Ilustración de una sinapsis colinérgica con el receptor bloqueado, el mecanismo anticolinérgico que comparten la doxilamina y la difenhidramina.
GLOSARIO · 19 Ago 2026

Doxilamina y Difenhidramina

Qué son la doxilamina y la difenhidramina, por qué su ficha técnica limita el uso a 7 días y qué dice de verdad la evidencia sobre demencia.

Sistema KRECE / Glosario
Doxilamina · difenhidramina · antihistamínicos H1 de primera generación
Doxilamina y difenhidramina

Son los dos antihistamínicos que se venden sin receta para dormir. En España la doxilamina se despacha en cualquier farmacia; la difenhidramina es el principio activo que llevan dentro los productos «PM» del mercado estadounidense. Dan sueño de verdad, y ese es justamente el problema: funcionan lo suficiente como para que mucha gente los tome cada noche durante años, cuando su ficha técnica autoriza siete días. Esta entrada separa lo que la evidencia dice de lo que circula.

Respuestas directas

Lo que has venido a saber

¿Qué son exactamente?

Antihistamínicos H1 de primera generación. Se diseñaron contra la alergia, atraviesan la barrera hematoencefálica y por eso dan sueño. La sedación no es su efecto principal: es su efecto secundario, reconvertido en indicación.

¿Cuánto tiempo se pueden tomar?

La ficha técnica española es explícita: tratamiento a corto plazo del insomnio ocasional, de unos días a una semana, y no más de 7 días salvo criterio médico. El uso crónico diario que hace mucha gente está fuera de lo autorizado.

¿Es verdad que causan Alzheimer?

No, tal y como se afirma en redes. Hay una asociación entre carga anticolinérgica acumulada y demencia, sólida a nivel de clase. Pero el estudio más grande no encontró asociación significativa con antihistamínicos en concreto, y ninguno de los dos demuestra causalidad.

¿Siguen funcionando si los tomo cada noche?

Menos. El efecto sedante desarrolla tolerancia con rapidez, mientras que los efectos secundarios anticolinérgicos no se atenúan igual. Acabas con menos sueño y la misma sequedad de boca, estreñimiento y niebla matinal.

¿Quién no debería tomarlos?

Menores de 18 años, mujeres en lactancia, y quien tenga glaucoma, hipertrofia prostática, dificultad para orinar, asma o bronquitis crónica, o úlcera gástrica. En mayores de 65 años la dosis de inicio se reduce a la mitad.

¿Qué dice KRECE?

Que el problema real no es el que se viraliza. No hace falta invocar la demencia para desaconsejar el uso crónico: basta con que pierdan eficacia en días, empeoren la calidad del sueño y arrastren efectos diurnos. La ficha técnica ya lo dice.

El análisis

Las dos moléculas, sección a sección

Qué son la doxilamina y la difenhidramina, y por qué dan sueño

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Las dos son antihistamínicos H1 de primera generación, moléculas de los años cuarenta y cincuenta diseñadas para bloquear el receptor de la histamina y tratar la alergia. La histamina, además de mediar la respuesta alérgica, es uno de los neurotransmisores que mantienen la vigilia en el cerebro. Estas moléculas son lo bastante pequeñas y liposolubles como para atravesar la barrera hematoencefálica, y una vez dentro bloquean también esa función.

De ahí viene el orden real de las cosas, que casi nadie explica: la sedación es un efecto secundario reconvertido en indicación. Los antihistamínicos modernos, los de segunda generación, se diseñaron precisamente para no entrar en el cerebro y no dar sueño. Estos son los antiguos, vendidos por lo que se les criticaba.

El punto que importa para el resto de la entrada es que no son selectivos. Además del receptor de histamina bloquean receptores muscarínicos de acetilcolina, que es lo que se llama actividad anticolinérgica, y en menor medida receptores alfa-adrenérgicos y serotoninérgicos. Todos ellos son receptores acoplados a proteína G, y el comportamiento de una molécula que bloquea varios a la vez es el caso de manual que describimos en agonistas y antagonistas. La sequedad de boca, el estreñimiento, la visión borrosa y la dificultad para orinar no son rarezas: son la firma de ese bloqueo colinérgico.

Conviene también situarlas frente a lo que la gente compara. No son melatonina, que es una hormona con efecto cronobiológico modesto; no son triptófano ni apigenina, que son suplementos. Son medicamentos, con ficha técnica, contraindicaciones y una duración de tratamiento autorizada.

Qué autoriza de verdad la ficha técnica española

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Aquí está el dato que desmonta el noventa por ciento de la conversación sobre estos productos, y está escrito en un documento público de la Agencia Española de Medicamentos. La doxilamina está indicada en el tratamiento sintomático a corto plazo del insomnio ocasional en mayores de 18 años. Nada más.

La posología autorizada es de 25 mg administrados treinta minutos antes de acostarse, con un máximo diario de 25 mg. Y la duración es explícita: tan corta como sea posible, en general de unos días a una semana, y no más de 7 días salvo que un médico lo considere recomendable. El prospecto añade que si el insomnio empeora o no mejora tras esos 7 días, hay que consultar.

Hay dos precisiones más que conviene retener. La primera es de dosificación práctica: si aparece somnolencia diurna, la ficha recomienda bajar a 12,5 mg o adelantar la toma para que transcurran al menos 8 horas hasta la hora de despertar. Eso significa que la molécula dura más que tu noche, y que si te acuestas tarde y madrugas, la arrastras al día siguiente. La segunda es que en mayores de 65 años la dosis inicial recomendada se reduce a la mitad, y que no hay datos en insuficiencia renal o hepática.

La conclusión práctica es incómoda para el mercado: tomar uno de estos cada noche durante meses no es un uso conservador del medicamento, es un uso fuera de lo autorizado. Que se compre sin receta no cambia eso. Que sea barato tampoco.

La tolerancia, el problema que nadie cuenta

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El motivo por el que la ficha limita el tratamiento a una semana no es únicamente prudencia regulatoria. Es que el efecto sedante de estos antihistamínicos se atenúa con rapidez al tomarlos de forma continuada, mientras que el resto de sus efectos no se atenúan al mismo ritmo.

El resultado es una asimetría que atrapa a mucha gente. Al cabo de unos días duermes casi igual que antes, pero sigues teniendo la boca seca, el estreñimiento, la visión algo borrosa y la sensación de niebla al despertar. La lectura intuitiva es que hace falta más dosis; la lectura correcta es que el fármaco ya no está haciendo el trabajo por el que lo tomas, y lo único que se mantiene intacto es la factura.

Se suma un segundo efecto, que es de calidad y no de cantidad. Estas moléculas te hacen perder la consciencia antes, pero no reconstruyen la arquitectura del sueño: la sedación farmacológica no es equivalente al sueño fisiológico, y confundir las dos cosas es lo que lleva a dormir ocho horas y levantarse como si no hubieras dormido. Es el mismo error de fondo que analizamos al auditar el stack de sueño de Huberman: inducir somnolencia y mejorar el sueño no son el mismo objetivo.

Y hay un tercer elemento que explica por qué el uso crónico se perpetúa. Cuando alguien lleva semanas tomándolos y lo deja de golpe, suele dormir peor las primeras noches. Eso se interpreta como prueba de que el fármaco era necesario, cuando en buena parte es un rebote esperable. La creencia de que no puedes dormir sin la pastilla se construye ahí.

Qué es la carga anticolinérgica y por qué preocupa

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La acetilcolina es el neurotransmisor central de la memoria y la atención. Los fármacos que la bloquean producen, a corto plazo y de forma bien documentada, deterioro cognitivo reversible: confusión, fallos de memoria reciente, lentitud. En una persona joven pasa desapercibido; en una persona mayor puede parecer el inicio de un deterioro.

El concepto de carga anticolinérgica nace de constatar que casi nadie toma un solo fármaco de este tipo. Se suman antidepresivos tricíclicos, antimuscarínicos para la vejiga, algunos antipsicóticos, ciertos antiparkinsonianos y estos antihistamínicos. La carga es acumulativa y se calcula sobre el total, no sobre cada molécula por separado.

Hasta hace poco se asumía que este efecto era enteramente reversible al suspender el fármaco. La pregunta que abrió el debate moderno es si una exposición prolongada deja algo detrás. Ahí es donde entran los dos estudios que hay que leer con cuidado, porque son la fuente de todo lo que circula en redes y porque dicen cosas distintas.

Antes de entrar conviene fijar el listón. El riesgo cognitivo de una persona depende de factores con efecto muy superior al de cualquier fármaco de venta libre: genética, empezando por el genotipo APOE, control vascular, sueño, actividad física y educación. Un antihistamínico ocasional no mueve esa aguja, y lo que sí tiene evidencia humana para intervenir sobre ella lo hemos auditado aparte. La pregunta es qué ocurre con la exposición acumulada durante años.

El estudio de 2015: qué demostró realmente

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El trabajo que originó el titular es una cohorte prospectiva publicada en JAMA Internal Medicine en 2015, dirigida por Shelly Gray en la Universidad de Washington. Siguió a 3.434 personas mayores sin demencia al inicio, durante una media de más de siete años, y cerca de 800 desarrollaron demencia en ese periodo.

Tuvo dos hallazgos que lo hicieron importante. El primero es que encontró una relación dosis-respuesta: a mayor exposición acumulada a anticolinérgicos fuertes, mayor riesgo. El segundo, y más inquietante, es que sugirió que ese riesgo podría persistir años después de haber dejado los fármacos, lo que contradecía la idea establecida de que el efecto era reversible.

Ahora la letra pequeña, que es donde el titular se deforma. Los fármacos más usados en esa cohorte fueron antidepresivos tricíclicos, antihistamínicos de primera generación y antimuscarínicos vesicales, y los umbrales que los autores estimaron se expresaron en moléculas concretas de esas familias tomadas a diario durante más de tres años. La difenhidramina aparece en la cobertura del estudio como ejemplo de anticolinérgico de venta libre, no como la molécula sobre la que se calculó el riesgo.

Es decir: el estudio dice algo sólido sobre la clase y sobre la exposición acumulada durante años. No dice que una caja de pastillas para dormir cause Alzheimer, y no está diseñado para demostrar causalidad. De hecho, en la propia revista se publicó una carta señalando que la estimación podía estar inflada por confusión residual.

El estudio de 2019: el que no encontró la señal en antihistamínicos

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Cuatro años después, un equipo británico publicó en la misma revista un estudio bastante más grande: un caso-control anidado sobre 58.769 personas con diagnóstico de demencia y 225.574 controles emparejados, todos de 55 años o más, a partir de la base de atención primaria QResearch en Inglaterra, revisando 56 fármacos con propiedades anticolinérgicas fuertes.

El resultado global confirmó la señal de clase, con gradiente: la odds ratio ajustada subió desde 1,06 en la categoría de exposición más baja hasta 1,49 en la más alta, frente a quienes no habían recibido ninguno. Es una asociación clara y sobre una muestra enorme.

Pero al desglosar por clases apareció lo que casi nadie cuenta. Hubo asociación significativa con antidepresivos anticolinérgicos, antiparkinsonianos, antipsicóticos, antimuscarínicos vesicales y antiepilépticos. Y los antihistamínicos no figuran entre las clases con asociación significativa. Precisamente la familia a la que pertenecen la doxilamina y la difenhidramina es donde el estudio más grande no encontró la señal.

Los propios autores lo abordaron de frente: escribieron que la mala clasificación de la exposición podría explicar esa ausencia de asociación en antihistamínicos. Y uno de los investigadores, Tom Dening, declaró además que el trabajo no debe usarse para implicar causalidad, y apuntó que el mecanismo podría no ser exclusivamente el bloqueo de acetilcolina.

Por qué los dos estudios discrepan, y qué se concluye

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La explicación más plausible de la discrepancia no es que uno esté mal. Es qué podía ver cada uno.

El estudio de 2015 midió la exposición a partir de registros de farmacia que incluían compras sin receta, y por eso pudo ver a la gente que se llevaba antihistamínicos del mostrador. El de 2019 se construyó sobre prescripciones de atención primaria. En Inglaterra, igual que en España, estas moléculas se compran mayoritariamente sin receta y no dejan rastro en ese registro. Un estudio que no ve la exposición difícilmente encontrará asociación con ella.

De ahí sale la única conclusión honesta, y es doble. Por un lado, no hay base para afirmar que estas pastillas causen Alzheimer: la afirmación causal no está demostrada para ningún anticolinérgico, y para los antihistamínicos en concreto el estudio más grande ni siquiera encontró la asociación. Por otro, tampoco están exonerados: el estudio que sí veía la compra sin receta encontró señal, y el que no la encontró explicó él mismo que probablemente no podía verla.

Es un caso de manual de lo que separa una pieza citable de un titular. La respuesta correcta a «¿esto causa demencia?» no es sí ni no: es que la evidencia disponible no puede responder esa pregunta para esta subclase concreta, y que el diseño de estudio necesario para responderla no se ha hecho. Quien te dé una respuesta limpia en cualquiera de las dos direcciones está yendo más allá de los datos.

Lo cual, y este es el giro que importa, no cambia nada de la recomendación práctica. No hace falta la demencia para desaconsejar el uso crónico: ya lo desaconsejan la tolerancia, los efectos diurnos y la propia ficha técnica.

Riesgos, efectos adversos y contraindicaciones

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Lo esencial: esto son medicamentos reales con contraindicaciones reales, y varias de ellas son frecuentes en la población que más los compra. Nada de lo que sigue sustituye al prospecto ni a tu médico o farmacéutico, y si estás tomando otros fármacos, la conversación sobre interacciones es con ellos.

El prospecto español de la doxilamina contraindica su uso en quien sea alérgico a otros antihistamínicos, en lactancia, y en presencia de trastornos respiratorios como asma, bronquitis crónica o enfisema, glaucoma, hipertrofia prostática, bloqueo del cuello vesical o dificultad al orinar, y úlcera gástrica u obstrucción piloroduodenal. Esa lista no es genérica: se deduce directamente del bloqueo colinérgico, y por eso se repite casi igual en cualquier molécula de esta familia.

Los efectos que sí notarás son la sequedad de boca, el estreñimiento, la visión borrosa, la retención urinaria y, sobre todo, la sedación residual al día siguiente. Ese último punto tiene consecuencias prácticas serias: conducir o manejar maquinaria con el fármaco todavía activo no es una advertencia de trámite. Por eso la ficha insiste en dejar al menos ocho horas hasta la hora de despertar.

En mayores de 65 años el cálculo cambia por completo. La dosis inicial recomendada se reduce a la mitad, y a la carga anticolinérgica se suma un riesgo mecánico que suele ignorarse: sedación, visión borrosa e hipotensión al levantarse por la noche son una combinación que termina en caídas y fracturas. En esa franja de edad, el daño más probable de estos fármacos no es cognitivo a veinte años vista. Es una cadera rota este invierno.

Dos límites más, tajantes. No están autorizados en menores de 18 años, porque no se ha establecido su seguridad ni su eficacia como ayuda para dormir en esa población. Y no se combinan con alcohol ni con otros depresores del sistema nervioso.

Qué hacer si ya los tomas cada noche

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Lo esencial: si llevas meses tomándolos, lo que procede es hablarlo con tu médico o tu farmacéutico, no dejarlo de golpe por haber leído esto ni por un hilo de redes. Y si el insomnio lleva más de tres semanas instalado, el problema a resolver no es qué pastilla tomar: es por qué no duermes.

Hay dos cosas que conviene saber antes de esa conversación. La primera es que las primeras noches sin el fármaco suelen ser peores, y eso no significa que lo necesitaras: es el rebote descrito más arriba. Saberlo de antemano evita volver a empezar en la noche dos.

La segunda es que el insomnio crónico tiene un tratamiento de primera línea que no es farmacológico, y que la mayoría de la gente que compra estas cajas nunca ha probado. Antes de sustituir una pastilla por otra, lo que rinde es lo aburrido: hora de levantarse fija, incluidos los fines de semana, que es el ancla real del ritmo circadiano, y no acumular tiempo en la cama sin dormir.

Sobre las alternativas que verás en la misma estantería, conviene calibrar expectativas. La melatonina tiene un efecto real pero modesto sobre la latencia y funciona mejor como señal horaria que como sedante, además de tener su propia discusión sobre las dosis altas que se venden. El triptófano y la apigenina juegan en una liga de efecto todavía menor. Ninguno es un intercambio uno a uno con un antihistamínico sedante, y presentarlo así sería el mismo error de marketing al revés.

Y si lo que te despierta es algo concreto, eso tiene su propia conversación: despertarse sistemáticamente de madrugada apunta a un patrón distinto del de no poder conciliar, y la cantidad de sueño que necesitas puede no ser la que crees. Levantarse a orinar varias veces por noche, por ejemplo, no es una mala costumbre que se corrija con voluntad: es un signo que merece consulta, y silenciarlo con un sedante es exactamente lo contrario de lo que hay que hacer.

Comparativa

Afirmaciones sobre estos fármacos y el nivel de evidencia de cada una

Lo que se dice de la doxilamina y la difenhidramina, con su respaldo real, auditado por krece.io
AfirmaciónQué dicen los datosNivel (N0-N5)Estado regulatorioVeredicto KRECE
Inducen sueño a corto plazoEfecto sedante real por bloqueo H1 central.N4Autorizado, máximo 7 díasCierto, y ese es el uso previsto
Sirven para el insomnio crónicoTolerancia rápida al efecto sedante.Fuera de indicaciónNo autorizado más de 7 díasPierden eficacia justo donde se usan más
Mejoran la calidad del sueñoSedación no equivale a sueño fisiológico.Sin respaldoNo es una indicaciónConfunde perder la consciencia con dormir
Producen carga anticolinérgicaBloqueo muscarínico documentado y acumulativo con otros fármacos.N5Recogido en ficha técnicaCierto y con consecuencias clínicas
Deterioro cognitivo agudo y reversibleConfusión y fallos de memoria, marcados en mayores.N4Advertido en ficha técnicaCierto, y el riesgo más subestimado a corto plazo
La carga anticolinérgica se asocia a demenciaAsociación de clase con gradiente dosis-respuesta.N3Observacional, no causalAsociación sólida, causalidad no demostrada
Estos antihistamínicos causan AlzheimerEl mayor estudio no halló asociación en esta clase.No demostradoNo procedeAfirmación causal sin base
Riesgo de caídas en mayores de 65Sedación, visión borrosa e inestabilidad nocturna.N4Dosis reducida a la mitadEl daño más probable, y el menos comentado

La fila que se viraliza es la penúltima, y es la única sin demostrar. Las tres que deberían preocuparte están más arriba y llevan décadas en la ficha técnica.

Puntos clave

Doxilamina y difenhidramina: 5 cosas que la evidencia deja claras

  1. Son antihistamínicos de primera generación, no somníferos diseñados como tales. La sedación es un efecto secundario reconvertido en indicación, y el bloqueo colinérgico viene en el mismo paquete.
  2. La ficha técnica española autoriza siete días, no siete meses. El uso crónico nocturno que hace mucha gente está fuera de lo autorizado, aunque se compre sin receta.
  3. El efecto sedante desarrolla tolerancia rápido y los efectos anticolinérgicos no se atenúan igual. Acabas con menos sueño y los mismos efectos diurnos.
  4. La asociación entre carga anticolinérgica y demencia es sólida a nivel de clase pero no causal, y el estudio más grande no encontró señal significativa en antihistamínicos, algo que los propios autores atribuyen a que no podían ver la compra sin receta.
  5. En mayores de 65 años el riesgo dominante no es cognitivo a veinte años: es la caída de esta noche. Sedación, visión borrosa e inestabilidad al levantarse.
Posición oficial

La posición de KRECE

Aquí hay dos conversaciones y la que domina es la equivocada. La que circula pregunta si estas pastillas causan Alzheimer, y esa pregunta no se puede contestar con lo que hay: la asociación es de clase, es observacional y para los antihistamínicos en concreto el estudio más grande ni siquiera la encontró. La que importa es mucho más aburrida y está resuelta desde hace décadas: pierden eficacia en días, no reconstruyen el sueño y arrastran efectos al día siguiente.

No hace falta invocar la demencia para desaconsejar el uso crónico. Basta con leer la ficha técnica, que autoriza siete días y recomienda consultar si el insomnio no mejora en ese plazo. Cuando un argumento alarmista se cae, se lleva por delante la recomendación correcta que iba encima, y ese es el daño real de los hilos virales: dejan al lector eligiendo entre el pánico y la nada.

Somos tajantes en un punto y solo en uno: mayores de 65 años. Ahí el cálculo cambia por completo, la dosis se reduce a la mitad y el riesgo dominante es mecánico, no cognitivo. Un sedante con visión borrosa e inestabilidad nocturna en alguien que se levanta a orinar de madrugada es una fractura de cadera esperando fecha. Esa conversación merece tenerse con el médico de cabecera, y merece tenerse aunque el fármaco se compre sin receta.

Y sobre el insomnio de fondo, la posición es la de siempre. Si llevas más de tres semanas durmiendo mal, el problema no se resuelve eligiendo mejor la pastilla, ni cambiando el antihistamínico por melatonina, que es un intercambio que se vende mucho y que no es equivalente. Se resuelve averiguando por qué no duermes. Silenciar un síntoma con un sedante que además deja de funcionar es la peor combinación posible: pagas el precio del fármaco y sigues sin el diagnóstico.

Consultas frecuentes

Preguntas frecuentes sobre la doxilamina y la difenhidramina

¿Qué diferencia hay entre la doxilamina y la difenhidramina?
Son dos antihistamínicos H1 de primera generación de la misma familia funcional, con perfiles muy parecidos. La diferencia práctica es de mercado: en España el producto de venta libre para dormir lleva doxilamina, mientras que la difenhidramina es el principio activo sedante de los productos «PM» del mercado estadounidense.
¿Cuántos días seguidos puedo tomar doxilamina?
La ficha técnica española indica que la duración debe ser tan corta como sea posible, en general de unos días a una semana, y que no debe administrarse más de 7 días salvo criterio médico. Si el insomnio no mejora en ese plazo, el propio prospecto te dice que consultes.
¿Es cierto que las pastillas para dormir causan Alzheimer?
No, tal como se afirma. Existe una asociación observacional entre carga anticolinérgica acumulada y demencia, con gradiente dosis-respuesta, pero no está demostrada la causalidad. Y el estudio más grande, sobre más de 280.000 personas, no encontró asociación significativa con antihistamínicos en concreto. Los autores apuntan que probablemente no podían medir bien la compra sin receta.
¿Por qué me dejaron de hacer efecto?
Porque el efecto sedante de estos antihistamínicos desarrolla tolerancia con rapidez cuando se toman a diario. Lo que no se atenúa al mismo ritmo son los efectos anticolinérgicos, así que acabas con menos sueño y la misma sequedad de boca, estreñimiento y niebla matinal. Subir la dosis no arregla eso.
¿Son peligrosos en personas mayores?
Requieren mucha más cautela. La ficha técnica reduce la dosis inicial a la mitad en mayores de 65 años, y el riesgo más inmediato no es cognitivo sino mecánico: sedación, visión borrosa e inestabilidad al levantarse de noche son una vía directa a las caídas y fracturas. Ahí la conversación con el médico de cabecera no es opcional.
¿Es mejor la melatonina que un antihistamínico para dormir?
No son intercambiables. La melatonina actúa como señal horaria y tiene un efecto modesto sobre la latencia de sueño; un antihistamínico sedante te noquea. Cambiar uno por otro esperando el mismo resultado suele decepcionar. Si el insomnio lleva semanas instalado, ninguna de las dos es la respuesta: la respuesta es averiguar la causa.
Fuentes de información

En qué se basa este artículo

Ver las 6 fuentes
  1. AEMPS, CIMA. Ficha técnica de Dormidina doxilamina 25 mg comprimidos recubiertos con película.Fuente de la indicación autorizada en España, de la posología, del límite de 7 días, de la regla de las 8 horas hasta despertar y de la reducción de dosis en mayores de 65 años. Consultada el 19 de agosto de 2026.
  2. AEMPS, CIMA. Prospecto de Dormidina doxilamina 25 mg.Fuente de la lista de contraindicaciones: alergia a otros antihistamínicos, lactancia, asma y bronquitis crónica, glaucoma, hipertrofia prostática y dificultad al orinar, úlcera gástrica y obstrucción piloroduodenal.
  3. AEMPS, CIMA. Ficha técnica de Dormidina doxilamina 12,5 mg.Presentación de dosis reducida, con la misma indicación de corto plazo y el mismo máximo diario de 25 mg.
  4. Gray SL, Anderson ML, Dublin S, et al. Cumulative use of strong anticholinergics and incident dementia: a prospective cohort study. JAMA Internal Medicine. 2015;175(3):401-407.Cohorte de 3.434 personas mayores, seguimiento medio superior a 7 años, cerca de 800 casos incidentes. Primer trabajo en mostrar relación dosis-respuesta y en sugerir que el riesgo podría no revertir al suspender.
  5. Coupland CAC, Hill T, Dening T, Morriss R, Moore M, Hippisley-Cox J. Anticholinergic drug exposure and the risk of dementia: a nested case-control study. JAMA Internal Medicine. 2019;179(8):1084-1093.58.769 casos y 225.574 controles de 55 años o más. Odds ratio ajustada de 1,06 a 1,49 según exposición acumulada, con asociación significativa en antidepresivos, antiparkinsonianos, antipsicóticos, antimuscarínicos vesicales y antiepilépticos. Los antihistamínicos no figuran entre ellos.
  6. National Institute on Aging. Use of anticholinergic drugs linked to higher dementia risk.Síntesis institucional del estudio de 2015 y del mecanismo anticolinérgico, incluida la mención de que varios de estos fármacos son de venta libre y se usan habitualmente como ayuda para dormir.
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