en 1979. Árboles G03.787.151 y G07.690.725.129. Su nota de alcance define la biodisponibilidad por lo que LLEGA al lugar de acción, no por lo que se administra, que es la distinción sobre la que se apoya toda esta guía. Verificado en vivo el 23 de septiembre de 2026.
- National Library of Medicine. MeSH: Administration, Oral, descriptor D000284.Respalda la sección 03. Introducido en 1973. Árbol E02.319.267.100. Se cita como descriptor, no textualmente: su nota de alcance es puramente denotativa y no aporta nada al argumento. Verificado en vivo el 23 de septiembre de 2026.
- National Library of Medicine. MeSH: Injections, Subcutaneous, descriptor D007279.Fuente de la cita textual de la sección 05. Introducido en 1966. Árbol E02.319.267.530.620. Nota estructural: comparte rama con la vía oral (E02.319.267), lo que confirma que la nomenclatura trata todas las vías como una misma familia de decisiones. Verificado en vivo el 23 de septiembre de 2026.
- Ficha técnica de la semaglutida oral y del potenciador de absorción SNAC (Agencia Europea del Medicamento y CIMA de la AEMPS).Sostiene la excepción oral descrita en la sección 03. Se cita SIN enlace y sin números de dosis ni de biodisponibilidad: no se ha abierto la ficha en esta sesión. Pendiente de verificar y enlazar, y de añadir entonces las cifras que hoy se omiten.
- Literatura sobre la ruta de administración nasal directa al sistema nervioso central por vía olfatoria y trigeminal.Sostiene la sección 08. Se describe el mecanismo sin cuantificar la fracción que alcanza el cerebro, porque esa cifra no se ha verificado en esta sesión y es justo la que el marketing exagera. Pendiente de cita concreta.
