Doce horas de fermentación cambian la bioquímica de un pan. Dos horas con levadura y un chorro de vinagre cambian solo el sabor. La diferencia se mide en la respuesta glucémica, y en España, a diferencia de casi todo el mundo, hay una norma legal que fija cuándo un pan puede llamarse de masa madre y cuándo no. Saber leerla es la diferencia entre comprar una herramienta metabólica y comprar un adjetivo.
Lo que has venido a saber
¿El pan de masa madre sube menos el azúcar?
Sí, y está medido, pero con dos condiciones. La primera es que sea fermentación real y no vinagre añadido. La segunda es que el efecto se concentra en la primera hora después de comer: a las dos horas las diferencias tienden a igualarse.
¿Cómo sé si el que compro es auténtico?
En España hay un atajo legal. La mención «elaborado con masa madre» está regulada y exige al menos un 5 por ciento de masa madre sobre la harina total, control de pH y cero aditivos. La expresión suelta «pan de masa madre» no garantiza nada. No son sinónimos aunque lo parezcan.
¿Cuánto baja la glucosa exactamente?
En el ensayo más citado, hecho en embarazadas, el pan blanco produjo un 45,5 por ciento más de secreción de insulina y un 9,6 por ciento más de glucosa en la primera hora frente al integral de masa madre. Es un efecto real y de magnitud moderada, no una transformación del alimento.
¿Sienta mejor al intestino?
La fermentación larga degrada buena parte de los fructanos, que son los FODMAP del trigo y la causa habitual de hinchazón. En personas con intestino irritable o sensibilidad al trigo no celíaca eso puede notarse. No lo hace apto para celíacos: el gluten sigue ahí.
¿Sigue siendo pan?
Sí, y conviene no perder eso de vista. Una rebanada aporta del orden de 15 a 20 gramos de hidratos venga de donde venga. La masa madre cambia la pendiente de la subida, no la cantidad de carbohidrato que entra.
¿Merece la pena pagar el triple?
Depende de quién seas. Con resistencia a la insulina, prediabetes, diabetes gestacional o intestino irritable el cambio tiene sentido metabólico medible. En una persona sana sin riesgo, es una mejora marginal que compite con dormir bien o mover el cuerpo después de comer, que salen gratis.
Masa madre: lo que vas a encontrar
La masa madre, sección a sección
Qué cambia cuando la masa fermenta doce horas
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La masa madre auténtica arranca de un cultivo de harina y agua mantenido activo durante días, en el que colonizan de forma espontánea bacterias lácticas y levaduras salvajes. Cuando ese cultivo se incorpora a la masa final y se deja fermentar doce, dieciocho o veinticuatro horas, los microorganismos transforman la harina por vía fermentativa. Lo que sale del horno no es bioquímicamente el mismo producto que un pan levantado en dos horas con levadura comercial, aunque por fuera se parezcan.
La diferencia no está en el sabor, aunque el sabor sea lo que se vende. Está en tres cosas que ocurren a la vez durante la fermentación larga y que la fermentación rápida no tiene tiempo de producir: la aparición de ácidos orgánicos, la modificación de la estructura del almidón y la degradación de los fructanos. Las tres tienen consecuencias medibles sobre lo que pasa en la sangre después de comer.
Conviene fijar desde el principio de qué magnitud hablamos, porque este terreno está lleno de exageración. La masa madre no convierte el pan en un alimento de bajo índice glucémico ni lo transforma en otra cosa. Cambia la pendiente de la subida de glucosa, de forma moderada y sobre todo en la primera hora. Eso es útil para algunas personas y casi irrelevante para otras, y el resto del artículo trata de distinguirlas.
Los tres mecanismos, uno por uno
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El primero son los ácidos orgánicos. Las bacterias lácticas producen ácido láctico como producto principal y ácido acético como subproducto, en proporciones que dependen de la cepa, la temperatura, la hidratación y la duración. Lo que importa metabólicamente es que ambos enlentecen el vaciado gástrico. El pan no se transforma: lo que se ralentiza es el ritmo al que sale del estómago hacia el intestino, y con él la velocidad de absorción.
El segundo es estructural. Durante la fermentación prolongada, las bacterias producen enzimas proteolíticas que rompen parcialmente la matriz de gluten y modifican la accesibilidad del almidón a la amilasa pancreática. La caída de pH activa además enzimas propias de la harina que contribuyen a lo mismo. El resultado es más almidón de digestión lenta y menos de digestión rápida, que es exactamente lo que aplana la curva.
El tercero es el menos comentado y el que más nota quien lo sufre. El trigo contiene fructanos, polisacáridos cortos de fructosa agrupados dentro de los FODMAP, que en personas con intestino irritable o sensibilidad al trigo no celíaca producen distensión y dolor. La fermentación larga los degrada de forma sustancial: la revisión sistemática de Ribet recoge comparaciones donde el pan de levadura refinado parte de 0,23 gramos por cada 100, una cifra que la fermentación reduce mucho según la cepa empleada.
A eso se suma un cuarto efecto con evidencia más joven: la degradación de los inhibidores de amilasa y tripsina, proteínas del trigo con potencial proinflamatorio intestinal. Es un mecanismo que conecta con el marco de inflamación crónica de bajo grado y con la integridad de la barrera intestinal, que depende a su vez de la fibra fermentable, pero la evidencia clínica en humanos sintomáticos es todavía pequeña y conviene no adelantarla.
Lo que dicen los meta-análisis, y quién los firma
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Hay dos revisiones sistemáticas recientes y conviene leerlas juntas, porque dicen cosas distintas y la diferencia es informativa. La primera es la de Rolim y colaboradores, publicada en Critical Reviews in Food Science and Nutrition: 18 ensayos clínicos, con meta-análisis, comparando pan de masa madre frente a pan fermentado industrialmente o frente a solución de glucosa.
Su resultado principal merece leerse con precisión, porque es más estrecho de lo que se cita. El análisis cuantitativo es sobre la diferencia media del cambio en glucosa sérica a los 60 minutos, y ahí el pan de masa madre tiene menor impacto. No es una afirmación sobre el área bajo la curva completa ni sobre control glucémico a largo plazo: es sobre el pico de la primera hora.
La segunda es la de Ribet y colaboradores, en Advances in Nutrition: 25 ensayos aleatorizados y 542 individuos, con quince estudios sobre respuesta de glucosa, tres sobre apetito, cinco sobre marcadores gastrointestinales y dos sobre cardiovasculares. Su conclusión es notablemente más prudente: es difícil establecer un consenso claro porque la composición microbiana, los parámetros de fermentación, el cereal y el tipo de harina influyen demasiado en el resultado.
Y aquí va el dato que ninguna divulgación reproduce y que KRECE considera obligatorio declarar: varios de los autores de esa revisión firman desde el instituto científico de Lesaffre, uno de los mayores fabricantes mundiales de levadura de panificación, que es precisamente el producto competidor de la masa madre. Eso no invalida el trabajo, que está bien hecho y es útil, pero obliga a leer su prudencia sabiendo de dónde viene. La misma revisión recoge, por cierto, que en cinco estudios no hubo diferencias en saciedad y que en uno italiano el pan de masa madre produjo más apetito, no menos.
El dato de la diabetes gestacional y sus tres matices
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El ensayo que circula por todas partes es el de Özer y colaboradores, publicado en Wiener klinische Wochenschrift en 2023. Compararon la respuesta glucémica e insulinémica al pan blanco refinado frente a pan integral de masa madre en 43 mujeres con diabetes gestacional y 38 embarazadas sanas, con el mismo desayuno y la misma cantidad de pan.
El titular es real y está bien reportado: el pan blanco causó un 45,5 por ciento más de secreción de insulina y un 9,6 por ciento más de glucosa postprandial en la primera hora, tanto en las mujeres con diabetes gestacional como en las sanas. Es de los datos más limpios que hay en este terreno, porque el comparador está igualado en peso y la población es la que más se beneficia.
Primer matiz, y es el que más cambia la lectura: a la segunda hora, los niveles de glucosa fueron similares entre los dos panes. El efecto vive en el pico, no en el total absorbido. Decir que el pan blanco dispara el azúcar y el de masa madre no es cierto solo si la medición se hace en el momento del pico. Encaja, por cierto, con que el meta-análisis de Rolim analizara precisamente el minuto 60.
Segundo matiz: el comparador fue pan blanco refinado, no un pan industrial vendido como masa madre. Concluir que el falso sourdough se comporta igual que el pan blanco es plausible por mecanismo, pero este ensayo no lo demuestra. Y tercero, la población es de embarazadas, que tienen una fisiología de resistencia a la insulina propia del tercer trimestre. Extrapolar la magnitud a un adulto sano es dar un salto que los autores no dan.
Por qué muchos panes de masa madre no lo son
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El proceso industrial típico fermenta con levadura comercial pura en unas dos horas y después añade un acidulante: vinagre, ácido acético o un preparado aromático que imita el toque agrio. El resultado sabe ligeramente ácido, pero estructuralmente sigue siendo pan rápido: matriz de gluten intacta, almidón sin modificar, fructanos sin reducir.
El ácido añadido no es del todo inerte, y conviene decirlo para no exagerar en la dirección contraria: por sí solo ralentiza algo el vaciado gástrico, que es el mismo principio por el que se ha estudiado el vinagre antes de las comidas, y el mismo que explica por qué el orden de los alimentos cambia la curva en los protocolos de glucosa e insulina. Lo que no hace es replicar los otros dos mecanismos, que son los que exigen tiempo de fermentación y no se pueden comprar en un bidón.
El principio universal para detectarlo cabe en una línea: el pan de masa madre auténtico tiene una lista de ingredientes cortísima. Harina, agua, sal y masa madre. Si aparece levadura, vinagre, ácido acético, aroma, saborizante o mejorante, o no ha habido fermentación larga o se ha completado con atajos. La categoría más ambigua es la híbrida, con masa madre y levadura comercial a la vez, que se lleva parte del aroma sin la mayor parte del proceso.
Lo que exige el Real Decreto 308/2019
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Aquí el lector español juega con ventaja y casi nadie lo sabe. El Real Decreto 308/2019, en vigor desde el 1 de julio de 2019, fue la primera norma de calidad del pan en más de treinta y cinco años y define legalmente qué es la masa madre de cultivo: masa activa de harina y agua sometida a fermentación espontánea acidificante, con microflora de bacterias lácticas y levaduras salvajes. Su artículo 9 define aparte la masa madre inactiva, aquella cuyos microorganismos están muertos por secado o pasteurización y que solo aporta sabor.
La parte útil está en el artículo 14.5, que fija cuándo un pan puede llevar la mención «elaborado con masa madre». Las condiciones son cuatro y son cuantitativas. Una proporción igual o superior al 5 por ciento de masa madre sobre el peso total de la harina de la masa final. Un pH inferior a 4,2 en la masa madre antes de incorporarla, con acidez total titulable superior a 6, medida como los mililitros de hidróxido de sodio 0,1 molar necesarios para llevar diez gramos de masa madre hasta pH 8,5.
La tercera condición es que la masa antes de cocer y el pan terminado tengan un pH inferior a 4,8. Y la cuarta, que es la que mata el truco del vinagre: la norma exige literalmente que esos índices de pH sean producto únicamente de la acción biológica acidificante de la microflora presente en la masa madre. Un pan acidificado a golpe de aditivo no puede llevar la mención, y además el propio artículo exige que no haya adición de aditivos.
Hay una segunda mención regulada que conviene conocer y que casi nunca se cita: el artículo 14.4 permite rotular «elaborado con larga fermentación» a los panes que fermenten por encima de 4 grados durante al menos ocho horas entre el amasado y la cocción. Es una etiqueta distinta, no exige masa madre, y en términos de modificación del almidón dice bastante más que muchos reclamos comerciales.
Un apunte de actualidad que no estaba en la versión anterior de este artículo: la norma se ha modificado. El artículo 12, sobre coadyuvantes, quedó derogado en 2023, y el Real Decreto 142/2026, en vigor desde el 1 de marzo de 2026, amplió las definiciones de pan común y pan especial para dar cabida a los panes sin gluten. Las condiciones de la masa madre siguen intactas.
Los dos resquicios de la norma
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El decreto es serio, bastante más que la regulación anglosajona, donde el término equivalente no está regulado y cualquiera puede usarlo. Pero deja dos huecos que el comprador debe conocer, porque es exactamente por ahí por donde entra la mayor parte del producto de supermercado.
El primero, y es el importante: las condiciones cuantitativas aplican a la mención «elaborado con masa madre», no a la palabra suelta. Un fabricante puede vender un pan rotulado simplemente como «pan de masa madre» o «con masa madre» sin cumplir el 5 por ciento, el pH ni la exigencia de origen biológico. La distinción es sutil en la estantería y enorme en el proceso. Es la diferencia entre una denominación protegida por norma y una fórmula de marketing.
El segundo es menor pero conviene saberlo: la norma permite añadir levadura de panificación en la última fase del amasado, hasta un 0,2 por ciento del peso de la harina total. No es trampa, porque cumple la norma y la dosis es pequeña, pero significa que un pan legalmente etiquetado como elaborado con masa madre puede llevar un empujón de levadura para acortar tiempos.
Cómo leer una etiqueta española
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Con lo anterior, la compra se reduce a una jerarquía de tres escalones. El primero y mejor: la mención «elaborado con masa madre», que es la única con requisitos cuantitativos detrás. Si además aparece «elaborado con larga fermentación», mejor todavía, porque suma la garantía de las ocho horas mínimas.
El segundo escalón es la lista de ingredientes, que nunca miente aunque el frontal exagere. Cuatro elementos y ninguno más: harina, agua, sal, masa madre. En cuanto aparece vinagre, ácido acético, aroma o saborizante, sabes que la acidez no viene de donde debería. Y si aparece levadura en una proporción que no es residual, estás ante un híbrido.
El tercer escalón es de sentido común panadero: un pan de fermentación larga aguanta días sin ponerse rancio y tiene una miga irregular. Si se seca en veinticuatro horas y la miga es uniforme como una esponja, la fermentación fue corta pase lo que ponga la bolsa. Y para quien quiera comprobarlo sobre sí mismo, un monitor continuo de glucosa resuelve la duda en dos desayunos, aunque conviene leer antes qué puede y qué no puede decirte.
En quién importa de verdad
+Lo esencial: si tienes diabetes gestacional o diabetes de cualquier tipo, cambiar de pan es un ajuste dentro de un tratamiento, no un sustituto de nada. El seguimiento y las decisiones sobre medicación corresponden a tu equipo médico, y ningún cambio de alimento debe hacerse por tu cuenta si estás en tratamiento.
El subgrupo donde el cambio tiene más sentido es el de resistencia a la insulina y prediabetes. Cuando la respuesta insulínica ya está alterada, los picos postprandiales repetidos importan más, y aplanar la pendiente del desayuno tiene un efecto acumulativo sobre la flexibilidad metabólica. Es el terreno que desarrolla la resistencia a la insulina como eje que precede a la diabetes, dentro del cuadro más amplio de disfunción metabólica.
El segundo es el embarazo con diabetes gestacional, que es justamente donde se hizo el ensayo de Özer. Aquí la recomendación de los autores es explícita a favor del integral de masa madre. Pero es también el contexto donde más importa la advertencia de arriba: el manejo de la diabetes gestacional es clínico y el pan es una pieza pequeña dentro de él.
El tercero es el de intestino irritable y sensibilidad al trigo no celíaca, donde el mecanismo no es glucémico sino digestivo: menos fructanos, menos distensión. Aquí el beneficio suele ser el más perceptible de los tres, porque el paciente lo nota el mismo día. Nada de esto lo hace apto para celiaquía: la fermentación degrada parte del gluten, no lo elimina.
Y el cuarto grupo es el de la persona sana sin riesgo metabólico, que es donde conviene ser honesto. El beneficio existe pero es marginal, y compite en igualdad con medidas que salen gratis: caminar diez minutos después de comer, no desayunar solo hidratos, o dormir lo suficiente. Pagar el triple por el pan tiene sentido si te gusta más, que es una razón perfectamente válida, pero no hace falta justificarla con metabolismo. Donde sí hay margen grande es en salir de la comida ultraprocesada y en cómo se cocina, por los productos de glicación avanzada.
Lo que la masa madre no hace
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Conviene cerrar con la lista de lo que no ocurre, porque es donde vive casi todo el marketing. No convierte el pan en un alimento bajo en hidratos: una rebanada sigue aportando del orden de 15 a 20 gramos, y dos rebanadas son dos rebanadas. La pendiente cambia, la carga no.
No lo hace apto para celíacos, ni sustituye a un pan sin gluten certificado. No hay evidencia de que mejore el control glucémico a largo plazo medido en HbA1c, porque los ensayos disponibles son postprandiales y de sesión única. Y la revisión de Ribet deja claro que tampoco hay señal consistente sobre saciedad, pese a que se venda como más saciante.
Tampoco es automáticamente integral, que es una confusión frecuente. Un pan de masa madre de harina refinada conserva el efecto de la fermentación y pierde la fibra, los polifenoles y los micronutrientes del grano entero. Si hay que elegir una sola variable, la evidencia sobre el grano entero es más sólida que la de la fermentación. Lo ideal es no tener que elegir, y en la práctica es lo que recomienda el ensayo con mejor dato: integral y de masa madre.
Cuatro panes, cuatro garantías distintas
| Tipo de pan | Qué garantiza la etiqueta | Nivel (N1-N5) | Efecto esperable | Veredicto KRECE |
|---|---|---|---|---|
| Integral con mención «elaborado con masa madre» | 5 por ciento mínimo, pH controlado, acidez biológica, sin aditivos. | N4 | Pendiente más plana en la primera hora, más fibra. | La mejor opción disponible |
| Blanco con mención «elaborado con masa madre» | Las mismas condiciones legales, sobre harina refinada. | N4 | Conserva el efecto de fermentación, pierde el grano entero. | Buena segunda opción |
| Rotulado «pan de masa madre» sin la mención legal | Nada verificable. La expresión suelta no está sujeta al artículo 14.5. | N2 | Incierto. Depende por completo del fabricante. | Leer la lista de ingredientes |
| Blanco industrial con acidulante añadido | Ninguna. El ácido no procede de fermentación. | Sin efecto propio | Solo el efecto modesto del ácido sobre el vaciado gástrico. | Teatro |
La columna decisiva es la segunda. En España la garantía no está en la palabra «masa madre», está en la fórmula «elaborado con masa madre», que es la única con requisitos cuantitativos detrás.
Masa madre: 5 cosas que deja clara la evidencia
- El efecto es real, moderado y de primera hora. El meta-análisis de Rolim mide la diferencia a los 60 minutos y el ensayo de Özer encuentra las diferencias en la primera hora, no en la segunda.
- En España, «elaborado con masa madre» es una mención regulada con cuatro condiciones cuantitativas. «Pan de masa madre» a secas no garantiza nada. La diferencia está en el artículo 14.5 del RD 308/2019.
- La norma exige que la acidez sea producto únicamente de la microflora, lo que deja fuera al pan acidificado con vinagre. Ese es el filtro que mata el falso sourdough industrial.
- La revisión más prudente del campo, la de Ribet, está firmada en parte desde un fabricante de levadura de panificación. No la invalida, pero obliga a leer su cautela sabiendo de dónde viene.
- Sigue siendo pan: 15 a 20 gramos de hidratos por rebanada. La fermentación cambia la pendiente de la subida, no la cantidad de carbohidrato.
La posición de KRECE
El efecto de la fermentación real sobre la glucemia está documentado, y es mucho más modesto de lo que se vende. Dos revisiones sistemáticas y un ensayo en embarazadas coinciden en la dirección, y coinciden también en el límite: el efecto vive en la primera hora postprandial y tiende a desaparecer en la segunda. Eso no es poco, porque el pico es lo que importa en quien ya tiene la respuesta insulínica alterada. Pero no autoriza a decir que el pan de masa madre no sube el azúcar.
En España la conversación es distinta a la anglosajona, y eso es una ventaja que casi nadie usa. Donde en Estados Unidos y Reino Unido cualquiera puede rotular un pan como sourdough, aquí hay una norma con umbrales medibles: 5 por ciento mínimo de masa madre, pH por debajo de 4,2 en el cultivo y de 4,8 en el pan, acidez titulable por encima de 6 y prohibición expresa de que esos valores procedan de otra cosa que no sea la microflora. El lector español tiene una herramienta legal que le permite verificar en la estantería, y la mayoría no sabe que existe.
La trampa no está en la ley, está en la preposición. Las condiciones del artículo 14.5 se aplican a la mención «elaborado con masa madre», no a la etiqueta suelta «pan de masa madre» ni a «con masa madre». Esa distinción de tres palabras separa una denominación con umbrales verificables de una fórmula de marketing sin ninguna exigencia. Si te llevas una sola cosa de este artículo, que sea esa.
Declaramos un conflicto que la divulgación omite: la revisión más prudente del campo la firman en parte científicos de un fabricante de levadura. El trabajo de Ribet es metódicamente correcto y su cautela sobre la heterogeneidad es legítima. Pero cuando la revisión que más relativiza los beneficios del competidor viene del instituto de una empresa de levadura de panificación, el lector merece saberlo para ponderarla él mismo. Lo contrario es citar autoridad sin contexto.
Y nuestra recomendación, ordenada por quién eres. Con resistencia a la insulina, prediabetes, diabetes gestacional o intestino irritable, cambiar a integral con mención legal es una palanca pequeña pero real y sin riesgo. Sin riesgo metabólico, es una mejora marginal que no justifica pagar el triple salvo que te guste más el pan, que es motivo suficiente. Y en ningún caso sustituye a lo que de verdad mueve la aguja: si eliges una sola variable, el grano entero tiene más evidencia detrás que la fermentación.
Preguntas frecuentes sobre el pan de masa madre
¿Qué significa «elaborado con masa madre» en una etiqueta española?
¿Es lo mismo «pan de masa madre» que «elaborado con masa madre»?
¿Cuánto baja la glucosa el pan de masa madre?
¿Puede comerlo un celíaco?
¿Qué ingredientes delatan un pan de masa madre falso?
¿Qué es la mención «elaborado con larga fermentación»?
En qué se basa este artículo
Ver las 6 fuentes
- Jefatura del Estado. Real Decreto 308/2019, de 26 de abril, por el que se aprueba la norma de calidad para el pan. BOE núm. 113, de 11 de mayo de 2019.Fuente de todo el bloque normativo. Artículo 8, definición de masa madre de cultivo. Artículo 9, masa madre inactiva. Artículo 14.4, mención de larga fermentación con el mínimo de ocho horas por encima de 4 grados. Artículo 14.5, condiciones de la mención elaborado con masa madre: 5 por ciento mínimo sobre harina total, pH inferior a 4,2 en la masa madre, acidez total titulable superior a 6, pH inferior a 4,8 en el pan, origen exclusivamente biológico de la acidez, sin aditivos, y hasta 0,2 por ciento de levadura panadera en la última fase de amasado. Texto consolidado verificado el 6 de septiembre de 2026.
- Ministerio de la Presidencia. Real Decreto 142/2026, de 25 de febrero. En vigor desde el 1 de marzo de 2026.Modificación vigente de la norma del pan. Amplia las definiciones de pan común y pan especial para incluir los elaborados con harina exenta de gluten. No altera las condiciones del artículo 14.5 sobre masa madre. El artículo 12, sobre coadyuvantes de panificación, había quedado derogado en 2023.
- Rolim ME, Fortes MI, Von Frankenberg A, Duarte CK. Consumption of sourdough bread and changes in the glycemic control and satiety: A systematic review. Critical Reviews in Food Science and Nutrition. 2024;64(3):801-816.Revisión sistemática con meta-análisis de 18 ensayos clínicos, con búsqueda hasta junio de 2021 en EMBASE, MEDLINE, Scopus y Web of Science. El análisis cuantitativo principal es sobre la diferencia media del cambio en glucosa sérica a los 60 minutos, donde el pan de masa madre tiene menor impacto. Los resultados sobre reguladores de saciedad fueron heterogéneos.
- Ribet L, Dessalles R, Lesens C, Brusselaers N, Durand-Dubief M. Nutritional benefits of sourdoughs: A systematic review. Advances in Nutrition. 2022.Revisión sistemática de 25 ensayos aleatorizados con 542 individuos: 15 sobre respuesta de glucosa, 3 sobre apetito, 5 sobre marcadores gastrointestinales y 2 sobre cardiovasculares. Concluye que es difícil establecer un consenso claro por la heterogeneidad de cepas, parámetros de fermentación, cereales y harinas. Declaración de contexto: varios autores firman desde el instituto científico de Lesaffre, fabricante de levadura de panificación.
- Özer YE, Cengiz H, Demirci T, Kızılgül M, Varim C, Tamer A. Glycemic responses to whole grain sourdough bread versus refined white bread in patients with gestational diabetes. Wiener klinische Wochenschrift. 2023;135(13-14):349-357.Ensayo en 43 pacientes con diabetes gestacional y 38 embarazadas sanas, con el mismo desayuno en dos semanas consecutivas y distinto pan. Glucosa, insulina y péptido C en ayunas similares. Valores de primera hora más bajos con el pan integral de masa madre; valores de segunda hora similares entre panes. El pan blanco produjo un 45,5 por ciento más de secreción de insulina y un 9,6 por ciento más de glucosa postprandial de primera hora.
- Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición. Publicada la nueva norma de calidad del pan. 2019.Nota oficial del regulador español sobre la entrada de la norma, que deroga una reglamentación vigente durante más de 35 años e incorpora por primera vez la definición de los panes elaborados con masa madre, además de exigir que el 100 por cien de la harina sea integral para poder denominar integral a un pan.
