El licopeno es el pigmento que hace rojo al tomate, y es el carotenoide más abundante en la sangre humana. Su rasgo más útil es también el más contraintuitivo: se absorbe mucho mejor cocinado que crudo, y necesita grasa en la misma comida para entrar. A partir de ahí, la historia se enfría. No tiene ingesta recomendada oficial, ninguna alegación de salud sobre licopeno está autorizada en la Unión Europea, y la revisión Cochrane sobre próstata concluye que la evidencia no permite ni apoyar ni refutar.
Lo que has venido a saber
¿Qué es el licopeno?
Un carotenoide, es decir un pigmento vegetal liposoluble, responsable del color rojo del tomate, la sandía, el pomelo rosa y la guayaba. A diferencia del betacaroteno, no se convierte en vitamina A, así que no es un nutriente esencial: no existe una cantidad diaria recomendada.
¿Es mejor el tomate crudo o cocinado?
Cocinado, y por bastante. En el tomate crudo el licopeno está en microcristales rígidos que el intestino apenas puede extraer. El calor rompe esa estructura y lo isomeriza a formas cis, que son las que de verdad se absorben. Por eso el concentrado, la salsa y el tomate frito rinden más que la ensalada.
¿Hace falta tomarlo con grasa?
Sí, y la cifra está medida: la absorción mejora con alrededor de 10 g de grasa en la comida si el tomate está cocinado, y unos 15 g si está crudo. Es literalmente el argumento del aceite de oliva sobre el tomate, y aquí sí hay base.
¿Previene el cáncer de próstata?
No se puede afirmar. La revisión Cochrane encontró solo 3 ensayos con 154 participantes en total, dos de ellos con alto riesgo de sesgo, y concluyó que la evidencia es insuficiente para apoyar o refutar. Un metaanálisis posterior no halló diferencias significativas.
¿Qué dice la Unión Europea sobre sus beneficios?
Nada, y eso es el dato. La autoridad europea evaluó en 2011 las alegaciones de licopeno para daño oxidativo, protección de la piel frente al sol, función cardiaca y visión, y no sustanció ninguna. A día de hoy no hay una sola alegación autorizada sobre licopeno.
¿Y lo del tomate y el cerebro que circula?
Viene de un ensayo cruzado de 2026 en 47 adultos que encontró mejoras cognitivas y cambios en resonancia. Es interesante y está pre-registrado, pero el grupo control no fue placebo: fue una dieta restringida en licopeno, sin cegamiento posible. Un solo ensayo abierto no establece un efecto.
Qué es el licopeno
Qué es el licopeno
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El licopeno es un carotenoide: un pigmento vegetal liposoluble de la misma familia que la luteína y la zeaxantina. Es el responsable del rojo intenso del tomate, y también del de la sandía, el pomelo rosa y la guayaba.
Su química explica casi todo lo demás. Fórmula C40H56, peso molecular de 536,85, y una cadena larga con once dobles enlaces conjugados más dos no conjugados. Esa cadena de dobles enlaces es a la vez lo que absorbe la luz en el verde y la devuelve roja, y lo que le da su capacidad de neutralizar oxígeno singlete. En el cuerpo tiene una vida media de unos dos a tres días.
Y aquí la diferencia que casi nadie explica. El betacaroteno se convierte en vitamina A, así que es provitamina y por eso importa cuánto tomas. El licopeno no. No tiene función vitamínica conocida, no es un nutriente esencial y, en consecuencia, no existe una ingesta diaria recomendada oficial para él en ninguna autoridad. Esto no es un detalle burocrático: es la razón por la que ningún bote puede decirte legítimamente cuánto necesitas.
Es, eso sí, el carotenoide más abundante en el plasma humano. Se acumula sobre todo en testículos, glándulas suprarrenales, hígado y próstata, y esa distribución tisular es de donde salió la hipótesis prostática que domina toda su literatura. Se metaboliza mayoritariamente por escisión excéntrica a través de la enzima BCO2, y hay polimorfismos genéticos que modifican cuánto absorbe cada persona, lo que complica interpretar cualquier ensayo que mida solo la ingesta.
Lo que de verdad decide cuánto aprovechas
Por qué el cocinado gana al crudo
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Esta es la parte útil del licopeno y la que justifica que tenga entrada propia. En el tomate crudo, el licopeno está prácticamente encerrado.
Dentro del cromoplasto del tomate rojo, el licopeno forma microcristales rígidos de la forma todo-trans, empaquetados en haces. Esa estructura es muy difícil de extraer para el intestino: hay que romper la pared celular y disolverlo en micelas, y el cristal se resiste a las dos cosas.
El calor hace dos cosas a la vez. Rompe la matriz del tejido, que libera el pigmento, y isomeriza el todo-trans a formas cis, que son más solubles en micelas y tienen menos tendencia a agregarse. Es decir: cocinar no destruye el licopeno, lo convierte en la versión que sí se absorbe. Es lo contrario de lo que pasa con la vitamina C y por eso confunde tanto.
La prueba está en la sangre. En el tomate y sus derivados predomina la forma todo-trans, pero en el suero y en los tejidos humanos entre el 50 y el 90 por ciento del licopeno está como isómeros cis. Esa discrepancia entre lo que se come y lo que circula es justamente lo que llevó a formular la hipótesis de que las formas cis se absorben mejor.
Y hay una cifra que lo pone en perspectiva. Un ensayo cruzado midió la absorción fraccional desde zumo de tomate rojo convencional en un 4,98 por ciento, frente a un 47,70 por ciento desde un zumo de tomate rico en isómeros cis. Casi nueve veces más biodisponible a igualdad de dosis. Aunque ese tomate concreto no esté en tu frutería, el mecanismo es el mismo que activa el calor.
Traducción práctica: el concentrado, la salsa, el tomate frito y el gazpacho pasado por calor rinden más licopeno aprovechable que la misma cantidad de tomate crudo en ensalada. Es de los pocos casos en nutrición donde procesar mejora, algo que conviene tener presente al leer discursos generalistas contra el ultraprocesado: la crítica es sólida en su conjunto, y este es un matiz real dentro de ella.
La grasa no es opcional
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El licopeno es liposoluble, y eso no es una etiqueta: es un requisito de absorción con cifras medidas.
Hace falta grasa en la misma comida. La revisión de referencia sobre digestión y absorción da los números: alrededor de 10 gramos de grasa acompañando al tomate cocinado, y unos 15 gramos si el tomate está crudo. Sin esa grasa, el licopeno no se incorpora bien a las micelas y buena parte se queda por el camino.
Diez gramos de grasa no son mucho: rondan una cucharada de aceite de oliva. Es decir, la costumbre mediterránea de aliñar el tomate con aceite, o de sofreír la salsa, no es folclore: es la condición que hace que el pigmento llegue a la sangre.
El corolario incómodo es para los productos desgrasados. Un zumo de tomate sin grasa, o una ensalada de tomate sin aliño, aportan el licopeno de forma mucho menos aprovechable de lo que sugiere la etiqueta. El dato de composición del alimento y el dato de lo que acaba circulando no son el mismo dato, y en carotenoides esa diferencia es enorme.
Qué aguanta y qué no
Próstata: lo que de verdad hay
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Es la promesa que arrastra el licopeno desde los años noventa, y merece un repaso honesto porque el resultado no es el que espera casi nadie.
De dónde salió. De estudios observacionales que asociaban el consumo de tomate con menor incidencia de cáncer de próstata, apoyados en que el licopeno se acumula en el tejido prostático. Es una hipótesis razonable y bien construida. El problema es lo que pasó cuando se puso a prueba.
La revisión Cochrane. Buscó ensayos aleatorizados y encontró tres, con 154 participantes en total. Dos de los tres fueron evaluados con alto riesgo de sesgo. Su conclusión es literal y no admite mucha reinterpretación: la evidencia es insuficiente para apoyar o refutar el uso de licopeno en la prevención del cáncer de próstata.
El metaanálisis posterior no mejoró el cuadro. Combinando cuatro estudios, no halló descenso significativo ni en hiperplasia benigna (RR 0,95, IC95% 0,63 a 1,44) ni en diagnóstico de cáncer de próstata (RR 0,92, IC95% 0,66 a 1,29). Los intervalos cruzan el uno con holgura en los dos casos.
Qué queda en pie, entonces. La asociación observacional entre dieta rica en tomate y menor riesgo sigue ahí, y es plausible. Lo que no está demostrado es que el licopeno aislado sea la causa. Una lectura que se repite en la literatura es que el beneficio, si existe, podría venir del conjunto del alimento y no de la molécula extraída, que es exactamente el patrón que ya vimos con el betacaroteno y con la vitamina E.
Corazón, piel y el resto de promesas
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El resto de promesas del licopeno se resuelven de una vez con un solo documento, y es el más citable de toda esta entrada.
En 2011 la autoridad europea de seguridad alimentaria evaluó formalmente las alegaciones de salud sobre licopeno y publicó su dictamen. Valoró cuatro grupos: protección del ADN, las proteínas y los lípidos frente al daño oxidativo; protección de la piel frente al daño inducido por radiación ultravioleta; contribución a la función cardiaca normal; y mantenimiento de la visión normal.
No sustanció ninguna. Ni una. Y la consecuencia regulatoria es directa: a día de hoy no existe ninguna alegación de salud autorizada sobre el licopeno en la Unión Europea. Cualquier envase que insinúe un beneficio concreto lo está haciendo por fuera del marco autorizado.
Esto no significa que el licopeno no haga nada. Significa que, cuando un panel independiente revisó los estudios de intervención en humanos, no encontró suficiente para establecer una relación causa-efecto. Es un listón alto, y es el mismo que aplica a todos los compuestos: los polifenoles se estrellaron contra él en su mayoría, y el sulforafano también.
El ángulo del envejecimiento cutáneo es el que más se vende y el que peor sale parado: la protección frente al daño solar fue una de las alegaciones explícitamente evaluadas y no sustanciadas. Un carotenoide en la dieta no sustituye a un fotoprotector, y cualquier mensaje que lo insinúe es publicidad.
El estudio del que todo el mundo habla
El ensayo del tomate y el cerebro
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En mayo de 2026 se publicó el ensayo que ha puesto al tomate en las redes. Conviene leerlo con cuidado, porque es mejor de lo que dicen sus críticos y peor de lo que dicen sus titulares.
Lo que hizo. Un ensayo cruzado aleatorizado en 47 adultos sanos de 40 a 55 años, con dos periodos de tres meses separados por un mes de lavado. La intervención fue concentrado de tomate a 0,5 g por kilo de peso, que para alguien de 70 kilos son unos 35 gramos. Midió tests neuropsicológicos validados, licopeno en plasma, BDNF y resonancia funcional en reposo. Y estaba pre-registrado, que es un punto a favor nada trivial.
Lo que encontró. Mejoras en atención selectiva, velocidad de procesamiento y memoria asociativa, cambios en la conectividad de varias redes cerebrales en reposo, y una tendencia al alza del BDNF. La palabra tendencia es importante y el propio trabajo la usa: no es un efecto establecido.
Y aquí está el problema que casi ninguna difusión menciona. El grupo control no recibió un placebo: siguió una dieta restringida en licopeno. No hay forma de cegar a nadie frente a comer dos cucharadas de concentrado de tomate al día durante tres meses. En un ensayo abierto con tests cognitivos repetidos, el efecto aprendizaje y el efecto expectativa empujan en la misma dirección que el resultado, y no se pueden separar.
La interpretación de la resonancia también es reversible. Que baje la conectividad en reposo se presenta como un cerebro más eficiente. Es una lectura posible, y en la literatura de envejecimiento cerebral la conectividad reducida se interpreta con la misma frecuencia como peor integración de red. Cuando el mismo hallazgo admite dos relatos opuestos, el hallazgo aún no significa nada.
Contexto que ayuda a calibrar. Se publicó en un número especial dedicado a antioxidantes y neuroprotección, con 31 días entre recepción y aceptación. Y los autores declaran honorarios y becas de fundaciones del vino, la cerveza y la dieta mediterránea. Nada de eso invalida el trabajo, y todo eso se declara por algo.
La posición razonable: un ensayo abierto, de tres meses, con 47 personas y desenlaces subrogados es generador de hipótesis. Merece que alguien lo replique a doble ciego con licopeno aislado frente a placebo. No merece que cambies la cesta de la compra. Si te interesa el rendimiento cognitivo real, lo que tiene evidencia está en fatiga cognitiva, no aquí.
De dónde sacarlo
Dónde está y en qué forma
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Dónde está el licopeno es fácil. En qué forma está, que es lo que de verdad importa, mucho menos.
La fuente dominante es el tomate y todo lo que se hace con él: concentrado, salsa, tomate frito, kétchup, zumo. Fuera del tomate, aportan licopeno la sandía, el pomelo rosa, la guayaba y la papaya. En el caso de la sandía hay un matiz interesante: su licopeno no está en microcristales tan rígidos, así que se absorbe razonablemente bien en crudo.
El orden de aprovechamiento, no de contenido, queda así: los productos de tomate concentrados y cocinados por delante, el tomate cocinado en casa después, y el tomate crudo al final, salvo que vaya bien aliñado. La ensalada de tomate no es mala; simplemente no es la mejor forma de conseguir licopeno.
Una advertencia sobre las tablas de composición. Verás cifras de miligramos por cada cien gramos circulando por todas partes. Esas cifras dicen cuánto licopeno contiene el alimento, no cuánto vas a absorber, y ya has visto que entre una cosa y otra puede haber casi un orden de magnitud. En carotenoides, el contenido es un mal indicador.
Y la regla que resume la sección: tomate cocinado, con grasa, y acompañado del resto de la matriz vegetal. Eso es lo que la evidencia observacional asocia con beneficio, y no es lo mismo que una cápsula.
Licopeno en cápsula
Cápsulas de licopeno: cuándo sí
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Pregunta directa y respuesta directa: para la población general, no hay razón para suplementar licopeno. No es un nutriente esencial, no hay carencia descrita, no hay ingesta recomendada y no hay alegación autorizada.
Comida antes que cápsula, y aquí con un argumento concreto. La asociación observacional que generó todo el interés era con consumo de tomate, no con licopeno aislado. Cuando se aisló la molécula y se puso a prueba, los ensayos no confirmaron. Ese patrón se ha repetido tantas veces en antioxidantes que ya es casi una regla: el compuesto extraído rinde peor que el alimento del que salió.
Si aun así quieres tomarlo, las cápsulas suelen aportar entre unos pocos y unos quince miligramos, y deben tomarse con una comida que lleve grasa, por la misma razón que el tomate. No esperes de ellas nada que la autoridad europea no haya podido sustanciar.
Dónde sí tiene sentido pensar en licopeno: en una dieta que sencillamente no incluye tomate ni derivados, dentro de un patrón general pobre en vegetales. Pero entonces el problema no es el licopeno, es el patrón, y la solución tampoco es el licopeno. Es el mismo razonamiento que aplicamos con la luteína y el estrés oxidativo: los antioxidantes dietéticos funcionan como sistema, no como piezas sueltas, y forzar una sola pieza rara vez mueve la aguja, en parte porque la respuesta antioxidante endógena se regula por vías como NRF2 y no por aporte directo.
Lo que circula y no hay que hacer
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Ocho prácticas que circulan, con el motivo por el que KRECE las desaconseja.
- Tomar cápsulas de licopeno para prevenir el cáncer de próstata.Es la aplicación más vendida y la que tiene la revisión más clara en contra: tres ensayos, 154 participantes, evidencia insuficiente para apoyar o refutar, y un metaanálisis sin diferencias significativas. Motivo del desaconsejo: vende una prevención que los ensayos no han conseguido demostrar.
- Usar licopeno como fotoprotector o sustituto de la crema solar.La protección de la piel frente al daño por ultravioleta fue una de las alegaciones evaluadas expresamente por la autoridad europea, y no se sustanció. Motivo del desaconsejo: sustituir un fotoprotector por un pigmento dietético es cambiar una medida eficaz por una no demostrada.
- Fiarse de los miligramos por cada cien gramos de la etiqueta.El contenido del alimento y lo que acaba en sangre pueden diferir casi en un orden de magnitud según preparación y grasa acompañante. Motivo del desaconsejo: se optimiza una cifra que no predice el efecto biológico.
- Tomar zumo de tomate desgrasado y sin aliño esperando el mismo efecto.Sin grasa en la comida el licopeno no se incorpora bien a las micelas. Hacen falta alrededor de 10 gramos con producto cocinado y unos 15 con crudo. Motivo del desaconsejo: se elimina justo el cofactor dietético que hace que el pigmento llegue a la sangre.
- Dar por bueno el ensayo del tomate y el cerebro como prueba de efecto.Cruzado y pre-registrado, sí, pero abierto, de tres meses, con 47 personas y con una dieta restringida como control en lugar de placebo. Motivo del desaconsejo: confunde un generador de hipótesis con un resultado establecido.
- Comprar licopeno sintético en dosis altas por si acaso.No hay carencia descrita, no hay ingesta recomendada y no hay beneficio demostrado por encima del aporte dietético normal. Motivo del desaconsejo: paga por una dosis sin objetivo clínico y sin umbral de referencia que la justifique.
- Suponer que un antioxidante potente in vitro lo es también en la persona.La capacidad de neutralizar oxígeno singlete en un tubo no predice el efecto en un organismo con su propio sistema de defensa regulado. Motivo del desaconsejo: es el salto inferencial que ha hundido a casi todos los antioxidantes aislados en ensayo clínico.
- Sustituir la variedad vegetal por un solo carotenoide.Luteína, zeaxantina y licopeno se reparten tejidos y funciones distintas, y la evidencia favorable es siempre de patrón alimentario, no de molécula. Motivo del desaconsejo: cambia un sistema que funciona por una pieza que sola no ha demostrado funcionar.
Seguridad, interacciones y el color naranja
+Lo esencial: el licopeno de la dieta es seguro y no hay caso descrito de toxicidad. Lo que no es inocuo es sustituir con él algo que sí funciona, sobre todo un fotoprotector o un seguimiento urológico. Y si estás en tratamiento oncológico o anticoagulante, cualquier suplemento antioxidante en dosis altas se consulta antes, no después.
El licopeno dietético es de lo más seguro que hay. No se le conoce toxicidad por consumo alimentario y no existe un nivel máximo tolerable establecido, entre otras cosas porque no es un nutriente esencial y nadie ha definido umbrales.
El efecto más llamativo es cosmético y reversible. Un consumo muy alto y sostenido de productos de tomate puede teñir la piel de un tono anaranjado, igual que ocurre con el betacaroteno. Es benigno, no daña nada y se va al bajar el consumo. Conviene conocerlo para no confundirlo con una ictericia, que sí importa y que además tiñe también el blanco del ojo.
La precaución real es de sustitución, no de toxicidad. Dos casos concretos: usarlo como si protegiera del sol, y usarlo como si sustituyera al seguimiento de la próstata. En los dos, el riesgo no viene del compuesto, viene de lo que se deja de hacer.
Suplementos en dosis altas y tratamiento oncológico. La interacción entre antioxidantes en dosis altas y determinadas terapias que actúan generando estrés oxidativo es un debate abierto y sin respuesta cerrada. Quien esté en tratamiento debe consultarlo con su oncólogo antes de añadir nada, y esto aplica igual al ácido alfa lipoico o a cualquier otro antioxidante en cápsula.
Y la regla general del Glosario: ningún carotenoide tiene el peso suficiente para justificar una decisión clínica por sí solo. Si una decisión de salud depende de si tomas licopeno o no, el problema está en otra parte.
Marcador o palanca
Cuándo el licopeno es una señal y no un remedio
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Esta sección es la que más se parece a una tesis, y es la que evita el error más costoso de todo el campo de los antioxidantes.
El licopeno en sangre es un buen marcador de consumo de vegetales. Por eso aparece una y otra vez asociado a mejores desenlaces en estudios observacionales: la gente con licopeno alto es gente que come tomate, y suele comer también el resto.
Un marcador no es una palanca. Que una variable se asocie con un desenlace no implica que moverla mueva el desenlace. Es exactamente el mismo razonamiento que separa un biomarcador de un objetivo terapéutico, y es la lección que dejó el betacaroteno cuando se aisló y se probó.
La consecuencia práctica es incómoda para el mercado. Si el licopeno alto es señal de una dieta buena, entonces subirlo con una cápsula produce el número sin producir la dieta. Y es la dieta lo que estaba asociado al beneficio.
Dónde sí mirar. Si alguien quiere trabajar el terreno donde el licopeno era señal, el trabajo está en la variedad vegetal, en el patrón alimentario y en las variables que sí responden a intervención, como el control de la glucosa o la carga de ultraprocesados.
Qué hacer con todo esto
Qué hacer con todo esto
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Primero, cocina el tomate y alíñalo. Es la única recomendación de esta entrada que tiene una cifra medida detrás y que cambia algo de verdad: unos diez gramos de grasa con el producto cocinado.
Segundo, no compres cápsulas esperando prevención. Ni de próstata, ni de piel, ni de corazón. No hay una sola alegación autorizada y la revisión sistemática de referencia dice que no se puede ni apoyar ni refutar.
Tercero, trata el ensayo del cerebro como lo que es: una hipótesis interesante que espera una réplica a doble ciego. Vale la pena seguirla, no vale la pena reorganizar la dieta por ella.
Y cuarto, si el licopeno te sale bajo, mira la dieta entera, no el licopeno. El marcador estaba señalando otra cosa.
Todo lo que se le atribuye al licopeno, con su nivel de evidencia
| Uso o afirmación | Qué hay detrás | Nivel (N0-N5) | Veredicto KRECE |
|---|---|---|---|
| Comer tomate cocinado y con grasa | Multiplica el licopeno que llega a la sangre | N2 | Lo único con cifra detrás |
| Patrón alimentario rico en tomate | Asociación observacional consistente con menor riesgo | N2 | Razonable, como patrón |
| Cápsulas para prevenir cáncer de próstata | 3 ensayos, 154 personas, 2 con alto riesgo de sesgo | N4 | Insuficiente. No lo recomendamos |
| Cápsulas para hiperplasia benigna | Metaanálisis sin diferencia (RR 0,95; IC 0,63 a 1,44) | N4 | Sin efecto demostrado |
| Licopeno como fotoprotección | Alegación evaluada y no sustanciada por la UE | N0 | Publicidad, no medicina |
| Licopeno para la función cardiaca | Alegación evaluada y no sustanciada por la UE | N0 | Sin respaldo regulatorio |
| Concentrado de tomate para la cognición | Cruzado pre-registrado, abierto, n=47, 3 meses | N3 | Hipótesis, no resultado |
| Licopeno plasmático como objetivo a subir | Es marcador de dieta vegetal, no palanca causal | N2 | Error conceptual frecuente |
La posición de KRECE
El licopeno tiene un dato práctico excelente y casi nadie lo cuenta bien. Se absorbe mucho mejor cocinado que crudo, porque el calor rompe el microcristal y lo isomeriza a formas cis, y necesita unos diez gramos de grasa en la misma comida. Eso es accionable, está medido y es de los pocos casos donde procesar un alimento mejora lo que aprovechas.
Y su currículum clínico es notablemente flojo. La revisión Cochrane sobre próstata encontró tres ensayos y 154 participantes, dos de ellos con alto riesgo de sesgo, y concluyó que no se puede ni apoyar ni refutar. El metaanálisis posterior no halló diferencias. Es poca base para la promesa que se le cuelga.
Ninguna alegación de salud sobre licopeno está autorizada en la Unión Europea. La autoridad europea evaluó en 2011 daño oxidativo, protección solar, función cardiaca y visión, y no sustanció ninguna. Ese dato, por sí solo, resuelve la mayoría de los mensajes que verás en un envase.
El ensayo del tomate y el cerebro es interesante y no es una prueba. Está pre-registrado y es cruzado, que son puntos a favor reales. Pero el control fue una dieta restringida en licopeno, no un placebo, y no hay cegamiento posible. Con tests cognitivos repetidos, aprendizaje y expectativa empujan hacia el mismo resultado. Merece réplica a doble ciego.
Lo más importante del licopeno es que es una señal, no una palanca. El licopeno alto en sangre marca una dieta rica en vegetales, y es esa dieta la que se asocia con el beneficio. Subir el número con una cápsula produce el marcador sin producir la causa. Es el mismo error que ya se pagó con el betacaroteno, y no hay ninguna razón para repetirlo.
Preguntas frecuentes sobre el licopeno
¿Qué es el licopeno y para qué sirve?
¿Es mejor el tomate crudo o cocinado para el licopeno?
¿Hay que tomar el tomate con aceite?
¿El licopeno previene el cáncer de próstata?
¿Merece la pena tomar cápsulas de licopeno?
¿El licopeno mejora la memoria o la función cerebral?
Fuentes de información
Ver las 10 fuentes
- EFSA Panel on Dietetic Products, Nutrition and Allergies. Scientific Opinion on the substantiation of health claims related to lycopene. EFSA Journal. 2011;9(4):2031.Documento clave de esta entrada. Evalúa y no sustancia las alegaciones de daño oxidativo, protección solar, función cardiaca y visión.
- Ilic D, Forbes KM, Hassed C. Lycopene for the prevention of prostate cancer. Cochrane Database of Systematic Reviews. 2011;CD008007.Tres ensayos, 154 participantes, dos con alto riesgo de sesgo. Evidencia insuficiente para apoyar o refutar.
- Ilic D, Misso M. Lycopene for the prevention and treatment of benign prostatic hyperplasia and prostate cancer. Maturitas. 2012.Metaanálisis de cuatro estudios sin diferencia significativa en hiperplasia benigna ni en diagnóstico de cáncer.
- Moran NE y colaboradores. Lycopene: a critical review of digestion, absorption, metabolism and excretion. Revisión.Origen de las cifras de grasa necesaria para la absorción y de la escisión excéntrica por BCO2.
- Unlu NZ y colaboradores. Lycopene from heat-induced cis-isomer-rich tomato sauce is more bioavailable. British Journal of Nutrition. 2007.Proporción de isómeros cis en suero y tejidos humanos frente al predominio de todo-trans en el tomate.
- Cooperstone JL y colaboradores. Enhanced bioavailability of lycopene when consumed as cis-isomers. Ensayo cruzado aleatorizado.Absorción fraccional del 4,98 por ciento frente al 47,70 por ciento según la forma isomérica.
- Shi J, Le Maguer M. Lycopene in tomatoes: chemical and physical properties affected by food processing. Revisión.Mayor biodisponibilidad en productos de tomate procesados que en tomate fresco.
- López-Solís R y colaboradores. Tomato Intake Improves Cognitive Performance and Modulates Functional Brain Networks. Antioxidants. 2026;15(5):644.El ensayo del tomate y el cerebro, con su diseño completo. Registrado como NCT05891977. El control fue dieta restringida en licopeno, no placebo.
- Taheri Z y colaboradores. Lycopene and kidney: future potential application. Revisión.Propiedades químicas, vida media y ausencia de cantidad diaria recomendada oficial.
- National Center for Biotechnology Information. PubChem: Lycopene, compuesto CID 446925. Base de datos de compuestos químicos.Identificador químico usado en el marcado estructurado. No se emite MeSH: no se ha podido verificar en sesión.
