La lista de ingredientes de un cosmético, el INCI, es la mejor herramienta que tiene un consumidor europeo y también la más malinterpretada. Dice, por ley, qué se añadió a la fórmula; no dice qué hay en el envase. En agosto de 2026 un análisis no dirigido de 113 productos de cuidado personal y limpieza lo cuantificó: una media de 51 compuestos detectados frente a 16 declarados, alguno no etiquetado en el 98 por ciento de los productos y contradicción con un claim en el 26 por ciento. Esta entrada cierra nuestra serie sobre disruptores endocrinos explicando qué garantiza la etiqueta y qué no, qué dice la ley europea de los claims, qué vale cada claim de ausencia, uno por uno, y cómo leer un cosmético con el mismo método con el que KRECE lee un certificado de análisis.
Lo que has venido a saber
¿Qué garantiza la etiqueta INCI?
Que los ingredientes añadidos intencionadamente aparecen con su nombre normalizado, en orden decreciente de peso hasta el 1 por ciento y en cualquier orden por debajo. No garantiza que no haya impurezas, subproductos de fabricación, productos de degradación o migración del envase, que el reglamento tolera si son técnicamente inevitables y el producto es seguro. Y la fragancia va bajo la palabra parfum, sin desglosar.
¿Qué encontró el estudio de los 113 productos?
Con cromatografía bidimensional y espectrometría de masas: 3.141 señales, 303 compuestos identificados, 51 detectados de media frente a 16 declarados, alguno no etiquetado en el 98 por ciento, alguno con peligro conocido o sospechado en el 85 por ciento, y contradicción con un claim de la etiqueta en el 26 por ciento. Productos vendidos en Estados Unidos, marcas aún sin publicar, y un equipo vinculado a una empresa que vende análisis.
¿Qué regula Europa sobre los claims?
Seis criterios comunes del Reglamento 655/2013: legalidad, veracidad, apoyo probatorio, honestidad, equidad y decisión informada. Un Documento Técnico de la Comisión, aplicable desde julio de 2019, los desarrolla para los claims de ausencia y para hipoalergénico; no es vinculante, pero las autoridades lo usan en la vigilancia de mercado.
¿Qué vale un claim sin parabenos o sin perfume?
Menos que la lista. Sin parabenos denigra un ingrediente legal y seguro y Europa lo desaconseja desde 2019; sin perfume puede convivir con sustancias enmascarantes; hipoalergénico no puede garantizar ausencia de reacción; natural y no tóxico no tienen definición legal; sin BPA no es sin bisfenoles. Un claim de ausencia informa de lo que falta, no de lo que hay.
¿Cómo se lee un cosmético entonces?
Como KRECE lee un certificado de análisis: la lista completa, el conservante por su nombre, la palabra parfum o su ausencia, los alérgenos declarados al final, las formas químicas de los activos, y la pregunta que ningún claim contesta: si el producto terminado se ha analizado, por quién y en qué lote. El claim del frontal no entra en la lectura.
¿Qué dice KRECE?
Que la etiqueta INCI es el certificado de análisis de la cosmética, con la misma limitación: certifica lo declarado, no lo presente. Que sirve para cribar y no para certificar. Y que la respuesta al estudio de los 113 productos no es el pánico sino la exigencia: análisis no dirigido del producto terminado como control de calidad, que es exactamente lo que pedimos a un vendedor de péptidos.
Etiqueta INCI y claims: lo que vas a encontrar
La etiqueta INCI, sección a sección
Qué garantiza la etiqueta INCI y qué no
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El artículo 19 del Reglamento 1223/2009 obliga a que un cosmético lleve la lista de sus ingredientes con su nombre normalizado, el INCI, en orden decreciente de peso en el momento de la incorporación. Por debajo del 1 por ciento el orden es libre, los colorantes van con su número CI y los nanomateriales llevan la palabra nano entre corchetes. Es una regla exigente comparada con la de casi cualquier otra categoría de producto, y el consumidor europeo la da por sentada.
Tiene dos excepciones y un límite. La primera excepción es la que trata nuestra entrada sobre la fragancia: las composiciones aromáticas se designan con la palabra parfum o aroma, y solo sus alérgenos regulados aparecen con su nombre. La segunda es menor: las impurezas de las materias primas y las sustancias auxiliares que no permanecen en el producto no se consideran ingredientes. Y el límite es el artículo 17: la presencia no intencionada de una sustancia prohibida, procedente de impurezas, del proceso, del almacenamiento o de la migración del envase, se tolera si es técnicamente inevitable con buenas prácticas de fabricación y el producto es seguro.
Juntas, esas tres cosas definen lo que la etiqueta es: una declaración de lo que se añadió a propósito. No es un análisis del contenido. Un conservante que no se añadió pero que venía en una materia prima, un producto de degradación que apareció en el almacén, un plastificante que migró del envase o un componente de la fragancia no tienen por qué estar en la lista, y la ley no exige que lo estén.
Para el lector de KRECE la analogía es inmediata: la etiqueta INCI es el certificado de análisis de la cosmética, y arrastra la misma limitación que llevamos años explicando con los péptidos. Certifica lo que el fabricante declara, no lo que hay. La diferencia entre las dos cosas es justo lo que midió el estudio de la sección siguiente.
El estudio de los 113 productos, leído entero
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En agosto de 2026, Environment & Health, revista de la Sociedad Química Americana, publicó el análisis de 113 productos de cuidado personal y limpieza de 12 categorías, comprados en grandes cadenas de Estados Unidos: champús, lociones, geles, protectores solares, desodorantes, bálsamos labiales, productos infantiles e íntimos, fragancias, higiene bucal, limpiadores y detergentes. El método fue el análisis no dirigido por cromatografía de gases bidimensional acoplada a espectrometría de masas, con identificación asistida por aprendizaje automático: no se busca una lista, se busca todo lo que hay.
Los números. 3.141 señales cromatográficas y 303 compuestos con identificación confirmada, probable o tentativa. Una media de 51 compuestos detectados por producto frente a 16 ingredientes declarados. Al menos un compuesto no etiquetado en el 98 por ciento de los productos; al menos uno con clasificación de peligro conocido o sospechado en el 85 por ciento; un 57,5 por ciento que no superó el filtro de contaminación definido por los propios autores; y un 26 por ciento con un compuesto que contradecía un claim del envase, como productos sin ftalatos con ftalatos o sin parabenos con parabenos.
Lo que esos números no dicen es lo que los autores se cuidaron de aclarar y lo que KRECE repite. Un compuesto no etiquetado no es un compuesto añadido a escondidas: puede ser un componente de la fragancia amparado bajo parfum, un constituyente natural de un extracto botánico, un subproducto de fabricación, un producto de degradación o una migración del envase. Un compuesto con clasificación de peligro no es un daño a la concentración medida. Y el filtro de contaminación es un marco de precaución de los autores, no un criterio regulatorio. El estudio midió presencia, no exposición ni efecto.
Y lo que hay que declarar: el equipo pertenece al Million Marker Research Institute, vinculado a una empresa que vende kits de análisis de exposición y valoraciones de productos, y el semáforo con el que clasificaron los productos antes de analizarlos es el suyo. Las marcas no se han publicado; irán en un informe posterior. Es un estudio sólido en su método y con un conflicto de interés declarable, y las dos cosas caben en la misma frase.
La paradoja del clean label: los mejor valorados también fallan
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El detalle más incómodo del estudio no es el 98 por ciento sino la comparación entre lo que la etiqueta prometía y lo que el análisis encontró. Antes de analizar, los autores clasificaron los 113 productos por su lista de ingredientes en tres grupos, de más a menos favorable. 27 productos recibieron la mejor valoración posible por su etiqueta. Tras el análisis, el 59 por ciento de esos 27 no superó el filtro de contaminación.
El segundo detalle va en la misma dirección: las marcas pequeñas, que tenían listas de ingredientes más favorables, no fallaron con menos frecuencia que las grandes una vez analizado el producto terminado. Una etiqueta limpia y una fórmula limpia son dos cosas distintas, y la primera no predice la segunda.
La lección para el consumidor europeo es directa aunque el estudio sea americano: elegir por etiqueta es cribar, no certificar. La etiqueta identifica lo que una marca decidió no añadir; no identifica lo que llegó por otras vías. Quien paga más por una lista corta compra una intención, y a veces una fórmula peor conservada, no una garantía analítica.
Es la misma paradoja que esta serie ha encontrado en cada familia: el sustituto del parabeno con menos historial, el bisfenol S en lugar del A, el DINCH en lugar del DEHP, el aceite esencial en lugar de la fragancia sintética. La lista corta es una preferencia legítima. Presentarla como seguridad es el error que el estudio ha puesto en cifras.
La ley europea de los claims: seis criterios y un documento técnico
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Europa regula los claims cosméticos desde el artículo 20 del reglamento de 2009, que prohíbe atribuir a un producto características o funciones que no tiene, y desde el Reglamento 655/2013, de 10 de julio de 2013, que fija seis criterios comunes para justificar cualquier claim: legalidad, veracidad, apoyo probatorio, honestidad, equidad y decisión informada. Son criterios, no listas: se aplican caso por caso y los aplica la autoridad de cada Estado.
Sobre ellos se construyó el Documento Técnico sobre claims cosméticos, elaborado por el subgrupo de claims de la Comisión y actualizado el 3 de julio de 2017. Sus anexos I y II se aplicaban desde 2013; los anexos III y IV, nuevos, sobre los claims de ausencia y sobre el claim hipoalergénico, se hicieron aplicables a los productos introducidos en el mercado desde el 1 de julio de 2019, con dos años de transición para que la industria adaptara sus envases.
El documento no es vinculante y no expresa una posición oficial de la Comisión: solo el Tribunal de Justicia interpreta con autoridad. Pero refleja el criterio común de las autoridades nacionales, varias de las cuales anunciaron que lo aplicarían en su vigilancia de mercado, y la propia patronal europea del sector recomendó a sus miembros seguirlo. En la práctica es la doctrina vigente, y el resto de esta entrada la usa como tal.
El principio del anexo III cabe en una frase: un claim de ausencia no es aceptable cuando denigra un ingrediente legal y seguro, cuando se refiere a algo que la ley ya prohíbe, cuando el ingrediente no se usaría de todos modos en ese tipo de producto, o cuando el producto contiene sustancias con la misma función que la que dice no llevar. Cuatro trampas, y las cuatro se ven en la sección siguiente.
Y hay una capa nueva que llega en tres semanas y que el Documento Técnico de 2017 no alcanza. La Directiva (UE) 2024/825, sobre empoderamiento del consumidor para la transición verde, se aplica en toda la Unión desde el 27 de septiembre de 2026, sin periodo transitorio ni para el producto ya fabricado. Prohíbe las afirmaciones ambientales genéricas sin acreditar (ecológico, respetuoso con el medio ambiente, natural entendido como beneficio ambiental) y los sellos de sostenibilidad autocertificados por la propia marca. No toca los claims de ausencia sanitarios, que siguen bajo el reglamento de cosméticos, pero sí la mitad verde de la etiqueta, que es justamente donde el sector se había refugiado. La Directiva de Alegaciones Ecológicas, más ambiciosa, se retiró en 2025: lo que hay es esto.
Claim a claim: qué garantiza cada uno
+Lo esencial: ningún claim de ausencia certifica ausencia. Sin parabenos, sin perfume, sin sulfatos, sin siliconas, sin BPA, natural, no tóxico e hipoalergénico son afirmaciones sobre la intención del fabricante, no sobre el análisis del producto. La lectura fiable es la lista INCI completa y, para quien tenga una alergia o un embarazo, el nombre concreto de lo que debe evitar.
Sin parabenos. Es el claim que el Documento Técnico usa como ejemplo de lo que no debe hacerse: presume de no llevar un ingrediente autorizado y evaluado como seguro, y por tanto lo denigra. Desde julio de 2019 no debería aparecer en un cosmético europeo. Nuestra entrada sobre parabenos explica además lo que suele haber detrás: un conservante con menos historial, y en el análisis de los 113 productos, parabenos en productos que decían no llevarlos.
Sin perfume, sin fragancia. Parfum incluye las sustancias añadidas para enmascarar olor, de modo que un producto sin olor puede llevar una fragancia enmascarante; el documento considera engañoso el claim cuando hay ingredientes con función aromática, y un control coordinado de laboratorios oficiales europeos encontró alérgenos de fragancia en productos vendidos como sin perfume. La lectura fiable es la ausencia de parfum, aroma y aceites esenciales en el INCI, como se detalla en la entrada de fragancia y alérgenos.
Hipoalergénico. El anexo IV lo permite solo si el producto no contiene alérgenos conocidos ni sus precursores, sensibilizantes clasificados o reconocidos, ni sustancias sin datos sobre su potencial sensibilizante, y prohíbe que dé a entender que garantiza la ausencia de reacción. Sin alérgenos, por su parte, se refiere a una lista, los 26 de 2003 o los más de 80 de 2026, no a una realidad biológica. Natural, orgánico y no tóxico no tienen definición legal en el reglamento de cosméticos; el primero es un origen, no un argumento, y el tercero es una conclusión que nadie puede sostener sin decir qué se evaluó y cómo.
Sin BPA y sin ftalatos. El primero informa de la ausencia de una molécula, no de su familia: nuestra entrada sobre bisfenol A recoge la revisión sistemática según la cual sus sustitutos tienen la misma actividad hormonal. El segundo es un claim de ausencia que el estudio de los 113 productos encontró contradicho por el análisis, y que no cubre al DEP que va dentro de parfum. Sin siliconas es una preferencia de textura sobre ingredientes legales y seguros, como explica la entrada de siloxanos. Y dermatológicamente testado dice que se hizo una prueba, no cuál, en cuántas personas ni con qué resultado; sin ese detalle, es un claim vacío.
Sin conservantes y sin formaldehído. Son las dos trampas más técnicas del anexo III y las más útiles de conocer. La primera: el claim no vale si la fórmula lleva cualquier ingrediente con efecto protector frente a microorganismos aunque no figure como conservante en el anexo V, el alcohol por ejemplo; solo se admite si la marca demuestra con un ensayo de reto que ese ingrediente no contribuye a conservar el producto. La segunda es más directa: sin formaldehído no está permitido si el producto lleva un liberador de formaldehído, como la Diazolidinyl Urea, porque la sustancia no se añade pero sí se libera. La regla que las une: para el anexo III cuenta si la sustancia está presente o se libera, no si figura en la lista de la compra del formulador.
Europa frente a Estados Unidos: por qué el estudio es americano
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El estudio de los 113 productos es de productos vendidos en Estados Unidos, y sus autores concluyen que la supervisión estadounidense depende demasiado de la declaración de ingredientes y de la información del fabricante. Conviene situar cuánto de eso vale para Europa, porque la respuesta es mucho en el fondo y menos en la forma.
En el fondo, la limitación es la misma en los dos lados del Atlántico: la etiqueta declara lo añadido, la fragancia va bajo una palabra, y el producto terminado no se analiza de forma sistemática con métodos no dirigidos. La propia FDA reconoce que los componentes de una fragancia no tienen que declararse y que el consumidor no puede saber por la etiqueta si un producto lleva ftalato de dietilo. El agujero de parfum es idéntico en ambos sistemas.
En la forma, Europa tiene tres cosas que Estados Unidos no tiene en el mismo grado: una lista de sustancias prohibidas y restringidas larga y revisada por un comité científico permanente, el etiquetado obligatorio de alérgenos de fragancia, ampliado en 2026, y los seis criterios de claims con su Documento Técnico. Un claim sin parabenos que en Estados Unidos es marketing corriente, en Europa es un claim que la vigilancia de mercado puede perseguir. Eso no impide que el producto lleve un compuesto no declarado; sí reduce el margen para mentir en el frontal.
Por eso KRECE no traduce el 98 por ciento como un dato europeo. Las cifras exactas de un análisis equivalente sobre productos europeos no existen, y sería sorprendente que fueran iguales, porque la lista negativa europea y el etiquetado de alérgenos cambian qué puede aparecer sin declararse. Lo que sí es europeo, porque es de la propia ley, es la conclusión: la etiqueta no es un análisis, aquí tampoco.
Análisis no dirigido: el control de calidad que falta
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La recomendación central del estudio es la que KRECE suscribe sin matices: que el análisis no dirigido del producto terminado y envasado se convierta en parte estándar del control de calidad, junto a los ensayos ya habituales de estabilidad, microbiología y eficacia del conservante. Es la diferencia entre comprobar que está lo que se puso y comprobar qué hay.
La razón técnica es que los controles habituales son dirigidos: buscan una lista de sustancias conocidas, con métodos calibrados para ellas, y no ven lo que no buscan. El análisis no dirigido, con cromatografía de alta resolución y bases de datos espectrales, detecta miles de señales y asigna identidad a una parte de ellas con distintos grados de confianza. Es más caro, más lento y más difícil de interpretar, y es también lo único que revela un contaminante que nadie esperaba.
Para KRECE la conexión con el resto de nuestro trabajo es directa. Llevamos años pidiendo a los vendedores de péptidos un certificado de análisis por lote, de laboratorio independiente, con identidad, pureza y contaminantes, y explicando en la entrada de calidad peptídica que un certificado que solo mide lo que se busca no detecta lo que no se busca. El estudio de los 113 productos es la demostración de ese principio en la cosmética de supermercado.
Lo que un fabricante serio puede hacer ya, y lo que un consumidor puede pedir, tiene una forma concreta: publicar, para el producto terminado y por lote, un análisis de contaminantes que incluya al menos ftalatos, bisfenoles, parabenos, metales pesados y nitrosaminas, hecho por un laboratorio independiente, con fecha y con la referencia del lote. No es lo habitual. Es lo que diferencia un claim de una prueba, y es la vara con la que KRECE medirá a las marcas de cosmética cuando las audite una a una.
Cómo leer un cosmético como KRECE lee un certificado de análisis
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El método tiene siete pasos y ninguno mira el frontal del envase. Primero, la lista completa: si no está en el envase o en el punto de venta, el producto no cumple el artículo 19 y no merece más lectura. Segundo, el conservante por su nombre: fenoxietanol, benzoato de sodio y sorbato de potasio, parabenos, etilhexilglicerina; un producto acuoso sin ningún conservante identificable es un producto mal conservado, no un producto limpio.
Tercero, parfum o aroma y los aceites esenciales con nombre botánico: su presencia dice que hay una composición no desglosada, con lo que eso implica para el DEP y para los alérgenos no regulados. Cuarto, el final de la lista, donde van los alérgenos de fragancia declarables: para quien tiene una alergia diagnosticada, es la única información que cuenta, y desde julio de 2026 es más larga y más fiable.
Quinto, las formas químicas de los activos, que es donde se decide si un producto hace lo que dice: el tipo de retinoide, la sal de la vitamina C, el péptido concreto y su concentración cuando se declara. Es la lectura que hacemos en cada entrada de cosmética basada en evidencia, y es independiente de todo lo anterior: un producto puede estar impecablemente conservado y no llevar ningún activo con evidencia.
Sexto, lo que la etiqueta no puede decir y hay que preguntar: si el producto terminado se ha analizado, por qué laboratorio, con qué alcance y en qué lote, y si la marca publica el resultado o solo dice que cumple. Y séptimo, ignorar el claim: sin parabenos, natural, clean, no tóxico, dermatológicamente testado. No porque sean siempre falsos, sino porque no añaden nada que la lista no diga mejor, y a menudo restan.
Qué hacer con la ansiedad: las prioridades de la serie
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Un lector que llegue aquí desde el 98 por ciento puede concluir que nada es seguro y que la única salida es no usar nada. Es la conclusión equivocada, y esta serie se ha construido para evitarla. La exposición a compuestos no declarados es real, ubicua y, en la mayoría de los casos, de magnitud desconocida y probablemente pequeña; perseguir el cero es imposible, caro y contraproducente, y sustituir sin criterio traslada el riesgo a moléculas con menos historial.
Las prioridades son las que cada entrada ha ido fijando y que aquí se juntan. Por ventana: embarazo, lactancia e infancia concentran la evidencia y justifican la mayor parte del esfuerzo. Por vía: lo que se calienta en plástico, lo que se deja sobre la piel muchas horas y lo que se respira en aerosol pesan más que lo que se aclara. Por familia: los ftalatos son donde la prudencia tiene mejor respaldo; el bisfenol A ya lo ha retirado la ley del envase; los parabenos son el conservante mejor estudiado; la fragancia es un problema de alergia y no hormonal; los siloxanos son un asunto de ríos.
Y por evidencia de intervención: lo único medido en humanos es que cambiar los productos que se dejan sobre la piel por otros sin ftalatos, parabenos, triclosán ni benzofenona-3 baja sus biomarcadores en orina entre un 27 y un 45 por ciento en tres días, con la advertencia, también medida, de que dos parabenos subieron porque los sustitutos los llevaban sin declarar. Es exactamente el problema de esta entrada visto desde la orina de cien adolescentes.
Con eso, la regla práctica de KRECE es corta: usar la etiqueta para cribar, no para certificar; priorizar lo frecuente, lo caliente, lo que se deja puesto y lo que se respira; simplificar antes que sustituir; y no renunciar a lo que protege, el protector solar y la comida, por miedo a lo que lo envuelve. Lo demás es exigencia hacia arriba, a las marcas y al regulador, no ansiedad hacia dentro.
Etiqueta y longevidad: lo que se puede afirmar
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Nada sobre la etiqueta y todo sobre el método. No hay ningún estudio que ligue la lectura de las etiquetas con un resultado de salud, y sería absurdo que lo hubiera. Lo que hay es una habilidad, la alfabetización en etiquetas, que solo funciona si la información es correcta y suficientemente completa, y esta entrada ha mostrado dónde deja de serlo.
Lo que KRECE sí afirma es que la lógica con la que se lee una etiqueta cosmética es la misma con la que se lee un certificado de análisis de un péptido, una ficha técnica de un suplemento o un ensayo clínico: qué se declaró, quién lo verificó y qué no se buscó. Es la competencia central de este sitio, y la cosmética es solo el terreno en el que menos gente la aplica.
La serie sobre disruptores endocrinos que esta entrada cierra ha tenido un hilo constante: separar la familia de la etiqueta, el mecanismo de la sospecha, la ventana de la molécula, la ley de su titular. La etiqueta INCI es el punto donde todo eso se decide en la práctica, en el lineal, en treinta segundos. Leerla bien no alarga la vida; leerla mal hace pagar por intenciones y temer lo que no daña mientras se ignora lo que sí.
La posición, en una frase: la etiqueta INCI es el certificado de análisis de la cosmética, certifica lo declarado y no lo presente, y la respuesta correcta al estudio que lo ha demostrado no es desconfiar de las etiquetas sino exigir el análisis que las complete.
Claim a claim: qué garantiza cada uno, qué dice Europa y qué encontró el análisis
| Claim o afirmación | Qué garantiza de verdad | Nivel (N0-N5) | Estado en la UE | Veredicto KRECE |
|---|---|---|---|---|
| La etiqueta INCI lista todo lo que hay en el producto | Lista lo añadido intencionadamente; no impurezas, subproductos, degradación ni migración del envase; la fragancia va bajo parfum. | No aplica | Artículos 17 y 19 del Reglamento 1223/2009 | Falso: lista lo añadido |
| Los productos con etiqueta limpia son más limpios | En 113 productos, el 59 por ciento de los 27 mejor valorados por etiqueta no superó el filtro de contaminación; las marcas pequeñas no fallaron menos. | N2 (medición analítica) | Sin medida | No demostrado; la etiqueta criba, no certifica |
| Sin parabenos | Ausencia de un conservante legal y seguro; a menudo otro conservante con menos historial; encontrados parabenos en productos que decían no llevarlos. | N2 (medición analítica) | Claim desaconsejado desde julio de 2019 por denigrar un ingrediente legal | Marketing con coste |
| Sin perfume, sin fragancia | Puede convivir con sustancias enmascarantes con función aromática; alérgenos de fragancia hallados en productos sin perfume por laboratorios oficiales. | N2 (medición analítica) | Engañoso si hay ingredientes con función aromática | Falso como garantía |
| Hipoalergénico | Debe excluir sensibilizantes conocidos y sustancias sin datos; no puede garantizar ausencia de reacción. | No aplica | Anexo IV del Documento Técnico desde julio de 2019 | Claim exigente, garantía imposible |
| Natural, orgánico, no tóxico | Sin definición legal en el reglamento de cosméticos; natural es un origen y aporta sus propios alérgenos; no tóxico es una conclusión sin método declarado. | No aplica | Sujetos a los seis criterios comunes; desde el 27 de septiembre de 2026, las afirmaciones ambientales genéricas sin acreditar quedan prohibidas por la Directiva (UE) 2024/825 | Sin contenido verificable |
| Sin BPA | Ausencia de una molécula, no de su familia: BPS y BPF con actividad hormonal del mismo orden. | N0 in vitro y N1 animal para los sustitutos | Envases alimentarios: prohibición europea que alcanza a los bisfenoles clasificados | Sin BPA no es sin bisfenoles |
| Sin ftalatos | No cubre al DEP que va dentro de parfum; contradicho por el análisis en parte de los productos. | N2 (medición analítica) | Ftalatos principales prohibidos en cosmética; DEP autorizado y no declarado | Parcial: mira parfum |
| Sin siliconas | Preferencia de textura sobre ingredientes legales; el sustituto lleva su propia película. | No aplica | Claim de ausencia sobre ingrediente legal | Preferencia, no salud |
| Dermatológicamente testado | Se hizo una prueba; no dice cuál, en cuántas personas ni con qué resultado. | No aplica | Sujeto al criterio de apoyo probatorio | Vacío sin el detalle |
| Cambiar de productos reduce la exposición | HERMOSA: biomarcadores de ftalatos, parabenos, triclosán y benzofenona-3 un 27 a 45 por ciento menos en tres días; dos parabenos subieron por sustitutos no declarados. | N4 para biomarcadores | Etiquetado INCI obligatorio | Demostrado, con su aviso |
La fila que ordena esta entrada es la primera: la etiqueta lista lo añadido, no lo presente. Y la última es la que impide el pánico: cambiar lo que se deja sobre la piel funciona en días, y el propio ensayo que lo demuestra encontró sustitutos no declarados.
Etiqueta INCI y claims: 5 cosas que la evidencia deja claras
- La etiqueta INCI declara lo que se añadió a propósito, en orden de peso; el reglamento tolera trazas técnicamente inevitables y esconde la fragancia bajo parfum. No es un análisis del contenido.
- En 113 productos analizados sin lista previa: 51 compuestos detectados frente a 16 declarados, alguno no etiquetado en el 98 por ciento, contradicción con un claim en el 26 por ciento. Presencia, no daño; y un conflicto de interés declarable.
- Los mejor valorados por etiqueta fallaron el 59 por ciento de las veces; las marcas pequeñas no lo hicieron mejor. Una etiqueta limpia no predice una fórmula limpia.
- Europa tiene seis criterios de claims desde 2013 y un Documento Técnico desde 2019 que desaconseja sin parabenos, limita hipoalergénico y considera engañoso sin perfume con enmascarantes. No es vinculante; las autoridades lo aplican.
- Ningún claim de ausencia certifica ausencia. La lectura es la lista completa, el conservante, la palabra parfum, los alérgenos del final y una pregunta: si el producto terminado se analizó, por quién y en qué lote.
La posición de KRECE
La etiqueta INCI es el certificado de análisis de la cosmética, y arrastra la misma limitación. Certifica lo declarado, no lo presente. Es la mejor herramienta que tiene el consumidor europeo y sigue siendo una declaración del fabricante, no una medición. KRECE la usa para cribar y nunca para certificar, exactamente igual que usa un certificado de análisis de un péptido.
El estudio de los 113 productos es sólido en su método, declarable en su interés y americano en su muestra. La cifra del 98 por ciento mide presencia, no exposición ni daño, y una parte de lo no declarado es legal por definición. Traducirla como dato europeo sería inventar; ignorarla sería negar lo que la propia ley europea admite en su artículo 17. KRECE la toma como lo que es: la demostración cuantificada de que la etiqueta no es un análisis.
Ningún claim de ausencia certifica ausencia, y Europa ya lo dice. Sin parabenos denigra un ingrediente seguro, sin perfume convive con enmascarantes, hipoalergénico no puede prometer nada, natural es un origen, no tóxico es una conclusión sin método y sin BPA no es sin bisfenoles. Un claim informa de lo que falta, no de lo que hay, y a menudo de lo que se ha puesto en su lugar. KRECE lo ignora al leer y lo denuncia al escribir.
La respuesta al estudio no es el pánico sino la exigencia: análisis no dirigido del producto terminado, por lote y publicado. Es lo que los autores recomiendan y lo que KRECE lleva años pidiendo a los vendedores de péptidos. Una marca que publique un análisis de contaminantes de su producto terminado, con laboratorio independiente, fecha y lote, ha hecho lo que ningún claim puede hacer. Esa es la vara, y muy pocas la alcanzan hoy.
Y el cierre de la serie: leer bien no alarga la vida, pero leer mal hace pagar por intenciones y temer lo que no daña. Las prioridades siguen siendo la ventana, la vía y la familia, y la única evidencia de intervención dice que cambiar lo que se deja sobre la piel funciona en días y que el sustituto puede llevar lo que se quería evitar. Simplificar antes que sustituir, exigir hacia arriba antes que temer hacia dentro, y no renunciar a lo que protege por miedo a lo que lo envuelve.
Preguntas frecuentes sobre la etiqueta INCI y los claims cosméticos
¿Qué es la etiqueta INCI?
¿La etiqueta INCI incluye todo lo que hay en el producto?
¿Es fiable un cosmético que dice sin parabenos?
¿Qué significa hipoalergénico en un cosmético?
¿Qué regula la Unión Europea sobre los claims cosméticos?
¿Qué encontró el estudio de los 113 productos?
¿Cómo elegir un cosmético seguro?
En qué se basa este artículo
Ver las 12 fuentes
- Schultz C, Hua J, et al. Hidden Hazards: Nontargeted Chemical Analysis Reveals Widespread Contaminants and Mislabeling in Personal Care and Cleaning Products. Environment & Health. 2026. DOI 10.1021/envhealth.6c00181.113 productos de 12 categorías por GC×GC-MS con identificación asistida por aprendizaje automático: 3.141 señales, 303 compuestos, 51 frente a 16, 98 por ciento con algún compuesto no etiquetado, 85 por ciento con alguno de peligro conocido o sospechado, 57,5 por ciento sin superar el filtro de contaminación de los autores, 26 por ciento con contradicción de claim. Firmado por investigadores del Million Marker Research Institute, vinculado a una empresa que comercializa kits de análisis de exposición: conflicto de interés declarable.
- EurekAlert. Unlabeled chemicals found in nearly all personal care and cleaning products tested. Nota de prensa del estudio, agosto de 2026.Recomendación de los autores de incorporar el análisis no dirigido del producto terminado y envasado al control de calidad estándar; crítica a una supervisión estadounidense dependiente de la declaración de ingredientes; marcas por publicar en un informe posterior.
- COSlaw. Environmental claims and greenwashing after 27 September 2026. Sobre la Directiva (UE) 2024/825.Aplicable desde el 27 de septiembre de 2026, sin periodo transitorio: modifica la directiva de prácticas comerciales desleales y la de derechos del consumidor, prohíbe las afirmaciones ambientales genéricas sin acreditar y los sellos de sostenibilidad no basados en un esquema de certificación o autorizados por una autoridad pública. La Directiva de Alegaciones Ecológicas, más detallada, fue retirada por la Comisión en 2025.
- Comisión Europea. Reglamento (UE) 655/2013, de 10 de julio de 2013, por el que se establecen los criterios comunes para la justificación de las afirmaciones relativas a los productos cosméticos.Los seis criterios comunes: legalidad, veracidad, apoyo probatorio, honestidad, equidad y decisión informada, dictados en desarrollo del artículo 20(2) del Reglamento 1223/2009.
- Parlamento Europeo y Consejo. Reglamento (CE) 1223/2009 sobre los productos cosméticos. Índice del texto: artículo 17 (trazas de sustancias prohibidas), artículo 19 (etiquetado) y artículo 20 (afirmaciones sobre el producto).Estructura legal de la entrada: tolerancia de trazas técnicamente inevitables, obligación de lista de ingredientes con la excepción de parfum y aroma, y base de los criterios comunes de claims.
- CTPA. Cosmetic claims: focus on free from claims.El Documento Técnico de 3 de julio de 2017 no es vinculante y solo el Tribunal de Justicia interpreta con autoridad, pero refleja el criterio común de las autoridades nacionales; anexos III y IV aplicables desde el 1 de julio de 2019.
- HBW Insight. European Guidelines Now In Effect For Free From, Hypoallergenic Cosmetic Claims. 16 de julio de 2019.Paraben-free entre los claims que no deben usarse desde julio de 2019; no presumir de ausencia de ingredientes prohibidos ni de ingredientes que no se usarían en ese tipo de producto; no declarar sin conservantes cuando hay sustancias con efecto antimicrobiano; Cosmetics Europe recomendó a sus miembros adherirse en 2017.
- Comisión Europea, Grupo de Trabajo sobre Productos Cosméticos. Technical document on cosmetic claims, versión de 3 de julio de 2017, anexos III y IV.Texto primario. Anexo III: sin parabenos no aceptable por denigrar al grupo entero, y lo mismo para fenoxietanol y triclosán; sin perfume no válido si hay un ingrediente con función aromatizante; sin formaldehído no válido con liberadores como la Diazolidinyl Urea; sin sustancias alergénicas no permitido; permitidos sin alcohol, sin ingredientes de origen animal y sin acetona. Anexo IV: hipoalergénico. El propio documento advierte de que no es un documento de la Comisión, no es vinculante y lo aplican caso por caso autoridades y tribunales nacionales; lo acordó un grupo donde se sientan los Estados miembros y la organización europea de consumidores junto a las patronales del sector y de la fragancia.
- EDQM. EDQM reports presence of allergenic fragrances in cosmetics sold as perfume-free. Consejo de Europa.Control coordinado de laboratorios oficiales europeos: alérgenos de fragancia en productos vendidos como sin perfume; 12,7 por ciento de muestras no conformes por etiquetado incorrecto, claims engañosos, conservantes no conformes o contaminantes.
- FDA. Phthalates in Cosmetics.En Estados Unidos los componentes de una fragancia no tienen que declararse y el consumidor no puede saber por la etiqueta si un producto contiene ftalato de dietilo: el mismo agujero de parfum que en Europa.
- Rochester JR, Bolden AL. Bisphenol S and F: A Systematic Review and Comparison of the Hormonal Activity of Bisphenol A Substitutes. Environmental Health Perspectives. 2015;123:643-650.Base del veredicto sobre el claim sin BPA: los sustitutos son tan activos hormonalmente como el BPA.
- Harley KG, Kogut K, Madrigal DS, et al. Reducing Phthalate, Paraben, and Phenol Exposure from Personal Care Products in Adolescent Girls: Findings from the HERMOSA Intervention Study. Environmental Health Perspectives. 2016;124:1600-1607.Cambiar a productos que declaraban no contener ftalatos, parabenos, triclosán ni benzofenona-3 bajó los biomarcadores entre un 27 y un 45 por ciento en tres días; etil y butilparabeno subieron, probablemente por presencia no declarada en los sustitutos: el problema de esta entrada visto en orina.
