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Transformación enzimática de colecalciferol a calcitriol con ion magnesio amber en el centro catalítico de la hidroxilasa sobre fondo oscuro.
SUPLEMENTOS · 12 May 2026

Por qué tomas Vitamina D y la 25(OH)D no sube: el papel del Magnesio como cofactor

Tomar 4.000 UI de D3 y seguir con 25(OH)D baja es vitamina D refractaria. Casi siempre falta magnesio. Análisis del mecanismo enzimático y del RCT Dai 2018.

Por qué tomas Vitamina D y la 25(OH)D no sube: el papel del magnesio como cofactor

La D refractaria es el fenómeno clínico de 25(OH)D que no responde a dosis altas de D3. Detrás suele haber déficit funcional de magnesio. Mecanismo enzimático, RCT Dai 2018, protocolo y posición de KRECE.

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Tomar 4.000 UI de D3 al día durante seis meses y seguir con 25(OH)D en 25 ng/mL es un fenómeno clínico real. Se llama vitamina D refractaria y casi siempre se atribuye a obesidad, malabsorción o no-adherencia. Pero hay una causa metabólica frecuente que el laboratorio rutinario no detecta: si falta magnesio, las dos hidroxilasas que convierten la D3 inerte en calcitriol activo no funcionan correctamente. Aquí el mecanismo y la evidencia.

Este artículo es un satélite del cluster Magnesio en KRECE. Cubre una pregunta long-tail con alto volumen de búsqueda: por qué algunas personas suplementan vitamina D durante meses sin que la 25(OH)D suba como debería. La respuesta editorial corta: cuando hay déficit funcional de magnesio, las enzimas que activan la vitamina D pierden eficacia catalítica. La 25(OH)D no sube no porque la D3 no entre, sino porque no se transforma. Para el panorama general del magnesio — formas, dosis y evidencia por indicación — ver el cornerstone troncal del cluster.

La línea editorial de KRECE sobre la combinación se resume en cuatro afirmaciones que el resto del artículo desarrolla. Una, el mecanismo es enzimático y está bien caracterizado: las dos hidroxilasas son Mg-dependientes. Dos, el fenómeno de D refractaria es clínicamente real y poblacionalmente frecuente. Tres, hay un RCT publicado en 2018 que demuestra el efecto regulador bidireccional del magnesio sobre la 25(OH)D. Cuatro, la regla operativa es vinculante: no se inicia suplementación de D3 a dosis terapéuticas en deficiente sin asegurar paralelamente magnesio.

Qué es la vitamina D refractaria

La vitamina D refractaria es un patrón clínico definible con cuatro criterios operativos. Primero, suplementación de D3 documentada a dosis de al menos 2.000-4.000 UI/día. Segundo, duración mínima de 8-12 semanas con cumplimiento razonable. Tercero, 25(OH)D sérica que no supera los 30 ng/mL o que no aumenta proporcionalmente al incremento de dosis. Y cuarto, ausencia de causas obvias de malabsorción (cirugía bariátrica, enfermedad celiaca activa, insuficiencia pancreática, colestasis grave). Cuando esos cuatro elementos coinciden, la lectura más habitual del clínico es subir la dosis o asumir falta de adherencia. La causa metabólica que pocas veces se evalua, y que este artículo desarrolla, es el déficit de cofactores.

Por qué subir la dosis no siempre funciona

La fisiología hepática y renal de la vitamina D no es lineal. La conversión de colecalciferol (D3) en 25-hidroxivitamina D —la forma circulante que mide el laboratorio— depende de una enzima limitada. Si la enzima está saturada o funcionando por debajo de su capacidad por falta de cofactor, aumentar el sustrato (más D3) no aumenta proporcionalmente el producto (más 25(OH)D). El paciente acumula D3 en tejido adiposo, pero la fracción que circula en sangre como 25(OH)D se estanca. Subír la dosis a 10.000 UI/día empeora el problema en lugar de resolverlo, porque acelera la depleción del cofactor disponible. Es un caso clásico de cuello de botella enzimático.

La cifra que rara vez se nombra: 79%

Según los datos del NHANES citados por Dai et al. 2018, el 79% de los adultos en Estados Unidos no llega a la cantidad diaria recomendada (RDA) de magnesio. La cifra es coherente con el modelado global de Passarelli et al. 2024 en Lancet Global Health, que identificó al magnesio entre los micronutrientes con mayor inadecuación dietética mundial. Si el cofactor enzimático de la vitamina D falta en cuatro de cada cinco adultos, era previsible que aparecieran fenómenos clínicos de refractariedad mal explicados por el modelo clásico de «ingesta vs absorción». El contexto del inflammaging y deficiencias subclínicas poblacionales ayuda a entender por qué este tipo de fenómenos están infradiagnosticados.

Implicación clínica. Antes de subir la dosis de D3 en un paciente con 25(OH)D que no responde, la pregunta correcta no es ¿cuánta D3 añado?, sino ¿qué cofactor le falta? Magnesio es el primero de la lista, por su papel directo en la maquinaria enzimática. Asegurar 200-400 mg/día de magnesio elemental durante 8-12 semanas antes o en paralelo a una nueva titulación de D3 cambia el resultado en una proporción no despreciable de pacientes.

Dos hidroxilasas Mg-dependientes en serie

La vitamina D que llega del sol o de la dieta es biológicamente inerte. Para activarse necesita dos pasos enzimáticos consecutivos. El primero ocurre en el hígado: la 25-hidroxilasa (CYP2R1) convierte la D3 (colecalciferol) en 25-hidroxivitamina D —la forma de almacenamiento y circulación, lo que mide el laboratorio. El segundo ocurre en el riñón: la 1-alfa-hidroxilasa (CYP27B1) convierte la 25(OH)D en 1,25-dihidroxivitamina D, el calcitriol, la forma hormonalmente activa que se une al receptor VDR. Ambas hidroxilasas son enzimas Mg-dependientes.

CYP2R1 hepática: paso 1

La 25-hidroxilasa CYP2R1 es una enzima del complejo citocromo P450 que cataliza la hidroxilación del carbono 25 del colecalciferol. La reacción requiere NADPH como donante de electrones y oxidación molecular. El magnesio actúa como cofactor en la fase de transferencia electrónica y en la estabilización del complejo enzima-sustrato. Sin magnesio intracelular suficiente, la velocidad máxima de la enzima (Vmax) disminuye y la conversión se ralentiza, lo que se traduce en menor 25(OH)D circulante para una misma cantidad de D3 ingerida. Es el cuello de botella más frecuente en la práctica.

CYP27B1 renal: paso 2

La 1-alfa-hidroxilasa CYP27B1 actúa en el túbulo proximal del riñón y hidroxila el carbono 1 de la 25(OH)D para producir calcitriol. También es Mg-dependiente: el mismo principio de cofactor en transferencia electrónica que afecta a CYP2R1 aplica aquí. La consecuencia es doble: si falta magnesio, no solo se reduce el almacén circulante de 25(OH)D, sino también la conversión a la forma activa. El cuerpo tiene menos D3 utilizable Y menos calcitriol generador de señal biológica.

Otros eslabones Mg-dependientes

El cuadro completo es aún más denso. La proteína transportadora de vitamina D (vitamin D-binding protein, VDBP) que circula el calcitriol por la sangre depende de magnesio para mantener su afinidad óptima. El receptor de vitamina D (VDR) en el núcleo celular, que es la diana final del calcitriol y media la transcripción de genes dependientes de vitamina D, también requiere magnesio como coactivador. Y la 24-hidroxilasa (CYP24A1), que regula la inactivación de la vitamina D para evitar toxicidad, es igualmente Mg-dependiente. Prácticamente toda la maquinaria del sistema vitamina D depende de magnesio en algún punto. Esta es la observación central de la revisión de Uwitonze & Razzaque 2018 en J Am Osteopath Assoc: todas las enzimas del metabolismo de la vitamina D son Mg-dependientes.

Enzima / proteínaFunciónDependencia de Mg
CYP2R1 hepáticaConvierte D3 en 25(OH)DCofactor obligatorio
CYP27B1 renalConvierte 25(OH)D en calcitriolCofactor obligatorio
CYP24A1Inactiva calcitriol (regulación)Cofactor obligatorio
VDBPTransporta vit D circulanteAfinidad Mg-dependiente
VDR (receptor nuclear)Media respuesta genómicaCoactivador

Síntesis mecanística. El sistema vitamina D no es un único paso, es una cascada de cinco etapas en serie con magnesio como cofactor en cada una de ellas. Si una sola etapa falla por déficit funcional, la señal biológica se atenua. Si fallan dos o tres simultáneamente —el escenario realista cuando hay hipomagnesemia subclínica— el efecto agregado es la D refractaria que se ve en la consulta.

Dai 2018: el RCT que lo demuestra

El ensayo clínico controlado más relevante sobre la interacción Mg-vitamina D fue publicado en diciembre de 2018 en The American Journal of Clinical Nutrition por el grupo de Qi Dai en la Universidad de Vanderbilt. Es un estudio nested en el Personalized Prevention of Colorectal Cancer Trial (PPCCT), con 180 participantes de 40-85 años asignados aleatoriamente a magnesio o placebo durante 12 semanas. La dosis de magnesio se personalizó en función de la ingesta dietética basal, lo que es metodológicamente más sólido que dar una dosis fija a todos los participantes.

El hallazgo principal: efecto regulador bidireccional

El resultado más relevante del estudio no es el más espectacular, es el más informativo. La suplementación con magnesio mostró un efecto bidireccional dependiente del estado basal de vitamina D. En participantes con 25(OH)D basal por debajo de 30 ng/mL, el magnesio aumentó significativamente los niveles séricos. En participantes con 25(OH)D basal por encima del valor mediano, el magnesio moderó los niveles —es decir, los acercó al rango fisiológico optimo desde arriba. Esa bidireccionalidad es la firma clásica de un cofactor regulador, no de un estímulo lineal.

En términos prácticos: el magnesio no «sube la vitamina D» en todos los pacientes por igual. La sube cuando está baja y la modera cuando está alta. Es la lógica de un sistema homeostático optimizado por el cofactor, no la de un agente farmacológico monodireccional.

Limitaciones que conviene declarar

El estudio tiene tres limitaciones importantes. Primera, n=180 es modesto para una intervención nutricional con efectos esperados modestos —hay menos potencia estadística de la deseable para detectar interacciones secundarias. Segunda, la cohorte se reclutó en el contexto de un ensayo de prevención de cáncer colorrectal, no de un estudio dirigido específicamente a vitamina D refractaria, lo que introduce sesgo de selección. Tercera, no hay replicación independiente con cohorte distinta —la evidencia mecanística de Uwitonze 2018 es sólida, pero el endpoint clínico de «magnesio mueve la 25(OH)D» se sostiene fundamentalmente en un único RCT.

Evidencia complementaria: NHANES y mortalidad

El trabajo epidemiológico previo del mismo grupo (Deng et al. 2013, BMC Medicine) analizó la interacción Mg-vitamina D-mortalidad en NHANES y NHANES III. El hallazgo: la asociación entre 25(OH)D elevada y reducción de mortalidad cardiovascular y por cáncer colorrectal es significativamente más pronunciada en sujetos con ingesta de magnesio por encima de la mediana poblacional. Es una señal epidemiológica robusta de que vitamina D y magnesio no actúan independientemente, sino que su efecto sobre desenlaces duros depende de la coexistencia de ambos.

Cómo distinguir la D refractaria del simple incumplimiento

El diagnóstico operativo de la vitamina D refractaria por déficit de magnesio se construye con cuatro elementos. No es un test, es una inferencia clínica.

Criterio 1: cinetica de la 25(OH)D

La 25(OH)D debe medirse al inicio y a las 8-12 semanas de suplementación con dosis razonable. En adulto sano sin malabsorción, 2.000 UI/día de D3 durante 8 semanas debe aumentar la 25(OH)D en al menos 10-15 ng/mL. Si el incremento es claramente menor de lo esperado (por ejemplo, +3 ng/mL desde 22 a 25 ng/mL), la hipótesis del cofactor entra en consideración.

Criterio 2: factores predisponentes a hipomagnesemia

El paciente refractario típico tiene al menos uno de estos rasgos: dieta occidental estándar con baja ingesta vegetal (probabilidad ~50%), tratamiento crónico con inhibidores de la bomba de protones (omeprazol o derivados durante más de 6 meses), uso de diuréticos de asa o tiacídicos, metformina durante años, alcoholismo de bajo grado, o estrés crónico documentado. Cada uno de estos factores acelera la excreción renal de magnesio o reduce su absorción intestinal.

Criterio 3: síntomas asociados

El cuadro de magnesio bajo funcional es inespecífico pero reconocible: insomnio resistente, calambres nocturnos, fasciculaciones (tics oculares), ansiedad de bajo grado, fatiga, sensibilidad a la insulina baja. Si un paciente con 25(OH)D refractaria presenta dos o tres de estos síntomas, la probabilidad pretest de déficit de magnesio aumenta considerablemente.

Criterio 4: magnesio sérico no descarta

La trampa clínica más habitual: el magnesio sérico «normal» no excluye el diagnóstico. Solo el 1% del magnesio corporal circula en sangre —el 99% está en hueso, músculo e interior celular. Valores de magnesio sérico en rango (0,75-0,95 mmol/L) son compatibles con déficit intracelular real. El gold standard sería el magnesio intra-eritrocitario o el test de retención IV, pero ninguno es de uso rutinario. En la práctica, ante refractariedad más factores predisponentes más síntomas compatibles, la prueba terapéutica con magnesio es razonable y de bajo riesgo.

Regla operativa. Cuando un paciente lleva más de 8 semanas con 2.000-4.000 UI/día de D3 y la 25(OH)D no responde, el siguiente paso no es subir a 5.000 UI. Es añadir magnesio bisglicinato 200-400 mg elemental por la noche durante 8-12 semanas y repetir 25(OH)D. La proporción de pacientes en los que la 25(OH)D empieza a subir tras esa intervención es alta, especialmente si hay factores predisponentes (IBP, diuréticos, dieta pobre en vegetales).

Cómo iniciar la suplementación combinada

El protocolo básico de KRECE para pacientes con D refractaria por sospecha de déficit de magnesio se construye en tres fases. La primera es preparatoria, la segunda es la titulación combinada, y la tercera es la consolidación. Las dosis concretas se cubren con más detalle en el artículo de dosificación óptima de vitamina D.

Fase 1: 4 semanas de magnesio solo

Bisglicinato de magnesio 200-300 mg de elemental por la noche durante 4 semanas, con cena. La justificación editorial: dar tiempo a que las reservas intracelulares de magnesio se repongan antes de pedirle al sistema enzimático de la vitamina D que trabaje a más intensidad. Si el paciente ya tomaba D3, se mantiene la dosis basal sin subir.

Fase 2: 12 semanas de combinación optimizada

A las 4 semanas se añade o se continúa D3 a la dosis clínicamente indicada (2.000-4.000 UI/día en deficientes, 1.000-2.000 UI/día en mantenimiento) y se mantiene el magnesio. Idealmente se añade vitamina K2 (MK-7 90-180 mcg/día) por las razones que cubrimos en la guía de Vitamina D3 y K2. A las 12 semanas se repite la 25(OH)D para confirmar la respuesta.

Fase 3: consolidación

Cuando la 25(OH)D entra en el rango objetivo de 40-60 ng/mL (rango funcional de medicina de precisión, no el de suficiencia >30 ng/mL del laboratorio), se reduce la D3 a dosis de mantenimiento (1.000-2.000 UI/día) y se mantiene el magnesio de forma crónica. Si el paciente sigue tomando IBP, metformina o diuréticos, el magnesio probablemente debe mantenerse de forma indefinida.

FaseDuraciónMagnesioVitamina D3K2
1 · Preparatoria4 sem200-300 mg/nocheMantener dosis basalOpcional
2 · Titulación12 sem200-400 mg/día2.000-4.000 UI/día90-180 mcg/día
3 · ConsolidaciónIndefinida200-300 mg/noche1.000-2.000 UI/día90-180 mcg/día

Forma de magnesio: bisglicinato o citrato

Bisglicinato es la primera opción: alta biodisponibilidad, tolerancia gastrointestinal y efecto calmante propio de la glicina sobre el sistema GABAérgico, lo que se aprovecha al tomarlo de noche. Citrato es la segunda opción: igualmente alta biodisponibilidad y útil en pacientes con tendencia al estreñimiento. El óxido de magnesio no entra en este protocolo —biodisponibilidad inferior al 4%, no corrige el déficit funcional intracelular. El detalle comparativo de formas está en el cornerstone Magnesio.

Lo que conviene declarar antes de cerrar

El magnesio no es el único cofactor

El sistema vitamina D tiene más cofactores que el magnesio. La vitamina K2 dirige el calcio hacia el hueso y aleja la calcificación vascular —esta no es una cuestión de activación de vitamina D, pero sí de seguridad de protocolo a largo plazo y conviene incluirla. El zinc participa en la síntesis del receptor VDR y en la actividad transcripcional genómica. El boro reduce la excreción urinaria de calcio y magnesio. La vitamina A interactúa con la vitamina D en el receptor nuclear, ya sea de forma sinérgica o antagónica según el dosaje. La lógica de cofactor no es exclusiva del magnesio, pero el magnesio es el que más frecuentemente está en zona de déficit funcional poblacional.

Niveles objetivo de 25(OH)D: rango de medicina de precisión

Suficiencia oficial: >30 ng/mL. Rango funcional de KRECE: 40-60 ng/mL. Tóxico: >100 ng/mL de forma mantenida. La diferencia entre 30 y 50 ng/mL no es triv ial —la mayoría de los estudios que muestran beneficio sobre mortalidad, mineralización ósea, sistema inmune y mejoría de marcadores metabólicos lo hacen en el rango 40-60. Llegar allí sin magnesio es operacionalmente más caro, más lento y a veces imposible.

Pacientes con disfunción renal

La suplementación con magnesio en pacientes con tasa de filtrado glomerular (TFG) inferior a 30 ml/min/1,73 m² está contraindicada sin supervisión nefrológica por riesgo de hipermagnesemia. Con TFG entre 30 y 60 ml/min, prudencia. En enfermedad renal crónica avanzada, además, la activación renal de la 25(OH)D a calcitriol está intrínsecamente comprometida —el cofactor magnesio no es el factor limitante en ese escenario, lo es la propia masa renal funcional, lo que requiere abordaje clínico distinto.

Calcio: no sumar a ciegas

Una trampa frecuente: añadir calcio al protocolo «porque la vitamina D regula calcio». El calcio en altas dosis aumenta la excreción urinaria de magnesio y compite con el magnesio en transportadores intestinales. Si hay sospecha de déficit de magnesio, añadir calcio empeora el problema mientras la 25(OH)D no responde. La ingesta de calcio se cubre por dieta (lácteos, vegetales, pescado azul) salvo indicación clínica específica.

Y si la 25(OH)D sigue sin subir tras añadir magnesio

Hay tres causas adicionales a evaluar. Una, obesidad: la D3 se secuestra en tejido adiposo y los pacientes con IMC >30 necesitan dosis 1,5-2 veces más altas. Dos, polimorfismos del CYP2R1 o del VDR: variantes genéticas relativamente comunes que reducen la eficacia enzimática. Tres, malabsorción: enfermedad celiaca silente, sobrecrecimiento bacteriano intestinal, cirugía bariátrica. En estos casos, el problema no es de cofactor sino de absorción o de máquina enzimática intrínseca, y requiere evaluación clínica adicional.

Lo que la gente pregunta

¿Por qué mi 25(OH)D no sube aunque tomo 4.000 UI de D3? Causas frecuentes en orden de probabilidad: déficit de magnesio (cofactor enzimático), obesidad (secuestro adiposo), falta de adherencia, malabsorción intestinal, polimorfismos enzimáticos. La primera se trata simplemente añadiendo 200-300 mg de magnesio bisglicinato por la noche.

¿Cuánto magnesio se necesita para «activar» la vitamina D? La RDA es 420 mg/día (hombres) y 320 mg/día (mujeres). Como suplementación adicional, 200-400 mg de magnesio elemental al día durante 8-12 semanas es suficiente para corregir la mayoría de déficits subclínicos relevantes para la activación enzimática.

¿Tomar magnesio sube la vitamina D por sí solo? En personas con 25(OH)D baja y magnesio en zona de déficit, sí, parcialmente. Dai 2018 mostró aumento significativo de 25(OH)D con magnesio solo en sujetos con basal bajo. En personas con magnesio suficiente, no —añadir más magnesio no sube la 25(OH)D si no hay cuello de botella enzimático que liberar.

¿Cuándo se mide la 25(OH)D tras iniciar magnesio? A las 8-12 semanas. Por debajo de ese tiempo, los cambios en reservas intracelulares de magnesio y en síntesis hepática de 25(OH)D no han madurado suficientemente.

¿Qué forma de magnesio para activar la vitamina D? Bisglicinato o citrato. Cualquier forma orgánica con biodisponibilidad alta y absorción intracelular real. El óxido de magnesio no sirve para este uso: actúa como laxante osmótico, no como suplementación sistémica.

¿Magnesio y D3 separados o juntos? Separados en el día está bien. La D3 con la comida del mediodía (mejor con grasa, es liposoluble). El magnesio bisglicinato con la cena. No hay interacción clínicamente relevante por timing —la interacción es metabólica, no farmacocinética.

¿Y el potasio? ¿Y el K2? El potasio no participa directamente en la activación de la vitamina D. El protocolo de combinación con potasio está específicamente descrito para cortisol y sueño, no para la 25(OH)D —lo cubrimos en el satélite Magnesio + Potasio del cluster. La vitamina K2 sí conviene añadirla al protocolo de D3 para evitar calcificación vascular, pero no resuelve la refractariedad por déficit de magnesio.

Posición de KRECE

La vitamina D refractaria es muchas veces un problema de magnesio que el laboratorio no detecta.

No se inicia suplementación de D3 a dosis terapéuticas sin asegurar magnesio.
Es una regla operativa, no una sugerencia. Las dos hidroxilasas que convierten la D3 inerte en calcitriol activo son enzimas Mg-dependientes. Subir la dosis de D3 sin garantizar el cofactor enzimático es echar gasolina a un motor sin bujías. La proporción de pacientes en los que la 25(OH)D empieza a moverse cuando se añade magnesio es lo suficientemente alta como para hacer del cofactor un estándar del protocolo, no una opción.
El magnesio sérico no descarta el déficit funcional.
Solo el 1% del magnesio corporal circula en sangre. Valores séricos en rango son compatibles con reservas intracelulares agotadas. En la práctica, ante refractariedad más factores predisponentes (dieta occidental, IBP, diuréticos, metformina), la prueba terapéutica con bisglicinato 200-400 mg elemental durante 8-12 semanas es el siguiente paso correcto, no una analítica específica.
El efecto del magnesio sobre la 25(OH)D es regulador, no monodireccional.
Es lo que demuestra Dai 2018: en sujetos con 25(OH)D baja, el magnesio la sube. En sujetos con 25(OH)D alta, la modera hacia el rango fisiológico optimo. Esta bidireccionalidad es la firma de un cofactor que optimiza el sistema, no de un estímulo lineal. La consecuencia operativa: tomar magnesio está bien independientemente de cuál sea el punto de partida de la 25(OH)D, porque el sistema lo redirige a lo que necesita.
79% de adultos no llega a la RDA de magnesio. La D refractaria es una consecuencia previsible.
El dato de NHANES citado por Dai 2018 explica por qué el fenómeno clínico es tan frecuente. Cuando el 79% de la población está en zona de inadecuación dietética de un cofactor enzimático crítico, no es sorprendente que aparezcan fenómenos de refractariedad mal explicados por el modelo simple de «ingesta vs absorción». La D refractaria es un síntoma poblacional de un problema poblacional.
La evidencia humana es modesta. El mecanismo es sólido. Eso justifica la intervención.
Dai 2018 es un único RCT con n=180 y limitaciones. Lo cubrimos honestamente. Pero el mecanismo enzimático es claro y está sostenido por decadas de bioquímica: todas las hidroxilasas que metabolizan vitamina D requieren magnesio. Cuando mecanismo sólido se suma a prevalencia poblacional de déficit, la intervención con bisglicinato a dosis bajas durante 12 semanas tiene una razón beneficio-riesgo abrumadora a favor del beneficio, incluso aunque la evidencia humana directa siga siendo limitada.
Disclaimer clínico

Este artículo es contenido editorial. No sustituye al criterio médico individualizado. La suplementación con vitamina D a dosis terapéuticas y con magnesio debe ajustarse al estado de cada persona y supervisarse en presencia de insuficiencia renal con TFG <30 ml/min, hipercalcemia documentada, sarcoidosis u otras enfermedades granulomatosas, tratamiento con diuréticos tiacidicos, o niveles de 25(OH)D superiores a 80 ng/mL. La decisión clínica corresponde al médico tratante. Las referencias citadas son fuentes primarias verificadas; la interpretación editorial es de KRECE.

Referencias
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