Corte de piel humana bajo luz solar dorada con rayos ultravioleta y una molécula ámbar de vitamina D formándose en las capas profundas.
SUPLEMENTOS · 5 Abr 2026

Vitamina D: dosis óptima, cofactores y qué demostró el estudio VITAL

Dosis óptima de vitamina D, por qué el magnesio y la K2 no son opcionales, el debate del umbral y qué demostró de verdad el estudio VITAL, incluido el subestudio de telómeros.

Estado
Base + matices
El déficit como problema
8/10
Beneficio sobre suficiencia
3/10
Relación coste-seguridad
9/10
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La vitamina D no es una vitamina. Es una hormona secosteroide que regula más de 1.000 genes, y la dosis clásica de 400 UI se diseñó para evitar el raquitismo, no para optimizar nada.

Casi la mitad de la población global tiene niveles insuficientes, y la suplementación aislada sin magnesio ni K2 es farmacología incompleta que puede acabar calcificando arterias.

Pero hay un matiz que KRECE no se salta: corregir un déficit no es lo mismo que megadosificar. El estudio VITAL fue nulo en cáncer y enfermedad cardiovascular en gente ya repleta, su subestudio de telómeros de 2025 sí frenó el desgaste celular, y la curva en U avisa de que más no es mejor.

Este artículo es un pilar de la base que KRECE considera no negociable. La vitamina D es, junto al magnesio, el cimiento mineral-hormonal sobre el que se construye todo lo demás. Aquí tienes lo que la evidencia permite afirmar (corregir la deficiencia importa, y mucho), lo que no (megadosificar a quien ya está repleto), y dónde está el punto sensato.

Lo resumimos sin rodeos: la deficiencia de vitamina D es real, prevalente y barata de corregir, y hacerlo bien exige cofactores. Pero la idea de que «más vitamina D es siempre mejor» no se sostiene, y los grandes ensayos que «la tumbaron» en realidad probaron otra cosa. Esa tensión, entre el déficit que sí conviene corregir y la megadosis que no, es justo lo que esta pieza ordena.

Qué es la vitamina D (y por qué no es una vitamina)

La llamamos «vitamina» por un accidente histórico. En realidad es una hormona secosteroide que se sintetiza en la piel por exposición a la radiación UVB y que necesita dos hidroxilaciones para activarse. Una vez activa, actúa sobre un receptor nuclear presente en casi todos los tejidos del cuerpo.

Diagrama de la activación de la vitamina D: piel, hígado que produce 25-hidroxivitamina D, riñón que produce calcitriol y unión al receptor VDR.
La D3 se hidroxila dos veces, en el hígado a 25(OH)D y en el riñón a calcitriol, y ambas hidroxilaciones dependen del magnesio.

No es una vitamina. Nunca lo fue

En 1922, cuando McCollum la identificó, la clasificación era alfabética y la distinción entre vitaminas y hormonas aún no existía. Un siglo después sabemos qué es: una hormona secosteroide que regula directa o indirectamente más de 1.000 genes a través del receptor de vitamina D (VDR), un factor de transcripción presente en hueso, intestino, sistema inmune, cerebro, páncreas, corazón y piel. La dosis clásica de 400 UI se fijó para evitar el raquitismo, no para optimizar esa biología.

La cascada de activación

La secuencia es esta: la radiación UVB convierte el 7-dehidrocolesterol de la piel en colecalciferol (D3). El hígado lo transforma en 25-hidroxivitamina D, la 25(OH)D, que es la que se mide en sangre. El riñón la convierte en 1,25-dihidroxivitamina D (calcitriol), la forma activa que se une al VDR. Por eso medir la 25(OH)D es la fotografía real de tu estado: refleja el depósito, no la ingesta puntual.

El cofactor que casi nadie mide: el magnesio

Detalle crítico: ambas enzimas de hidroxilación, la hepática y la renal, son dependientes de magnesio. Sin magnesio suficiente puedes saturarte de D3 y seguir con la 25(OH)D baja porque tu hígado no la procesa. Es un escenario tan común que tiene su propio artículo: suplementar D3 sin pensar en el cofactor mineral es farmacología incompleta.

Los números que nadie quiere ver

Un análisis agrupado de 308 estudios con 7,9 millones de participantes de 81 países (Cui et al. 2023, Frontiers in Nutrition) estableció las cifras de prevalencia global, y son peores de lo que la mayoría de médicos asume [1].

Casi la mitad del planeta, por debajo

Los datos: el 48% de la población global tiene la 25(OH)D por debajo de 50 nmol/L (20 ng/mL), el umbral de deficiencia o insuficiencia; y el 77% no llega a 75 nmol/L (30 ng/mL), el óptimo de la Endocrine Society. La prevalencia en invierno-primavera es 1,7 veces la de verano-otoño, las mujeres son más vulnerables y las latitudes altas multiplican el riesgo. En América Latina los datos son fragmentarios pero consistentes: piel oscura, urbanización y poca exposición solar generan deficiencias que no se miden porque nadie las busca.

El debate del umbral

Aquí empieza el problema real: existen dos definiciones institucionales de «suficiencia» incompatibles entre sí. El IOM fijó su umbral en 20 ng/mL basado solo en salud ósea; la Endocrine Society incorporó datos de PTH, inmunidad y metabolismo para subirlo a 30 ng/mL [3], y en su actualización de 2024 mantuvo el marco [4]. Los metaanálisis dosis-respuesta más recientes sitúan el nadir de riesgo para varios desenlaces (diabetes tipo 2, enfermedad cardiovascular, cáncer colorrectal) entre 40 y 60 ng/mL. KRECE adopta ese rango como target operativo.

Umbrales de 25(OH)D según institución, en ng/mL, auditado por krece.io
InstituciónDeficienciaInsuficienciaSuficienteÓptimo
IOM (2011)<1212-20≥20No define
Endocrine Society (2011/2024)<2020-30≥3040-60
Posición KRECE<2020-40≥4040-60

Tres ejes donde la evidencia es sólida

Más allá del hueso, hay tres territorios donde el mecanismo molecular y los datos observacionales convergen con fuerza. No son promesas: son vías en las que el VDR actúa como factor de transcripción sobre genes concretos.

1. Inmunidad e inflamación

La vitamina D activa es un inmunomodulador potente: suprime la diferenciación de células Th17 (proinflamatorias), promueve células T reguladoras (tolerogénicas) e inhibe citocinas inflamatorias como la IL-17. Es directamente relevante para el inflammaging, la inflamación crónica de bajo grado que define el envejecimiento. La evidencia observacional es abrumadora (niveles bajos se asocian a PCR, IL-6 y TNF-alfa elevados); la causalidad es menos clara, pero el mecanismo no deja mucho espacio a la coincidencia.

2. Metabolismo y sensibilidad a la insulina

La hipovitaminosis D y la hipomagnesemia aparecen en proporciones parecidas en la diabetes tipo 2 (14-48%), y no es casualidad: ambas deficiencias deterioran la señalización de insulina por vías convergentes. La vitamina D modula la expresión del receptor de insulina y mejora la función de las células beta pancreáticas. Un metaanálisis con más de 20.000 participantes encontró menor riesgo de diabetes tipo 2 con niveles óptimos de 25(OH)D, otra vez con la condición de partir de un déficit.

3. Neuroprotección y mielina

La vitamina D promueve la maduración de los oligodendrocitos, las células que producen mielina. El calcitriol suprime la encefalomielitis autoinmune experimental (el modelo animal de esclerosis múltiple) tanto por inmunomodulación como por promoción de la remielinización [12]. Hay además una ventana crítica de menos de un año para revertir lesiones desmielinizantes activas; después, la remielinización se vuelve progresivamente más difícil [13]. La base es nutricional: corregir D y magnesio antes de considerar nada más complejo.

VITAL, telómeros y los límites de la evidencia

Aquí es donde KRECE se separa de los dos bandos: ni los que dicen que «la vitamina D no sirve» ni los que la venden como elixir. Los grandes ensayos cuentan una historia con matices, y en 2025 ese matiz se volvió más interesante.

Lo que VITAL y D-Health no demostraron

VITAL (2019, n=25.871) y D-Health (2022, n=21.315) no encontraron beneficio significativo de la vitamina D para cáncer o enfermedad cardiovascular [8]. Pero ambos reclutaron poblaciones mayoritariamente repletas (25(OH)D basal por encima de 30 ng/mL) y usaron dosis modestas (2.000 UI/día). Dar un nutriente a quien no le falta y concluir que «no sirve» es un error de diseño, no una evidencia negativa. El mensaje correcto no es «la vitamina D es inútil», sino «suplementar sobre suficiencia no mueve los desenlaces duros».

El subestudio de telómeros de 2025

En 2025, el subestudio de telómeros de VITAL (Zhu y Manson, American Journal of Clinical Nutrition) añadió una pieza nueva. En 1.054 participantes, la D3 a 2.000 UI/día durante cuatro años redujo significativamente el acortamiento de los telómeros, el equivalente a casi tres años de envejecimiento telomérico evitado frente a placebo, mientras que el omega-3 no tuvo efecto [16]. Es decir: en la misma población donde los desenlaces duros fueron nulos, un biomarcador celular de edad biológica sí mejoró. El propio artículo de telómeros de KRECE explica el matiz fino: frenar la atrición no es lo mismo que alargar, ni que sumar años de vida. Es una señal prometedora sobre un marcador subrogado, no una promesa de longevidad.

Vitamina D y telómeros: la curva en U Curva en U que relaciona el nivel de vitamina D en sangre (25-hidroxivitamina D, en nanogramos por mililitro, en el eje horizontal) con el riesgo de tener telómeros cortos (eje vertical), según el UK Biobank con 148.321 personas (Kuo 2023). El riesgo es alto cuando la vitamina D es muy baja, por debajo de 20 nanogramos por mililitro, baja hasta un mínimo en la franja de 40 a 60 nanogramos por mililitro, que es el objetivo de KRECE, y vuelve a subir cuando la vitamina D es muy alta, por encima de 100 nanogramos por mililitro. La conclusión es que tanto el déficit como el exceso se asocian a telómeros más cortos, de modo que el objetivo no es maximizar la vitamina D sino alcanzar la suficiencia. Vitamina D y telómeros: la curva en U UK Biobank, 148.321 personas (Kuo 2023). Ni poco ni demasiado. déficit objetivo 40-60 exceso menos riesgo + riesgo 20 40 60 80 100 ng/mL Tanto el déficit como el exceso se asocian a telómeros más cortos. El objetivo es la suficiencia, no el máximo.
La relación entre vitamina D y telómeros tiene forma de U: el déficit y el exceso se asocian ambos a telómeros más cortos. El punto sensato es la suficiencia (40-60 ng/mL), no maximizar.

Más no es mejor: la curva en U

El dato que cierra el círculo viene del UK Biobank: en 148.321 personas, tanto los niveles muy bajos como los muy altos de vitamina D se asociaron a telómeros más cortos (Kuo 2023) [17]. La relación no es lineal, es una U: hay un punto óptimo y pasarse tiene coste. Esto encaja con todo lo anterior y desactiva el reflejo de «si algo de vitamina D es bueno, mucha será mejor». No lo es.

La lectura honesta

Juntando las piezas: corregir un déficit de vitamina D mejora desenlaces múltiples (lo apoyan el mecanismo, los datos observacionales en millones de personas y los RCT en poblaciones deficientes). Suplementar por encima de la suficiencia no mueve los desenlaces duros, aunque sí mejore un biomarcador telomérico. Y la dosis que funcionó en VITAL (2.000 UI) es una dosis de suficiencia, no una megadosis. La conclusión operativa es clara: apunta a 40-60 ng/mL, ni menos ni mucho más.

Qué afirma cada uso de la vitamina D y con qué nivel de evidencia (N0-N5), auditado por krece.io
AfirmaciónQué la respaldaNivel
Corregir el déficit mejora la salud óseaMetaanálisis consolidadosN5
Reduce el riesgo de enfermedad autoinmuneVITAL (subgrupo autoinmune)N4
Frena la atrición telomérica (2.000 UI)VITAL, marcador subrogadoN4
Sube la testosterona en deficientesRCT pequeño (Pilz)N4
Reduce cáncer o evento CV en repletosVITAL / D-Health: nuloN4-N5 (nulo)
Protocolo Coimbra para autoinmunesSin ensayo controlado publicadoN0

Vitamina D y testosterona: la misma cascada

La vitamina D aparece como una de las variables a verificar antes de plantear una terapia de testosterona, y la razón es bioquímica, no anecdótica. Pero, como en todo lo demás, el efecto depende de partir de un déficit.

Por qué las dos hormonas se cruzan

Las células de Leydig de los testículos expresan VDR y las enzimas del metabolismo de la vitamina D, y el calcitriol participa en la regulación de la esteroidogénesis testicular. Wehr et al. (2010) encontraron una asociación significativa entre la 25(OH)D y la testosterona total, libre y el índice de andrógenos libres en 2.299 hombres del estudio LURIC [6]. Es la base sobre la que se apoya el vínculo entre vitamina D y testosterona.

Lo que dice el único RCT relevante

Pilz et al. (2011) condujeron el ensayo directamente relevante: 54 hombres con sobrepeso recibieron 3.332 UI/día de D3 durante 12 meses y la testosterona total subió de 10,7 a 13,4 nmol/L, un +25%, con aumentos también en la libre y la biodisponible [5]. Es un estudio pequeño y único, pero coherente con la biología. Un RCT posterior más grande (Lerchbaum 2017, n=200) no replicó el hallazgo en hombres ya repletos [7]. El patrón de siempre: corregir una deficiencia produce resultados, suplementar sobre suficiencia no.

El triángulo hormonal

El magnesio modula la SHBG y aumenta la testosterona biodisponible; la vitamina D apoya la esteroidogénesis testicular; y ambos son cofactores mutuos (el magnesio activa la D, la D regula la reabsorción renal de magnesio). Corregir ambas deficiencias a la vez es la intervención hormonal más barata y segura que existe, y de las más infrautilizadas.

Donde la dosis convencional se queda corta

Existe un territorio de dosis suprafisiológicas para enfermedades autoinmunes que merece un trato honesto: ni descartarlo de un plumazo ni venderlo como milagro. KRECE respeta la hipótesis y se niega a endosarla sin la evidencia que falta.

Qué es el Protocolo Coimbra

El Dr. Cicero Coimbra, neúrologo de la Universidad Federal de São Paulo, desarrolla desde 2004 un protocolo de altas dosis de vitamina D (40.000-300.000 UI/día, típicamente ~1.000 UI/kg/día) para enfermedades autoinmunes. La hipótesis: ciertos polimorfismos del VDR generan una resistencia adquirida a la vitamina D, y superarla exige dosis suprafisiológicas [10]. Los datos reportados son llamativos: supresión de actividad en torno al 95% de los casos de esclerosis múltiple tratados, con miles de pacientes y más de cien médicos formados.

Lo que le falta: un RCT

El Protocolo Coimbra tiene dos décadas de experiencia clínica, un mecanismo biológicamente plausible, datos de seguridad en cohorte (Lemke 2022, n=319, con PTH suprimida de forma controlada e hipercalcemia prevenible con dieta baja en calcio e hidratación) [9] y miles de testimonios. Lo que no tiene es un solo ensayo clínico controlado aleatorizado publicado. La hipótesis merece ese RCT, y su ausencia impide que KRECE lo endose como estándar. Respetamos la hipótesis; no podemos recomendarla sin N4.

El riesgo de las dosis suprafisiológicas

Hay un límite real. Häusler et al. demostraron en modelo animal de encefalomielitis autoinmune que las dosis altas prolongadas pueden exacerbar la enfermedad si la 25(OH)D supera los 80 ng/mL (200 nmol/L) [11]. Esto no invalida el protocolo, que monitoriza la PTH como marcador de respuesta, pero subraya que las dosis suprafisiológicas sin supervisión médica son un riesgo renal y autónomo real. Nadie debería acercarse a ese rango por su cuenta.

Cómo suplementar vitamina D correctamente

Con la calibración anterior en la cabeza (corregir déficit sí, megadosis no), el protocolo es sencillo y barato. La clave no es la dosis aislada, sino la dosis con cofactores y ajustada a tu nivel medido.

Dosis de mantenimiento

1.000 UI de D3 elevan la 25(OH)D aproximadamente 6-10 ng/mL a lo largo de semanas, y la respuesta es no lineal: sube más cuando partes de niveles bajos y se aplana a medida que asciendes. Para alcanzar y mantener 40-60 ng/mL en la mayoría de adultos, la dosis está entre 2.000 y 5.000 UI/día de D3, no los 400-800 UI de la RDA clásica.

Protocolo de dosis de vitamina D3 según situación, auditado por krece.io
SituaciónDosis D3CofactoresMonitorización
Mantenimiento general2.000-4.000 UI/díaMg glicinato + K2 (MK-7)25(OH)D anual
Corrección de déficit (<20 ng/mL)5.000-10.000 UI/día, 8-12 semanasMg glicinato + K2 (MK-7)25(OH)D a las 8 semanas
Invierno / latitud alta4.000-5.000 UI/díaMg glicinato + K2 (MK-7)25(OH)D estacional
Obesidad (IMC >30)Dosis estándar ×2-3Mg glicinato + K2 (MK-7)25(OH)D cada 3 meses

Los cofactores no son opcionales

La vitamina D aumenta la absorción intestinal de calcio. Sin vitamina K2 (MK-7), ese calcio se deposita en arterias y tejidos blandos en lugar de ir al hueso; sin magnesio, las enzimas de activación no funcionan. La D3 aislada, sin K2 ni magnesio, es una intervención incompleta que a largo plazo puede favorecer la calcificación vascular. El stack mínimo: D3 + K2 (MK-7, 100-200 mcg/día) + Mg glicinato (200-400 mg/día de Mg elemental). Es el mismo triángulo de cofactores que describimos en la natoquinasa para salud vascular.

Forma, timing y toxicidad

Siempre D3 (colecalciferol), nunca D2: la D3 es la forma que produce tu piel, con mayor vida media y potencia. Tómala con la comida más grasa del día, porque es liposoluble. La dosis diaria es preferible a los bolos semanales o mensuales: produce niveles más estables. En cuanto a la toxicidad, empieza a partir de 150 ng/mL (375 nmol/L), típicamente con dosis sostenidas por encima de 50.000 UI/día. Con las dosis que recomienda KRECE (2.000-5.000 UI/día), el riesgo es prácticamente nulo en personas con función renal normal.

La posición de KRECE
Las dosis convencionales de vitamina D son insuficientes para la mayoría de la población. Y la suplementación aislada sin cofactores es peor que no hacer nada. Pero corregir un déficit no es lo mismo que megadosificar.
No es una vitamina, es una hormona que regula más de 1.000 genes. La RDA de 400-800 UI es un suelo antirraquitismo, no un objetivo de salud.
El umbral de «suficiencia» del IOM (20 ng/mL) protege el hueso pero ignora el sistema inmune, el páncreas, el cerebro y las gónadas, todos con VDR. Tratar la vitamina D como un nutriente accesorio y no como la hormona reguladora que es lleva un siglo de retraso conceptual.
El déficit es real y prevalente. El target operativo es 40-60 ng/mL de 25(OH)D, medido al menos una vez al año.
El análisis de Cui 2023 sobre 7,9 millones de personas da un 48% por debajo de 20 ng/mL y un 77% por debajo de 30. La dosis para llegar a 40-60 está entre 2.000 y 5.000 UI/día en la mayoría de adultos, ajustando por obesidad, latitud y estación. Esto es medible y barato.
Corregir el déficit mejora desenlaces. Suplementar sobre suficiencia no mueve los duros, aunque el subestudio de telómeros de VITAL sí mejore un biomarcador.
VITAL y D-Health fueron nulos en cáncer y enfermedad cardiovascular, pero en poblaciones repletas: error de diseño, no evidencia negativa. El subestudio de 2025 mostró que la D3 frena la atrición de los telómeros (subrogado, N4) [16], pero frenar no es alargar ni sumar años. Corregir el déficit, sí; megadosificar al repleto, no.
Más no es mejor. La relación entre vitamina D y telómeros tiene forma de U: tanto el déficit como el exceso se asocian a peor perfil.
En 148.321 personas del UK Biobank, los niveles muy bajos y los muy altos se asociaron a telómeros más cortos (Kuo 2023) [17]. El objetivo no es maximizar la 25(OH)D, sino alcanzar la suficiencia y quedarse ahí. El reflejo de «si poco es bueno, mucho será mejor» es justo el error que esta U desmonta.
Los cofactores no son opcionales, y el Protocolo Coimbra es plausible pero no endosable sin un RCT.
Siempre con magnesio (para activar la D) y K2 (para dirigir el calcio al hueso y no a las arterias). Sobre Coimbra: la hipótesis de resistencia adquirida al VDR es biológicamente plausible y la experiencia clínica es extensa, pero sin RCT publicado KRECE no lo endosa como estándar. Si tienes una autoinmune y la vitamina D en 15 ng/mL, la primera intervención no es un fármaco: es corregir la hormona.

Preguntas frecuentes sobre la vitamina D

¿Cuál es la dosis óptima de vitamina D al día?

Para la mayoría de adultos, entre 2.000 y 5.000 UI/día de D3 para alcanzar y mantener 40-60 ng/mL de 25(OH)D. La dosis exacta depende de tu nivel de partida, tu peso, la latitud y la estación, por eso lo ideal es medir la 25(OH)D al menos una vez al año y ajustar. La RDA de 400-800 UI se diseñó contra el raquitismo, no para optimizar.

¿La vitamina D mejora los telómeros o la edad biológica?

El subestudio de telómeros del estudio VITAL (2025) mostró que la D3 a 2.000 UI al día frena su acortamiento frente a placebo, el equivalente a unos tres años de atrición evitada, pero sobre un marcador subrogado. Frenar la atrición no es lo mismo que alargar los telómeros ni que sumar años de vida. Además, la relación tiene forma de U: tanto el déficit como el exceso se asocian a telómeros más cortos, así que el objetivo es la suficiencia, no el máximo.

¿Por qué necesito magnesio y vitamina K2 con la vitamina D?

Porque la vitamina D no trabaja sola. El magnesio es el cofactor de las dos enzimas que activan la vitamina D: sin él, puedes saturarte de D3 y seguir con la 25(OH)D baja. Y la K2 (MK-7) dirige el calcio que la vitamina D absorbe hacia el hueso en lugar de hacia las arterias. Suplementar D3 aislada sin estos cofactores es una intervención incompleta.

¿Es mejor la vitamina D3 o la D2?

La D3 (colecalciferol). Es la forma que produce tu propia piel, tiene mayor vida media y es más potente para elevar y mantener la 25(OH)D que la D2 (ergocalciferol). Siempre que puedas elegir, elige D3, y tómala con la comida más grasa del día porque es liposoluble.

¿Es verdad que el estudio VITAL demostró que la vitamina D no sirve?

No exactamente. VITAL no encontró beneficio en cáncer ni enfermedad cardiovascular, pero reclutó a personas mayoritariamente repletas (con niveles ya por encima de 30 ng/mL) y usó 2.000 UI al día. Dar un nutriente a quien no le falta y concluir que no sirve es un error de diseño. Lo correcto es que suplementar sobre suficiencia no mueve los desenlaces duros; corregir un déficit, sí.

¿Cuánta vitamina D es tóxica?

La toxicidad empieza a partir de unos 150 ng/mL de 25(OH)D (375 nmol/L), típicamente con dosis sostenidas por encima de 50.000 UI al día. Con las dosis sensatas (2.000-5.000 UI/día) el riesgo es prácticamente nulo en personas con función renal normal. Las dosis muy altas sí requieren supervisión médica y control de calcio y PTH.

¿El Protocolo Coimbra funciona para la esclerosis múltiple?

La hipótesis (resistencia adquirida al receptor de la vitamina D que se supera con dosis muy altas) es biológicamente plausible y tiene dos décadas de experiencia clínica y datos de seguridad en cohorte. Pero no existe ningún ensayo clínico controlado aleatorizado publicado, así que KRECE no puede endosarlo como estándar. Las dosis suprafisiológicas conllevan riesgo renal real y nunca deben hacerse sin supervisión médica.

Disclaimer clínico

Este contenido es un análisis editorial basado en evidencia científica publicada. No constituye prescripción médica ni recomendación de tratamiento individual. Las dosis altas de vitamina D (>10.000 UI/día) requieren supervisión médica, monitorización de calcio sérico y PTH, y restricción de calcio dietético. KRECE no endosa el Protocolo Coimbra como estándar sin evidencia N4 publicada. KRECE actualiza sus posiciones cuando la evidencia lo justifica y deja constancia de qué cambió y por qué: esta revisión incorpora el subestudio de telómeros de VITAL (2025) y la curva en U del UK Biobank.

Referencias
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  2. Lips P, et al. Vitamin D deficiency 2.0: an update on the current status worldwide. Eur J Clin Nutr. 2020;74:1498-1513. doi:10.1038/s41430-020-0558-y. DOI.
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  10. Fiebig J, et al. Vitamin D Resistance as a Possible Cause of Autoimmune Diseases: A Hypothesis Confirmed by a Therapeutic High-Dose Vitamin D Protocol. Front Immunol. 2021;12:655739. doi:10.3389/fimmu.2021.655739. DOI.
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