Cápside icosaédrica de un virus adenoasociado semitransparente con una hebra de código genético en su interior sobre fondo oscuro, una representación del vector AAV.
GLOSARIO · 26 Jun 2026

Vectores AAV y cápsides: qué son y por qué deciden si una terapia génica funciona

Qué es un vector AAV y la cápside, cómo el serotipo elige el tejido, por qué solo cabe un gen pequeño y por qué suele ser una sola dosis. Con criterio.

Estado
Vehículo estándar in vivo
Uso clínico real
8/10
Capacidad de carga
2/10
Repetir dosis
2/10
Dificultad
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Un vector AAV es el vehículo que casi toda la terapia génica usa para meter un gen dentro de tus células sin sacarlas del cuerpo: un virus diminuto, el adenoasociado, vaciado de su capacidad de causar enfermedad, con el gen terapéutico cargado dentro de su envoltura de proteínas, la cápside.

Es el caballo de batalla del campo: Luxturna, Zolgensma y Hemgenix lo usan. Y la cápside es la pieza clave, porque su superficie decide a qué tejido entra el vector. Elegir el serotipo de AAV es, en la práctica, elegir el órgano diana: hígado, músculo, ojo o cerebro. Encima es relativamente seguro, porque el gen queda episomal y no se integra en tu genoma.

Pero el vehículo tiene límites duros que condicionan todo el campo: solo cabe un gen pequeño (unos 4,7 kb) y, como gran parte de la población ya tiene anticuerpos contra el AAV, casi siempre es una sola dosis. Además está detrás de los fármacos más caros jamás aprobados. Diseñar cápsides mejores, incluso con inteligencia artificial, es la frontera, pero la prueba clínica todavía es fina.

Este artículo es el satélite de entrega del pilar de qué es la terapia génica: si aquel explica la modalidad, este explica el vehículo. Y conviene separar tres planos. Uno: qué es el AAV y por qué la cápside manda. Dos: sus límites, carga, dosis única y coste. Tres: la frontera, la ingeniería de cápsides. Sin mezclarlos.

En breve Lectura 30 s
  • clínico

    El AAV es el vehículo más usado de la terapia génica in vivo: Luxturna, Zolgensma y Hemgenix lo usan. Real y probado.

  • mecanístico

    La cápside elige el tejido (tropismo): cada serotipo entra en órganos distintos. AAV9 cruza al cerebro; AAV8 y AAV5 van al hígado; AAV2 a la retina. Elegir serotipo es elegir diana.

  • límite

    Solo cabe un gen pequeño (~4,7 kb): los grandes no entran. Y como entre el 40% y el 80% de la población tiene anticuerpos, casi siempre es una sola dosis.

  • frontera

    Diseñar cápsides a medida (evolución dirigida, IA) promete evadir la inmunidad y afinar el tropismo, pero la prueba clínica todavía es fina.

VeredictoEl caballo de batalla de la terapia génica in vivo, impresionante y con límites duros (carga pequeña, una dosis, coste récord). La ingeniería de cápsides es la frontera real, no una solución hecha.

El vehículo que mete un gen en tus células.

Un vector AAV es un virus adenoasociado al que se le ha quitado todo lo que lo hace virus (su capacidad de replicarse y de causar enfermedad) y se le ha dejado solo lo útil: una cápside que envuelve y entrega un gen. Es el vehículo dominante de la terapia génica in vivo, la que se inyecta en el cuerpo en lugar de modificar células fuera. Y entender el AAV es entender por qué la terapia génica puede tan poco y tanto a la vez.

Un virus vaciado, un gen cargado

El AAV de partida es minúsculo: un genoma de ADN de una sola cadena de unos 4,7 kilobases dentro de una cápside de proteínas de unos 26 nanómetros [2]. En su forma natural ni siquiera puede replicarse solo (necesita otro virus que lo ayude), y no se le conoce ninguna enfermedad humana. Para convertirlo en terapia se le retira su material genético y se le carga el gen que se quiere entregar. El resultado es un cartucho biológico: una cápside vacía rellena con la instrucción terapéutica.

La cápside: la llave que elige el tejido

Aquí está lo importante. La cápside no es un envoltorio neutro: es una llave. Su superficie determina a qué células se engancha el vector, lo que se llama tropismo. Existen al menos nueve serotipos naturales (AAV1 a AAV9), y cada uno tiene preferencia por un tejido. Por eso elegir el serotipo equivale a elegir el órgano diana: el AAV9 cruza al sistema nervioso, el músculo y el corazón; el AAV8 y el AAV5 van al hígado; el AAV2 a la retina. Si te equivocas de cápside, el mejor gen no llega adonde hace falta.

La cápside elige el tejido: serotipo y tropismo La cápside del vector AAV decide a qué tejido entra. Cada serotipo tiene un tropismo distinto: el AAV2 va a la retina, el AAV9 al sistema nervioso, el músculo y el corazón, y el AAV8 y el AAV5 al hígado. La cápside elige el tejido (tropismo) Cápside AAV Retina, ojo terapias de visión Cerebro, músculo, corazón cruza la barrera al cerebro Hígado hemofilia y metabolismo AAV2 AAV9 AAV8 / AAV5 Cada serotipo entra en un tejido distinto. Elegir la cápside es elegir el órgano que recibe el gen.
La cápside del AAV funciona como una llave: cada serotipo encaja en un tejido distinto. Por eso la elección del serotipo decide a qué órgano llega la terapia.

Episomal: por qué es relativamente seguro

El AAV tiene otra ventaja importante: el gen que entrega se queda episomal, flotando dentro del núcleo sin insertarse en los cromosomas. Eso reduce mucho el riesgo de mutagénesis insercional (romper un gen propio al integrarse), el principal temor de otros vectores virales [2]. Es una de las razones por las que el AAV se impuso para la entrega in vivo. La contrapartida la veremos luego: lo episomal se diluye en los tejidos que se dividen.

Cabe poco y casi siempre es una sola dosis.

El AAV es excelente, pero sus límites no son detalles técnicos: definen qué enfermedades se pueden tratar y cómo. Tres muros marcan el campo, y conviene conocerlos antes de creerse cualquier titular sobre terapia génica.

La carga: unos 4,7 kb y se acabó

El primer muro es físico. En la cápside solo cabe un gen pequeño, del orden de 4,7 a 5 kilobases, el tamaño del genoma viral original [4]. Muchos genes terapéuticos importantes son más grandes (el factor VIII de la hemofilia, el gen CFTR de la fibrosis quística, las versiones grandes de las tijeras CRISPR) y no entran enteros. Se recurre a versiones recortadas del gen o a repartirlo entre dos vectores que luego se recombinan, soluciones ingeniosas pero que pierden eficiencia. Para muchas enfermedades, este límite es la barrera de entrada.

Serotipos de AAV, tropismo y madurez clínica, auditado por krece.io
SerotipoTropismo principalEjemplo de usoNivel (N0-N5)Veredicto KRECE
AAV2Retina, ojoLuxturna (distrofia retiniana)N5Aprobado
AAV9Sistema nervioso, músculo, corazón (cruza la barrera)Zolgensma (atrofia muscular espinal)N5Aprobado
AAV8 / AAV5HígadoHemgenix, Roctavian (hemofilia)N5Aprobado
AAVrh10 y otrosSistema nervioso, amplioEnsayos clínicosN3En ensayos
Cápsides de ingeniería (IA, evolución dirigida)A medida: evadir inmunidad, redirigir tropismoPreclínico o ensayos tempranosN1Frontera

Los serotipos de uso clínico son N5; las cápsides diseñadas a medida, lo más prometedor, siguen en N1.

Una sola dosis: la inmunidad

El segundo muro es el sistema inmune. El AAV es un virus común, así que buena parte de la población ya tiene anticuerpos contra él: según el serotipo y la región, entre un 40% y un 80% [1]. Un estudio global en hemofilia midió una seroprevalencia del 58,5% para el AAV2 y del 34,8% para el AAV5 [3]. Esos anticuerpos neutralizan el vector antes de que actúe, por eso los anticuerpos previos suelen ser un criterio de exclusión en los ensayos. Y tras la primera dosis, el cuerpo genera muchos más, lo que impide repetir el tratamiento con el mismo serotipo. Para una enfermedad que se corrige de una vez, asumible; para algo continuo como el envejecimiento, que pediría redosificar (las terapias de folistatina o klotho en longevidad montan sobre AAV), es un problema de fondo.

El coste

El tercer muro es el dinero. Las terapias génicas con AAV están entre los tratamientos más caros del mundo: Zolgensma ronda los 2 millones de dólares y Hemgenix los 3,5 millones por dosis. Fabricar AAV a escala clínica es difícil y caro, y eso, sumado a la dosis única, hace que trasladar el modelo a millones de personas sea hoy inviable. Lo desarrollamos en el pilar de terapia génica.

No es el único vehículo, y a veces no es el mejor.

El AAV domina la entrega in vivo, pero no es la única opción. Según la enfermedad, el gen y la estrategia, hay otros dos vehículos que a menudo encajan mejor. Saber cuándo se usa cada uno aclara por qué no todas las terapias génicas se parecen.

Comparación de tres vehículos de entrega genética, cápside AAV, lentivirus y nanopartícula lipídica, con etiquetas que resumen sus diferencias.
Tres vehículos, tres lógicas: el AAV entrega un gen en el cuerpo sin integrarse, el lentivirus se integra y se usa sobre todo fuera del cuerpo, y la nanopartícula lipídica lleva ARN mensajero y se puede repetir.

AAV frente a lentivirus

El lentivirus es el otro gran vector viral. Su diferencia clave: se integra en el genoma de la célula. Eso le da un efecto duradero incluso en tejidos que se dividen, pero arrastra el riesgo de mutagénesis insercional que el AAV evita. Además cabe en él un gen más grande. Por eso el lentivirus se usa sobre todo ex vivo: se sacan células del paciente, se modifican fuera y se le reinfunden, como en las terapias CAR-T contra el cáncer o en varias de anemia falciforme. El AAV, en cambio, brilla in vivo.

AAV frente a nanopartículas lipídicas

Las nanopartículas lipídicas (LNP) no son virus: son burbujas de grasa que envuelven una carga, normalmente ARN mensajero. No entran en el genoma y su efecto es transitorio, lo que tiene una ventaja enorme frente al AAV: se pueden repetir. Son la tecnología de las vacunas de ARNm y, cada vez más, la vía para llevar tijeras CRISPR al hígado, como en la terapia que apaga el gen PCSK9. Cuando hace falta un efecto permanente de un solo gen, gana el AAV; cuando se busca algo transitorio o repetible, ganan las LNP.

Diseñar el vehículo a medida.

Si la cápside decide casi todo y a la vez es el cuello de botella, la pregunta obvia es: ¿y si la diseñamos nosotros? Eso es la ingeniería de cápsides, y es la frontera más activa del campo, donde se concentran startups y dinero (la propia Dyno, que dispara este artículo, va por ahí).

Evolución dirigida y diseño por IA

Hay dos grandes caminos. La evolución dirigida genera millones de variantes de cápside y selecciona las que mejor entran en un tejido o esquivan los anticuerpos, imitando a la evolución pero en el laboratorio. Y el diseño por inteligencia artificial, que entrena modelos para proponer cápsides nuevas con las propiedades buscadas sin recorrer todo el espacio a ciegas. Ya existen cápsides sintéticas o modificadas (con péptidos insertados, barajadas, generadas por modelos) que mejoran el tropismo o la producción frente a los serotipos naturales.

Qué promete y qué falta

La promesa es seria: cápsides que evadan la inmunidad preexistente (resolviendo la dosis única), que apunten con más precisión a un tejido y que se fabriquen mejor. Pero hay que ser honesto con el estado real: la mayoría de estas cápsides está en fase preclínica o en ensayos tempranos, y de muchas ni siquiera se conoce la prevalencia de anticuerpos en la población. Es lo más prometedor del campo, pero prometedor no es resuelto. Quien venda que la ingeniería de cápsides ya superó la inmunidad o la carga va por delante de los datos.

La posición de KRECE
El AAV es el mejor vehículo que tenemos para meter un gen in vivo, y a la vez el cuello de botella de la terapia génica. Sus límites no son un detalle: definen lo que se puede tratar.
La cápside es la pieza que decide casi todo.
El tropismo determina a qué tejido llega el vector, así que elegir el serotipo es elegir la diana. El gen importa, pero sin el vehículo correcto no llega adonde hace falta. Por eso media terapia génica se juega en la cápside.
Solo cabe un gen pequeño.
Los ~4,7 kb son un muro físico: genes grandes como el factor VIII o el CFTR no entran sin trucos que pierden eficiencia. Este límite, no la biología del gen, es lo que deja fuera a muchas enfermedades.
Casi siempre es una sola dosis.
Entre el 40% y el 80% de la gente ya tiene anticuerpos, y tras la primera dosis el cuerpo bloquea repetir. Para una enfermedad que se corrige de una vez, vale; para el envejecimiento, que pediría redosificar, es un problema serio y muchas veces se olvida.
Es relativamente seguro porque no se integra.
El AAV queda episomal, con menos riesgo de mutagénesis insercional que el lentivirus. Es una ventaja real, pero conviene recordar la cara B: lo episomal se diluye en los tejidos que se dividen, así que la durabilidad depende del órgano.
La ingeniería de cápsides es promesa, no solución.
Diseñar cápsides por IA o evolución dirigida para evadir la inmunidad y afinar el tropismo es la frontera más prometedora. Pero la validación clínica es incipiente: no asumas que ya resolvió la dosis única ni el límite de carga. Es a lo que mirar, no algo hecho.

Preguntas frecuentes

¿Qué es un vector AAV?

Es el vehículo más usado de la terapia génica: un virus adenoasociado vaciado de su capacidad de causar enfermedad, con el gen terapéutico cargado dentro de su cápside. Entrega ese gen a las células del cuerpo, es decir, in vivo.

¿Qué es la cápside y por qué importa?

Es la envoltura de proteínas del virus. Su superficie decide a qué tejido entra el vector, lo que se llama tropismo, así que la cápside es la pieza que dirige la terapia hacia un órgano u otro.

¿Qué serotipo de AAV va a cada tejido?

Cada serotipo tiene su tropismo: AAV2 a la retina, AAV9 al sistema nervioso, músculo y corazón (cruza al cerebro), y AAV8 y AAV5 al hígado. Elegir el serotipo es, en la práctica, elegir el órgano diana.

¿Por qué la terapia con AAV suele ser una sola dosis?

Porque gran parte de la población, entre el 40% y el 80% según el serotipo, ya tiene anticuerpos contra el AAV, y tras la primera dosis el cuerpo genera más. Esos anticuerpos neutralizan una segunda dosis, así que repetir con el mismo serotipo casi nunca funciona.

¿Cuánto cabe en un vector AAV?

Poco: unos 4,7 kilobases de ADN, el tamaño del genoma viral original. Los genes grandes no caben enteros, y hay que recurrir a versiones recortadas o a repartir el gen entre dos vectores que luego se recombinan.

¿En qué se diferencian AAV, lentivirus y nanopartículas lipídicas?

El AAV se entrega en el cuerpo y queda episomal, sin integrarse. El lentivirus se integra en el genoma y se usa sobre todo ex vivo, con células fuera del cuerpo. Las nanopartículas lipídicas no son virus: llevan ARN mensajero, su efecto es transitorio y se pueden repetir.

Referencias
  1. Wang JH, Gessler DJ, Zhan W, et al. Adeno-associated virus as a delivery vector for gene therapy of human diseases. Signal Transduct Target Ther. 2024;9(1):78. Nature. Revisión del AAV como vector: entre el 40% y el 80% de la población tiene anticuerpos contra los serotipos naturales, lo que motiva el descubrimiento de cápsides nuevas.
  2. Au HKE, Isalan M, Mielcarek M, et al. Understanding AAV vector immunogenicity: from particle to patient. Front Immunol / PMC. 2024. PMC. El AAV es un ADN de una sola cadena de ~4,7 kb dentro de una cápside de ~26 nm, y su genoma se mantiene episomal, lo que minimiza el riesgo de mutagénesis insercional.
  3. Global seroprevalence of pre-existing immunity against AAV5 and other AAV serotypes in people with hemophilia A. PMC. En 546 personas de 9 países, la seroprevalencia fue del 58,5% para AAV2 y del 34,8% para AAV5, con variabilidad geográfica notable.
  4. Evaluation of the loading capacity and patterns of packaged DNA in AAV genomes of different sizes using long-read sequencing. 2025. ScienceDirect. El límite de empaquetamiento de la cápside AAV es de unos 4,9 a 5,2 kb, lo que restringe el diseño de vectores para genes grandes.
  5. U.S. Food and Drug Administration. Approved Cellular and Gene Therapy Products. FDA. Las terapias génicas aprobadas con AAV ilustran el mapa serotipo-tejido: AAV2 en retina (Luxturna), AAV9 en motoneurona (Zolgensma), AAV5 en hígado (Hemgenix, Roctavian).
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