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EMBARAZO · 29 May 2026

Lactoferrina: que es, para que sirve, dosis y que dice la evidencia

Lactoferrina: que es, para que sirve, dosis y evidencia real. Anemia ferropenica, inmunidad, intestino, embarazo y deporte. Tipos, seguridad y regulacion.

Pillar de glosario · KW técnica · 28 mayo 2026

La lactoferrina no es un suplemento de moda más: es una de las pocas proteínas lácteas bioactivas con meta-análisis humanos que la respaldan. El problema es saber para qué.

Qué es y cómo funciona, los tipos (bovina, humana, recombinante), la evidencia uso por uso — anemia, inmunidad, intestino, embarazo, deporte —, dosis, seguridad y el laberinto regulatorio EFSA. La entrada de referencia del Glosario KRECE en castellano EU con variantes LATAM y USA.

Glosario · Pillar de coordenada
Estado editorial
Convergente
Valoración KRECE
8 /10
Evidencia
7 /10
Impacto
8 /10
Dificultad
Básico → Avanzado
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Categoría
Glosario

La lactoferrina es una glicoproteína de la leche que secuestra hierro y orquesta defensa inmune — y uno de los pocos suplementos lácteos con evidencia humana real.

Está en el calostro y la leche materna, en las lágrimas, la saliva y dentro de tus neutrófilos. Como suplemento tiene meta-análisis que la respaldan en anemia ferropénica — donde iguala al hierro clásico con menos molestias digestivas — y señal en inmunidad e intestino.

El problema no es si funciona, es para qué: el marketing de longevidad y belleza va muy por delante de los datos. KRECE separa lo que tiene evidencia de lo que es promesa.

Esta es la entrada pillar del Glosario KRECE para la palabra clave lactoferrina. Es una pieza de referencia sobre la proteína en sí: qué es, cómo actúa, qué formas existen, para qué sirve según el nivel de evidencia, cómo se dosifica y cómo está regulada. La lactoferrina es también uno de los componentes estrella del calostro bovino — ese contexto, junto a la IGF-1 y las inmunoglobulinas, lo desarrolla el artículo sobre el calostro bovino y sus componentes; aquí tratamos la molécula aislada.

Cubrimos once bloques: qué es y dónde se encuentra, cómo funciona, los tipos y formas comerciales, y luego la evidencia uso por uso — anemia ferropénica, inmunidad, intestino, embarazo y deporte de élite —, más los usos emergentes, la dosis, la seguridad y la regulación. Cerramos con la posición editorial de KRECE. Todo verificado contra fuentes primarias y meta-análisis. Variantes léxicas España-LATAM-USA tratadas como sinónimos.

¿Qué es la lactoferrina? Definición y dónde se encuentra

Definición KRECE

Lactoferrina (LF; en inglés lactoferrin): glicoproteína de unos 80 kDa perteneciente a la familia de las transferrinas, con una propiedad central — fija hierro con altan afinidad mediante dos lóbulos (N y C). De esa capacidad de secuestrar hierro derivan la mayoría de sus efectos: antimicrobiano, inmunomodulador y antiinflamatorio. Es un componente natural de la leche, no un fármaco de síntesis.

La lactoferrina no es una molécula exótica que alguien diseñó en un laboratorio: es una proteína que tu cuerpo conoce desde el primer día de vida. Está especialmente concentrada en el calostro y la leche materna — la leche humana contiene entre 0,5 y 3 mg/mL, una de las proteínas más abundantes de la leche —, y también en las lágrimas, la saliva, las secreciones mucosas y dentro de los gránulos de los neutrófilos, las células de primera línea del sistema inmune.

La leche de vaca la contiene en menor proporción (0,03 a 0,27 mg/mL), y es de ahí — del suero lácteo bovino — de donde se extrae la inmensa mayoría de la lactoferrina de los suplementos.

Su función biológica original es de defensa. En el recién nacido, la lactoferrina del calostro protege un intestino todavía inmaduro frente a patógenos, ayuda a establecer una microbiota sana y modula la respuesta inmune. Es, literalmente, parte del escudo que la madre transfiere al bebé antes de que su propio sistema inmune esté listo. El interés como suplemento en adultos nace de la idea de recuperar parte de esa función protectora.

Conviene situarla en su familia para entenderla: pertenece a las transferrinas, las proteínas que transportan hierro en el cuerpo. Pero a diferencia de la transferrina de la sangre — cuyo trabajo es repartir hierro —, la lactoferrina lo retiene y lo mantiene fuera del alcance de los microbios, y conserva esa unión incluso en medios ácidos como el de una zona inflamada o infectada.

Esa diferencia — misma familia, función opuesta — es la clave de por qué actúa como proteína de defensa y no como simple transportadora.

Lactoferrina, lactoferrin, lactoferrina bovina: terminología EU/USA/LATAM

Aquí hay poca ambigüedad, a diferencia de otros términos del Glosario. Lactoferrina es la forma canónica en castellano (España, México, Argentina, Colombia). Lactoferrin es la inglesa, con la sigla universal LF usada en toda la literatura. Cuando se especifica el origen, se distingue lactoferrina bovina (bLF) de lactoferrina humana (hLF), y más recientemente la recombinante humana (rhLF). La mayoría de productos comerciales son bLF, aunque digan solo «lactoferrina» en la etiqueta.

Cómo funciona la lactoferrina: cuatro mecanismos sobre una misma base

Casi todo lo que hace la lactoferrina se entiende a partir de una sola capacidad: secuestrar hierro. A partir de ahí se ramifican sus efectos.

1. Acción antimicrobiana por privación de hierro

Las bacterias necesitan hierro para crecer. Al unir hierro con alta afinidad, la lactoferrina se lo arrebata del medio y frena la proliferación bacteriana — un efecto bacteriostático. Pero además tiene un segundo mecanismo independiente del hierro: un fragmento de su extremo (la lactoferricina, que se libera cuando la proteína se digiere parcialmente) tiene carga positiva y daña directamente la membrana de muchas bacterias, lo que la hace también bactericida.

Esta doble vía — privar de hierro y romper membranas — explica por qué actúa frente a un espectro amplio de gram-positivas y gram-negativas, y por qué las bacterias tienen difícil generar resistencia a un ataque tan inespecífico.

El espectro no se limita a bacterias. Se le atribuyen efectos antivíricos — impidiendo que ciertos virus se adhieran a la célula que quieren infectar — y antifúngicos, sobre todo frente a Candida.

Buena parte de esta actividad se demuestra en laboratorio (in vitro); cuánto se traduce a un efecto clínico tras tomarla por boca es otra cuestión, y es justo donde la evidencia se vuelve más desigual según el uso.

2. Inmunomodulación

La lactoferrina no solo ataca patógenos: regula la respuesta inmune. Modula la actividad de neutrófilos, células Natural Killer (NK) y la producción de citoquinas, y favorece la respuesta de tipo Th1 y la producción de interferones. Es decir, ayuda a orquestar una defensa proporcionada, ni hipoactiva ni descontrolada.

3. Acción antiinflamatoria

Al limitar el hierro libre — que cataliza la formación de radicales libres — y al modular vías inflamatorias, la lactoferrina reduce marcadores de inflamación sistémica en varios estudios. Este efecto conecta con su interés en el envejecimiento: la inflamación crónica de bajo grado es uno de los motores del deterioro asociado a la edad.

4. Regulación del metabolismo del hierro

Aquí está el mecanismo más contraintuitivo y el que más se malinterpreta. La lactoferrina mejora los parámetros de hierro en la anemia, pero no porque aporte hierro de forma directa: es una proteína demasiado grande para cruzar fácilmente la barrera intestinal y volcar su hierro en sangre.

El efecto parece ser indirecto — modula la hepcidina, la hormona que regula la absorción y distribución del hierro, y reduce la inflamación que bloquea su disponibilidad. En la práctica: ayuda al cuerpo a usar mejor el hierro que ya tiene y el que ingiere, en lugar de ser una fuente de hierro en sí misma.

Tipos y formas de lactoferrina: bovina, humana, recombinante, apo y holo

No toda la lactoferrina de los suplementos es igual. Las diferencias importan para entender etiquetas y precio.

FormaOrigenNotas
Bovina (bLF)Suero de leche de vacaLa de casi todos los suplementos. Comparte ~69% de estructura con la humana y replica la mayoría de sus funciones. Barata y disponible.
Humana (hLF)Leche humanaLa ideal biológicamente, pero prácticamente no disponible a escala industrial. Casi no se usa en suplementos.
Recombinante humana (rhLF)Fermentación de precisión (levaduras/hongos modificados)Idéntica a la humana, producida sin vaca. Emergente (marcas como effera). En investigación clínica activa. Más cara.
Apo-lactoferrinaForma sin hierro (insaturada)Mayor capacidad de secuestrar hierro libre — teóricamente más antimicrobiana. Es la forma más habitual en suplementos.
Holo-lactoferrinaForma saturada de hierroYa cargada de hierro. Más estable al calor. La relevancia clínica de apo vs holo aún no está bien establecida.
Liposomal / con cubiertabLF encapsuladaBusca proteger la proteína de la digestión gástrica. Marketing por delante de datos comparativos sólidos.

Una nota de calidad que rara vez aparece en las etiquetas: la lactoferrina es una proteína frágil y el proceso de extracción importa. Un procesado agresivo (calor excesivo) la desnaturaliza y le hace perder función, de modo que dos productos con los mismos «miligramos de lactoferrina» en la etiqueta pueden no ser equivalentes si uno conserva la proteína intacta y el otro la ha cocido. Es un factor invisible para el consumidor y un punto donde la marca sí marca diferencia — sin que haya forma sencilla de verificarlo desde fuera.

La lactoferrina es además uno de los tres componentes que dan valor al calostro bovino — junto a la IGF-1 y las inmunoglobulinas. Si te interesa el calostro como suplemento entero (no la lactoferrina aislada), ese terreno lo cubre el artículo sobre el calostro bovino y sus componentes.

Lactoferrina, hierro y anemia ferropénica: el uso más respaldado

Si la lactoferrina tiene un uso con base sólida, es este. La anemia ferropénica — déficit de hierro con descenso de hemoglobina — es uno de los trastornos nutricionales más comunes del mundo, y el tratamiento clásico (sales de hierro como el sulfato ferroso) tiene un problema bien conocido: molestias digestivas (estreñimiento, náuseas, dolor) que hacen que mucha gente abandone.

El sulfato ferroso falla por dos motivos a la vez. Primero, una fracción grande del hierro no se absorbe y queda en el intestino, donde irrita la mucosa y altera la microbiota — de ahí el estreñimiento y las náuseas.

Segundo, cuando hay inflamación (frecuente en muchas anemias crónicas), el cuerpo sube la hepcidina, la hormona que cierra la puerta a la absorción de hierro; por mucho hierro que tragues, no entra.

Aquí entra la lactoferrina. Un meta-análisis reciente de 19 ensayos aleatorizados encontró que la lactoferrina produce un aumento de hemoglobina estadísticamente significativo comparada con el sulfato ferroso, y — esto es lo importante — con muchos menos efectos gastrointestinales. No es que aporte más hierro; es que se tolera muchísimo mejor, lo que mejora la adherencia.

Como vimos en la sección de mecanismo, su efecto es probablemente indirecto: ayuda a modular la hepcidina y a reducir la inflamación que secuestra el hierro, de modo que el cuerpo aprovecha mejor el que ya tiene y el que ingiere. Un meta-análisis de 2025 añadió que, combinada con hierro, ayuda a elevar la ferritina — el depósito de hierro —, no solo la hemoglobina del momento.

Anemia ferropénica, anemia por déficit de hierro, iron deficiency anemia (IDA)

Los tres nombres se refieren a lo mismo: la anemia causada por falta de hierro, el tipo más común con diferencia. En informes en castellano aparece como «anemia ferropénica» (España) o «anemia por deficiencia de hierro» (LATAM); en inglés, iron deficiency anemia, abreviada IDA.

El marcador que la define no es solo la hemoglobina baja, sino la ferritina baja — el primer parámetro que cae, antes incluso de que la hemoglobina se resienta. Por eso una ferritina en el suelo con hemoglobina aún normal ya es déficit de hierro que conviene tratar.

KRECE Tip · Cuándo tiene sentido

Para anemia ferropénica diagnosticada, el hierro oral clásico sigue siendo el tratamiento de primera línea. La lactoferrina es la alternativa para quien no tolera el hierro por los efectos digestivos, o un complemento. No es un sustituto que debas decidir por tu cuenta: el déficit de hierro requiere diagnóstico y seguimiento de ferritina y hemoglobina con tu médico.

Lactoferrina, inmunidad e inflamación

El segundo bloque de evidencia con peso es el inmunitario. Una revisión sistemática con meta-análisis (Berthon, 2022) analizó el efecto de la lactoferrina sobre la inflamación, la función inmune y las infecciones respiratorias en humanos: de 25 estudios, en adultos alrededor del 61% reportó descenso de al menos un biomarcador inflamatorio sistémico, y la función inmune mejoró en torno al 75% de los ensayos que la midieron.

Las dosis empleadas variaron muchas: desde unos 32 mg hasta 3 g al día, lo que dificulta extraer una recomendación única.

El racional mecanístico encaja: la lactoferrina potencia la actividad de células NK y neutrófilos, favorece la producción de interferones y se ha visto que inhibe in vitro la entrada o replicación de virus respiratorios como el sincitial respiratorio y la gripe. Tiene sentido evolutivo: es la proteína con la que la madre protege el primer intestino del bebé, así que está diseñada para coordinar defensa en una mucosa.

Aun así, conviene la cautela KRECE: «mejora biomarcadores» no es lo mismo que «previene enfermedades». Que baje un marcador inflamatorio en sangre es un resultado intermedio; que enfermes menos veces al año es el resultado que de verdad importa, y ahí los datos son más flojos y dispersos.

A esto se suma la heterogeneidad enorme de los estudios — distintas dosis, formas, poblaciones y duraciones —, que impide dar una pauta única. La señal inmunitaria es real, pero el tamaño del efecto clínico y la dosis óptima siguen sin cerrarse.

Lactoferrina y salud intestinal: barrera, microbiota y H. pylori

El intestino es uno de los terrenos más coherentes para la lactoferrina, porque es donde actúa localmente sin necesidad de absorberse. Cuatro efectos documentados:

  • Barrera intestinal. Ayuda a restaurar las uniones estrechas (tight junctions) entre células intestinales, estabilizando la permeabilidad — el mismo terreno del «intestino permeable» que se estudia en deportistas.
  • Microbiota. Prebiótico selectivo: priva de hierro a patógenos y favorece cepas beneficiosas, ayudando a reequilibrar la microbiota intestinal. También suaviza los efectos digestivos de los antibióticos.
  • H. pylori. No erradica la bacteria en solitario, pero añadida a la terapia antibiótica estándar mejora las tasas de erradicación y reduce la ureasa del patógeno. Coadyuvante — valioso en plena era de resistencia a antibióticos.
  • Diarrea infecciosa. Estudiada en la diarrea del viajero y en fórmulas de rehidratación, por su acción antimicrobiana directa sobre la mucosa.

Hay un patrón que conviene llevarse: cuanto más local es el objetivo, más sólido es el racional. En el intestino y la boca la lactoferrina actúa donde no necesita absorberse. Para los usos sistémicos (piel, hueso, longevidad) todo depende de que la proteína sobreviva a la digestión y haga algo a distancia — y ahí la evidencia se adelgaza.

Lactoferrina en el embarazo: anemia gestacional

Este es, junto a la anemia general, el uso con evidencia más sólida — y uno de los más relevantes en la práctica. La anemia ferropénica es muy frecuente en el embarazo, y el hierro oral clásico es justo cuando peor se tolera, porque las náuseas y el estreñimiento del embarazo se suman a los del hierro.

Un meta-análisis de ensayos aleatorizados en gestantes concluyó que la lactoferrina bovina oral es tan eficaz como el sulfato ferroso para mejorar los parámetros hematológicos, con significativamente menos efectos gastrointestinales — hasta el punto de que los autores la propusieron como agente de elección para la anemia ferropénica en el embarazo.

Un ensayo en 200 embarazadas del segundo trimestre encontró incluso un aumento de hemoglobina mayor con lactoferrina (en torno a 2,3 g/dL en dos meses) que con sulfato ferroso (alrededor de 1,1 g/dL), con mejor tolerancia.

La posición clínica. La decisión sobre cómo tratar la anemia en el embarazo es siempre del obstetra o la matrona. Lo relevante editorialmente es que la lactoferrina ha pasado de «promesa» a «opción con respaldo» en este contexto concreto, especialmente cuando el hierro oral no se tolera. No es un suplemento «de longevidad» aquí: es una herramienta clínica para un problema definido.

Lactoferrina en el deporte y el entrenamiento de élite

Aquí KRECE se moja con el nivel de evidencia real, porque es un área donde el marketing aprieta. Lo que está bien establecido es el problema: el ejercicio intenso y prolongado abre una «ventana» de inmunosupresión.

En atletas bajo entrenamiento duro, la inmunidad innata y adquirida suele caer entre un 15 y un 25%, y en las dos semanas posteriores a un esfuerzo extenuante — una maratón, un triatlón — el riesgo de infección respiratoria se dispara. Es la causa de que tantos atletas caigan enfermos justo después de competir.

También está documentado que la lactoferrina endógena participa en esa defensa: la lactoferrina salival aumenta de forma aguda tras el ejercicio exhaustivo — en torno a un 50% en algunos estudios — como respuesta protectora de las mucosas. El cuerpo sube su propia lactoferrina cuando se estresa.

De ahí nace el racional de suplementar: si el ejercicio deprime la inmunidad y la lactoferrina la modula, suplementar podría cerrar la ventana. Pero aquí la honestidad obliga a frenar: la evidencia de suplementar lactoferrina aislada en atletas para prevenir infecciones es preliminar.

El calostro bovino — que contiene lactoferrina junto a otros bioactivos — tiene meta-análisis específicos en deportistas; la lactoferrina sola, no. El racional es bueno, los datos directos aún son escasos. Quien la use en este contexto debe saber que está apostando por un mecanismo plausible, no por una eficacia demostrada.

Otros usos: piel, hueso, antiviral y salud oral

Hay un cinturón de usos con evidencia preliminar — suficiente para mencionarlos, insuficiente para recomendarlos con firmeza. Por orden de lo que hay:

  • Piel y acné. Dos ensayos pequeños (Kim 2010, en 36 pacientes; Jung 2013, en 45) vieron mejoría de las lesiones inflamatorias y menos sebo, casi siempre con leche fermentada enriquecida. Lógica doble: antiinflamatoria y vía eje intestino-piel. Evidencia inicial, no consolidada.
  • Salud ósea. Estimula los osteoblastos (las células que forman hueso) en laboratorio. Interesante, pero aún in vitro y en animales — sin base para recomendarla por esto en humanos.
  • Antiviral. Inhibe in vitro la entrada de varios virus; durante la pandemia se investigó frente al SARS-CoV-2 con resultados preliminares en pseudovirus. Mecanísticamente interesante, lejos de una recomendación clínica.
  • Salud oral. Por su acción antimicrobiana se ha probado en enjuagues y pastas frente a bacterias de la placa y la periodontitis. Área emergente.

Dosis de lactoferrina y cómo tomarla

No existe una dosis única oficial porque depende del objetivo, y los estudios han usado rangos amplios. Una orientación a partir de la literatura:

ObjetivoRango típico en estudiosNota
Anemia ferropénica100 – 250 mg/díaLos RCT en embarazo usaron en torno a 250 mg/día.
Inmunidad / inflamación200 mg – 3 g/díaRango enorme entre estudios; sin consenso de dosis óptima.
Suplemento comercial habitual200 – 600 mg/díaLa mayoría de productos de venta libre.

Sobre cómo tomarla: al ser una proteína, parte se degrada en el estómago, lo que explica el interés por las formas con cubierta o liposomales (aunque sin datos comparativos contundentes).

Suele tomarse en ayunas o entre comidas para minimizar la exposición al ácido gástrico junto a otros alimentos, y separada de suplementos de hierro o calcio, aunque la evidencia sobre el momento exacto es limitada. Como con cualquier proteína láctea, los alérgicos a la leche deben evitarla.

Seguridad y regulación de la lactoferrina

En seguridad, la lactoferrina sale bien parada: es un componente natural de la leche y se tolera bien. Un ensayo en adultos confirmó seguridad hasta 3,4 g diarios, y la EFSA estimó que incluso la ingesta alta en adultos (en torno a 3,4 g/día en el percentil 95) no plantea problemas. El principal límite es la alergia a la proteína de leche de vaca.

En lo regulatorio, el panorama es revelador de cómo funciona el sistema europeo. La lactoferrina bovina fue aprobada por la EFSA como nuevo alimento (novel food) en 2012, declarada segura para sus usos propuestos.

La normativa fija niveles máximos por tipo de producto — por ejemplo, 1.000 mg/L en fórmulas infantiles, 300 mg/100 g en bebidas de nutrición deportiva, 125 mg/100 g en alimentos para usos médicos especiales. En Estados Unidos, la FDA le otorgó el estatus GRAS (generalmente reconocida como segura) ya en 2001.

El matiz regulatorio que importa. «Segura y aprobada como ingrediente» no significa «con reclamos de salud autorizados». En la UE, un producto de lactoferrina no puede afirmar que «refuerza la inmunidad» o «trata la anemia» sin un health claim aprobado por la EFSA, que no existe para la mayoría de estos usos. Por eso las etiquetas se mueven en lenguaje vago. La frontera entre lo que la ciencia sugiere y lo que la ley permite afirmar es justo el terreno donde KRECE aporta criterio. Y la lactoferrina humana recombinante (rhLF), producida por fermentación de precisión sin vaca, es la frontera siguiente: idéntica a la humana, en investigación clínica activa, todavía abriéndose paso en el marco de nuevos alimentos.

La posición de KRECE

Lactoferrina — los cinco claims que tomamos

Es de los suplementos lácteos con mejor base, pero la evidencia es uso-dependiente.
La lactoferrina no es humo: tiene meta-análisis humanos detrás. Pero «tiene evidencia» no es una etiqueta global — la tiene para la anemia y la inmunidad, no para todo lo que promete el marketing. La pregunta correcta nunca es «¿funciona la lactoferrina?», es «¿funciona para esto?».
Su mejor caso de uso es la anemia ferropénica que no tolera el hierro.
Iguala al sulfato ferroso mejorando la hemoglobina con muchos menos efectos digestivos, y en el embarazo hay meta-análisis que la respaldan. No por aportar hierro — es demasiado grande para eso — sino por modular la hepcidina y la inflamación. Es la alternativa para quien abandona el hierro oral por intolerancia, bajo seguimiento médico.
En deporte, el racional es bueno; la evidencia directa, no tanto.
La ventana de inmunosupresión post-ejercicio es real y la lactoferrina endógena participa en la defensa. Pero suplementar lactoferrina aislada en atletas tiene datos preliminares; el calostro bovino tiene más. Usarla aquí es apostar por un mecanismo plausible, no por una eficacia demostrada. KRECE no la vende como probada en este terreno.
Piel, hueso, antiviral y longevidad: interesante, no concluyente.
Hay señales — acné en ensayos pequeños, osteoblastos in vitro, antiviral en laboratorio — pero ninguna sostiene una recomendación firme. El discurso de «lactoferrina para el antienvejecimiento» va años por delante de los datos. Lo decimos claro: a fecha de hoy, eso es promesa, no evidencia.
«Aprobada como segura» no es «puede prometer lo que quiera».
La EFSA la declaró segura como ingrediente en 2012, pero no hay health claims autorizados para la mayoría de sus usos. La distancia entre lo que la ciencia sugiere y lo que la etiqueta puede afirmar legalmente es enorme — y es justo donde el consumidor se pierde. Leer «lactoferrina» en un bote no dice nada sobre dosis, forma ni para qué sirve de verdad.
Disclaimer clínico

Este artículo es contenido educativo y editorial sobre la lactoferrina. No sustituye consulta médica. Las dosis citadas son orientativas a partir de la literatura y no constituyen una pauta individual. La anemia ferropénica requiere diagnóstico y seguimiento médico (ferritina, hemoglobina); su autotratamiento puede enmascarar causas serias. Si estás embarazada, en periodo de lactancia, tomas medicación o tienes alergia a la proteína de leche de vaca, consulta antes de suplementar. KRECE no comercializa, prescribe ni recomienda productos específicos a título individual.

Referencias seleccionadas
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