La comunidad microbiana de tu intestino pesa unos doscientos gramos, no los dos kilos que repite media divulgación. Y esa cifra corregida es más impresionante que la inventada, porque doscientos gramos de bacterias ejercen una influencia sistémica sobre metabolismo, inmunidad e inflamación que ningún tejido de ese tamaño tiene. La microbiota no actúa por proximidad, actúa por química. Esta entrada explica cómo, qué cifras sobre ella son falsas y qué se puede hacer con un órgano que no se puede operar.
Lo que has venido a saber
¿Qué es la microbiota intestinal?
La comunidad de bacterias, virus, hongos y arqueas que habita el tubo digestivo, sobre todo el colon. Se comporta como un órgano metabólico: transforma sustratos, produce señales que actúan a distancia y participa en la regulación del metabolismo del huésped.
¿Cuánto pesa?
En torno a 0,2 kilos en peso húmedo, con 50 a 100 gramos de peso seco. Eso es alrededor del 0,3 % de la masa corporal. Las cifras de uno o dos kilos que circulan, incluida una versión previa de esta entrada, son falsas.
¿Es cierto que hay diez bacterias por cada célula humana?
No. Es una estimación informal de 1972 que nunca se verificó. El recuento riguroso da 3,8 billones de bacterias frente a 3,0 billones de células humanas: del mismo orden, no diez a uno.
¿Qué importa más, qué bacterias tienes o qué hacen?
Qué hacen. La dicotomía de bacterias buenas y malas es funcionalmente incorrecta: la misma especie puede ser inocua o problemática según el contexto. Lo que se mide con sentido es la función metabólica agregada, no el censo.
¿Cómo influye en el resto del cuerpo?
Por tres vías químicas: los ácidos grasos de cadena corta que produce al fermentar fibra, la transformación de ácidos biliares en moléculas con señalización endocrina, y el sostenimiento de la barrera intestinal.
¿Sirve hacerse un test de microbiota?
Poco, hoy por hoy. Los perfiles comerciales devuelven composición, y la composición varía enormemente entre personas sanas sin que exista un patrón de referencia con el que compararte. Sin un valor normal, un informe de porcentajes no es un diagnóstico.
¿Qué dice KRECE?
Que es un órgano de verdad y un mercado inmaduro, y que la única palanca con respaldo consistente no se vende en cápsulas: variedad de plantas en la dieta.
Microbiota intestinal: lo que vas a encontrar
La microbiota intestinal, sección a sección
Las cifras que casi todo el mundo repite mal
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Este campo arrastra dos cifras equivocadas que aparecen en manuales, charlas y material comercial. Conviene empezar por ahí, porque la versión anterior de esta misma entrada corregía la primera y repetía la segunda, y ese contraste enseña algo sobre cómo sobreviven los mitos.
Primera: el famoso diez a uno. Durante décadas se repitió que tenemos diez veces más células bacterianas que humanas. Era una estimación informal publicada en 1972 que nunca se verificó experimentalmente. En 2016, Sender, Fuchs y Milo rehicieron el cálculo con datos actualizados y publicaron el resultado en PLOS Biology: para un hombre de referencia de 70 kilos, unas 3,8 por 10 elevado a 13 bacterias frente a 3,0 por 10 elevado a 13 células humanas. Del mismo orden de magnitud. Y un detalle que los propios autores destacan: dado que casi todas viven en el colon, una sola defecación desplaza el balance de forma apreciable.
Segunda, y esta es la que sobrevivía aquí: la microbiota no pesa uno ni dos kilos. Se dice a menudo que su biomasa es comparable a la del hígado. No lo es, ni de lejos. El mismo artículo de Sender que corrige el diez a uno da también esta cifra, y basta leer el abstract: la masa total de bacterias del cuerpo es de unos 0,2 kilos en peso húmedo, y entre 50 y 100 gramos en peso seco. Alrededor del 0,3 % de la masa corporal. El hígado ronda el kilo y medio: la comparación estaba inflada entre siete y diez veces.
Merece la pena detenerse en por qué esto importa más allá de la exactitud. La cifra corregida es un argumento mejor que la falsa. Que doscientos gramos de tejido microbiano ejerzan una influencia medible sobre sensibilidad a la insulina, tono inflamatorio y señalización endocrina es mucho más notable que si pesaran dos kilos. Lo llamativo no es la masa: es la desproporción entre masa y efecto.
La tercera cifra, esta correcta, es la del catálogo genético. La secuenciación metagenómica del intestino humano identificó del orden de 3,3 millones de genes microbianos no redundantes, frente a los aproximadamente 19.000 a 20.000 genes codificantes de proteína del genoma humano. De ahí viene la expresión segundo genoma, y de ahí que la capacidad enzimática agregada de la comunidad supere en diversidad a la de cualquier órgano propio.
Por qué se le llama órgano y no flora
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La palabra flora es un residuo del siglo XIX, de cuando se clasificaba a las bacterias como plantas. Además de taxonómicamente falsa, transmite la idea equivocada: un decorado pasivo. La palabra que se usa hoy, órgano, no es una licencia retórica sino una descripción funcional, y se sostiene en tres propiedades.
Uno, transforma sustratos que el huésped no puede procesar. Ninguna enzima humana degrada la mayor parte de las fibras vegetales. Esa capacidad la aporta la comunidad microbiana, y de esa fermentación salen los metabolitos que actúan como señales. Es una función metabólica exclusiva, igual que la conjugación hepática es exclusiva del hígado.
Dos, emite señales que actúan a distancia. Sus productos no se quedan en el intestino: llegan al hígado por la vena porta, alcanzan la circulación sistémica y modulan receptores en tejido adiposo, músculo y sistema nervioso central. Un órgano se define por lo que hace en otros sitios, no por dónde está.
Tres, tiene homeostasis propia y se puede alterar. La comunidad resiste perturbaciones hasta cierto punto y se recompone después; cuando la perturbación es sostenida, se instala en un estado alternativo del que no vuelve sola. Eso es comportamiento de sistema, no de contenido.
Ahora bien, hay dos diferencias con cualquier otro órgano que conviene tener claras porque gobiernan todo lo demás. La primera: es adquirido, no heredado, porque la colonización empieza al nacer y se moldea durante los primeros años. Y la segunda: es plástico en escala de días. Ningún otro órgano responde a un cambio de dieta en una semana. Esa maleabilidad es a la vez la promesa terapéutica del campo y la razón por la que casi ninguna intervención se sostiene cuando se retira.
Función sobre composición: la pregunta correcta
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Esta es la idea más importante de la entrada y la que más resistencia encuentra, porque contradice de frente el modelo de negocio de los tests de microbiota. La pregunta relevante no es qué bacterias tienes, es qué saben hacer.
La dicotomía de bacterias buenas y malas es funcionalmente incorrecta. Una misma especie puede ser inocua en un contexto y problemática en otro, según su nicho, su abundancia relativa y el estado de la barrera. Clasificar por taxonomía y no por función es como juzgar una plantilla por los nombres en vez de por lo que hacen en el campo.
Lo que sí describe algo son dos estados. Eubiosis es un equilibrio funcional: diversidad suficiente, proporción alta de especies productoras de ácidos grasos de cadena corta, capacidad de recomponerse tras una perturbación. Disbiosis es lo contrario. Ahora bien, el término disbiosis se usa con mucha más soltura de la que la evidencia permite, y lo tratamos con el escepticismo que merece en su propia entrada.
Hay una razón técnica por la que la composición decepciona como marcador: la variación entre personas sanas es enorme. Dos individuos igual de sanos pueden compartir una fracción pequeña de sus especies y tener perfiles funcionales muy parecidos, porque distintas bacterias hacen el mismo trabajo. Se llama redundancia funcional, y es la razón de que no exista un microbioma de referencia con el que compararte.
El corolario práctico es incómodo para el sector: sin un valor normal establecido, un informe con porcentajes de especies no es un diagnóstico. Es una fotografía de un sistema que cambia en días, interpretada contra una referencia que no existe.
Las tres vías químicas por las que actúa
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La microbiota no influye por contacto ni por proximidad anatómica. Influye porque fabrica moléculas que el cuerpo lee como señales, y esas moléculas viajan. Tres vías concentran casi todo lo que se sabe.
Vía 1, los ácidos grasos de cadena corta. La fermentación bacteriana de fibras no digeribles y almidón resistente produce acetato, propionato y butirato, con funciones distintas. El butirato es el combustible principal del colonocito y actúa además como modulador epigenético al inhibir histona desacetilasas; sus productores principales son Faecalibacterium prausnitzii, Roseburia y Eubacterium rectale. Por su parte, el propionato regula gluconeogénesis hepática y modula la señalización de saciedad vía GLP-1 y PYY, mientras el acetato actúa como sustrato periférico y llega al cerebro. Tienes el detalle del butirato como molécula, incluida la diferencia entre producirlo y tomarlo, en su ficha.
Vía 2, los ácidos biliares. La comunidad transforma los ácidos biliares primarios en secundarios, y esa conversión no es metabolismo de descarte: genera moléculas con capacidad de señalización endocrina a través de dos receptores. FXR regula metabolismo lipídico y glucídico y el propio feedback de síntesis biliar. TGR5 interviene en gasto energético y en la secreción de GLP-1. Cuando la comunidad cambia, cambia el perfil de ácidos biliares secundarios, y con él esa señalización. Es una de las conexiones mecanísticas mejor descritas entre intestino y metabolismo glucídico.
Vía 3, el sostenimiento de la barrera. Una comunidad funcional mantiene la capa de moco y contribuye a la integridad del epitelio; cuando se deteriora, componentes bacterianos alcanzan la circulación y elevan el tono inflamatorio. El desarrollo completo, incluidos los límites de lo que se puede medir, vive en la entrada de barrera intestinal, que es la dueña de ese territorio. Aquí basta la consecuencia: microbiota, barrera e inflammaging forman una unidad y no se pueden intervenir por separado.
Las tres vías comparten un requisito que conviene subrayar porque es la única palanca dietética sólida de toda esta entrada: sin sustrato fermentable no hay producción. Una comunidad sin fibra que fermentar no emite las señales que la hacen relevante, por muy diversa que sea su lista de especies.
Seguridad: los tests que se venden y sus límites
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Lo esencial: un test de microbiota comercial no es un diagnóstico y no debe usarse para decidir un tratamiento ni para descartar una enfermedad. Devuelve composición, y la composición varía enormemente entre personas sanas sin que exista un patrón de referencia validado con el que compararte.
El problema no es que los perfiles sean inexactos en lo que miden, es que lo que miden no se traduce en una decisión clínica. Un informe puede decirte que tu abundancia de un género está por debajo de una media de referencia, y esa media procede de la propia base de datos de la empresa, no de un valor normal establecido. A eso se suma la redundancia funcional: dos comunidades con listas de especies distintas pueden hacer exactamente lo mismo.
Hay banderas rojas que no admiten interpretación por un informe de microbiota y que exigen valoración médica: sangre en heces, pérdida de peso involuntaria, anemia sin causa conocida, fiebre, dolor que despierta por la noche, o diarrea de más de dos semanas. Detrás puede haber celiaquía, enfermedad inflamatoria intestinal o patología que se diagnostica con pruebas validadas. Un perfil de especies no descarta nada de eso, y usarlo para tranquilizarse retrasa el diagnóstico.
Sobre trasplante de microbiota fecal: es un procedimiento médico con indicación establecida en infección recurrente por Clostridioides difficile y en investigación para otras cosas. No es una intervención de bienestar, tiene riesgos documentados y hay reguladores que han emitido alertas de seguridad tras casos graves. Fuera de indicación y fuera de un centro, no.
Y sobre probióticos: son en general seguros en personas sanas, pero no en todas. En inmunodeprimidos, en pacientes críticos, con catéter venoso central o con pancreatitis grave, se han descrito complicaciones y no son una decisión de autoconsumo. El reparto entre lo que prometen y lo que demuestran está en la pieza dedicada.
Qué le pasa con la edad
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La comunidad microbiana cambia a lo largo de la vida, y el patrón asociado al envejecimiento está descrito con bastante consistencia: pérdida progresiva de diversidad, descenso de los productores de butirato como Faecalibacterium prausnitzii y Roseburia, y aumento relativo de especies con perfil proinflamatorio.
El paso conceptual que dio el campo es que esa deriva no es solo un síntoma del envejecimiento. En la actualización de 2023 de los sellos del envejecimiento, la disbiosis figura como sello propio, junto a la inflamación crónica y la autofagia deteriorada. Eso significa que se le atribuye papel activo, no acompañamiento pasivo, dentro del marco de los hallmarks.
Conviene sin embargo no comprar el relato entero. Buena parte de la evidencia causal es de modelo animal, con trasplantes entre animales jóvenes y viejos, y la traslación cuantitativa al humano no está cerrada. Lo que sí es sólido en humanos es la asociación entre diversidad reducida, marcadores inflamatorios y peor perfil metabólico, junto con el hecho de que la deriva no se explica solo por la edad: dieta, fármacos, movilidad y hospitalizaciones pesan mucho.
Ahí está la parte útil del asunto. La deriva asociada a la edad es en buena medida una deriva asociada a cómo se vive esa edad: menos variedad alimentaria, más fármacos, menos actividad. Es un factor sobre el que se puede actuar, a diferencia del calendario.
Cómo se cuida un órgano que no se puede operar
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No se puede biopsiar con sentido, no se puede corregir con cirugía y no se puede sustituir. Solo se puede modificar el entorno en el que vive, y eso deja una lista de palancas corta y ordenable por evidencia.
Primera y única de verdad: variedad vegetal. El predictor más robusto de diversidad microbiana en los grandes estudios de población no son los gramos de fibra sino el número de especies vegetales distintas por semana, con treinta como umbral que se cita habitualmente. La razón es mecánica: fibras distintas alimentan a poblaciones distintas, y una dieta rica en fibra de una sola fuente sigue siendo un monocultivo. Si tu semana no llega a veinticinco o treinta especies distintas entre verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, frutos secos y semillas, ahí está el margen antes que en ninguna cápsula.
Segunda: retirar lo que agrede de forma sostenida. Antibióticos sin indicación, alcohol regular, patrón ultraprocesado y estrés crónico. Ninguna de estas retiradas se vende, y todas tienen más respaldo que la mayoría de lo que sí se vende.
Tercera, y a bastante distancia: fermentados y probióticos. Los alimentos fermentados tienen señal en algunos ensayos y son inocuos. Los probióticos son cepa dependientes, su efecto suele ser transitorio y no colonizan de forma estable; el reparto detallado está en su pieza.
Y una advertencia de método sobre Akkermansia muciniphila, que es la especie que más se vende hoy como marcador centinela. Su abundancia correlaciona de forma inversa con obesidad, diabetes tipo 2 no tratada e hipertensión en cohortes humanas, y existe un ensayo humano con resultados positivos. Pero ese ensayo es un piloto exploratorio de un solo centro: cuarenta reclutados, treinta y dos completaron, tres meses. La forma pasteurizada mejoró la sensibilidad a la insulina en torno a un 29 % y bajó la insulinemia alrededor de un 34 % frente a placebo, mientras los cambios en peso y masa grasa no alcanzaron significación estadística. Es un resultado prometedor y explícitamente preliminar, y presentarlo de otra forma es lo que hace la publicidad. El detalle, incluida la señal contraria que apareció después en cohortes, está en la pieza sobre Akkermansia.
Dónde seguir dentro del cluster
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Esta entrada fija el marco: qué es la microbiota como órgano, cómo actúa y por qué la función importa más que el censo. Cada pieza del desarrollo tiene dueño propio, y esa separación evita repetir peor lo que ya está escrito mejor en otro sitio.
Para la frontera física y qué se puede medir de ella, la entrada de barrera intestinal, y para el marcador que se vende para medirla, la ficha de zonulina. Si buscas qué hacer ante un cuadro digestivo, el protocolo de intestino permeable, y qué señales son reales en las cinco señales de un intestino dañado.
El término disbiosis y su uso abusivo se tratan en su entrada. Para especies concretas, tienes Akkermansia y CAG-170. Lo que se vende está auditado en probióticos, fibra y postbióticos, y el puente con autoinmunidad en el eje microbiota y autoinmunidad. Y para lo que la dieta hace por vías inesperadas, edulcorantes y matcha.
Un aviso de orden de lectura: si has llegado buscando un test o un suplemento, empieza por la sección de función sobre composición de esta misma entrada. Entender por qué no existe un microbioma de referencia ahorra bastante dinero antes de decidir nada.
Palancas sobre la microbiota intestinal y su nivel de evidencia
| Palanca o producto | Qué pretende | Nivel (N0-N5) | Qué se ha medido | Veredicto KRECE |
|---|---|---|---|---|
| Variedad de especies vegetales | Alimentar poblaciones distintas y sostener diversidad funcional. | N4 | Cohortes grandes y ensayos de intervención | La palanca principal. No se vende |
| Retirar el agresor sostenido | Antibióticos sin indicación, alcohol, ultraprocesado, estrés. | N3 a N4 | Consistente por vías independientes | Antes de añadir nada, quitar |
| Alimentos fermentados | Aportar microorganismos y metabolitos con la matriz alimentaria. | N3 | Señal en ensayos sobre diversidad e inflamación | Razonable e inocuo. Coste cero |
| Almidón resistente y fibra fermentable | Sustrato para la producción de ácidos grasos de cadena corta. | N3 a N4 | Producción de SCFA y marcadores metabólicos | Funciona. Introducir despacio |
| Akkermansia muciniphila pasteurizada | Mejorar sensibilidad a la insulina y perfil metabólico. | N3 | Piloto exploratorio, 32 completaron | Prometedor y preliminar. No es un tratamiento |
| Probióticos de cepa única | Corregir la comunidad microbiana con una especie envasada. | N2 a N3 | Cepa dependiente y transitorio | Alimentar la propia gana a sustituirla |
| Test comercial de microbiota | Diagnosticar el estado de tu microbiota y guiar un plan. | Sin utilidad clínica | Composición sin patrón de referencia | Fotografía de un sistema que cambia en días |
| Trasplante fecal fuera de indicación | Sustituir la comunidad entera por la de un donante. | Solo en indicación establecida | Riesgos documentados y alertas de reguladores | Procedimiento médico, nunca bienestar |
Las cuatro palancas de arriba son dieta y abstinencia, y ninguna genera facturación. Las dos de abajo son las que más se promocionan. La distancia entre ambos extremos define el estado comercial de este campo.
Microbiota intestinal: 5 cosas que la evidencia deja claras
- La microbiota pesa unos 200 gramos, no uno ni dos kilos, y las bacterias son del mismo orden que las células humanas, no diez veces más. Ambas cifras corregidas vienen del mismo artículo, y la corregida es un argumento mejor: lo notable es la desproporción entre masa y efecto.
- Es un órgano por función, no por metáfora: transforma sustratos que ninguna enzima humana procesa, emite señales que actúan a distancia y tiene homeostasis propia. Con dos particularidades: es adquirido y cambia en días.
- Importa lo que hace, no quién es. Personas igual de sanas comparten pocas especies y perfiles funcionales parecidos, porque distintas bacterias hacen el mismo trabajo. Por eso no existe un microbioma de referencia con el que compararte.
- Actúa por tres vías químicas: ácidos grasos de cadena corta, transformación de ácidos biliares con señalización vía FXR y TGR5, y sostenimiento de la barrera intestinal. Las tres requieren sustrato fermentable para existir.
- La única palanca con respaldo consistente es la variedad de especies vegetales, mejor predictor de diversidad microbiana que los gramos de fibra. No se vende en cápsulas, y ese es exactamente el problema del sector.
La posición de KRECE
La microbiota es un órgano de verdad y un mercado inmaduro, y confundir las dos cosas es lo que hace daño al campo. Que sea un órgano está bien establecido: transforma lo que nosotros no podemos, emite señales que actúan lejos y participa en la regulación metabólica del huésped. Que tengamos herramientas para intervenirla con precisión, no. Entre ambas afirmaciones hay una distancia que la publicidad cubre y la evidencia todavía no.
La corrección de las cifras no es pedantería, es el ejemplo de cómo se propaga el error. La versión anterior de esta entrada dedicaba varios párrafos a desmontar el mito del diez a uno, citando el artículo correcto, y dos párrafos después afirmaba que la microbiota pesa dos kilos: un dato que ese mismo artículo desmiente en su resumen. Corregir un mito y repetir otro de la misma fuente es la señal de que la cita se copió sin leerse. Nos ha pasado a nosotros y por eso se dice aquí.
Sobre los tests de microbiota somos claros: no compres uno esperando un diagnóstico. Miden composición, y la composición varía tanto entre personas sanas que no existe un valor normal con el que compararte. La redundancia funcional hace el resto: dos comunidades con listas de especies distintas pueden hacer lo mismo. Un informe de porcentajes contra una referencia que no existe es una fotografía, no una medida.
Y la palanca que funciona es la que nadie factura. El mejor predictor de diversidad microbiana no son los gramos de fibra en la etiqueta sino cuántas especies vegetales distintas comes en una semana. Es aburrido, es barato y es lo que hay. Que un sector entero se haya construido sobre cápsulas mientras el dato robusto apunta al carro de la compra dice bastante de dónde están los márgenes y poco de dónde está la evidencia.
Lo que sí merece atención es hacia dónde va esto. El campo se está moviendo de la composición a la función, de secuenciar quién está a medir qué se produce. Cuando existan medidas funcionales validadas y accesibles, esta entrada se reescribirá entera y con gusto. Hasta entonces, la honestidad consiste en decir que sabemos bastante de lo que la microbiota hace y muy poco de cómo dirigirla.
Preguntas frecuentes sobre la microbiota intestinal
¿Qué es la microbiota intestinal?
¿Cuánto pesa la microbiota intestinal?
¿Es verdad que tenemos diez veces más bacterias que células humanas?
¿Qué es el segundo genoma?
¿Importa más qué bacterias tengo o qué hacen?
¿Sirve de algo un test de microbiota?
¿Cómo influye la microbiota en el metabolismo?
¿Qué es lo que más mejora la microbiota?
¿Sirve tomar Akkermansia muciniphila?
En qué se basa este artículo
Ver las 9 fuentes
- Sender R, Fuchs S, Milo R. Revised Estimates for the Number of Human and Bacteria Cells in the Body. PLOS Biology. 2016;14(8):e1002533.La fuente de las dos correcciones de esta entrada. Hombre de referencia de 70 kg: 3,8 por 10 elevado a 13 bacterias y 3,0 por 10 elevado a 13 células humanas. Y en el mismo resumen, la masa total de bacterias del cuerpo: unos 0,2 kg. En abierto, licencia Creative Commons.
- Versión en PDF del artículo anterior.Contiene el cálculo detallado: 0,4 kg de contenido colónico con fracción bacteriana de aproximadamente la mitad dan los 0,2 kg de peso húmedo, y de ahí los 50 a 100 g de peso seco. También la estimación alternativa a partir de la masa media de una bacteria intestinal.
- Depommier C, Everard A, Druart C, et al., con Cani PD como autor sénior. Supplementation with Akkermansia muciniphila in overweight and obese human volunteers: a proof-of-concept exploratory study. Nature Medicine. 2019;25(7):1096-1103.El único ensayo humano de la especie. 40 reclutados y 32 completados, 10 elevado a 10 bacterias al día, tres meses, un solo centro. Los propios autores lo titulan estudio exploratorio de prueba de concepto, y conviene citarlo con esa etiqueta.
- Registro en PubMed del ensayo anterior (PMID 31263284, ensayo NCT02637115).Cifras exactas: sensibilidad a la insulina +28,62 % (P = 0,002), insulinemia -34,08 % (P = 0,006), colesterol total -8,68 % (P = 0,02). Peso -2,27 kg (P = 0,091) y masa grasa -1,37 kg (P = 0,092), es decir NO significativos. HbA1c sin cambios.
- Texto completo del mismo ensayo en PMC.Incluye el detalle de que la estructura global del microbioma no se modificó con la suplementación, dato relevante para la doctrina de que colonizar de forma estable es difícil.
- Kriebs A. Microbiota supplements to improve metabolic health. Nature Reviews Endocrinology. 2019;15:500-501.Comentario editorial independiente sobre el ensayo de Akkermansia, útil para calibrar su alcance sin depender de la lectura de los propios autores. Lo describe como estudio piloto.
- Qin J, Li R, Raes J, et al. A human gut microbial gene catalogue established by metagenomic sequencing. Nature. 2010;464:59-67.Origen de la cifra de 3,3 millones de genes microbianos no redundantes y del concepto de segundo genoma. Citado sin hipervínculo por no haberse verificado una URL estable en esta sesión.
- López-Otín C, Blasco MA, Partridge L, Serrano M, Kroemer G. Hallmarks of aging: an expanding universe, 2023, donde la disbiosis entra como sello propio del envejecimiento.Base del encuadre de la sección sobre envejecimiento. Citado sin enlace por el mismo motivo. El marco general se desarrolla en la entrada de hallmarks de este sitio.
- Thevaranjan N, et al., sobre disbiosis asociada a la edad, permeabilidad e inflamación. McDonald D, et al., y los datos del American Gut Project sobre número de especies vegetales y diversidad microbiana.Conservados del artículo original y citados sin enlace. Advertencia de lectura: el primero es mayoritariamente trabajo en modelo animal, y el umbral de treinta plantas por semana procede de un estudio observacional de ciencia ciudadana, no de un ensayo. Ambos se usan aquí como orientación, no como prueba.
