Que hay que meter entre 30 y 40 gramos de proteína en cada comida se ha convertido en la regla más repetida de la longevidad. Sale de un solo número, publicado en 2015, que llevaba una desviación estándar de casi la mitad de su valor. Y cuando por fin se ha medido lo único que importa, masa muscular en ensayos aleatorizados, el reparto no ha cambiado nada. Esta entrada explica de dónde sale la regla, por qué tres estudios de referencia se contradicen entre sí y qué queda en pie.
Lo que has venido a saber
¿Importa cuánta proteína comes de una vez?
Mucho menos de lo que se dice. En los desenlaces duros no: el metaanálisis más reciente de ensayos aleatorizados en mayores concluye que el efecto sobre la masa muscular no se vio influido por la dosis, la frecuencia ni el momento de la suplementación.
¿De dónde sale el número de 30 a 40 gramos?
De una estimación de 2015 según la cual en mayores la síntesis proteica se estimula al máximo con 0,4 g por kilo y comida. Lo que casi nunca se reproduce es el margen que la acompaña: más o menos 0,19. Es decir, el intervalo va de 0,21 a 0,59. No es un umbral, es una nube.
¿Es mejor una comida grande o varias pequeñas?
Depende de a quién preguntes y de qué midas. Un estudio francés de 1999 en mujeres de 68 años favoreció la comida grande; uno australiano de 2013 en varones entrenados favoreció cuatro tomas cada tres horas; y uno holandés de 2023 no encontró techo ni siquiera con 100 gramos de golpe.
¿Existe el techo de 20 a 25 gramos por comida?
No como se contaba. Ese techo era en buena parte un artefacto de medir la respuesta solo durante tres a cinco horas. Al alargar la medición a 12 horas con trazadores isotópicos, ingerir 100 g produjo una respuesta mayor y más prolongada que 25 g.
¿Cambia algo con la edad?
Sí, pero menos de lo que promete la palabra resistencia anabólica. El músculo mayor responde peor a la misma dosis, eso está documentado. Lo que no está demostrado es que reorganizar las comidas lo arregle.
¿Qué dice KRECE?
Que el reparto es una discusión de laboratorio que no sobrevive al desenlace duro. Lo que mueve masa muscular es el total diario y la tensión mecánica. Contar gramos por comida es optimizar el tercer decimal mientras el primero sigue sin resolver.
Lo que vas a encontrar
Sección a sección
De dónde sale la regla de los 30 a 40 gramos
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Toda la doctrina del reparto descansa sobre una cifra. En 2015 se publicó una estimación agrupada según la cual, en adultos mayores, la síntesis proteica muscular se estimula al máximo con 0,4 gramos de proteína de alta calidad por kilo de peso y comida, frente a en torno a 0,24 en jóvenes. Multiplicado por una persona de 75 kilos, eso da 30 gramos, y de ahí sale el número que hoy repite todo el sector.
Lo que casi nunca se reproduce es lo que va detrás del signo. La cifra publicada es 0,4 más o menos 0,19. Esa desviación es casi la mitad del valor central: el intervalo real va de 0,21 a 0,59 gramos por kilo y comida, o sea de 16 a 44 gramos para la misma persona de 75 kilos. Presentar eso como un umbral es convertir una nube de puntos en una línea.
Hay un segundo salto silencioso. La estimación mide síntesis proteica muscular en las horas siguientes a una comida, no masa muscular a meses. Son dos cosas distintas, y la historia de la nutrición deportiva está llena de intervenciones que suben la síntesis aguda y no mueven la báscula de composición corporal. Es el mismo problema de desenlace intermedio que discutimos al hablar de la triada real de la longevidad funcional.
De ese salto sale la recomendación experta que hoy circula por guías y consultas: los mayores deberían tomar al menos 25 a 30 gramos de proteína de alta calidad por comida. Es una recomendación razonable. No es un hecho medido.
El umbral de leucina y por qué es una regla de placa
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Debajo del número de gramos hay una idea más antigua: que la comida no dispara la síntesis proteica de forma proporcional, sino cuando un aminoacido concreto, la leucina, supera cierta concentración en sangre. De ahí la cifra de unos 2,5 a 3 gramos de leucina por comida que se cita como disparador, y de ahí se retrocede hasta los gramos de proteína necesarios para alcanzarla.
El mecanismo existe y no es discutible: la leucina es señal, no solo ladrillo, y actúa como activador de la vía mTOR, que es el interruptor central del anabolismo celular. Hasta ahí, terreno firme.
El problema es el uso que se le da. Un umbral definido por una respuesta bioquímica medida durante unas horas en un laboratorio no es lo mismo que una regla de comportamiento diario, y la traducción entre ambas cosas es exactamente donde se pierde el rigor. Convertir una curva dosis-respuesta en un interruptor de encendido y apagado es cómodo para escribir un protocolo y falso como descripción de la fisiología.
Hay además una consecuencia práctica que debería haber encendido alarmas hace tiempo. En un estudio británico sobre 256 adultos de 65 a 89 años, con diarios dietarios completos, un solo participante alcanzó los 25 gramos por comida en las tres comidas del día. Uno. Cuando una recomendación la cumple el 0,4 por ciento de la población a la que va dirigida, o la población está masivamente enferma o la recomendación está mal calibrada.
Tres estudios, tres respuestas contrarias
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Aquí está el núcleo del asunto, y es la parte que no verás en ningún resumen divulgativo, porque obliga a admitir que la literatura sobre reparto se contradice a sí misma. Los tres estudios que se citan como pilares apuntan en tres direcciones distintas.
Francia, 1999. Quince mujeres mayores, edad media 68 años, alimentadas durante 14 días con dos pautas de la misma cantidad total: siete recibieron el 80 por ciento de la proteína diaria en la comida de mediodía y ocho la repartieron en cuatro comidas, ambas a 1,7 g por kilo de masa libre de grasa. El balance nitrogenado salió mejor con la comida grande, 54 frente a 27 mg de N por kilo de masa libre de grasa y día. Este es el estudio que se cita en cada podcast como prueba de que conviene concentrar. Rara vez se menciona que fueron siete personas frente a ocho, que duró dos semanas, que el desenlace fue balance nitrogenado y no masa muscular, y sobre todo que el mismo laboratorio repitió el protocolo en mujeres jóvenes y tituló el resultado con una negación: la pauta de reparto no afecta a la retención proteica.
Australia, 2013. Veinticuatro varones entrenados, ocho por grupo, tomaron los mismos 80 gramos de suero durante las 12 horas posteriores a una sesión de fuerza, repartidos de tres maneras: ocho tomas de 10 g cada hora y media, cuatro tomas de 20 g cada tres horas, o dos tomas de 40 g cada seis. Ganó el grupo intermedio. Tanto picotear como concentrar salieron peor. Es decir, el resultado contrario al francés, con la misma cantidad total y en otra población.
Países Bajos, 2023. Treinta y seis varones jóvenes sanos y activos, 0, 25 o 100 gramos de proteína tras una sesión de fuerza, seguidos 12 horas con trazadores isotópicos cuádruples. Los 100 gramos produjeron una respuesta anabólica mayor y más prolongada que los 25, sin techo detectable, y con menos del 15 por ciento de los aminoacidos ingeridos oxidados en las primeras cuatro horas.
Tres estudios, tres respuestas: concentrar, repartir en cuatro, y da igual porque no hay techo. La lectura honesta no es elegir el que confirma lo que uno ya vendía. Es constatar que poblaciones distintas, desenlaces distintos y ventanas de medición distintas dan conclusiones distintas, y que ninguno de los tres mide lo que a un lector le importa.
El techo anabólico era un artefacto de medición
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El estudio de 2023 merece párrafo aparte porque no ajusta un número, tumba una premisa. Durante quince años, la idea de que por encima de 20 a 25 gramos la proteína sobrante se quema ha sido el argumento técnico de toda la doctrina del reparto. Si el músculo no puede usar más de una vez, hay que darle varias veces.
Los autores de Maastricht demostraron que esa premisa carecía de prueba. El techo aparecía porque los estudios clásicos medían la respuesta durante tres a cinco horas, y una comida de 100 gramos de proteína tarda mucho más que eso en digerirse y absorberse. Medida la ventana completa, la respuesta seguía subiendo más allá de las 12 horas. No es que el músculo se saturara: es que se dejaba de mirar antes de que terminara.
Ahora el freno, porque conviene ser tan exigente con este estudio como con el francés. Los propios autores acotan la población: 36 varones sanos, activos pero no entrenados en fuerza, de 18 a 40 años. Sin mujeres, sin mayores, sin sedentarios, sin atletas. Que no haya techo ahí no significa que no lo haya en un séptuagenario con resistencia anabólica.
Y hay una réplica técnica seria que casi nadie recoge. Un comentario publicado en 2024 advierte de dos cosas: que el estudio no fue diseñado para evaluar el reparto, porque le falta un brazo de cuatro tomas de 25 gramos que permitiría la comparación justa, y que la ausencia de techo no parece trasladarse a mujeres jóvenes entrenadas. Quien use este paper para declarar muerto el reparto está cometiendo el mismo pecado que quien usa el francés para declararlo esencial.
Qué pasa al medir músculo de verdad
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Todo lo anterior mide síntesis proteica o balance nitrogenado. Son desenlaces intermedios: dicen algo sobre el mecanismo y nada garantizado sobre el resultado. La pregunta que un lector se hace no es cuánto sube su tasa fraccional de síntesis miofibrilar a las seis horas. Es si va a tener más músculo dentro de seis meses.
Esa pregunta tiene respuesta desde 2024, y es la parte de la literatura que el sector no cita. Una revisión sistemática con metaanálisis reunió los ensayos aleatorizados de suplementación proteica en adultos de 65 años o más con medición real de masa muscular, masa magra apendicular, masa libre de grasa o sección transversal del músculo, al inicio y al final. La conclusión, literal en su resumen, es que el efecto positivo de la suplementación sobre la masa muscular en mayores que viven en comunidad no se vio influido por la dosis, la frecuencia ni el momento de la suplementación.
Ni la dosis. Ni la frecuencia. Ni el momento. Las tres variables sobre las que se ha construido una industria de protocolos, medidas contra el único desenlace que importa, no explicaron el resultado.
Y hay una segunda capa aún más incómoda. Una revisión de metaanálisis publicada en Age and Ageing concluye que los mayores sanos no se benefician de la suplementación proteica, con o sin ejercicio concurrente, y que el beneficio aparece en quienes tienen enfermedades crónicas de larga duración. O sea que la población a la que más se le vende el batido es precisamente en la que peor funciona.
Conviene leer esto con precisión y sin sobreinterpretar, porque aquí es fácil pasarse. Estos trabajos miden suplementación añadida sobre la dieta habitual, no la ingesta proteica total, y no dicen que la proteína sea irrelevante. Dicen que, una vez cubierto un total razonable, añadir más y organizarlo mejor deja de comprar músculo. Que es exactamente la pregunta de esta entrada.
Qué cambia con la edad y qué no
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Nada de lo anterior niega la resistencia anabólica. El fenómeno está documentado: el músculo mayor responde peor que el joven a la misma dosis de proteína, y esa es la base de que las necesidades proteicas suban con la edad en vez de bajar. Es también uno de los motores de la sarcopenia, que a estas alturas conviene tratar como diagnóstico clínico y no como metáfora.
Lo que no está demostrado es la inferencia siguiente, y es la que se vende. De el músculo mayor responde peor no se deduce luego reorganiza tus comidas: se deduce que hace falta más señal total, y la señal total tiene dos palancas, no una. La segunda es la tensión mecánica, y es la que más claramente funciona. Los propios metaanálisis lo enseñan por la puerta de atrás: cuando el suero de leche se combina con entrenamiento de fuerza, aparece ganancia de masa magra; solo, no aparece.
Hay un matiz de la doctrina popular que sí se sostiene y merece rescatarse: cuanto más sedentario estás, peor responde el músculo a la proteína. La inactividad induce resistencia anabólica por sí sola, con independencia de la edad. La conclusión práctica es contraintuitiva y correcta: si no entrenas, la proteína te rinde menos, no más. Pero la solución a eso no es comer más proteína, es dejar de estar sedentario, que es de lo que va la recomposición corporal.
Y un apunte sobre la edad de inicio. Se repite mucho que la resistencia anabólica empieza hacia los 35. Esa cifra concreta no tiene detrás un estudio que la fije: es una extrapolación razonable de curvas poblacionales, muy contaminada por el hecho de que a partir de esa edad la gente entrena menos. Como cifra orientativa vale. Como dato duro, no lo es, y quien la cite como tal debería poder enseñar la referencia.
Seguridad, límites y quién debe consultarlo
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Lo esencial: subir la proteína es seguro en la inmensa mayoría de la gente sana, pero hay dos situaciones donde no es un ajuste dietetico sino una decisión clínica: enfermedad renal crónica establecida y enfermedad hepática avanzada. En esos casos la pauta la fija un médico, no un artículo. Nada de lo que sigue sustituye a una consulta.
Sobre el mito más repetido, que la proteína alta daña los riñones sanos, la evidencia no lo sostiene y lo tratamos en detalle en su propia entrada. La distinción que importa es entre riñón sano y riñón ya enfermo: la carga proteica no crea la enfermedad, pero sí puede acelerar una que ya existe y que a menudo no da síntomas hasta fases avanzadas.
Hay un aviso que casi nadie escribe y que en esta pieza es obligado. Un objetivo proteico fijo, en gramos, repetido cada día, se convierte con facilidad en una métrica obsesiva. Vemos ese patrón con frecuencia en gente que llega desde el mundo del biohacking: la cifra deja de ser una referencia y pasa a ser una puntuación que se gana o se pierde. El encuadre correcto es un suelo razonable, no una nota diaria. Si contar gramos te genera ansiedad o te está estrechando la dieta, esa señal importa más que el objetivo.
Un tercer límite, menos comentado: en personas mayores con apetito reducido, llenar el estómago de proteína desplaza calorías de otras fuentes. La proteína es el macronutriente más saciante, y en alguien que ya come poco eso puede empeorar la ingesta total en vez de mejorarla. Es una de las razones por las que las intervenciones que funcionan sobre el papel fallan en la vida real.
Por último, lo más importante y lo más fácil de saltarse: la pérdida de masa muscular con debilidad es un motivo de consulta, no un problema de dieta. Puede ser sarcopenia, y puede ser tiroides, riñón, un fármaco, un cáncer o una enfermedad neuromuscular. Ninguna cantidad de proteína por comida sustituye a un diagnóstico.
El único caso donde el reparto sí puede importar
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Hay un escenario en el que toda la discusión anterior cambia de signo, y no es el envejecimiento normal: es el de quien tiene el apetito colapsado. Con los análogos del GLP-1, la ingesta total cae de forma brusca, y la proteína suele ser lo primero que se cae, porque es lo más saciante y lo que peor entra con náuseas.
Ahí el problema ya no es optimizar una curva de síntesis: es que el suelo de ingesta se ha hundido. Cuando alguien come dos veces al día y poco, concentrar la proteína en la comida que sí entra deja de ser una discusión teórica y pasa a ser la diferencia entre alcanzar un total decente o no alcanzarlo. La lógica no es anabólica, es logística.
Este terreno tiene dueño propio en KRECE y no lo voy a reescribir aquí: la pérdida de masa magra con GLP-1, su magnitud real y qué hacer al respecto están en el protocolo específico, y la vía farmacológica de preservación muscular, en la entrada sobre enobosarm. Lo que corresponde decir en esta pieza es solo esto: el reparto importa cuando el total está comprometido, y no antes.
Lo cual, bien mirado, es una manera elegante de resumir todo el artículo. El reparto es una palanca de segundo orden que solo se nota cuando la de primer orden falla. En alguien que come normal y entrena, la primera palanca ya está puesta y la segunda no añade nada medible.
Qué hacer con todo esto
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Primero, mirar el total antes que el reparto. La discusión interesante en población española no es si metes 30 o 40 gramos en la cena, es que una parte grande de los adultos mayores no llega ni a la recomendación básica de gramos al día, y en ese escenario reorganizar las comidas es mover los muebles de una casa vacía.
Segundo, si vas a corregir algo del reparto, corrige el desayuno. Es donde el déficit es mayor y más uniforme en todos los estudios poblacionales, y donde el margen de mejora es real por una razón aburrida: casi nadie desayuna proteína. No hace falta invocar umbrales de leucina para justificar eso.
Tercero, y es lo único que la evidencia sostiene con firmeza: la proteína sin tensión mecánica rinde poco. Si hay que elegir dónde poner el esfuerzo, el entrenamiento de fuerza gana por goleada al calendario de comidas, y esa jerarquía está en el protocolo de fuerza. Los suplementos con evidencia real en este terreno son pocos, y el más sólido con diferencia es la creatina, no el batido de proteína.
Cuarto, desconfiar de la precisión. Cuando alguien te da una cifra de gramos por comida con un decimal y sin intervalo, no te está dando el dato, te está dando su interpretación del dato. El número original venía con un margen que se lo come casi entero, y ese margen es la información, no el ruido.
Cada afirmación y de dónde sale
| Afirmación | Origen | Nivel (N0-N5) | Qué mide | Veredicto KRECE |
|---|---|---|---|---|
| 30 a 40 g por comida en mayores | Estimación de 2015 | N3 | Síntesis aguda | 0,4 más o menos 0,19: no es umbral |
| Umbral de leucina de 2,5 a 3 g | Estudios mecanísticos | N2 | Señalización | Mecanismo real, regla inventada |
| Mejor una comida grande | Francia 1999, 15 mujeres | N3 | Balance nitrogenado | No replicado en jóvenes |
| Mejor 4 tomas cada 3 horas | Australia 2013, 24 varones | N3 | Síntesis miofibrilar | Resultado contrario al anterior |
| No hay techo anabólico | Países Bajos 2023, 36 varones | N3 | Síntesis a 12 horas | Sólido, pero solo en esa población |
| El reparto cambia la masa muscular | Metaanálisis de ECA, 2024 | N5 | Masa muscular | No: ni dosis, ni frecuencia, ni momento |
| Suplementar proteína en mayores sanos | Revisión de metaanálisis, 2025 | N5 | Masa y función | Sin beneficio si no hay patología |
| Proteína más entrenamiento de fuerza | Metaanálisis por subgrupos | N5 | Masa magra | Aquí sí hay ganancia |
| La resistencia anabólica empieza a los 35 | Extrapolación poblacional | Sin estudio que la fije | Nada concreto | Cifra orientativa, no dato |
Fijate en la columna de qué mide. Las cinco primeras filas miden mecanismo; las tres siguientes miden músculo, y son las únicas de nivel N5. Toda la doctrina del reparto vive en la mitad de arriba de esta tabla.
5 cosas que la evidencia deja claras
- El número de 30 a 40 gramos por comida sale de una estimación de 0,4 más o menos 0,19 g por kilo. Esa desviación cubre de 16 a 44 gramos para la misma persona. No es un umbral, es una nube presentada como línea.
- Los tres estudios de referencia se contradicen entre sí: uno favorece concentrar, otro repartir en cuatro tomas y el tercero no encuentra techo. Poblaciones, desenlaces y ventanas de medición distintas dan conclusiones distintas.
- El techo de 20 a 25 gramos por comida era en buena parte un artefacto de medir solo tres a cinco horas. Al alargar la ventana a 12, la respuesta a 100 gramos seguía subiendo.
- Cuando se mide masa muscular en ensayos aleatorizados, y no síntesis aguda, el efecto no depende de la dosis, la frecuencia ni el momento. Es el único dato N5 del debate y va en contra de toda la doctrina.
- El reparto solo importa cuando el total está comprometido, que en la práctica significa apetito colapsado. En quien come normal y entrena, es una palanca de segundo orden sin efecto medible.
La posición de KRECE
El reparto de la proteína es una discusión de laboratorio que no sobrevive al desenlace duro. Toda la doctrina de los 30 a 40 gramos por comida se construyó sobre síntesis proteica aguda medida en ventanas cortas, y cuando por fin se han agrupado los ensayos aleatorizados que miden masa muscular de verdad, ni la dosis ni la frecuencia ni el momento explicaron el resultado. Ese hallazgo lleva desde 2024 disponible y no ha entrado en ningún protocolo popular, por la razón habitual: no se puede vender.
Y conviene ser igual de duros con el bando contrario. El paper de 2023 que tumba el techo anabólico se está usando para declarar que da igual comer 100 gramos de golpe, cuando sus propios autores acotan la muestra a 36 varones sanos de 18 a 40 años, sin mujeres, sin mayores y sin sedentarios, y una réplica técnica advierte de que el estudio ni siquiera tenía el brazo necesario para evaluar el reparto. Aquí nadie tiene el dato definitivo. Lo que hay es un debate con dos bandos que citan estudios reales y pequeños.
La jerarquía que sí sostiene la evidencia es aburrida y no cabe en un protocolo. Primero, un total diario razonable, que buena parte de la población mayor ni siquiera alcanza. Segundo, tensión mecánica, porque los metaanálisis solo encuentran ganancia de masa magra cuando la proteína se combina con entrenamiento de fuerza. Y solo después, muy por detrás, el calendario de comidas. Optimizar el tercer punto con los dos primeros sin resolver es el error más extendido de este sector.
Nuestra posición sobre las cifras redondas es la de siempre. Una recomendación que cumple un participante de 256 en la población a la que va dirigida no está describiendo una necesidad fisiológica, está describiendo un ideal de laboratorio. Y cuando alguien te da gramos por comida con decimal y sin intervalo de confianza, no te está dando el dato: te está dando lo que ha decidido hacer con el dato. El margen es la información.
Preguntas frecuentes
¿Cuánta proteína hay que comer en cada comida?
¿Es mejor concentrar la proteína en una comida o repartirla?
¿El cuerpo solo absorbe 30 gramos de proteína de una vez?
¿Qué es el umbral de leucina?
¿Necesito más proteína con la edad?
¿Y si estoy con un GLP-1?
En qué se basa este artículo
Ver las 8 fuentes
- Hettiarachchi J, Reijnierse EM, Kew N, Fetterplace K, Tan SY, Maier AB. The effect of dose, frequency, and timing of protein supplementation on muscle mass in older adults: A systematic review and meta-analysis. Ageing Research Reviews. 2024;99:102325.Fuente central de esta entrada y el único N5 que mide masa muscular. El efecto de la suplementación proteica sobre la masa muscular en mayores que viven en comunidad no se vio influido por la dosis, la frecuencia ni el momento. Verificado el 20 de agosto de 2026.
- Arnal MA, Mosoni L, Boirie Y, et al. Protein pulse feeding improves protein retention in elderly women. American Journal of Clinical Nutrition. 1999;69(6):1202-1208. PMID 10357740.El estudio francés del INRA de Clermont-Ferrand. 15 mujeres de 68 años de media, 14 días, 80% de la proteína diaria a mediodía frente a reparto en 4 comidas, ambas a 1,7 g por kilo de masa libre de grasa. Balance nitrogenado de 54 frente a 27 mg de N por kilo de masa libre de grasa y día.
- Arnal MA, Mosoni L, Boirie Y, et al. Protein feeding pattern does not affect protein retention in young women. Journal of Nutrition. 2000;130(7):1700-1704. PMID 10867039.El mismo laboratorio, el mismo protocolo, mujeres jóvenes: sin efecto. Es la mitad de la historia que nunca se cita junto a la anterior.
- Areta JL, Burke LM, Ross ML, et al. Timing and distribution of protein ingestion during prolonged recovery from resistance exercise alters myofibrillar protein synthesis. Journal of Physiology. 2013;591(9):2319-2331.24 varones entrenados, 8 por grupo, 80 g de suero en 12 horas repartidos en 8 tomas de 10 g, 4 de 20 g o 2 de 40 g. Ganó el esquema intermedio. Resultado contrario al del estudio francés.
- Trommelen J, van Lieshout GAA, Nyakayiru J, et al. The anabolic response to protein ingestion during recovery from exercise has no upper limit in magnitude and duration in vivo in humans. Cell Reports Medicine. 2023;4(12).36 varones sanos y activos de 18 a 40 años, 0, 25 o 100 g de proteína tras fuerza, seguidos 12 horas con trazadores isotópicos cuádruples. Los 100 g dieron respuesta mayor y más prolongada, sin techo. Los autores acotan explícitamente que no hubo mujeres, mayores ni sedentarios.
- The Anabolic Response to Protein Ingestion During Recovery From Exercise Has No Upper Limit in Magnitude and Duration In Vivo in Humans: A Commentary. International Journal of Sport Nutrition and Exercise Metabolism. 2024;34(5):322.Réplica técnica al trabajo anterior. Advierte de que el estudio no fue diseñado para evaluar el reparto, al faltarle un brazo de 4 tomas de 25 g, y de que la ausencia de techo no parece trasladarse a mujeres jóvenes entrenadas.
- Effects of supplemental protein in older people: an overview of meta-analyses. Age and Ageing. 2025;54(12):afaf351.Revisión de metaanálisis. Los mayores sanos no se benefician de la suplementación proteica con o sin ejercicio concurrente; el beneficio aparece en quienes tienen enfermedades crónicas de larga duración.
- Inadequacy of Protein Intake in Older UK Adults. Diarios dietarios de 256 adultos de 65 a 89 años.Origen del dato de viabilidad real: menos del 50% alcanzó la recomendación británica de 0,75 g por kilo y día, menos del 15% la de 1,2 g de la ESPEN, y un solo participante llegó a 25 g por comida en las tres comidas.
