El estrés sostenido sube el cortisol, el cortisol reparte grasa hacia el abdomen y esa grasa te vuelve resistente a la insulina. La cadena es tan limpia que hace tiempo que dejó de discutirse. Esta entrada la audita eslabón a eslabón: qué está demostrado, con qué tamaño de efecto en personas reales, y por qué el fármaco que la industria construyó para probarla acabó archivado por falta de potencia.
Lo que has venido a saber
¿Qué es el cortisol crónico?
La exposición sostenida durante meses, no un pico puntual. Es una magnitud acumulada, y esa es exactamente la razón por la que un cortisol en sangre de una mañana cualquiera no la mide.
¿El cortisol crónico engorda?
Se asocia a más grasa abdominal, sí, y el dato es sólido: 146 cohortes y 34.342 personas. Pero la correlación agrupada más alta del conjunto es de 0,18. El efecto es real y es pequeño.
¿Causa resistencia a la insulina?
En dosis farmacológica, sin discusión: un tratamiento con corticoides la produce. En el estrés cotidiano, el dato humano es contradictorio. En un estudio poblacional de 850 personas sin diabetes, más actividad del eje se asoció a menos resistencia a la insulina.
¿Se puede medir la exposición?
En el pelo. El cortisol y la cortisona acumulados en el cabello reflejan meses de exposición y es lo que ha permitido estudiar esto en poblaciones grandes. Una analítica de rutina sirve para otra cosa.
¿Bajar el cortisol arregla el metabolismo?
No hay evidencia de que lo haga. Varios suplementos bajan el número. Ninguno ha demostrado revertir daño metabólico, y el fármaco diseñado para bloquear el cortisol dentro del tejido llegó a fase 2 y se quedó ahí por efecto insuficiente.
¿Cuándo hay que ir al médico?
Cuando aparece un cuadro, no una sospecha: estrías anchas y moradas, cara redondeada, debilidad de brazos y muslos, moratones fáciles, hipertensión o diabetes de aparición rápida. Eso es hipercortisolismo patológico y se estudia en consulta, no con un suplemento.
Cortisol y metabolismo: lo que vas a encontrar
La cadena, sección a sección
Qué significa crónico, y por qué una analítica no lo ve
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Conviene separar dos cosas que se nombran igual. El cortisol agudo es la respuesta de minutos a horas ante una amenaza, y no solo es normal: es la razón de que exista el sistema. El cortisol crónico es otra magnitud: la exposición acumulada durante semanas o meses. Lo que aquí se discute es la segunda. La biología básica de la hormona, sus funciones y su ritmo diurno viven en la entrada de cortisol y no se repiten aquí.
La distinción tiene una consecuencia práctica incómoda. Durante décadas, la investigación sobre estrés y metabolismo se hizo con medidas puntuales: cortisol en sangre de la mañana, cortisol en saliva a cuatro horas del día, cortisol libre en orina de 24 horas. Todas miden un instante o un día, y todas son ruidosas: cambian con la hora, con haber dormido mal, con el café y con lo que te ha pasado camino del laboratorio. Con instrumentos así, la literatura salió inconsistente, y no porque el fenómeno no existiera, sino porque se estaba midiendo con una regla que no llegaba.
Lo que cambió el campo fue medir en pelo. El cortisol y la cortisona se incorporan al cabello a medida que crece, de modo que dos o tres centímetros del segmento más cercano al cuero cabelludo contienen la exposición de los últimos meses en una sola muestra. Es una medida de estado estacionario, no de instante, y es lo que ha hecho posible estudiar el asunto en decenas de miles de personas en vez de en cohortes de doscientas.
Traducido a lo que le importa a quien lee: una analítica de empresa con un cortisol matutino no responde a la pregunta de este artículo. Puede detectar un exceso patológico grosero, que es un asunto distinto y está en la sección 04, pero no informa de tu exposición crónica. Si buscas un panel que sí capture desgaste acumulado, el marco útil es el de la carga alostática, y su traducción a analítica concreta está en el panel de cinco biomarcadores.
El mecanismo: por qué la grasa va al abdomen
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El argumento mecanístico es bueno, y conviene reconocerlo antes de discutirlo. Los glucocorticoides hacen exactamente lo que se les atribuye: movilizan glucosa, favorecen la gluconeogénesis hepática, antagonizan la acción de la insulina en músculo y promueven el depósito de grasa en el compartimento visceral. No es una hipótesis: es lo que se ve en cualquier persona tratada con corticoides durante meses y en el síndrome de Cushing.
La pregunta interesante es por qué el abdomen y no el resto. Hay dos razones y las dos apuntan al mismo sitio. La primera es que el tejido adiposo visceral tiene más receptores de glucocorticoides que el subcutáneo, de modo que la misma concentración en sangre produce más señal ahí. La segunda es más elegante: ese tejido fabrica su propio cortisol.
La enzima que lo hace se llama 11 beta hidroxiesteroide deshidrogenasa de tipo 1, 11β-HSD1 para abreviar, y convierte cortisona inactiva en cortisol activo dentro de la célula. Su gemela, la 11β-HSD2, hace lo contrario: apaga el cortisol convirtiéndolo en cortisona. El resultado es que la concentración de cortisol que importa no es la de la sangre, sino la intracelular, y esa la regula cada tejido por su cuenta. Dos personas con el mismo cortisol en una analítica pueden tener exposiciones tisulares distintas.
De ahí sale el resto de la cascada, y de ahí sale también el motivo por el que este artículo no la desarrolla entera. La grasa visceral es un órgano endocrino que segrega mediadores proinflamatorios; esa inflamación de bajo grado deteriora la señalización de insulina; y el bucle se cierra. Ese eslabón tiene su propia pieza en inflammaging, la fisiología de la resistencia a la insulina tiene la suya, y el caso particular del tejido visceral y la insulina cerebral la suya. Aquí nos quedamos con la pregunta que ninguna responde: cuánto de todo esto ocurre de verdad cuando el disparador es tu trabajo y no un frasco de prednisona.
Los datos humanos, incluido lo que no encaja
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Aquí es donde la historia bonita se encuentra con los números. El mejor dato disponible sobre exposición crónica y adiposidad es un metaanálisis de glucocorticoides en pelo publicado en Obesity Reviews en 2022: 146 cohortes y 34.342 personas. El resultado es inequívoco en dirección: los glucocorticoides acumulados se relacionan positivamente con todas las medidas antropométricas.
Y es igual de inequívoco en magnitud. La correlación agrupada más alta de todo el conjunto, la de cortisona en pelo con perímetro abdominal, es de 0,18 con un intervalo de confianza del 95% entre 0,11 y 0,24. Una correlación de 0,18 significa que la exposición crónica a cortisol explica alrededor del 3% de la variación en el perímetro abdominal de una población. El otro 97% es otra cosa.
El dato longitudinal apunta en la misma dirección y con el mismo tamaño. En una cohorte poblacional británica de 2.527 adultos mayores de 54 años, el cortisol en pelo se correlacionó con el peso, el índice de masa corporal y el perímetro abdominal, con coeficientes en torno a 0,10. Lo más interesante de ese trabajo no es la asociación transversal sino que el cortisol alto se relacionó con la persistencia de la obesidad a lo largo de cuatro años: encaja mejor con un cortisol que ayuda a mantener el estado que con uno que lo provoca.
Y ahora lo que no encaja. En el MESA, un estudio poblacional multiétnico de 850 personas, se midió la curva diurna completa de cortisol y se cruzó con marcadores de glucemia. En los participantes sin diabetes, un cortisol al despertar más alto y un área bajo la curva mayor se asociaron a un HOMA-IR un 8,2% más bajo (IC 95%: -13,3 a -2,7). Es decir, más actividad del eje se asoció a menos resistencia a la insulina. Los propios autores lo describen como paradójico. La asociación se atenuaba al ajustar por perímetro abdominal, y en los participantes con diabetes la relación iba en el sentido esperado: más actividad del eje, peor HbA1c.
Ese hallazgo es transversal y no demuestra causalidad en ninguna dirección, igual que tampoco la demuestran los que van a favor. Pero un campo en el que el estudio poblacional mejor instrumentado devuelve el signo contrario al esperado en la mitad de su muestra no es un campo con una respuesta cerrada. Quien te cuente la cadena estrés a cortisol a diabetes como un hecho establecido está omitiendo la mitad de la evidencia.
Cuándo deja de ser estrés y es enfermedad
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Lo esencial: existe un exceso de cortisol que es una enfermedad, se llama hipercortisolismo, se diagnostica en consulta con pruebas específicas y no tiene nada que ver con estar estresado en el trabajo. Si reconoces el cuadro que sigue, el siguiente paso es un médico, no un suplemento.
Los signos que separan un cuadro clínico de una temporada mala son bastante concretos, y sobre todo son físicos y visibles: estrías anchas y de color morado o vinoso en abdomen, axilas o muslos, redondeamiento y enrojecimiento de la cara, acumulación de grasa en la nuca y en el hueco supraclavicular, debilidad muscular proximal que hace difícil levantarse de una silla sin las manos o subir escaleras, piel fina que se amorata al mínimo golpe, y aparición o descontrol rápido de hipertensión o diabetes. La combinación de adelgazamiento de brazos y piernas con aumento del abdomen es especialmente característica.
Ninguno de esos signos se trata con lo que se comenta en la sección 07. Un adaptógeno que baja unos puntos el cortisol sérico no corrige un adenoma hipofisario ni un tumor suprarrenal, y usarlo para posponer la consulta es la peor decisión posible en este terreno.
El otro extremo también tiene su nombre y su literatura. El cuadro de agotamiento con cortisol aplanado que aparece en el desgaste laboral prolongado no es lo mismo que el hipercortisolismo, se mide con otros marcadores y merece su propia lectura: está en burnout y biomarcadores del eje hormonal. Y una advertencia que hay que repetir cada vez: la fatiga adrenal no existe como entidad clínica, y su cobertura completa está en la entrada de cortisol.
Por último, sobre suplementación en general: nada de lo que se menciona en este artículo está exento de riesgo. La ashwagandha tiene señales de seguridad hepática y tiroidea documentadas y no tiene establecida su seguridad a largo plazo. Si tomas medicación, tienes patología tiroidea, hepática o autoinmune, o estás embarazada, esto se consulta antes, no después.
La vía conductual, que casi nadie cuenta
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Si el efecto endocrino directo explica una fracción pequeña, hay que preguntarse de dónde sale el resto. Y aquí la respuesta es tan poco glamurosa que casi nadie la vende: el estrés crónico cambia lo que haces, y lo que haces tiene efectos metabólicos mucho mayores que los 0,18 de correlación de la sección anterior.
Las revisiones actuales del vínculo entre estrés y obesidad tratan la dimensión conductual con el mismo peso que la biológica, y con razón. El estrés sostenido acorta y fragmenta el sueño, desplaza la ingesta hacia alimentos densos y palatables, aumenta el consumo de alcohol, reduce la actividad física y desplaza la comida hacia la noche. Cada una de esas cinco cosas tiene, por separado, un efecto sobre la composición corporal y la sensibilidad a la insulina bastante mayor que el atribuible a la hormona en sí.
El sueño merece mención aparte porque es donde el bucle se cierra de verdad y donde la evidencia es más fuerte. La falta de sueño empeora la tolerancia a la glucosa y altera el eje hormonal, y el cortisol desregulado fragmenta el sueño: es un circuito que se autoalimenta. La cobertura está repartida entre sueño y composición corporal y la arquitectura del sueño.
Esto no es un consuelo, es una buena noticia operativa. Un mecanismo endocrino no se puede tocar directamente sin un fármaco que, como veremos, no existe. Una conducta sí. Y explica por qué las intervenciones que funcionan en la práctica clínica sobre el perfil metabólico de una persona estresada son las aburridas: dormir, mover, ordenar la ingesta. También explica por qué la sensación de que el metabolismo se ha estropeado solo casi nunca es lo que parece, cosa que se desarrolla en el mito del metabolismo lento.
El fármaco que debía demostrarlo y no pudo
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Esta es la parte del expediente que casi nunca se cuenta, y es la que más pesa. Si la hipótesis es que el cortisol dentro del tejido causa el daño metabólico, entonces bloquear la enzima que lo fabrica dentro del tejido debería revertirlo. Es una predicción falsable, cara y limpia. Y se puso a prueba.
La industria desarrolló más de 170 compuestos dirigidos contra la 11β-HSD1. Varios llegaron a ensayos de fase 2 en pacientes con diabetes tipo 2. El resultado, y conviene ser justo con él, no fue negativo: los inhibidores se toleraron bien y mejoraron el control glucémico, el perfil lipídico y la tensión arterial, además de inducir una pérdida de peso modesta. La hipótesis, en sentido estricto, se confirmó.
Lo que ocurrió fue otra cosa. La magnitud de los efectos resultó pequeña frente a los agentes ya disponibles, y el desarrollo para la indicación principal de diabetes tipo 2 se detuvo. No fue un fracaso de seguridad ni un fracaso mecanístico: fue un veredicto sobre el tamaño del efecto. La vía existe, se puede bloquear, y bloquearla mueve la aguja menos de lo que hace falta para justificar un fármaco.
Ese es, para KRECE, el dato más informativo de todo el expediente, y por una razón metodológica. Los estudios observacionales pueden estar confundidos en cualquier dirección. Un ensayo que interviene sobre el mecanismo y mide el resultado no. Cuando la mejor prueba de intervención disponible dice que la vía es real y modesta, ninguna correlación observacional posterior debería devolverla a la categoría de causa principal.
Qué se puede hacer y qué esperar de cada palanca
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Con lo anterior encima de la mesa, la pregunta correcta ya no es cómo bajar el cortisol, sino qué palanca mueve algo y cuánto. Cada una de estas tiene su análisis completo en otra pieza; aquí van la posición y el enlace, no el desarrollo.
Magnesio. Es la intervención con el mecanismo más específico de las tres. Un análisis post-hoc de un ensayo aleatorizado con 350 mg diarios durante 24 semanas en 49 adultos con sobrepeso encontró menor excreción urinaria de cortisol y mayor actividad de la 11β-HSD2, la enzima que apaga el cortisol en el tejido. Es exactamente la dirección contraria a la del problema. También es un post-hoc, con 49 personas y sin resultados metabólicos duros. El análisis del ensayo clave está en magnesio y potasio para cortisol y sueño.
Ashwagandha. Dos metaanálisis coinciden en que baja el cortisol sérico: uno de 9 ensayos y 558 pacientes da una diferencia media de -2,58, y otro de 2025 lo confirma. Y discrepan en lo que le importa al lector: el primero encuentra mejora del estrés percibido y el segundo no encuentra ninguna. Que dos síntesis de la misma literatura no coincidan en la escala subjetiva es, en sí mismo, el dato. La pieza completa, con seguridad incluida, está en ashwagandha.
Creatina. No actúa sobre el cortisol, actúa sobre la consecuencia cognitiva de dormir poco, que es lo que de verdad nota quien está en esta situación. Aquí hay novedad desde la primera versión de este artículo: en abril de 2026 se publicó el ensayo de dosis que faltaba, con 0,2 g/kg en 29 personas, y confirma el efecto con una mejora de hasta el 12%, menor que con la dosis alta anterior. Todo el expediente está en creatina y falta de sueño.
Y la que más mueve. Ninguna de las tres compite con dormir siete horas, moverse y no cenar a las once. Es una conclusión decepcionante para un artículo de suplementación y es la que sostienen los datos. Si el objetivo real es la sensibilidad a la insulina, el terreno es la flexibilidad metabólica y la cronología que precede a la diabetes; si el objetivo es el eje hormonal completo en varones, la conexión con la testosterona es directa, porque el hipercortisolismo sostenido inhibe el eje gonadal.
La cadena entera, eslabón por eslabón
| Eslabón | Qué afirma | Nivel (N0-N5) | Qué lo sostiene | Veredicto KRECE |
|---|---|---|---|---|
| Glucocorticoides en dosis farmacológica dañan el metabolismo | Corticoterapia y Cushing producen resistencia a insulina, grasa visceral e hipertensión. | N5 | Décadas de observación clínica y farmacología establecida. | Demostrado y no discutido |
| El tejido visceral fabrica su propio cortisol | La 11β-HSD1 convierte cortisona en cortisol dentro del adipocito. | N2 | Estudios mecanísticos en humanos con trazadores. | Mecanismo sólido |
| La exposición crónica se asocia a más grasa abdominal | Más glucocorticoides en pelo, más perímetro abdominal. | N5 | 146 cohortes, 34.342 personas. Correlación más alta: 0,18. | Real, y pequeño |
| El cortisol alto predice que la obesidad se mantenga | Asociación con persistencia del cuadro a cuatro años. | N3 | Cohorte poblacional de 2.527 adultos, análisis retrospectivo. | Señal de mantenimiento, no de causa |
| Más actividad del eje HPA, más resistencia a la insulina | La lectura popular de la cadena. | N3 contradictorio | En 850 no diabéticos el signo se invierte: HOMA-IR un 8,2% menor. | No se sostiene tal cual |
| Bloquear el cortisol del tejido revierte el daño | Inhibir la 11β-HSD1 mejora glucemia, lípidos y tensión. | N4 | Más de 170 compuestos, fase 2 positiva, magnitud pequeña. | Probado, y descartado por tamaño |
| Bajar el cortisol con suplementos repara el metabolismo | Lo que promete el mercado del estrés. | Sin evidencia | Los ensayos miden cortisol y escalas, no resultados metabólicos. | No demostrado en ningún ensayo |
| El estrés percibido se asocia a obesidad visceral | La vía completa, endocrina más conductual. | N5 | Metaanálisis de estrés percibido y parámetros del síndrome metabólico. | Real, y en buena parte conductual |
La fila que decide es la sexta. Cuando se puede intervenir sobre un mecanismo y medir el resultado, el resultado manda sobre cualquier correlación posterior.
Cortisol crónico y metabolismo: 5 cosas que la evidencia deja claras
- Crónico no es lo que mide tu analítica. La exposición acumulada se mide en pelo, no en una extracción de la mañana. Casi toda la literatura antigua es inconsistente porque usaba el instrumento equivocado.
- El mecanismo es real y el efecto es pequeño. En 34.342 personas, la correlación más alta entre exposición crónica y perímetro abdominal es de 0,18: alrededor del 3% de la variación.
- Los datos humanos no van todos en la misma dirección. En 850 personas sin diabetes, más actividad del eje se asoció a menos resistencia a la insulina. Los propios autores lo llaman paradójico.
- La hipótesis se puso a prueba con un fármaco y salió modesta. Más de 170 compuestos contra la 11β-HSD1, fase 2 positiva, desarrollo detenido por magnitud insuficiente frente a lo que ya había.
- La vía conductual explica más y es la única accionable. Sueño, ingesta, alcohol y sedentarismo mueven la composición corporal bastante más que la hormona, y son lo único sobre lo que se puede actuar sin receta.
La posición de KRECE
El cortisol crónico daña el metabolismo, y la magnitud de ese daño está muy por debajo de lo que se le atribuye. Las dos frases son ciertas a la vez y casi nunca se dicen juntas. El mecanismo está establecido en dosis farmacológica y el gradiente poblacional existe, pero la correlación más alta que devuelve el mejor metaanálisis disponible, sobre 34.342 personas, es de 0,18. Quien te presente el estrés de oficina como la causa de tu perímetro abdominal está describiendo un factor real y lo está multiplicando por diez.
El argumento decisivo no es observacional, es farmacológico. La industria construyó el experimento que hacía falta: más de 170 inhibidores de la enzima que fabrica cortisol dentro del tejido, y ensayos de fase 2 en diabetes tipo 2. Salieron positivos y salieron pequeños, y el programa se detuvo por magnitud. Cuando existe una prueba de intervención sobre el mecanismo, esa prueba manda sobre cualquier asociación posterior. Es la razón por la que aquí no tratamos esta cadena como causa principal.
Medir cortisol de rutina para esto no sirve, y creer que sirve es peor que no medir. Un valor aislado responde a la hora, al sueño de anoche y al café, no a tu exposición de los últimos seis meses. La consecuencia práctica es que casi nadie sabe cuál es su exposición crónica, y por tanto casi nadie puede saber si una intervención se la ha bajado. En ese vacío es donde crece el mercado del cortisol.
La palanca grande es conductual, y eso es una buena noticia operativa. Un mecanismo endocrino no se toca sin un fármaco que no existe. Una conducta sí. Dormir siete horas, mover el cuerpo, ordenar la ingesta y no cenar a medianoche tienen sobre la composición corporal y la sensibilidad a la insulina un efecto mayor que cualquier compuesto de esta lista, y no hay ninguna forma elegante de decirlo.
Y la línea de seguridad, que no admite matiz: bajar un número no es tratar una enfermedad. Ningún suplemento que reduce cortisol sérico ha demostrado revertir daño metabólico en un ensayo. Y si lo que hay detrás es un hipercortisolismo real, con estrías moradas, cara redondeada, debilidad proximal o diabetes de aparición rápida, usar un adaptógeno para ganar tiempo es la peor decisión disponible. Eso se estudia en consulta, y cuanto antes mejor.
Preguntas frecuentes sobre el cortisol crónico
¿El cortisol alto engorda?
¿Cuánto estrés hace falta para dañar el metabolismo?
¿Sirve de algo medir el cortisol en una analítica de rutina?
¿Bajar el cortisol con suplementos mejora la resistencia a la insulina?
¿El estrés del trabajo causa síndrome metabólico?
¿Cuándo hay que ir al médico por un cortisol alto?
En qué se basa este artículo
Ver las 12 fuentes
- van der Valk E, Abawi O, Mohseni M, et al. Cross-sectional relation of long-term glucocorticoids in hair with anthropometric measurements and their possible determinants. Obesity Reviews. 2022;23(3):e13376.Fuente del dato central de tamaño de efecto: 146 cohortes, 34.342 personas, y correlación agrupada más alta de 0,18 entre cortisona en pelo y perímetro abdominal.
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- Lengton R, Schoenmakers M, Penninx BWJH, Boon MR, van Rossum EFC. Glucocorticoids and HPA axis regulation in the stress-obesity connection. Clinical Obesity. 2025;15(2):e12725.Revisión de referencia sobre los tres sistemas de estrés y su relación con la obesidad. Es la fuente del tratamiento de la dimensión conductual con el mismo peso que la biológica.
- Anderson A, Walker BR. 11β-HSD1 inhibitors for the treatment of type 2 diabetes and cardiovascular disease. Drugs. 2013;73(13):1385-1393.Fuente del argumento farmacológico: más de 170 compuestos desarrollados, fase 2 positiva en glucemia, lípidos y tensión, y detención del desarrollo por magnitud de efecto pequeña frente a los agentes disponibles.
- Jackson SE, Kirschbaum C, Steptoe A. Hair cortisol and adiposity in a population-based sample of 2,527 men and women aged 54 to 87 years. Obesity. 2017;25(3):539-544.Cohorte del English Longitudinal Study of Ageing. Correlaciones en torno a 0,10 con peso, IMC y perímetro abdominal, y asociación con la persistencia de la obesidad a cuatro años.
- Joseph JJ, Golden SH. Cortisol dysregulation: the bidirectional link between stress, depression, and type 2 diabetes mellitus. Annals of the New York Academy of Sciences. 2017;1391(1):20-34.Revisión del eje HPA como mediador entre estrés y enfermedad metabólica. Se cita como revisión, no como fuente de datos primarios.
- Schutten JC, Joris PJ, Minović I, Post A, van Beek AP, de Borst MH, Mensink RP, Bakker SJL. Long-term magnesium supplementation improves glucocorticoid metabolism. Clinical Endocrinology. 2021;94(2):150-157.Análisis post-hoc de un ensayo aleatorizado, 49 adultos con sobrepeso, 350 mg diarios durante 24 semanas: menor cortisol urinario de 24 horas y mayor actividad de la 11β-HSD tipo 2.
- Arumugam V, Vijayakumar V, Balakrishnan A, et al. Effects of Ashwagandha (Withania somnifera) on stress and anxiety: a systematic review and meta-analysis. Explore. 2024;20(6):103062.Nueve ensayos y 558 pacientes. Cortisol sérico con diferencia media de -2,58 y escala de estrés percibido con diferencia media de -4,72. Este metaanálisis sí encuentra efecto subjetivo.
- Albalawi AA. Dual impact of Ashwagandha: significant cortisol reduction but no effects on perceived stress. Nutrition and Health. 2025;31(4):1395-1408.Siete estudios de cortisol y seis de estrés percibido, 488 participantes. Confirma la bajada de cortisol y no encuentra efecto sobre la escala subjetiva. La discrepancia con el anterior es el dato relevante.
- Gordji-Nejad A, Matusch A, Hengstler L, et al. Single-dose creatine reduces sleep deprivation-induced deterioration in cognitive performance. Nutrients. 2026;18(8):1192.Ensayo cruzado con 29 personas y dosis única de 0,2 g/kg durante 21 horas de privación de sueño. Mejora de hasta el 12%, menor que con dosis alta. Publicado tres días antes de la primera versión de este artículo, que no lo recogía.
- Gordji-Nejad A, Matusch A, Kleedörfer S, et al. Single dose creatine improves cognitive performance and induces changes in cerebral high energy phosphates during sleep deprivation. Scientific Reports. 2024;14:4937.Ensayo original con 0,35 g/kg y 15 participantes, con espectroscopia de fósforo 31. Es el antecedente del anterior.
- National Library of Medicine. MeSH: Hydrocortisone, identificador D006854, con Cortisol como término de entrada, y Cortisone, D003348.Nomenclatura de referencia y única fuente de los identificadores emitidos en el schema de esta página. Verificado el 23 de agosto de 2026.
Citadas sin enlace por no haberse abierto el original en esta verificación: Stalder T, et al. Journal of Clinical Endocrinology and Metabolism. 2013;98:2573-2580, sobre el cuartil superior de cortisol en pelo y el síndrome metabólico. Tenk J, et al. Psychoneuroendocrinology. 2018;95:63-73, sobre estrés percibido y obesidad visceral.
