Epitelio intestinal con tight junctions en proceso de reparación celular
PROTOCOLO · 5 Abr 2026

Intestino permeable

Intestino permeable: síntomas, cómo se diagnostica, vectores que lo causan y evidencia real para repararlo, frente al ruido de suplementos.

Sistema KRECE / Protocolos
Intestino permeable · hiperpermeabilidad intestinal · barrera
Intestino permeable

El mecanismo es real y está bien documentado: la barrera intestinal tiene el grosor de una sola célula y puede abrirse. Lo que no es real es casi todo lo que se ha construido encima. La prueba que más se vende no mide lo que dice medir, la lista de síntomas describe a media población, y lo poco que funciona es barato y aburrido. Esta entrada separa las tres cosas.

Respuestas directas

Lo que has venido a saber

¿Es el intestino permeable un diagnóstico?

No. El término clínico es hiperpermeabilidad intestinal y es un hallazgo fisiopatológico, no una enfermedad. Aparece en celiaquía, enfermedad inflamatoria intestinal, cirrosis y otras patologías. Que tu barrera esté alterada no dice por qué, y el porqué es lo que hay que buscar.

¿Sirve el test de zonulina?

No con los kits comerciales. El ELISA más usado no reconoce el precursor de la haptoglobina 2, que es la zonulina, sus valores no correlacionan con el genotipo de haptoglobina y captura probablemente otra proteína. El paper que lo demuestra lo firma, entre otros, el propio descubridor de la zonulina.

¿Cuál es entonces la prueba buena?

La menos mala es el cociente de azúcares tipo lactulosa-manitol. Pero conviene saber su letra pequeña: coeficiente de variación entre personas del 76,5 por ciento, y el manitol ordinario aparece contaminado en el basal de todos los participantes. Es herramienta de investigación, no analítica de rutina.

¿Qué lo abre?

Tres vías documentadas: la zonulina como regulador de las uniones estrechas, la endotoxemia por paso de lipopolisacáridos, y la disbiosis con caída del butirato que alimenta al colonocito. Son mecanismos sólidos; lo débil es la cadena que va de ahí a un síntoma concreto tuyo.

¿Qué funciona de verdad para repararlo?

Muy poca cosa, y toda barata: quitar lo que daña, empezando por los antiinflamatorios. La zinc-carnosina es el único compuesto con ensayo humano frente al daño por AINE, y aun así son diez personas. El resto es plausible y sin desenlace duro.

¿Y el BPC-157?

Es el péptido preclinico más llamativo de este terreno y tiene cero ensayos en humanos. Es N1 con asterisco. No es primera línea, no es segunda, y venderlo como reparador intestinal probado es exactamente lo que aquí no hacemos.

El análisis

Sección a sección

Qué es y qué no es

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Conviene empezar por la parte que casi todo el mundo se salta, porque ordena el resto. La gastroenterología no reconoce el intestino permeable como diagnóstico. El término que usa la literatura es hiperpermeabilidad intestinal, y describe un hallazgo fisiopatológico: la barrera deja pasar más de lo que debería.

La distinción no es burocrática. Un hallazgo aparece dentro de enfermedades: celiaquía, enfermedad inflamatoria intestinal, esteatohepatitis, cirrosis, y también en obesidad y diabetes tipo 2. Decir que alguien «tiene intestino permeable» es como decir que tiene fiebre: es verdad, es medible y no dice de qué está enfermo.

La biología subyacente sí es sólida y no la vamos a discutir. El epitelio intestinal es una monocapa de células unidas por uniones estrechas, que funcionan como cremalleras regulables. Cuando se relajan, pasa material que no debería pasar. Ese mecanismo está descrito, es medible en laboratorio y lo desarrollamos en la entrada sobre integridad de la barrera.

Lo que se discute, y con motivo, es el salto siguiente: de la barrera puede abrirse a tu cansancio viene de ahí y esto lo arregla. Ese salto tiene tres eslabones flojos: no sabemos medirlo bien fuera de investigación, no sabemos si la apertura es causa o consecuencia en la mayoría de los cuadros, y casi no hay intervenciones con desenlace duro. Las tres cosas se explican abajo.

El problema de la zonulina

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Esta sección es una corrección a lo que decía esta misma página. La versión anterior presentaba la zonulina como prueba complementaria de diagnóstico. Lo retiramos, porque no se sostiene.

El resumen es este: el ELISA comercial más usado no detecta la zonulina. En un estudio sobre 376 personas, sus valores no correlacionaron con el genotipo de haptoglobina, ninguna de las proteínas capturadas correspondía al precursor de la haptoglobina 2 y el kit no lo detectó ni administrado puro. Entre los firmantes de ese trabajo está Alessio Fasano, el descubridor de la zonulina. Un segundo grupo llegó a conclusiones convergentes en 2019.

El desarrollo completo, qué es la molécula, qué hace de verdad y por qué el ensayo falla, vive en su ficha propia y no lo repito aquí. Lo que corresponde decir en un protocolo es la consecuencia operativa, y es dura: un resultado de zonulina en un panel privado no es información clínica accionable. Ni alto ni bajo. Si te lo han cobrado, te han cobrado por un número cuyo significado nadie ha establecido.

Cómo se mide de verdad

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Si la zonulina se cae, queda el método clásico: dar azúcares que no se metabolizan y medir cuánto aparece en orina. La lógica es elegante. Una molécula pequeña como el manitol atraviesa la vía de poro y sirve de referencia de superficie; una grande como la lactulosa solo pasa por donde la barrera está comprometida. El cociente entre las dos corrige una por otra.

Es la mejor herramienta disponible y aun así hay que leer la letra pequeña, porque es abundante. Una revisión reciente en Gastroenterology reconoce que la evidencia que sostiene ese supuesto es limitada y que existe controversia sobre la validez y la interpretación del test, aunque lo señala como el mejor situado para llegar a la clínica.

Los números del trabajo de validación de la Clínica Mayo son los que hay que retener. En 60 adultos sanos, el coeficiente de variación entre individuos fue del 76,5 por ciento, con un rango entre percentiles del 34,6 al 111. Con esa dispersión, un valor aislado en una persona concreta dice poco.

Y hay un problema técnico peor. El manitol ordinario apareció en el basal de todos los participantes por encima del límite de cuantificación, lo que obliga a usar manitol marcado con carbono 13 para que la medida signifique algo. Es decir que el test barato con manitol normal, que es el que se vende, arrastra contaminación de base. A eso se añade que los protocolos varían tanto entre estudios que impiden comparaciones significativas, y que un metaanálisis en celiaquía y Crohn concluye que el cociente es útil pero con limitaciones significativas y que hacen falta pruebas más robustas.

Conclusión operativa: no existe hoy una analítica de rutina que te diga si tienes la barrera abierta, y quien te venda una lo está haciendo por encima de lo que la literatura permite. Lo útil, si hay síntomas digestivos persistentes, no es medir permeabilidad: es descartar las patologías que sí se diagnostican, empezando por la celiaquía.

Por qué se abre: los tres vectores

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Que el diagnóstico esté en mal estado no significa que el mecanismo sea falso. Los vectores por los que la barrera se compromete están razonablemente descritos y merecen entenderse, aunque cada uno tenga un nivel de evidencia distinto y conviene no mezclarlos.

Uno, la vía de la zonulina. La gliadina del gluten se une a un receptor del enterocito y desencadena liberación de zonulina, que relaja las uniones. El mecanismo está descrito en modelo experimental y es la base de toda la línea de Fasano. Lo que no está establecido es su magnitud clínica fuera de la celiaquía: que ocurra en una placa no dice cuánto ocurre en una persona sana comiendo pan.

Dos, la endotoxemia metabólica. Al comprometerse la barrera pasan lipopolisacáridos de bacterias gramnegativas a circulación, con activación inflamatoria sistémica de bajo grado. Esta es la vía con mejor respaldo, sobre todo en obesidad y disfunción metabólica, y es el puente conceptual con el inflammaging.

Tres, la disbiosis. La microbiota fermenta fibra y produce butirato, que es el combustible principal del colonocito y sostiene la capa de moco. Cuando la diversidad cae por antibióticos, dieta o fármacos, cae el butirato y la barrera pierde soporte. Es una vía sólida en mecanismo y débil en intervención, como pasa con casi todo en disbiosis.

Fijate en el patrón, porque se repite: los tres vectores son fuertes como biología y débiles como palanca. Sabemos cómo se abre la puerta mucho mejor de lo que sabemos cerrarla, y bastante mejor de lo que sabemos si cerrarla cambia algo en tu vida.

El eje intestino-autoinmunidad, graduado

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Aquí hay que graduar con cuidado, porque es el territorio donde más se estira. Que la permeabilidad intestinal aparezca asociada a enfermedades autoinmunes es cierto y está publicado. Que sea su causa es otra cosa, y la distinción no es un tecnicismo: determina si tiene sentido tratar el intestino para tratar la enfermedad.

El caso mejor documentado es la celiaquía, y por una razón que se olvida: ahí el disparador es conocido, el gluten, y retirarlo revierte tanto la enfermedad como la permeabilidad. Es el único escenario del grupo donde la cadena entera está cerrada, y por eso se usa como plantilla para todo lo demás, casi siempre sin derecho.

En diabetes tipo 1 hay literatura que describe alteración de la barrera previa al debut clínico, lo cual es sugerente pero observacional. En tiroiditis de Hashimoto, en artritis reumatoide y en esclerosis múltiple hay asociaciones descritas y mecanismos propuestos, ninguno con ensayo de intervención que demuestre que actuar sobre la barrera modifica el curso de la enfermedad. Lo que sí conviene tener claro en el caso tiroideo está en su protocolo.

La formulación honesta es esta: la permeabilidad es probablemente parte del cuadro, no su origen, y en varios casos podría ser consecuencia de la inflamación en vez de causa. La dirección de la flecha no está establecida, y cualquiera que te la presente establecida está vendiendo.

Dicho lo cual, un apunte a favor del terreno: existe un fármaco aprobado que actúa sobre el trofismo de la mucosa intestinal, la teduglutida, para el síndrome de intestino corto. Eso demuestra que la barrera es una diana farmacológica legitima cuando hay una indicación real, y lo tratamos en su guía. Una cosa es que la diana exista y otra que tu hinchazon la necesite.

Banderas rojas y el error de la lista de síntomas

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Lo esencial: hay dos riesgos concretos en este terreno y los dos son de omisión. El primero, atribuir a «intestino permeable» síntomas que son de otra cosa y retrasar un diagnóstico. El segundo, y este lo creó la versión anterior de esta página: retirar el gluten antes de hacerse la serología de celiaquía invalida la prueba. Si has quitado el gluten, los anticuerpos se negativizan y el diagnóstico se pierde. Primero se estudia, luego se retira. Nada de lo que sigue sustituye a una consulta.

Sobre las listas de síntomas, que es como suele entrar la gente aquí. Hinchazón, fatiga, niebla mental, problemas de piel, dolor articular y cambios de humor describen a una parte enorme de la población adulta y no distinguen nada. Un cuestionario que da positivo a casi todo el mundo no está detectando: está confirmando lo que el lector ya creía. La versión anterior de esta entrada usaba ese formato y lo retiramos.

El problema es que ese mismo cuadro difuso es la presentación inicial de cosas que sí se diagnostican y que sí tienen tratamiento: celiaquía, enfermedad inflamatoria intestinal, anemia ferropénica, disfunción tiroidea, sobrecrecimiento bacteriano, intolerancias enzimáticas, y en el peor caso cáncer colorrectal, cuya incidencia está subiendo en menores de 50 años.

Banderas rojas que llevan a consulta y no a la tienda de suplementos: sangre en heces o heces negras, pérdida de peso sin buscarla, anémia, fiebre, síntomas que despiertan por la noche, cambio persistente del ritmo intestinal, inicio después de los 50, o antecedente familiar de cáncer de colon o enfermedad inflamatoria. Cualquiera de ellas convierte esto en un asunto médico y no dietetico.

Y una advertencia sobre las dietas de eliminación, que son la intervención más repetida de este terreno. Retirar grupos de alimentos durante meses estrecha la dieta, empobrece la microbiota y alimenta patrones restrictivos. Una eliminación con fecha de reintroducción es una prueba diagnóstica; una eliminación indefinida es un problema nuevo. Si quitar alimentos te genera ansiedad o la lista no para de crecer, esa señal importa más que la hinchazón.

Qué tiene evidencia para repararlo

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La parte incomoda: para un terreno con tanto producto encima, lo que sostiene la evidencia cabe en un párrafo. Y casi todo lo que sostiene es quitar, no añadir.

Lo primero y con diferencia lo mejor sostenido es retirar lo que daña la mucosa. Los antiinflamatorios no esteroideos abren la barrera de forma medible y reproducible: es tan fiable que se usa como modelo experimental para inducir permeabilidad en voluntarios sanos. Si tomas ibuprofeno o naproxeno de forma habitual, esa es la palanca, y es gratis.

De lo que se añade, el único compuesto con ensayo humano frente a ese daño concreto es la zinc-carnosina, que evitó el aumento de permeabilidad inducido por indometacina en un cruzado aleatorizado. La calibración honesta ya la dimos en su ficha: fueron diez voluntarios sanos, y es un estudio de mecanismo, no de eficacia clínica.

Del resto del arsenal habitual, glutamina, butirato o tributirina, calostro y probióticos, lo que hay es mecanismo plausible y ensayos pequeños con desenlaces intermedios. Ninguno tiene un ensayo que demuestre que reparar la barrera mejora un desenlace que le importe a un paciente. Cada uno tiene su ficha con su gradación: glutamina, tributirina, calostro bovino.

Y lo que más cuesta admitir en un artículo de protocolo: si hay una patología de base, tratarla es la intervención sobre la barrera. En celiaquía, la dieta sin gluten. En enfermedad inflamatoria, su tratamiento. La permeabilidad mejora como consecuencia, no como objetivo. Perseguirla por separado, con la patología sin tratar, es optimizar el síntoma de un problema que sigue ahí.

La capa peptídica y su asterisco

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Ningún texto sobre reparación intestinal escapa hoy de la conversación de los péptidos, así que la abordamos, pero con la gradación puesta desde la primera línea y no al final.

El BPC-157 es, sin discusión, el compuesto preclinico más llamativo de este terreno: cicatrización de mucosa, angiogénesis, protección frente a AINE en modelos. Y tiene cero ensayos clínicos publicados en humanos. Cero. Toda su literatura es animal o celular, de un número reducido de grupos.

Eso lo coloca en N1 con asterisco, y el asterisco importa: no significa «todavía no probado pero probablemente sí», significa que el escalón donde la mayoría de los compuestos preclinicos prometedores fracasan no se ha intentado siquiera. La historia de la farmacología está hecha de moléculas espectaculares en rata.

El KPV, tripeptido derivado de la hormona estimulante de melanocitos, está un escalón por detrás en atención y en el mismo escalón de evidencia. La posición de KRECE sobre ambos es la misma: son líneas de investigación, no herramientas. Si alguien te los ofrece como reparadores intestinales probados, el problema no es el péptido, es quien te lo ofrece.

Qué descartamos

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Cierro con la lista de lo que no compramos, porque en este terreno la parte más útil de un artículo suele ser la de descarte.

El test de zonulina comercial. Ya desarrollado arriba: no hay evidencia de que mida lo que dice medir. Un panel privado que lo incluya no está añadiendo información, está añadiendo precio.

Los tests de microbioma de consumo. Devuelven un informe con aspecto clínico y recomendaciones personalizadas que la evidencia no sostiene. No existe un perfil de microbiota validado que indique qué suplementar, y la variabilidad técnica entre laboratorios es alta.

El caldo de huesos y el colágeno como reparadores de barrera. El razonamiento es que la barrera lleva colágeno, luego comer colágeno la repara. La digestión no funciona así: los péptidos se hidrolizan y no se dirigen a un tejido por parecido. Sin ensayos.

Los probióticos genéricos. El efecto, cuando existe, es cepa específico y dosis específico. Un bote que anuncia diez cepas sin identificarlas por designación completa no permite saber qué estás tomando ni buscar su evidencia, y los análisis independientes encuentran con frecuencia discrepancias entre etiqueta y contenido.

Y la propia categoría como explicación de todo. El uso más dañino del intestino permeable no es venderte un bote: es ofrecer una explicación unificada tan cómoda que deja de buscarse la real. Una etiqueta que lo explica todo no explica nada.

Comparativa

Qué funciona y qué es ruido

Pruebas e intervenciones para el intestino permeable, auditadas por krece.io
Prueba o intervenciónQué hay detrásNivel (N0-N5)ProblemaVeredicto KRECE
Retirar AINEModelo experimental reproducibleN3Ninguno relevantePrimera palanca, y gratis
Cociente de azúcaresValidación en 60 adultosN3Variación del 76,5%Lo menos malo, no rutina
Test de zonulina comercialELISA no específicoSin validezNo detecta zonulinaNo usar
Zinc-carnosinaCruzado, 10 voluntariosN2Muestra mínimaLo mejor de lo que se añade
Butirato y tributirinaMecanismo y ECA pequeñosN2 a N3Desenlaces intermediosPlausible, sin desenlace duro
GlutaminaECA pequeñosN2 a N3Heterogeneidad altaSeñal débil
Probióticos genéricosEfecto cepa específicoN0 a N1Etiqueta sin designaciónNo sabes qué tomas
BPC-157Solo animal y celularN1Cero ensayos humanosLínea de investigación
Tests de microbioma y caldo de huesosNadaN0Sin ensayosRuido

Ninguna fila de este cuadro llega a N4 ni a N5. En todo el terreno del intestino permeable no hay un solo ensayo con desenlace clínico duro, y eso, no la lista de suplementos, es el dato que hay que llevarse.

Puntos clave

5 cosas que la evidencia deja claras

  1. No es un diagnóstico, es un hallazgo. La hiperpermeabilidad aparece dentro de enfermedades que sí se diagnostican. Decir que alguien tiene intestino permeable es como decir que tiene fiebre: cierto, medible, y no dice de qué está enfermo.
  2. El test de zonulina comercial no mide zonulina. El ELISA más usado no reconoce el precursor de la haptoglobina 2 ni siquiera dado puro, y sus valores no correlacionan con el genotipo. El paper que lo demuestra lo firma el propio descubridor de la molécula.
  3. El cociente de azúcares es lo menos malo y tampoco es rutina: 76,5 por ciento de variación entre personas y contaminación basal del manitol ordinario en todos los participantes del estudio de validación.
  4. Lo que mejor funciona es quitar, no añadir. Los antiinflamatorios abren la barrera de forma tan reproducible que se usan como modelo experimental. Esa es la primera palanca y no cuesta dinero.
  5. En todo el terreno no hay un solo ensayo con desenlace clínico duro. Ni uno. El BPC-157, que es lo más llamativo, tiene cero ensayos en humanos, y lo único con ensayo humano frente al daño por AINE son diez voluntarios sanos.
Posición oficial

La posición de KRECE

El mecanismo es real y casi todo lo construido encima no lo es. La barrera intestinal se abre, eso está documentado y es medible en laboratorio. Lo que no existe es la cadena completa que va de ahí a tu síntoma y de ahí a un producto: no hay prueba de rutina fiable, no está establecida la dirección de la flecha en la mayoría de los cuadros, y no hay un solo ensayo con desenlace clínico duro en todo el terreno. Sostener las tres cosas a la vez es incómodo y es lo honesto.

La corrección más importante de esta revisión es sobre la zonulina, y nos la aplicamos a nosotros mismos. Esta página la presentó como prueba complementaria. No lo es: el kit comercial no detecta el precursor de la haptoglobina 2 ni cuando se lo dan puro, y quien lo demostró incluye al descubridor de la molécula entre sus firmantes. Si te han vendido un panel con zonulina, no te han dado información. Dejamos constancia porque corregirse es la mitad del trabajo.

Y la segunda corrección era un riesgo que habíamos creado. La versión anterior recomendaba retirar gluten cuatro a ocho semanas sin advertir de que hacerlo antes de la serología destruye el diagnóstico de celiaquía. Eso no es un matiz editorial, es un daño evitable. Primero se estudia, luego se retira. Queda arriba, en la sección abierta.

Lo que sí recomendamos es aburrido y por eso no se vende. Quitar los antiinflamatorios crónicos, que es la palanca mejor documentada y no cuesta nada. Descartar lo que sí se diagnostica antes de buscar lo que no. Tratar la patología de base si la hay, porque la permeabilidad mejora como consecuencia y no como objetivo. Y desconfiar por sistema de cualquier explicación que lo abarque todo, porque una etiqueta que explica todos tus síntomas es exactamente igual de útil que ninguna.

Consultas frecuentes

Preguntas frecuentes

¿Existe el intestino permeable?
El mecanismo sí, el diagnóstico no. El término clínico es hiperpermeabilidad intestinal y describe un hallazgo fisiopatológico que aparece dentro de enfermedades como la celiaquía, la enfermedad inflamatoria intestinal o la cirrosis. No es una enfermedad en sí misma y la gastroenterología no lo reconoce como diagnóstico primario.
¿Sirve para algo el test de zonulina?
Con los kits comerciales, no. Un estudio en 376 personas demostró que el ELISA más usado no reconoce el precursor de la haptoglobina 2, que es la zonulina, que sus valores no correlacionan con el genotipo de haptoglobina y que no detecta el precursor ni administrado puro. Entre los firmantes está el descubridor de la zonulina.
¿Cómo se diagnostica el intestino permeable?
No hay analítica de rutina. La herramienta de referencia es el cociente de azúcares tipo lactulosa-manitol, que es de investigación y arrastra un coeficiente de variación interindividual del 76,5 por ciento, además de contaminación basal del manitol ordinario. Con síntomas digestivos persistentes, lo útil es descartar celiaquía y enfermedad inflamatoria.
¿Debo quitar el gluten para reparar la barrera?
No antes de estudiarte. Retirar el gluten negativiza los anticuerpos y hace imposible diagnosticar una celiaquía, que es la única patología de este grupo con causa conocida y tratamiento eficaz. Si sospechas, primero la serología con gluten en la dieta y después se decide. Una eliminación indefinida y sin diagnóstico crea un problema nuevo.
¿Qué suplemento repara el intestino permeable?
Ninguno con desenlace clínico duro. Lo mejor documentado es quitar antiinflamatorios, que abren la barrera de forma tan reproducible que se usan como modelo experimental. De lo que se añade, solo la zinc-carnosina tiene ensayo humano frente a ese daño, y son diez voluntarios sanos. Glutamina, butirato, calostro y probióticos se quedan en mecanismo plausible.
¿Funciona el BPC-157 para el intestino?
Tiene la literatura preclinica más llamativa del terreno y cero ensayos clínicos publicados en humanos. Toda su evidencia es animal o celular. Eso no significa que no vaya a funcionar: significa que no se ha intentado el escalón donde fracasan la mayoría de los compuestos preclinicos prometedores. Es línea de investigación, no herramienta.
Fuentes de información

En qué se basa este artículo

Ver las 8 fuentes
  1. Scheffler L, Crane A, Heyne H, Tönjes A, Schleinitz D, Ihling CH, Stumvoll M, Freire R, Fiorentino M, Fasano A, Kovacs P, Heiker JT. Widely Used Commercial ELISA Does Not Detect Precursor of Haptoglobin2, but Recognizes Properdin as a Potential Second Member of the Zonulin Family. Frontiers in Endocrinology. 2018;9:22. PMID 29459849.La fuente de la corrección principal de esta entrada. 376 personas, ELISA comercial de zonulina. Los valores no correlacionaron con el genotipo de haptoglobina; ninguna de las proteínas capturadas correspondía al precursor de la haptoglobina 2; el kit no detectó el precursor recombinante ni el complemento C3. Se identifica la properdina como candidato. Alessio Fasano, descubridor de la zonulina, figura entre los autores. Verificado el 20 de agosto de 2026.
  2. Ficha en PubMed del trabajo anterior, PMID 29459849.Registro bibliográfico, para quien quiera comprobar autoría y año sin pasar por la revista.
  3. Camilleri M, et al. Development and Validation of Test for «Leaky Gut» Small Intestinal and Colonic Permeability Using Sugars in Healthy Adults. Gastroenterology. 2021. PMID 33865841.Validación del cociente de azúcares en la Clínica Mayo, 60 adultos sanos de 18 a 70 años. Coeficiente de variación interindividual mediano del 76,5 por ciento, con rango entre percentiles 10 y 90 de 34,6 a 111. El manitol ordinario (12C) apareció en el basal de todos los participantes, lo que obliga a usar 13C-manitol.
  4. Intestinal Permeability in Disorders of Gut-Brain Interaction: From Bench to Bedside. Gastroenterology. 2024.Revisión de estado del arte. Reconoce que la evidencia que sostiene la interpretación del cociente lactulosa-manitol es limitada y que hay controversia sobre su validez, aunque lo señala como el test mejor situado para llegar a la práctica clínica.
  5. A case for improved assessment of gut permeability: a meta-analysis quantifying the lactulose:mannitol ratio in coeliac and Crohn’s disease. PMID 35012471.Metaanálisis del cociente en dos patologías con diagnóstico establecido. Concluye que es útil con limitaciones significativas y que hacen falta pruebas alternativas más robustas.
  6. Sequeira IR, Lentle RG, Kruger MC, Hurst RD. Standardising the Lactulose Mannitol Test of Gut Permeability to Minimise Error and Promote Comparability. PLOS One. 2014;9(6):e99256.Documenta que las variaciones entre protocolos impiden comparaciones significativas entre estudios, y propone restringir la recogida de orina a las 2,5 a 4 horas posteriores a la dosis.
  7. Mahmood A, FitzGerald AJ, Marchbank T, Ntatsaki E, Murray D, Ghosh S, Playford RJ. Zinc carnosine, a health food supplement that stabilises small bowel integrity and stimulates gut repair processes. Gut. 2007;56(2):168-175. PMID 16777920.La única intervención añadida con ensayo humano frente al daño por antiinflamatorios. Cruzado aleatorizado en 10 voluntarios sanos: la indometacina tripló la permeabilidad en el brazo control y no la aumentó de forma significativa con el compuesto coadministrado.
  8. Serum zonulin as a marker of intestinal mucosal barrier function. PLOS One. 2019.Segundo grupo independiente que examina la especificidad de los ensayos comerciales de zonulina y llega a conclusiones convergentes con el trabajo de 2018. Confirma que la identidad de las proteínas detectadas sigue sin establecerse.
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