La resistencia a la insulina no es tener el azúcar alto. Es el defecto silencioso que obliga a tu páncreas a gritar para que la glucosa se mantenga normal.
Definición celular, tipos, signos clínicos visibles, métodos de medición (HOMA-IR, clamp euglucémico, índice TyG), causas, enfermedades asociadas y palancas de reversión con evidencia. La entrada de referencia del Glosario KRECE en castellano EU con variantes LATAM y USA.
La resistencia a la insulina es el defecto metabólico más prevalente del mundo desarrollado y el más subdiagnosticado.
Se define como la respuesta reducida de las células a la insulina circulante. El cuerpo lo compensa produciendo más — la hiperinsulinemia compensatoria —, y mientras esa compensación aguanta, la glucosa en sangre permanece perfectamente normal. Por eso una analítica de glucosa puede salir bien con la enfermedad ya instalada.
El problema no es entender qué es. El problema es que casi nadie sabe cómo se mide, qué signos la delatan en el espejo, ni qué palancas la revierten de verdad. KRECE ordena el campo en una sola entrada de referencia.
Esta es la entrada pillar del Glosario KRECE para la palabra clave resistencia a la insulina. Es una pieza de referencia: qué es a nivel celular, qué tipos existen, cómo se manifiesta en el cuerpo, cómo se mide en clínica y cómo se revierte. No es un ensayo con tesis — para la cronología fisiopatológica completa de cómo el fallo metabólico avanza desde el músculo al hígado y al adipocito a lo largo de una década, tenemos un artículo dedicado a la cronología que precede a la diabetes. Aquí respondemos las preguntas de definición y medición.
Cubrimos ocho bloques: qué es la resistencia a la insulina y qué significa a nivel de la célula, los tipos según el tejido afectado, los síntomas y signos clínicos que la delatan, los métodos de medición ordenados del patrón oro a los proxies prácticos, las causas y factores de riesgo, las enfermedades asociadas, las palancas de reversión con evidencia, y el cierre con la posición editorial de KRECE. Todas las cifras están verificadas contra fuentes primarias. Variantes léxicas España-LATAM-USA tratadas como sinónimos.
¿Qué es la resistencia a la insulina? Definición celular
Resistencia a la insulina (RI): estado en el que las células del músculo, el hígado y el tejido adiposo responden menos de lo normal a la insulina circulante. Para conseguir el mismo efecto sobre la glucosa, el páncreas debe secretar más insulina. Es un defecto de señalización, no de cantidad de insulina — al principio sobra insulina, no falta.
Para entender la RI hay que entender primero qué hace la insulina. La insulina es la hormona que el páncreas libera cuando sube la glucosa en sangre, típicamente tras una comida. Su trabajo es abrir las células para que capten esa glucosa y la usen o la almacenen. Funciona como una llave: la insulina se une a su receptor en la membrana celular, se dispara una cascada de señales internas (receptor de insulina → IRS-1 → PI3K → AKT) y, al final de la cadena, el transportador de glucosa GLUT4 sube a la superficie de la célula y deja entrar la glucosa.
En la resistencia a la insulina esa cascada está amortiguada. La llave entra en la cerradura pero la puerta cuesta abrirse. El resultado inmediato es que la glucosa entra peor en las células, sobre todo en el músculo. El cuerpo detecta que la glucosa no baja lo suficiente y ordena al páncreas producir más insulina para forzar la entrada. Esa sobreproducción — la hiperinsulinemia compensatoria — es la firma bioquímica de la resistencia a la insulina y el motivo por el que la glucosa puede mantenerse en rango durante años pese a que el sistema ya está fallando.
Resistencia a la insulina vs sensibilidad a la insulina: las dos caras
Los dos términos describen el mismo eje desde extremos opuestos. La sensibilidad a la insulina es la eficiencia con la que las células responden a la hormona: alta sensibilidad significa que basta poca insulina para manejar la glucosa. La resistencia a la insulina es lo contrario: hace falta mucha insulina para el mismo efecto. No son dos estados separados, son los dos extremos de un continuo. Cuando un índice clínico mide «sensibilidad» (como QUICKI) y otro mide «resistencia» (como HOMA-IR), están midiendo la misma realidad fisiológica con el signo invertido.
Resistencia a la insulina vs insulin resistance vs insulinorresistencia: terminología EU/USA/LATAM
La terminología es estable entre regiones, con variantes menores:
| Término | Uso predominante | Notas |
|---|---|---|
| Resistencia a la insulina | España, México, Argentina, Colombia (forma canónica) | Término preferido en literatura médica en castellano. Es el que usa KRECE. |
| Insulinorresistencia | Literatura clínica formal, abreviaturas (IR) | Forma sintética equivalente. Frecuente en informes y artículos técnicos. |
| Resistencia insulínica | Variante en algunos textos del Cono Sur | Sinónimo léxico, menos frecuente. |
| Insulin resistance | USA, UK, literatura internacional | Abreviado IR. La sigla IR es de uso universal incluso en textos en castellano. |
Tipos de resistencia a la insulina según el tejido
La resistencia a la insulina no afecta a todos los tejidos por igual ni al mismo tiempo. Clínicamente se distinguen tres localizaciones, cada una con consecuencias distintas. Importante: aquí las presentamos como taxonomía — qué tejido resiste y qué provoca. El orden temporal en que fallan y el mecanismo molecular completo (diacilgliceroles, PKC, lipotoxicidad) los desarrolla en profundidad el artículo sobre cómo y en qué orden fallan los tejidos.
Resistencia muscular: el sumidero que se cierra
El músculo esquelético es el principal destino de la glucosa tras una comida — capta la mayor parte de la glucosa que se retira de la sangre bajo estímulo de insulina. Cuando el músculo se vuelve resistente, esa captación cae y la glucosa posprandial tarda más en normalizarse. La resistencia muscular suele ser la primera en aparecer y es la que mejor responde al ejercicio, porque la contracción muscular capta glucosa por una vía (AMPK) que no necesita insulina y que sigue funcionando aunque la vía de la insulina esté bloqueada.
Resistencia hepática: el hígado que no se calla
En condiciones normales, cuando la insulina sube tras comer, el hígado deja de producir glucosa propia — no tiene sentido fabricar glucosa cuando ya entra de la comida. En la resistencia hepática, el hígado no recibe bien esa orden de frenado y sigue liberando glucosa a la sangre incluso después de comer. Esto contribuye a la glucemia en ayunas elevada, que es uno de los signos más tardíos y se asocia estrechamente con el hígado graso (MASLD).
Resistencia del tejido adiposo: la grasa que se desborda
El tejido adiposo sano almacena grasa de forma ordenada y, bajo insulina, frena la liberación de ácidos grasos a la sangre. Cuando el adipocito se vuelve resistente, deja de retener esos ácidos grasos y los vierte a la circulación. Esos lípidos acaban depositándose en tejidos que no estaban diseñados para almacenarlos — hígado, músculo, páncreas — y agravan la resistencia en cadena. La capacidad de cada persona para almacenar grasa de forma segura tiene un límite individual cuya superación dispara este desbordamiento.
Por qué importa la distinción. Una persona puede tener resistencia muscular marcada con glucemia en ayunas todavía normal, porque el hígado aún responde. Las palancas también difieren: el ejercicio ataca sobre todo la resistencia muscular, mientras que vaciar el depósito graso ectópico mediante déficit calórico ataca la hepática y la adiposa. No es lo mismo dónde resiste el cuerpo.
Síntomas y signos de la resistencia a la insulina
La resistencia a la insulina es, en su mayor parte, asintomática durante años — esa es precisamente su peligrosidad. Pero no es del todo invisible. Hay signos clínicos que un ojo entrenado detecta antes de cualquier analítica, y síntomas inespecíficos que, agrupados, levantan la sospecha.
Acantosis nigricans: el signo que se ve en el espejo
El signo cutáneo más característico es la acantosis nigricans: zonas de piel oscurecida, engrosada y de tacto aterciopelado, típicamente en la nuca, las axilas, las ingles y los nudillos. No es suciedad ni falta de higiene — es el resultado directo del exceso de insulina. La insulina elevada estimula los receptores de IGF-1 en los queratinocitos y fibroblastos de la piel, que proliferan y producen ese engrosamiento pigmentado. En personas jóvenes, la acantosis nigricans es un marcador visible y fiable de hiperinsulinemia subyacente. Suele acompañarse de acrocordones (los popularmente llamados «verruguitas» o «papilomas» cutáneos, en inglés skin tags), pequeñas excrecencias blandas de piel en las mismas zonas de pliegue.
Síntomas inespecíficos que, agrupados, levantan sospecha
Ninguno es diagnóstico por sí solo, pero su agrupación en una persona con factores de riesgo es significativa: cansancio marcado después de comer (sobre todo tras comidas ricas en carbohidratos), hambre frecuente y antojos de azúcar o almidón, dificultad para perder peso pese a dieta, acumulación de grasa abdominal, somnolencia diurna, niebla mental, y en mujeres, alteraciones menstruales asociadas al síndrome de ovario poliquístico. El perímetro abdominal elevado — más de 88 cm en mujeres y 102 cm en hombres según criterios occidentales, con umbrales más bajos en población asiática — es uno de los indicadores externos más informativos.
Si tienes acantosis nigricans en la nuca o las axilas junto con perímetro abdominal elevado, la probabilidad de hiperinsulinemia subyacente es alta aunque tu glucosa en ayunas sea normal. Son signos que preceden a la analítica alterada. No esperes a que la glucosa suba para pedir una insulina basal y un perfil lipídico.
Cómo se mide la resistencia a la insulina
Esta es la pregunta que más confusión genera y la razón principal por la que existe este pillar. Hay un patrón oro de investigación que casi nunca se usa en consulta, y una batería de índices indirectos — calculados a partir de una analítica normal — que sí son prácticos. Los ordenamos de mayor a menor complejidad.
El patrón oro: clamp euglucémico-hiperinsulinémico
El clamp euglucémico-hiperinsulinémico (en inglés hyperinsulinemic-euglycemic clamp, descrito por DeFronzo en 1979) es el método de referencia para medir la sensibilidad a la insulina. Consiste en infundir insulina por vía intravenosa a un ritmo fijo mientras se infunde glucosa en cantidad variable para mantener la glucemia constante («clamped», pinzada). La cantidad de glucosa que hace falta infundir para mantener la glucemia estable — el llamado M-value — mide directamente cuánta glucosa están captando los tejidos bajo esa insulina: cuanto más glucosa hace falta, más sensible es el sujeto.
Es exacto y reproducible, pero requiere hospitalización parcial, personal entrenado, varias horas y coste alto. Por eso se reserva a investigación y casi nunca se ve en la práctica clínica habitual. Si lees un estudio serio sobre resistencia a la insulina, lo más probable es que la haya medido con clamp.
HOMA-IR: el índice más usado en consulta
El HOMA-IR (Homeostatic Model Assessment of Insulin Resistance) es el índice indirecto más extendido. Se calcula a partir de dos valores en ayunas que cualquier laboratorio mide:
HOMA-IR = (glucosa en ayunas [mg/dL] × insulina en ayunas [µUI/mL]) / 405
Si tu laboratorio reporta la glucosa en mmol/L, la fórmula es (glucosa [mmol/L] × insulina [µUI/mL]) / 22,5. El resultado es el mismo número.
Los umbrales orientativos que usa KRECE, validados contra clamp:
| Estado | HOMA-IR | Lectura clínica |
|---|---|---|
| Óptimo | < 1,0 | Sensibilidad a la insulina excelente. |
| Aceptable | 1,0 – 1,8 | Rango funcional. Vigilar tendencia. |
| Incipiente | 1,9 – 2,4 | Inicio de RI. Ventana de intervención no farmacológica. |
| Patológico | > 2,5 | RI franca. Intervención indicada. |
| Severo | > 4,0 | Hiperinsulinemia masiva, frecuentemente con diabetes tipo 2 incipiente. |
Una cautela técnica que casi nadie menciona: la insulina es una hormona muy lábil y los ensayos de insulina varían hasta un 25% entre laboratorios. Un solo valor de HOMA-IR puede engañar por estrés, mal sueño la noche previa o la comida de los días anteriores. La interpretación seria se basa en al menos dos mediciones en condiciones estándar (ayuno de 10-12 horas, sin ejercicio intenso las 24 horas previas), nunca en un valor aislado.
QUICKI: la versión logarítmica
El QUICKI (Quantitative Insulin Sensitivity Check Index) usa los mismos dos valores que HOMA-IR pero los transforma logarítmicamente: QUICKI = 1 / [log(insulina ayunas) + log(glucosa ayunas)]. La transformación logarítmica le da una correlación algo más lineal con el clamp (en torno a 0,78) y una distribución estadística más manejable. Mide sensibilidad, no resistencia, así que aquí un número más alto es mejor. En la práctica aporta poco sobre HOMA-IR salvo en contextos de investigación.
Índice TyG: cuando no tienes la insulina
El índice TyG (triglicéridos-glucosa) es la alternativa cuando el laboratorio no ha medido insulina — algo frecuente en la sanidad pública. Se calcula como Ln[triglicéridos (mg/dL) × glucosa en ayunas (mg/dL) / 2]. Su gran ventaja: usa solo glucosa y triglicéridos, dos parámetros estandarizados entre laboratorios, evitando la variabilidad del ensayo de insulina. Su lógica es indirecta pero sólida: la hiperinsulinemia eleva los triglicéridos, así que un TyG alto sugiere resistencia. Se ha validado como predictor razonable de RI, especialmente útil en cribado poblacional y en mujeres con ovario poliquístico.
Ratio TG/HDL: el proxy del perfil lipídico básico
Si solo tienes un perfil lipídico, el cociente entre triglicéridos en ayunas y colesterol HDL es un proxy razonable de resistencia. La hiperinsulinemia estimula la producción hepática de triglicéridos, que a su vez baja el HDL: por eso un ratio elevado apunta a RI. Los umbrales operativos: un ratio > 1,5 sugiere RI subyacente y un ratio > 2,0 predice predominio de LDL pequeña y densa (la más aterogénica). La población afrodescendiente es una excepción parcial — tiende a triglicéridos más bajos pese a tener RI —, por lo que en ella el umbral discriminador es más bajo.
La jerarquía práctica de KRECE. Para sospecha de RI sin acceso a clamp, el orden de utilidad es: perímetro abdominal > ratio TG/HDL > insulina basal > HOMA-IR > índice TyG. Y un recordatorio crucial: la glucosa en ayunas y la HbA1c no miden resistencia a la insulina — miden sus consecuencias tardías. Cuando esos dos están alterados, la RI lleva años instalada. Para entender por qué la insulina sube tanto antes que la glucosa, ver la cronología completa del fallo metabólico.
Causas y factores de riesgo de la resistencia a la insulina
La resistencia a la insulina rara vez tiene una sola causa. Es el resultado de la interacción entre predisposición genética y un conjunto de factores de estilo de vida, la mayoría modificables.
Adiposidad visceral y desbordamiento lipídico
El factor cuantitativamente más importante es el exceso de grasa visceral y ectópica — la grasa que rodea los órganos y la que se infiltra en hígado y músculo. No es el peso total ni el IMC lo que manda, sino dónde y cuánta grasa se acumula respecto al límite individual de almacenamiento seguro de cada persona. Cuando ese depósito se satura, los lípidos se desbordan a tejidos no preparados y disparan la resistencia. Por eso hay personas delgadas con RI y personas con sobrepeso sin ella.
Sedentarismo y pérdida de masa muscular
El músculo es el principal sumidero de glucosa, y su capacidad depende de cuánto músculo hay y con qué frecuencia se contrae. El sedentarismo reduce la captación de glucosa por dos vías: menos masa muscular (menos capacidad de almacenamiento) y menos contracción (menos activación de la vía AMPK independiente de insulina). La sarcopenia — la pérdida de músculo asociada a la edad y la inactividad — es un factor independiente de mal control glucémico.
Sueño insuficiente y cronodisrupción
La privación de sueño es una causa de RI a menudo ignorada y con evidencia sólida. Estudios de laboratorio demuestran que incluso una sola noche de privación total de sueño reduce de forma aguda la sensibilidad a la insulina, y la restricción parcial repetida (dormir 4-5 horas varias noches) deteriora la tolerancia a la glucosa de forma medible. El sueño insuficiente también altera las hormonas del apetito — baja la leptina, sube la grelina — y aumenta la ingesta calórica en torno a un 20%, con preferencia por carbohidratos. La buena noticia: el efecto es reversible con recuperación del sueño, y el ejercicio de alta intensidad lo atenúa.
Otros factores
Completan el cuadro: la dieta crónicamente hipercalórica y rica en azúcares líquidos y ultraprocesados, el estrés crónico (el cortisol elevado promueve resistencia vía señalización de nutrientes y mTOR), ciertos fármacos (glucocorticoides, algunos antipsicóticos), el tabaquismo, la predisposición genética y el origen étnico (las poblaciones del sur de Asia desarrollan RI con menos grasa corporal), y el envejecimiento per se, que reduce la sensibilidad a la insulina de forma gradual.
Enfermedades asociadas a la resistencia a la insulina
La resistencia a la insulina es un nodo central del que cuelgan muchas patologías aparentemente inconexas. Entenderla como causa común explica por qué tienden a aparecer juntas.
Síndrome metabólico
El síndrome metabólico es el agrupamiento clínico de la resistencia a la insulina. Se diagnostica con tres o más de estos cinco criterios: perímetro abdominal elevado, triglicéridos altos, HDL bajo, tensión arterial elevada y glucosa en ayunas alterada. No es una enfermedad en sí misma sino un conjunto de señales que comparten a la resistencia a la insulina como motor común, y que juntas multiplican el riesgo cardiovascular.
Diabetes tipo 2 y prediabetes
La resistencia a la insulina es el terreno sobre el que se construye la diabetes tipo 2. Mientras el páncreas compensa produciendo más insulina, la glucosa se mantiene normal. Cuando la célula beta se agota y ya no puede sostener esa sobreproducción, aparece primero la prediabetes y luego la diabetes. La RI precede al diagnóstico en muchos años.
Hígado graso (MASLD)
El hígado graso no alcohólico — renombrado MASLD en la nomenclatura de 2023 — está tan ligado a la resistencia a la insulina que se considera su manifestación hepática. El exceso de insulina empuja al hígado a fabricar y acumular grasa, y esa grasa hepática a su vez agrava la resistencia, en un bucle. El tratamiento de fondo coincide: vaciar el depósito graso del hígado mejora ambas cosas a la vez.
Ovario poliquístico (SOP)
El síndrome de ovario poliquístico mantiene una relación bidireccional con la resistencia a la insulina: la hiperinsulinemia estimula la producción ovárica de andrógenos, lo que agrava los síntomas del SOP, y a su vez el SOP empeora la sensibilidad a la insulina. Es la razón por la que muchas mujeres con SOP presentan acantosis nigricans y por la que la metformina y los cambios de estilo de vida que mejoran la sensibilidad también mejoran los síntomas reproductivos.
Inflamación crónica, enfermedad cardiovascular y «diabetes tipo 3»
La resistencia a la insulina alimenta la inflamación crónica de bajo grado que acelera el envejecimiento vascular, y se asocia de forma independiente con la enfermedad cardiovascular incluso por debajo de los umbrales de diabetes. En el cerebro, la resistencia a la insulina neuronal se ha vinculado con la enfermedad de Alzheimer — hasta el punto de que algunos investigadores la han llamado «diabetes tipo 3», una hipótesis aún en debate pero con base mecanística creciente.
Cómo revertir la resistencia a la insulina con evidencia
La buena noticia que define todo el abordaje: la resistencia a la insulina es, en gran medida, reversible. No es un rasgo fijo. Las palancas, ordenadas por potencia y evidencia.
Ejercicio: la palanca con mecanismo dual
El ejercicio es la intervención más potente y está severamente infravalorada. Actúa por dos vías simultáneas: el entrenamiento de fuerza aumenta la masa muscular — expande el sumidero de glucosa —, y cualquier contracción muscular activa la captación de glucosa por la vía AMPK, que no necesita insulina y funciona aunque la vía de la insulina esté bloqueada. Una sola sesión mejora la sensibilidad durante las 24-48 horas siguientes. El entrenamiento en zona 2 mejora la capacidad mitocondrial y oxidativa; la fuerza expande el reservorio. La combinación es la receta con mejor evidencia.
Pérdida de grasa visceral y déficit calórico
Vaciar el depósito graso ectópico — el del hígado y el visceral — mediante déficit calórico controlado revierte la resistencia hepática y adiposa. Lo relevante: la mejoría empieza con pérdidas modestas de peso (5-10%) y no requiere alcanzar un peso «ideal». La restauración de la sensibilidad sigue al vaciado del depósito, no a la báscula.
Sueño, dieta y estrés
Dormir 7-9 horas de calidad revierte la resistencia inducida por privación de sueño. En la dieta, reducir azúcares líquidos y ultraprocesados, priorizar proteína suficiente para preservar músculo y fibra, y el orden de los alimentos (vegetales y proteína antes que los carbohidratos) aplanan la respuesta glucémica. El manejo del estrés crónico reduce el cortisol que promueve resistencia. Ninguna de estas palancas es espectacular en aislamiento; su efecto es acumulativo.
Farmacología: metformina, berberina, GLP-1
Cuando se decide intervenir farmacológicamente, la metformina sigue siendo primera línea: activa AMPK indirectamente y reduce la producción hepática de glucosa, con perfil de seguridad amplio y coste bajo. La berberina activa AMPK por un mecanismo parecido y tiene datos en humanos comparables a metformina en diabetes leve, aunque con biodisponibilidad oral muy baja. Los agonistas GLP-1 (semaglutida, tirzepatida) abren ventanas de remisión metabólica potentes, pero su efecto sobre la pérdida de músculo obliga a combinarlos con entrenamiento de fuerza. Regla KRECE: la farmacología acelera, no sustituye, la palanca de fondo.
La primera intervención contra la resistencia a la insulina no es retirar carbohidratos, es ampliar el sumidero muscular y contraerlo con frecuencia. Reducir carbohidratos sin entrenar fuerza trata el síntoma sin tocar la fisiología de fondo. Primero el músculo, después la dieta, la farmacología al final si hace falta.
Resistencia a la insulina — los cinco claims que tomamos
Este artículo es contenido educativo y editorial sobre la resistencia a la insulina y su contexto clínico. No sustituye consulta médica. Los umbrales de HOMA-IR, TyG y TG/HDL citados son orientativos y requieren interpretación clínica individualizada — varían según laboratorio, etnia y contexto. Cualquier decisión sobre pruebas analíticas, prescripción de metformina, agonistas GLP-1 o cualquier otro fármaco corresponde a tu médico, que conoce tu historia clínica completa. KRECE no comercializa, prescribe ni recomienda productos farmacéuticos específicos a título individual.
- Gastaldelli A. Measuring and estimating insulin resistance in clinical and research settings. Obesity (Silver Spring). 2022;30(8):1549-1563.
- DeFronzo RA, Tobin JD, Andres R. Glucose clamp technique: a method for quantifying insulin secretion and resistance. Am J Physiol. 1979;237(3):E214-E223.
- Pisprasert V et al. Limitations in the Use of Indices Using Glucose and Insulin Levels to Predict Insulin Sensitivity. Diabetes Care. 2013;36(4):845-853.
- Katz A et al. Quantitative insulin sensitivity check index (QUICKI): a simple, accurate method for assessing insulin sensitivity. J Clin Endocrinol Metab. 2000;85(7):2402-2410.
- Park HJ et al. Triglyceride and glucose (TyG) index as a surrogate marker for insulin resistance in PCOS. 2023.
- Brady MF, Rawla P. Acanthosis Nigricans. StatPearls. NCBI Bookshelf, 2023.
- Popa SG et al. Acanthosis Nigricans: Pointer of Endocrine Entities. Diagnostics. 2022.
- Alqahtani SM et al. Prevalence of Clinical Manifestations Associated With Insulin Resistance. Cureus. 2024.
- Harvard Health Publishing. Polycystic ovarian syndrome and the skin. 2021.
- de Souza JFT et al. High-Intensity Interval Training Attenuates Insulin Resistance Induced by Sleep Deprivation in Healthy Males. Front Physiol. 2017;8:992.
- Spiegel K, Knutson K, Leproult R, Tasali E, Van Cauter E. Sleep loss: a novel risk factor for insulin resistance and Type 2 diabetes. J Appl Physiol. 2005;99(5):2008-2019.
- Rogers EM et al. The effects of sleep disruption on metabolism, hunger, and satiety. Diabetes Metab Res Rev. 2024;40(1):e3667.
- Petersen MC, Shulman GI. Mechanisms of Insulin Action and Insulin Resistance. Physiol Rev. 2018;98(4):2133-2223.
- McLaughlin T et al. Use of metabolic markers to identify overweight individuals who are insulin resistant. Ann Intern Med. 2003;139(10):802-809.
- American Diabetes Association. Standards of Care in Diabetes — 2025. Diabetes Care. 2025;48(Suppl 1):S27-S49.
