Receptor de insulina saturado con la cascada de señal atenuada bajo la membrana celular
GLOSARIO · 28 May 2026

Resistencia a la insulina

Qué es la resistencia a la insulina, su abreviatura y su código CIE-10, cómo se mide con HOMA-IR y TyG y qué valores se consideran altos.

Sistema KRECE / Glosario
Insulinorresistencia · resistencia insulínica · RI · insulin resistance (IR)
Resistencia a la insulinaqué es, cómo se mide y qué valores la definen

Es el término metabólico más buscado y peor definido de la década. Aquí está la entrada de referencia: qué significa exactamente, cómo se abrevia, con qué código se registra en una historia clínica, con qué pruebas se mide y a partir de qué valores se considera que existe. Sin umbral universal, porque no lo hay, y diciendo cuál usa cada laboratorio y por qué discrepan.

Respuestas directas

Lo que has venido a saber

¿Qué es la resistencia a la insulina?

La respuesta disminuida de los tejidos a la insulina: el músculo, el hígado y la grasa necesitan más hormona para hacer lo mismo, y el páncreas la fabrica. En la nomenclatura médica de referencia figura como Insulin Resistance, con el identificador D007333, dentro de los trastornos del metabolismo de la glucosa.

¿Cuál es su abreviatura?

En español, RI; también se escribe insulinorresistencia, insulino resistencia o resistencia insulínica, y las tres son la misma entidad. En inglés, IR (insulin resistance). En informes de laboratorio se ve a menudo el índice que la estima, HOMA-IR, usado como si fuera sinónimo: no lo es, es la medida.

¿Qué código CIE-10 le corresponde?

En la clasificación estadounidense CIE-10-CM existe desde octubre de 2023 una familia propia: E88.81 con sus dígitos (E88.810 síndrome metabólico, E88.811 síndrome de resistencia a la insulina tipo A, E88.818 otra resistencia a la insulina y E88.819 resistencia a la insulina no especificada). En la CIE-10 de la Organización Mundial de la Salud no tiene código propio y cae en E88.8 o E88.9.

¿Cómo se mide?

El patrón de referencia es el clamp euglucémico hiperinsulinémico, que solo se usa en investigación. En la práctica se estima con glucosa e insulina en ayunas mediante el índice HOMA-IR, y existen alternativas como QUICKI, el índice Matsuda tras sobrecarga oral, el índice TyG y el cociente triglicéridos/HDL cuando no hay insulina disponible.

¿A partir de qué valor hay resistencia a la insulina?

No hay un corte universal, y esta es la fuente de casi toda la confusión. En población española, el percentil 90 del HOMA-IR está en 3,46 y el valor que mejor identifica riesgo cardiometabólico, en 2,05. En estudios estadounidenses se usa 2,5 o 2,6. El mismo resultado se interpreta distinto según el umbral que el laboratorio haya elegido.

¿Es lo mismo que prediabetes o que diabetes?

No. La resistencia a la insulina es el mecanismo; la prediabetes y la diabetes son etiquetas de glucosa que llegan después, cuando el páncreas ya no compensa. Se puede tener resistencia con glucosa y HbA1c perfectamente normales, y de hecho es lo habitual durante años.

Definición

Qué es la resistencia a la insulina

La definición, en términos exactos

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La resistencia a la insulina es un estado en el que una concentración dada de insulina produce una respuesta biológica menor de la esperada en sus tejidos diana. En la práctica eso significa tres cosas simultáneas: el músculo capta menos glucosa, el hígado no frena del todo la glucosa que fabrica y el tejido adiposo sigue liberando ácidos grasos cuando debería haber parado.

La nomenclatura médica de referencia la recoge como Insulin Resistance, identificador D007333, y la sitúa entre los trastornos del metabolismo de la glucosa, dentro de las enfermedades metabólicas y endocrinas. No la clasifica como enfermedad autónoma con síntomas propios, sino como una alteración fisiopatológica, que es exactamente la razón de que su codificación clínica sea tardía y desigual.

El rasgo que la hace difícil de ver es que el organismo la compensa. Mientras la célula beta pancreática puede secretar más insulina, la glucosa se mantiene en rango y el paciente no tiene ningún hallazgo. La firma de esa fase no es la glucosa alta: es la insulina alta, la hiperinsulinemia compensatoria. Cómo se instala ese proceso órgano a órgano, qué lo causa y qué lo revierte es territorio de la entrada de Patologías sobre la resistencia a la insulina; esta entrada define, nombra, codifica y mide.

Qué no es: cuatro confusiones frecuentes

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No es prediabetes. La prediabetes se define por cifras de glucosa: entre 100 y 125 mg/dl en ayunas, entre 140 y 199 a las dos horas de una sobrecarga, o una HbA1c entre 5,7 y 6,4 %. Es una etiqueta de resultado. La resistencia a la insulina es el mecanismo que lleva hasta ahí y que existe mucho antes de que ninguna de esas cifras se mueva.

No es diabetes tipo 2. La diabetes es el punto en que la compensación falla. Casi toda diabetes tipo 2 cursa con resistencia a la insulina, pero la mayoría de las personas con resistencia a la insulina no tienen ni tendrán diabetes diagnosticada este año.

No es intolerancia a la insulina. Este término, que aparece en buscadores, no existe en la nomenclatura médica. Lo que existe es la intolerancia a la glucosa, que es el resultado alterado de una sobrecarga oral, y la alergia a la insulina inyectada, que es otra cosa por completo. Si te han dicho «intolerancia a la insulina», lo más probable es que se refieran a esto.

Y no es el síndrome metabólico. El síndrome metabólico es un recuento de criterios (cintura, triglicéridos, HDL, tensión, glucosa) que agrupa consecuencias; la resistencia a la insulina es el proceso que las produce. Se puede cumplir el síndrome sin medir jamás una insulina, y se puede tener resistencia sin cumplir tres criterios. La disfunción metabólica es el marco que ha ido sustituyendo a ese recuento.

Sensibilidad frente a resistencia: la misma escala al revés

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La sensibilidad a la insulina y la resistencia a la insulina no son dos fenómenos: son los dos extremos de una misma variable continua. Más sensibilidad es menos resistencia, y la población no se divide en dos grupos sino que se reparte a lo largo de toda la escala. Por eso cualquier punto de corte es un convenio, no una frontera natural.

La diferencia práctica está en qué mide cada índice y hacia dónde apunta. El HOMA-IR estima resistencia: cuanto más alto, peor. El QUICKI y el índice Matsuda estiman sensibilidad: cuanto más alto, mejor. Confundir el sentido de la escala es un error común al leer un informe, y la sección de medición lo detalla índice por índice.

Un matiz que conviene retener: la sensibilidad no es un rasgo fijo de una persona. Cambia con el sueño de la noche anterior, con el entrenamiento de las últimas semanas, con la flexibilidad metabólica y con la cantidad de grasa visceral acumulada. Un valor aislado es una foto; lo que informa es la tendencia.

Terminología

Cómo se llama y cómo se abrevia

Abreviatura, siglas y sinónimos verdaderos

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La abreviatura estándar en español es RI, y en inglés IR. Las tres formas largas que circulan en castellano son sinónimos exactos y ninguna es incorrecta: resistencia a la insulina, la más frecuente en España; insulinorresistencia, la forma clínica compacta, habitual en historias y en la literatura de Argentina, Chile y México; y resistencia insulínica, de uso académico. También se ven, con menos rigor ortográfico, insulino resistencia e insulinoresistencia.

En textos técnicos aparecen además dos expresiones que acotan el fenómeno por territorio: resistencia periférica a la insulina, cuando se refiere al músculo y al tejido adiposo, y resistencia hepática a la insulina, cuando se refiere al hígado. No son entidades distintas, sino localizaciones del mismo defecto, y pueden estar disociadas en la misma persona.

La nomenclatura médica de referencia registra como términos equivalentes la sensibilidad a la insulina (en el sentido de su inverso) y la insulinorresistencia. Lo que no recoge, y por tanto no conviene usar en un informe, es «intolerancia a la insulina» ni «resistencia a la glucosa», dos búsquedas muy frecuentes que corresponden a la intolerancia a la glucosa.

Los síndromes de resistencia a la insulina, que son otra cosa

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Junto a la resistencia a la insulina común, de origen metabólico, existe un grupo de síndromes raros de resistencia grave, y conviene distinguirlos porque comparten nombre y no comparten nada más. El tipo A se debe a defectos genéticos del receptor de insulina o de su señal y aparece en mujeres jóvenes, delgadas, con acantosis marcada e hiperandrogenismo. El tipo B está causado por autoanticuerpos contra el receptor de insulina y suele asociarse a enfermedades autoinmunes.

A esa familia pertenecen también las lipodistrofias, en las que falta tejido adiposo funcional y el lípido se deposita en hígado y músculo desde el principio, y el síndrome de Rabson-Mendenhall, de presentación infantil. Todos ellos cursan con concentraciones de insulina extraordinariamente altas, muy por encima de las que se ven en la resistencia común.

La consecuencia práctica es de codificación y de sospecha clínica: cuando la clasificación internacional habla de síndromes de resistencia a la insulina, se refiere a este grupo, no al cuadro metabólico frecuente. Una resistencia extrema en una persona delgada, sin obesidad ni antecedentes, es motivo para estudiar y no para tratar como si fuera un caso común.

Codificación

Códigos CIE-10 y CIE-11

CIE-10: E88.81 y sus dígitos, con una fecha que importa

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Durante años la resistencia a la insulina no tuvo código propio, y esa es la razón de que muchos informes antiguos la registren como E88.8 (otros trastornos metabólicos especificados) o directamente no la registren. La situación cambió en la clasificación estadounidense CIE-10-CM a partir del 1 de octubre de 2023, que abrió una familia específica.

La familia vigente en CIE-10-CM es E88.81, síndrome metabólico y otras formas de resistencia a la insulina, con cuatro dígitos finales: E88.810 síndrome metabólico; E88.811 síndrome de resistencia a la insulina tipo A; E88.818 otra resistencia a la insulina; y E88.819 resistencia a la insulina no especificada. El código padre E88.81 no es facturable: hay que bajar al quinto dígito.

En España se usa la CIE-10-ES, cuya edición de 2026, en vigor desde enero, incorpora entre sus cambios la diferenciación entre síndrome metabólico y resistencia a la insulina, alineándose con esa estructura. El literal exacto de cada subcódigo en castellano conviene consultarlo en eCIE-maps del Ministerio de Sanidad, que es la fuente oficial. En la CIE-10 base de la Organización Mundial de la Salud, que es la que usan muchos países de Latinoamérica, sigue sin haber código propio: la resistencia a la insulina cae en E88.8 o E88.9.

CIE-11 y MeSH: dónde vive la entidad

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En la CIE-11, la clasificación que va sustituyendo progresivamente a la anterior, el código 5A44 corresponde a los síndromes de resistencia a la insulina, y ahí caen las formas graves descritas en la sección anterior, incluidos los tipos A y B. La resistencia a la insulina común no tiene entrada propia y se codifica por sus manifestaciones: obesidad, intolerancia a la glucosa, dislipemia o el diagnóstico correspondiente.

Para catalogación bibliográfica y para grafos de conocimiento, el identificador estable es el descriptor D007333 de la nomenclatura médica de referencia, que es el que KRECE utiliza en el marcado estructurado de esta entrada y de la de Patologías. Sus entidades vecinas más citadas son el hiperinsulinismo (D006946), el estado prediabético (D011236) y la diabetes mellitus tipo 2 (D003924).

La lectura útil de todo esto: que una entidad tarde treinta años en tener código no significa que no exista, significa que el sistema de clasificación se organizó alrededor de la glucosa y no de la hormona que la controla. Es el mismo sesgo que hace que la analítica de rutina mida glucosa y no insulina.

Medición

Cómo se mide la resistencia a la insulina

El clamp: el patrón de referencia que casi nadie ve

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El clamp euglucémico hiperinsulinémico es la técnica contra la que se validan todas las demás. Consiste en infundir insulina a velocidad constante y, al mismo tiempo, glucosa a la velocidad necesaria para mantener la glucemia fija. La cantidad de glucosa que hay que infundir para sostener ese equilibrio, el llamado valor M, es la medida directa de cuánta glucosa está captando el organismo bajo una insulina conocida: a más resistencia, menos glucosa hace falta.

Es la técnica que estableció que el músculo capta alrededor del 80 % de la glucosa bajo estímulo de insulina, y la que se usa en los ensayos que citamos en la entrada de Patologías. También es cara, dura varias horas, requiere dos vías y personal dedicado, y por eso no se pide en clínica: existe en investigación y en unidades especializadas.

Su variante para medir el hígado añade trazadores isotópicos para calcular la producción hepática de glucosa. Y su equivalente cerebral, la insulina intranasal con resonancia funcional, es el que ha permitido describir la resistencia a la insulina del cerebro. Todo lo que viene a continuación son estimaciones pensadas para sustituirlo con una extracción de sangre.

HOMA-IR: el índice que se usa de verdad

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El HOMA-IR estima la resistencia a partir de dos datos de una analítica en ayunas: la glucosa y la insulina. La lógica del modelo es que, en ayunas, la relación entre ambas refleja sobre todo el equilibrio entre la producción hepática de glucosa y la insulina necesaria para contenerla. De ahí que sea, ante todo, un indicador de resistencia hepática, algo que se olvida al interpretarlo.

Su ventaja es que cabe en cualquier petición de laboratorio; su límite, que hereda toda la variabilidad de la insulina en ayunas, que no está estandarizada entre ensayos comerciales. Dos laboratorios pueden dar valores distintos para la misma muestra, y por eso la comparación seria se hace con el mismo laboratorio a lo largo del tiempo. La entrada dedicada desarrolla el cálculo, las unidades y el modelo HOMA2.

Es también el índice que aparece en los metaanálisis de suplementos y fármacos, lo que permite comparar magnitudes: una berberina que baja el HOMA-IR 0,71 puntos y un magnesio que no lo mueve de forma significativa están hablando la misma lengua. Si quieres un solo número para seguir tu evolución, es este, siempre con su glucosa y su insulina a la vista.

Qué valores se consideran altos, y por qué no hay un corte universal

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Esta es la pregunta que más se busca y la que peor se responde. No existe un umbral internacional de HOMA-IR, porque el índice depende del ensayo de insulina, de la edad, del sexo y de la población, y porque la resistencia se distribuye de forma continua. Lo que existe son cortes locales, y hay que saber cuál se está aplicando.

En población española, el estudio EPIRCE, con 2.459 adultos, situó el percentil 90 en 3,46 y encontró que el valor que mejor identifica riesgo cardiometabólico está en torno a 2,05, con matices por sexo y por edad: en mujeres, la relación con la edad no es lineal y la capacidad de clasificar empeora en las mayores. En estudios estadounidenses se emplean 2,5 o 2,6 como criterio de prevalencia.

La consecuencia práctica es doble. Primero, que un HOMA-IR de 3,0 puede figurar como «normal» en un informe que use el percentil 90 y como claramente alterado si se usa el corte de riesgo. Y segundo, que el valor no se interpreta solo: acompaña a la cintura, a los triglicéridos, al HDL y a las transaminasas. La tabla siguiente reúne cada método con su umbral y el nivel de evidencia que lo respalda.

QUICKI, Matsuda, TyG y el cociente triglicéridos/HDL

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QUICKI (Katz, 2000) usa los mismos dos datos que el HOMA-IR pero en escala logarítmica: 1 dividido por la suma del logaritmo de la insulina y el logaritmo de la glucosa. Mide sensibilidad, así que baja cuando la resistencia sube, y su dispersión es menor, lo que le da algo más de capacidad discriminativa en estudios de población.

Índice Matsuda (Matsuda y DeFronzo, 1999). Es el mejor de los estimadores no invasivos porque no se conforma con el ayuno: usa glucosa e insulina en varios puntos de una sobrecarga oral, y por eso refleja a la vez la sensibilidad hepática y la muscular. Cuesta una mañana de extracciones seriadas, y esa es la razón de que casi nunca se pida. También mide sensibilidad: más alto es mejor.

Índice TyG, el producto de triglicéridos y glucosa en ayunas. Es atractivo porque no necesita insulina, lo que importa en sistemas donde no se financia. Aquí hay una trampa que casi nadie advierte: circulan dos convenciones de fórmula, con logaritmo natural o decimal y dividiendo o no por dos, y cada una produce umbrales distintos que se citan mezclados (4,68 en la validación frente a clamp de Guerrero-Romero, 8,31 en trabajos que usan la otra escala). El umbral de un artículo no es transferible a otro sin comprobar la fórmula.

Cociente triglicéridos/HDL. McLaughlin, en 2003, con 258 adultos con sobrepeso no diabéticos, propuso tres marcadores simples: triglicéridos por encima de 130 mg/dl, cociente triglicéridos/HDL de 3,0 en unidades tradicionales (1,8 en unidades SI) e insulina por encima de 109 pmol/l. Sensibilidad y especificidad modestas (57 % y 71 % para el cociente) y una limitación que sus propios autores señalan: la muestra era casi toda blanca, y trabajos posteriores han encontrado que no funciona igual en población negra.

Insulina en ayunas sola. Es el dato crudo del que salen casi todos los índices, y el que hay que pedir si solo se puede pedir uno más. No tiene rango de referencia consensuado y su valor aumenta con la masa grasa, pero una insulina claramente alta con glucosa normal es, por sí sola, la fase temprana descrita.

Reconocimiento

Signos que hacen sospecharla

Lo que se ve en el cuerpo: acantosis, acrocordones y cintura

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La resistencia a la insulina no duele y no da síntomas propios, pero deja signos visibles cuando la hiperinsulinemia lleva tiempo. El más específico es la acantosis nigricans: un oscurecimiento aterciopelado de la piel en la nuca, las axilas, las ingles o los nudillos, que no se va al frotar. Su mecanismo está descrito: a concentraciones altas, la insulina activa los receptores del factor de crecimiento IGF-1 en queratinocitos y fibroblastos, y esa señal de proliferación engrosa y pigmenta la piel.

El segundo signo, del mismo origen proliferativo, son los acrocordones, las pequeñas verrugas blandas colgantes en cuello y axilas. El tercero no es cutáneo sino antropométrico: el perímetro de cintura alto para la talla, que es un proxy de la grasa visceral y el marcador barato más informativo de todos.

En mujeres, el conjunto de ciclos irregulares, acné persistente e hirsutismo apunta al SOMP, donde la resistencia a la insulina es casi la norma. Y conviene decir lo contrario también: la somnolencia después de comer, las ganas de dulce o el cansancio vespertino, que se venden como «síntomas de resistencia a la insulina», no son diagnósticos de nada y los tiene casi todo el mundo.

Suplementación

Suplementos y resistencia a la insulina

Suplementos para la resistencia a la insulina: qué dice la evidencia

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Esta entrada define y mide; el desarrollo completo de qué revierte la resistencia a la insulina, con sus ensayos y sus cifras, está en la entrada de Patologías. Aquí va lo imprescindible para quien llega buscando un valor de HOMA-IR y termina en una tienda.

Solo uno tiene efecto comparable al de un fármaco. La berberina baja la HbA1c 0,73 puntos y el HOMA-IR 0,71 en metaanálisis de ensayos aleatorizados, con heterogeneidad alta; actúa sobre la misma vía que la metformina y, por eso mismo, tiene interacciones reales y no es un producto inocuo.

Dos corrigen déficits, no resistencias. El magnesio y la vitamina D3 mejoran los marcadores en quien parte de niveles bajos y no hacen nada demostrable en quien no. La actualización de 2026 del metaanálisis de magnesio no encontró mejora significativa de la resistencia en conjunto.

Uno tiene su nicho. El myo-inositol figura en la guía internacional de SOMP de 2023, con una evidencia que la revisión que la informó califica literalmente de limitada e inconcluyente. Fuera del ovario poliquístico, su papel es menor.

La regla que ordena todo: lo que mueve el HOMA-IR de verdad es perder grasa visceral, ganar músculo y dormir. Ningún suplemento sustituye a eso, y quien te venda lo contrario te está vendiendo una cápsula.

Suplementos desaconsejados para la resistencia a la insulina y por qué

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Cuatro casos que aparecen en casi todas las búsquedas de «bajar la resistencia a la insulina» y que no sostienen lo que prometen. Cada uno con su motivo del desaconsejo al cierre.

  1. Cromo, en cualquier forma.Es el clásico «suplemento para el azúcar». El metaanálisis de veinte ensayos aleatorizados no encontró efecto sobre la glucosa ni sobre la insulina en personas sin diabetes, y en diabetes la evidencia es inconcluyente y de baja calidad. Motivo del desaconsejo: no mueve ninguno de los dos parámetros con los que se calcula el HOMA-IR, así que no puede mejorar el índice que dice mejorar.
  2. Canela como tratamiento diario.La revisión Cochrane de diez ensayos con 577 pacientes no encontró diferencia en HbA1c, insulina ni glucosa posprandial, y la variedad casia, que es la habitual, aporta cumarina, tóxica para el hígado con el consumo mantenido. Motivo del desaconsejo: sin efecto sobre el control glucémico y con un riesgo hepático real si se toma en gramos cada día.
  3. Fórmulas de diez ingredientes para «el azúcar en sangre».Combinan cromo, canela, gymnema y extractos varios a dosis que no coinciden con las de ningún ensayo, y ninguna ha demostrado bajar el HOMA-IR. Motivo del desaconsejo: apilan ingredientes sin efecto a dosis sin evidencia, y hacen imposible saber qué está haciendo qué si algo cambia.
  4. Cualquier suplemento tomado para no medir.La conducta más cara de esta lista no es un producto: es sustituir la analítica con insulina en ayunas por una cápsula que promete lo mismo. Motivo del desaconsejo: sin medir no hay punto de partida, y sin punto de partida no se puede saber si lo que se toma sirve para algo.

Contraindicaciones e interacciones que hay que conocer

+Lo esencial: nada de esta entrada sustituye a un médico ni a un farmacéutico, y un índice calculado en casa no es un diagnóstico. Si tomas antidiabéticos o insulina, si estás embarazada o dando el pecho, o si tienes enfermedad hepática, renal o cardiaca, consulta antes de añadir cualquier suplemento. La berberina interactúa con muchos fármacos habituales y suma efecto hipoglucemiante con la medicación de la diabetes.

Berberina. Se desaconseja en el embarazo, en la lactancia y en recién nacidos, por su asociación con ictericia neonatal grave. Inhibe varias enzimas hepáticas (CYP3A4, CYP2D6, CYP2C9) y la glicoproteína P, con lo que puede elevar los niveles de fármacos como la ciclosporina. Con antidiabéticos o insulina, suma hipoglucemia.

Ácido alfa-lipoico. Puede desencadenar el síndrome de insulina autoinmune, una hipoglucemia por autoanticuerpos descrita en series de casos en Europa, Asia y Argentina. Hipoglucemias sin explicación en alguien que lo toma obligan a suspenderlo y consultar.

Magnesio y vitamina D. Se suplementan para corregir un déficit documentado, no a ciegas. El magnesio está contraindicado en insuficiencia renal avanzada e interacciona con algunos antibióticos; la vitamina D a dosis altas mantenidas sin control puede producir hipercalcemia. Las dosis y los umbrales están en sus fichas, no aquí.

Y una interacción que afecta a esta misma entrada: cualquier producto que baje la glucosa altera los valores con los que se calcula el HOMA-IR. Si tomas algo, quien interprete tu analítica tiene que saberlo, o estará leyendo un índice falseado.

Alarma

Cuándo esto deja de ser una consulta de diccionario

Las señales que obligan a consultar

+Lo esencial: un índice alto no es una urgencia, pero hay hallazgos que sí lo son. Sed intensa, orinar mucho, pérdida de peso sin buscarla, visión borrosa o infecciones repetidas son hiperglucemia franca y exigen consulta sin esperar a la siguiente revisión. Una glucosa en ayunas de 126 mg/dl o más, o una HbA1c de 6,5 % o más, ya no es resistencia a la insulina: es un diagnóstico que corresponde a un profesional.

Si has llegado buscando qué significa un valor y encuentras alguno de estos cuadros, el orden de prioridades cambia. Sed, poliuria, pérdida de peso involuntaria, visión borrosa, candidiasis o infecciones urinarias de repetición describen hiperglucemia establecida, no resistencia compensada, y no se gestionan con dieta y un suplemento mientras se espera una cita.

Dos signos concretos merecen consulta aunque el resto esté bien. Una acantosis nigricans de aparición brusca y extensa en un adulto delgado, sin obesidad ni antecedentes, obliga a descartar causas distintas de la metabólica. Y una resistencia extrema en persona delgada, con insulina muy alta, apunta a los síndromes raros descritos arriba y no a un caso común.

Por último, las hipoglucemias. Sudoración, temblor o mareo que ceden al comer, sobre todo en quien toma un hipoglucemiante prescrito junto a un suplemento que también baja la glucosa, son una interacción hasta que se demuestre lo contrario y hay que comunicarlas a quien prescribe.

Decisión

Qué hacer con un HOMA-IR alto

Del número al siguiente paso

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Primero, mira el número con su contexto. Un HOMA-IR aislado no dice mucho: pídelo siempre con la glucosa y la insulina de las que sale, y ponlo al lado del perímetro de cintura, los triglicéridos, el HDL y las transaminasas. Ese conjunto, y no el índice solo, es lo que describe tu situación.

Segundo, comprueba con qué umbral lo está juzgando tu laboratorio. Si el informe marca 3,46 como límite, está usando el percentil 90 de población española; si marca 2,0, está usando el corte de riesgo cardiometabólico. El mismo resultado cambia de color según el criterio, y saberlo evita tanto la alarma como la falsa tranquilidad.

Tercero, repite con el mismo laboratorio en tres o seis meses antes de sacar conclusiones sobre una tendencia, y en las mismas condiciones de ayuno. La insulina en ayunas es un analito variable, y una sola determinación no distingue un mal día de un proceso.

Y cuarto, el paso que realmente importa: lo que cambia el número es perder grasa visceral, entrenar fuerza, dormir y tratar la causa de fondo. Todo eso, con sus cifras de ensayo y sus tamaños de efecto, está en la entrada de Patologías sobre la resistencia a la insulina, que es la continuación natural de esta.

Tabla citable

Todas las formas de medir la resistencia a la insulina, con sus valores y su nivel

Métodos e índices para medir la resistencia a la insulina, sus umbrales y su respaldo, auditado por krece.io
MétodoQué necesita y qué mideUmbral de referenciaNivel (N0-N5)Veredicto KRECE
Clamp euglucémico hiperinsulinémicoInfusión de insulina y glucosa durante horas. Mide captación real de glucosa (valor M).Sin umbral clínico: es la referencia contra la que se validan los demásN2Patrón de referencia, solo investigación
HOMA-IRGlucosa e insulina en ayunas. Estima resistencia, sobre todo hepática. Más alto es peor.España (EPIRCE): 2,05 por riesgo cardiometabólico, 3,46 en el percentil 90. EE. UU.: 2,5 o 2,6N2El que se usa en la práctica
QUICKILos mismos dos datos en escala logarítmica. Estima sensibilidad. Más alto es mejor.Sin corte consensuado; menor dispersión que HOMA-IRN2Alternativa válida, poco pedida
Índice MatsudaGlucosa e insulina en varios puntos de una sobrecarga oral. Sensibilidad hepática y muscular.Sin corte único; valores altos indican mejor sensibilidadN2El mejor no invasivo, cuesta una mañana
Índice TyGTriglicéridos y glucosa en ayunas. No necesita insulina.Depende de la fórmula: 4,68 en la validación frente a clamp, 8,31 en trabajos con otra escala. No transferible entre estudiosN2Útil donde no se mide insulina, con cautela
Cociente triglicéridos/HDLPerfil lipídico estándar. Marcador indirecto.3,0 en unidades tradicionales, 1,8 en SI (McLaughlin 2003)N2Orientativo; peor rendimiento en población negra
Triglicéridos en ayunas solosPerfil lipídico. Marcador indirecto.130 mg/dl (1,47 mmol/l)N2Orientativo, sensibilidad 67 %
Insulina en ayunas solaUna determinación. Es el dato crudo del que salen los índices.109 pmol/l en McLaughlin 2003; sin rango de referencia consensuadoN2Pídela: sin ella no se ve nada
Glucosa en ayunas o HbA1c solasAnalítica de rutina. Miden consecuencia, no mecanismo.Prediabetes: 100 a 125 mg/dl; HbA1c 5,7 a 6,4 %GuíaNormales durante años: no descartan
Test genéticos o de intolerancias vendidos para «resistencia»Muestra de saliva o sangre, informe comercial.Sin umbral validado frente a clampN0 (nivel cero)No lo recomendamos
Posición oficial

La posición de KRECE

No hay un valor universal de resistencia a la insulina, y quien te dé uno sin decirte de dónde sale te está simplificando. En población española el percentil 90 del HOMA-IR está en 3,46 y el corte por riesgo cardiometabólico en 2,05; en estudios estadounidenses se usa 2,5. El mismo resultado cambia de veredicto según el criterio del laboratorio, y por eso la primera pregunta ante un informe no es «cuánto tengo» sino «con qué umbral me estáis midiendo».

La analítica de rutina está construida alrededor de la glucosa, y por eso esta entidad tardó treinta años en tener código. La resistencia a la insulina no tuvo familia propia en la clasificación estadounidense hasta octubre de 2023, la CIE-10 de la Organización Mundial de la Salud sigue sin dársela y en la CIE-11 solo aparecen los síndromes graves. Nos mojamos: no es un vacío burocrático inocente, es el mismo sesgo que hace que se mida el azúcar y no la hormona que lo controla.

Pedir la insulina en ayunas es la decisión con más rendimiento de toda esta entrada. Es un analito barato, va en la misma extracción y es el único que ve la fase en la que la enfermedad es reversible sin coste. Sin ella no hay HOMA-IR, y sin HOMA-IR la fase temprana es invisible. Si solo puedes añadir una casilla a tu próxima analítica, añade esa.

El índice TyG se está citando mal en medio mundo, y conviene decirlo. Circulan dos convenciones de fórmula que producen umbrales incompatibles, 4,68 y 8,31, y se copian de un artículo a otro sin comprobar la escala. Es un marcador útil donde no se financia la insulina, pero un umbral tomado prestado de otro paper, sin verificar la fórmula, no significa nada.

Un índice alto es un punto de partida, no un diagnóstico ni una compra. Lo que mueve el HOMA-IR es perder grasa visceral, ganar músculo y dormir, con evidencia de ensayo detrás. De los suplementos, solo la berberina tiene un efecto comparable al de un fármaco, con sus interacciones; el cromo y la canela no mueven ninguno de los dos parámetros con los que se calcula el índice. Medir, entender el umbral y actuar sobre la causa, en ese orden.

Consultas frecuentes

Preguntas frecuentes sobre la resistencia a la insulina

¿Qué es exactamente la resistencia a la insulina?
Un estado en el que una cantidad dada de insulina produce menos efecto del esperado: el músculo capta menos glucosa, el hígado no frena del todo la que fabrica y la grasa sigue liberando ácidos grasos. El páncreas lo compensa secretando más insulina, y por eso la glucosa puede seguir siendo normal durante años. En la nomenclatura médica de referencia figura como Insulin Resistance, identificador D007333.
¿Cuál es la abreviatura de resistencia a la insulina?
RI en español e IR en inglés. Son sinónimos exactos insulinorresistencia, insulino resistencia y resistencia insulínica. HOMA-IR no es la abreviatura de la entidad: es el índice que la estima a partir de la glucosa y la insulina en ayunas.
¿Qué código CIE-10 tiene la resistencia a la insulina?
En la CIE-10-CM estadounidense, desde el 1 de octubre de 2023, la familia E88.81: E88.810 síndrome metabólico, E88.811 síndrome de resistencia a la insulina tipo A, E88.818 otra resistencia a la insulina y E88.819 resistencia a la insulina no especificada. El código padre E88.81 no es facturable. En la CIE-10 de la OMS no tiene código propio y cae en E88.8 o E88.9; en España se consulta la CIE-10-ES vigente en eCIE-maps.
¿Cómo se mide la resistencia a la insulina?
El patrón de referencia es el clamp euglucémico hiperinsulinémico, que solo se usa en investigación. En la práctica se estima con el índice HOMA-IR a partir de la glucosa y la insulina en ayunas. Existen además QUICKI, el índice Matsuda tras sobrecarga oral, el índice TyG y el cociente triglicéridos/HDL cuando no se dispone de insulina.
¿Qué valor de HOMA-IR indica resistencia a la insulina?
No hay un corte universal. En población española, el estudio EPIRCE situó el percentil 90 en 3,46 y el valor que mejor identifica riesgo cardiometabólico en torno a 2,05, con diferencias por sexo y edad. En estudios estadounidenses se emplean 2,5 o 2,6. Hay que saber qué umbral aplica el laboratorio antes de interpretar el resultado.
¿Qué diferencia hay entre sensibilidad y resistencia a la insulina?
Son los dos extremos de la misma variable continua: más sensibilidad es menos resistencia. La diferencia práctica está en el sentido de cada índice: en el HOMA-IR, más alto es peor; en QUICKI y en el índice Matsuda, que miden sensibilidad, más alto es mejor.
¿La resistencia a la insulina es lo mismo que la prediabetes?
No. La prediabetes se define por cifras de glucosa: 100 a 125 mg/dl en ayunas, 140 a 199 a las dos horas de la sobrecarga o HbA1c de 5,7 a 6,4 %. La resistencia a la insulina es el mecanismo que lleva hasta ahí y que existe años antes, con glucosa y HbA1c normales.
¿Qué es la intolerancia a la insulina?
No es un término médico. Lo que existe es la intolerancia a la glucosa, que es el resultado alterado de una sobrecarga oral, y la alergia a la insulina inyectada, que es otra cosa. Quien busca intolerancia a la insulina casi siempre busca resistencia a la insulina o intolerancia a la glucosa.
¿Qué signos hacen sospechar resistencia a la insulina?
El más específico es la acantosis nigricans, un oscurecimiento aterciopelado en nuca, axilas, ingles o nudillos que no desaparece al frotar, producido por la activación de receptores de IGF-1 en la piel cuando la insulina está alta. También los acrocordones y un perímetro de cintura alto para la talla. La somnolencia tras comer o las ganas de dulce no son diagnósticas de nada.
¿Se puede tener resistencia a la insulina con la glucosa normal?
Sí, y es lo habitual. Mientras el páncreas compensa secretando más insulina, la glucosa en ayunas y la HbA1c se mantienen en rango. La única forma de ver esa fase es medir la insulina en ayunas y calcular el HOMA-IR.
Trazabilidad

Fuentes de información

Ver las 16 fuentes
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