Cuando contraes un músculo con intensidad no solo mueves un hueso: pones en marcha una glándula. El músculo esquelético segrega cientos de moléculas mensajeras, las mioquinas, que viajan por la sangre y hablan con la grasa, el hígado, el hueso y el cerebro.
Un estudio de 2025 en Nature Communications le puso cara fresca a esta idea con una mioquina concreta, la CLCF1: baja con la edad, sube con el ejercicio de fuerza (no con el aeróbico) e, inyectada en ratones viejos, mejoró músculo y hueso. Es buena ciencia y buen ejemplo. El problema llega cuando el resumen viral la cuenta.
Porque a esa molécula le cuelgan una promesa cerebral que el paper no probó: el estudio midió músculo, hueso y glucosa, y no tiene ni un solo dato de cerebro ni de cognición. El eje músculo a cerebro existe, pero descansa en otras moléculas. Aquí está la entidad entera: qué son las mioquinas, qué hacen de verdad, el catálogo real con su evidencia honesta y por qué el cóctel se gana con intensidad, no se compra en un vial.
Conviene separar dos planos que el marketing del biohacking funde a propósito. Uno: el concepto, donde «el músculo es un órgano endocrino» es ciencia asentada desde hace dos décadas y está fuera de discusión. Dos: las moléculas concretas, donde de la mayoría de mioquinas solo se ha descrito su función en ratón y apenas una de cada veinte está caracterizada de verdad. Este artículo recorre los dos sin mezclarlos.
Y como hay vendedores ofreciendo «exerkinas» en vial y newsletters prometiendo rejuvenecer con una inyección, el tratamiento es de tema sensible: distinguimos lo que el músculo hace de forma real de lo que se vende como atajo. KRECE cubre las mioquinas porque el concepto es legítimo y la confusión, enorme, y porque entenderlas refuerza la palanca que de verdad funciona, el ejercicio, frente a los fármacos que prometen imitarlo.
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N5 · concepto
El músculo es un órgano endocrino: al contraerse segrega cientos de mioquinas que comunican con grasa, hueso, hígado y cerebro. Asentado desde que en 2000 se vio que la contracción libera IL-6.
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N1 animal
De las moléculas concretas (irisina, apelina, CLCF1) lo fuerte es de ratón; en humanos los datos son exploratorios o correlacionales. Solo cerca del 5% de las mioquinas tienen función descrita.
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corrección
El eje músculo a cerebro existe, pero se apoya en la irisina vía BDNF y en la catepsina B, no en la CLCF1, que el estudio de 2025 probó en músculo y hueso, no en el cerebro.
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no se compra
No hay vial que reproduzca el cóctel de mioquinas que libera el ejercicio. La señal completa se gana con contracción intensa, y el aeróbico suave casi no la enciende.
VeredictoEl músculo endocrino es real y es la razón profunda de por qué el ejercicio funciona. Pero casi toda «exerkina en vial» es promesa de ratón: el cóctel se entrena, no se compra.
Mioquinas: las moléculas con las que el músculo habla con el resto del cuerpo.
Las mioquinas son citoquinas y péptidos que las fibras musculares fabrican y liberan, y que actúan sobre el propio músculo o viajan por la sangre para regular otros órganos. El término lo acuñó el grupo de Bente Pedersen al descubrir que el músculo no es un tejido mudo que solo consume energía, sino un emisor de señales con su propio repertorio hormonal [1].
De motor a glándula
Durante mucho tiempo el músculo se entendió como una máquina de moverse y poco más. El giro llegó en el año 2000, cuando se vio que la contracción libera interleucina 6 (IL-6) a la circulación, y que puede multiplicar su nivel hasta cien veces durante el ejercicio [3]. Esa fue la primera mioquina, y abrió la puerta a un catálogo que hoy se cuenta por cientos. La consecuencia conceptual es la que defiende la medicina centrada en el músculo: cuanto más músculo activo tienes, más potente es esa glándula y más señales de reparación emite.
La magnitud del repertorio es lo que sorprende. Se calcula que el secretoma muscular incluye varios cientos de péptidos, pero la función biológica solo se ha descrito para alrededor del 5% de ellos [2]. Es decir, el concepto está sólido y el mapa, casi en blanco: sabemos que el músculo habla mucho, y entendemos solo una fracción de lo que dice.
Mioquina, exerkina, exosoma: el mapa de términos
Tres palabras se cruzan y conviene ordenarlas. Mioquina es la señal que sale del músculo. Exerkina es el conjunto mayor: todas las moléculas que el ejercicio libera desde cualquier tejido, incluidas las del corazón (cardioquinas), el hígado (hepatoquinas), la grasa (adipoquinas) o las neuronas (neuroquinas) [3]. Toda mioquina es una exerkina, pero no al revés. Y muchas de estas señales no viajan sueltas: parte se transporta dentro de exosomas, las vesículas que hacen de sobre molecular [2]. Tenerlo claro evita el error más común, tratar «mioquina» y «suplemento de exerkina» como si fueran la misma cosa.
Cómo funciona: la contracción enciende una señal que repara a distancia.
La cadena es siempre la misma: la fibra se contrae, eso activa sensores de energía y estrés, esos sensores disparan la fabricación y liberación de mioquinas, y las mioquinas salen a la sangre a buscar sus dianas en otros tejidos. No es una metáfora: es señalización endocrina con su gatillo, su mensajero y su receptor, exactamente como una hormona clásica.
El gatillo: contracción, AMPK y PGC-1 alfa
El detonante es mecánico y energético. Contraer una fibra consume ATP y dispara sensores como la AMPK y el coactivador PGC-1 alfa, las mismas vías que ordenan al músculo adaptarse al esfuerzo y fabricar mitocondrias nuevas. Activar la AMPK de forma química, o estimular la fibra con pulsos eléctricos en el laboratorio, también enciende mioquinas, lo que confirma que la señal nace de la propia actividad contráctil y no de otra cosa. Por eso el tipo y la intensidad del ejercicio cambian qué se libera y cuánto.
Los destinos: grasa, hueso, metabolismo y cerebro
Una vez en la sangre, las mioquinas reparten efectos por tejidos distintos. En la grasa empujan la termogénesis y la quema de lípidos; en el metabolismo mejoran la captación de glucosa y la sensibilidad a la insulina; en el hueso sostienen la llamada unidad músculo-hueso, el diálogo que explica por qué la sarcopenia y la osteoporosis suelen ir de la mano. Esa conexión músculo-hueso es justo el terreno donde aterriza la mioquina de 2025.
El destino que más titulares genera es el cerebro, y aquí hace falta precisión quirúrgica. Sí existe un eje músculo a cerebro, pero la evidencia lo sostiene en moléculas concretas: la irisina, que en modelos animales activa el BDNF en el hipocampo, y la catepsina B, asociada a memoria [8]. Es el mecanismo que también asoma cuando se estudia el ejercicio frente a la depresión. Guarda este matiz, porque es exactamente el que el resumen viral de la CLCF1 se salta.
El catálogo real: cinco mensajeras y lo que de verdad se sabe de cada una.
De los cientos de mioquinas descritas, un puñado concentra casi toda la evidencia, y conviene mirarlas de cerca porque cada una está en un punto distinto de la escala que va del cultivo celular al ensayo humano. La regla general se repite: mecanismo elegante, resultados fuertes en ratón y datos humanos que van de lo correlacional a lo exploratorio.

La IL-6 y la paradoja
La primera mioquina es también la más desconcertante. La IL-6 liberada por el músculo durante el ejercicio es beneficiosa: moviliza energía, mejora la captación de glucosa y tiene un perfil antiinflamatorio agudo. La misma molécula, crónicamente elevada por la grasa visceral y la inflamación de fondo, se asocia a enfermedad metabólica [1]. No es contradicción, es contexto: importa quién la libera, en qué pulso y durante cuánto. La IL-6 enseña la lección que vale para todo el catálogo, que el mismo nombre puede significar cosas opuestas según de dónde venga.
La irisina y su resurrección
Ninguna mioquina ilustra mejor el ciclo de bombo y corrección. En 2012 se describió la irisina, derivada de la proteína FNDC5, como la señal que convertía grasa blanca en parda y prometía quemar calorías; la prensa la trató como pastilla de ejercicio [4]. Después llegó la resaca: el gen humano arranca en un codón atípico y los kits comerciales de medición usaban anticuerpos poco fiables, hasta el punto de que algunos la llamaron un mito. En 2015, una medición por espectrometría de masas confirmó que la irisina humana existe y sube con el ejercicio, pero en una magnitud modesta, de alrededor de 3,6 a 4,3 nanogramos por mililitro [5]. Existe, sí; el milagro metabólico de los titulares, no.
Apelina, CLCF1 y las nuevas dianas
La generación reciente repite el patrón con más rigor. La apelina, péptido liberado por la contracción, baja con la edad y, repuesta en ratones viejos, revierte rasgos de sarcopenia activando mitocondrias, autofagia y células madre del músculo [6]. La CLCF1 es la protagonista de 2025 y la analizamos entera en la sección siguiente. Y conviene no olvidar las mioquinas que frenan: la miostatina es una señal muscular que limita el propio crecimiento, y de ahí el interés por su antagonista, la folistatina. El músculo no solo se anima a sí mismo: también se pone freno.
| Mioquina | Qué hace (lo demostrado) | Nivel (N0-N5) | Veredicto KRECE |
|---|---|---|---|
| IL-6 | Aguda y muscular, moviliza energía y mejora glucosa; crónica y de la grasa, perjudicial. Bien medida en humanos. | N2-N3 | Real, depende del contexto |
| Irisina | Convierte grasa blanca en parda en ratón; existe en humanos pero sube poco (3,6 a 4,3 ng/ml). | N1-N2 | Real, magnitud modesta |
| Apelina | En ratón viejo revierte rasgos de sarcopenia; baja con la edad y se asocia al beneficio del ejercicio en personas. | N1-N2 | Prometedora, sobre todo animal |
| CLCF1 | En ratón viejo mejora fuerza, hueso y glucosa; en humanos solo datos correlacionales. Cero datos de cerebro. | N1-N2 | Nueva, gancho de 2025 |
| BDNF (vía irisina) | Sostiene el eje músculo a cerebro en modelos animales; base del efecto cognitivo del ejercicio. | N1 | Mecanismo, no producto |
Ninguna de estas moléculas tiene un ensayo clínico que la valide como tratamiento en humanos. La mejor documentada en personas es la IL-6, y precisamente por eso sabemos que su efecto depende por completo del contexto.
CLCF1: qué mostró el estudio de 2025 y qué le colgaron que no probó.
La CLCF1 es una mioquina de la familia de la IL-6 que se secreta junto a una proteína chaperona, la CRLF1, y cuyo nivel en sangre cae con la edad porque cae esa chaperona. El estudio que la puso de moda, publicado en Nature Communications en 2025, es sólido y honesto en sus límites [7]. El problema no está en el paper, está en cómo se resume.
Lo que el estudio sí demostró
El trabajo muestra una cadena coherente. La CLCF1 sube con el ejercicio de fuerza y de alta intensidad, pero no con el aeróbico moderado, y desciende con la edad. Inyectada en ratones viejos a la dosis alta, mejoró la fuerza de agarre, la distancia recorrida, la fuerza tetánica y el tamaño de fibra, además de la tolerancia a la glucosa. En el hueso frenó a los osteoclastos (vía STAT1) y estimuló a los osteoblastos (vía STAT3), subiendo la masa ósea. Y cuando bloquearon la señal, el ejercicio dejó de hacer parte de su efecto, lo que cierra el argumento: la CLCF1 es uno de los mensajeros por los que el ejercicio funciona en músculo y hueso, al menos en el ratón.
El salto al cerebro que el paper no da
Aquí está la corrección que justifica este artículo. El resumen que circula afirma que la CLCF1 «regenera neuronas» y que «por eso piensas mejor al entrenar». El estudio no contiene ni un solo experimento de cerebro ni de cognición: midió músculo, hueso y metabolismo de la glucosa, y nada más. La CLCF1 tiene literatura previa sobre supervivencia de motoneuronas en modelos embrionarios, que los propios autores citan solo como hipótesis para trabajo futuro, no como resultado. El eje músculo a cerebro es real, pero lo sostienen otras moléculas, la irisina vía BDNF y la catepsina B, en otros estudios [8]. Colgarle a la CLCF1 la promesa cognitiva es coser dos historias distintas y vender la costura como hallazgo.
Lo que el resumen viral sí acertó: la intensidad
Conviene ser justo, porque el resumen acierta en un punto y vale la pena subrayarlo. La idea de que no basta con caminar está respaldada por el propio paper: en el brazo humano, el ejercicio aeróbico moderado durante una hora no elevó la CLCF1 de forma significativa, mientras que la fuerza y el entrenamiento interválico de alta intensidad sí lo hicieron. Es decir, esta señal en concreto escala con la intensidad y el componente de fuerza, no con los minutos de paseo. Es la misma lección que aparece cuando se mira cómo la fuerza y el HIIT revierten indicadores de envejecimiento en mayores.
El bombo: por qué no puedes comprar el cóctel y la intensidad sí lo fabrica.
El salto comercial es siempre el mismo: si el músculo segrega moléculas que rejuvenecen al ratón, vendamos esas moléculas en un vial. Es el reclamo que ya circula con «exerkinas» y péptidos de venta directa. Y choca con una realidad doble que conviene tener delante antes de gastar un euro.
La exerkina en un vial: por qué no funciona el atajo
El primer obstáculo es de fondo. El beneficio del ejercicio no viene de una molécula, sino de un cóctel orquestado de cientos de señales liberadas en el pulso y el orden correctos, muchas dentro de exosomas y con dianas que se solapan. Inyectar una sola proteína recombinante no reproduce esa coreografía, y además casi todos esos efectos están medidos en ratón, no en personas. La historia de la irisina es el aviso: un campo entero se quemó con kits de medición defectuosos y promesas de quemagrasas que el dato humano no sostuvo. La misma cautela vale para los péptidos mitocondriales y para moléculas sueltas como la MOTS-c: interesantes como diana, lejos aún de ser un tratamiento que comprar.
No basta con caminar: la señal escala con la intensidad
El segundo punto es más útil que cualquier vial. Si lo que quieres es activar tu propia fábrica de mioquinas, la palanca es el esfuerzo, no el suplemento, y dentro del esfuerzo pesa la intensidad y la fuerza. Es la conclusión que conecta con la tesis de que los fármacos que imitan el ejercicio no lo sustituyen y con la triada de VO2max, fuerza y masa muscular como base de la longevidad funcional. Un matiz final que el biohacking suele ignorar: machacarse a antioxidantes en dosis altas puede apagar parte de la señal del ejercicio, así que a veces lo que añades resta. La fábrica ya la tienes; solo hay que encenderla con intensidad.
Preguntas frecuentes
¿Qué son exactamente las mioquinas?
Son citoquinas y péptidos que el músculo fabrica y libera al contraerse. Actúan sobre el propio músculo o viajan por la sangre para regular otros órganos, como la grasa, el hueso, el hígado y el cerebro. Por eso se dice que el músculo es un órgano endocrino, una glándula además de un motor.
¿Es verdad que el músculo es un órgano endocrino?
Sí, y es ciencia asentada. Desde el año 2000 se sabe que la contracción libera IL-6 y, desde entonces, se han descrito cientos de mioquinas. El concepto no está en discusión; lo que está poco caracterizado es la función concreta de la mayoría de esas moléculas, solo alrededor del 5% del total.
¿Sirve la CLCF1 para el cerebro o la memoria?
No según el estudio que la hizo famosa. El trabajo de 2025 midió músculo, hueso y glucosa, y no incluyó ningún experimento de cerebro ni de cognición. El eje músculo a cerebro existe, pero se apoya en otras moléculas, como la irisina vía BDNF y la catepsina B. Atribuirle a la CLCF1 que «regenera neuronas» mezcla dos historias distintas.
¿Se pueden comprar mioquinas o exerkinas en suplemento?
No de forma que tenga respaldo. Lo que se vende como «exerkinas» son proteínas recombinantes con efectos medidos casi solo en ratón, y ningún vial reproduce el cóctel orquestado de señales que libera el ejercicio. La historia de la irisina, sobrevendida y luego corregida, es el aviso de cautela.
¿Qué ejercicio libera más mioquinas, cardio o fuerza?
Depende de la mioquina, pero la intensidad manda. En el caso de la CLCF1, el aeróbico moderado no la subió y la fuerza y el HIIT sí. Como regla práctica, no basta con caminar: la señal de reparación escala con la intensidad y con el componente de fuerza, no con los minutos suaves.
¿Qué es la irisina y por qué fue polémica?
Es una mioquina descrita en 2012 como la señal que convierte grasa blanca en parda. La polémica vino porque el gen humano arranca en un codón atípico y los kits de medición usaban anticuerpos poco fiables. Una medición por espectrometría de masas en 2015 confirmó que existe en humanos, pero que sube poco, lejos del quemagrasas de los titulares.
- Pedersen BK, Febbraio MA. Muscles, exercise and obesity: skeletal muscle as a secretory organ. Nat Rev Endocrinol. 2012;8(8):457-465. Nature Reviews Endocrinology. Revisión canónica del concepto: el músculo secreta cientos de péptidos (mioquinas) con efectos autocrinos, paracrinos y endocrinos, y comunica con grasa, hígado, páncreas, hueso y cerebro.
- Severinsen MCK, Pedersen BK. Muscle-organ crosstalk: the emerging roles of myokines. Endocr Rev. 2020;41(4):594-609. Endocrine Reviews. El músculo produce cientos de mioquinas, pero solo cerca del 5% tiene función descrita; muchas exerkinas viajan dentro de exosomas que transportan péptidos y ácidos nucleicos.
- Chow LS, Gerszten RE, Taylor JM, et al. Exerkines in health, resilience and disease. Nat Rev Endocrinol. 2022;18(5):273-289. Nature Reviews Endocrinology. Marco de las exerkinas: señales liberadas por el ejercicio desde músculo (mioquinas), corazón, hígado, grasa y neuronas. La IL-6 fue la primera, descrita en 2000, y sube hasta cien veces con el esfuerzo.
- Boström P, Wu J, Jedrychowski MP, et al. A PGC1-alpha-dependent myokine that drives brown-fat-like development of white fat and thermogenesis. Nature. 2012;481(7382):463-468. Nature. Descripción original de la irisina, derivada de FNDC5 y dependiente de PGC-1 alfa, como mioquina que induce el pardeamiento de la grasa blanca y la termogénesis.
- Jedrychowski MP, Wrann CD, Paulo JA, et al. Detection and quantitation of circulating human irisin by tandem mass spectrometry. Cell Metab. 2015;22(4):734-740. PubMed. Zanja la controversia: confirma por espectrometría de masas que la irisina humana existe y sube con el ejercicio aeróbico, de unos 3,6 a 4,3 ng/ml, una magnitud modesta.
- Vinel C, Lukjanenko L, Batut A, et al. The exerkine apelin reverses age-associated sarcopenia. Nat Med. 2018;24(9):1360-1371. PubMed. La apelina, péptido inducido por la contracción, baja con la edad y, repuesta en ratones viejos, mejora la función muscular activando mitocondriogénesis, autofagia y células madre del músculo.
- Kang JS, Kim JH, Kim MJ, et al. Exercise-induced CLCF1 attenuates age-related muscle and bone decline in mice. Nat Commun. 2025;16:4743. Nature Communications. La CLCF1 baja con la edad y sube con fuerza y HIIT (no con aeróbico); en ratón viejo mejora músculo, hueso y glucosa, y bloquearla anula parte del efecto del ejercicio. Sin datos de cerebro ni de cognición.
- Wrann CD, White JP, Salogiannnis J, et al. Exercise induces hippocampal BDNF through a PGC-1 alpha/FNDC5 pathway. Cell Metab. 2013;18(5):649-659. Cell Metabolism. Demuestra que el ejercicio induce BDNF en el hipocampo a través de la vía PGC-1 alfa y FNDC5 (la proteína de la irisina); es el eje que sostiene la parte cerebral del ejercicio, no la CLCF1.
