Ray Peat fue un biólogo estadounidense que pasó medio siglo escribiendo fuera del sistema académico y que hoy, cuatro años después de morir, gobierna buena parte del discurso sobre hormonas femeninas en redes. Su obra mezcla fisiología sólida con especulación presentada como conclusión, y una de sus tesis centrales está directamente contradicha por la mejor evidencia disponible. Esta ficha separa las tres capas, porque no son la misma cosa y no merecen el mismo trato.
Lo que has venido a saber
¿Quién fue Ray Peat?
Raymond Franklin Peat, biólogo estadounidense con doctorado por la Universidad de Oregón en 1972, especializado en fisiología. Escribió durante décadas sobre hormonas, metabolismo y alimentación en su propio boletín y en su web. Murió el 24 de noviembre de 2022, a los 86 años.
¿Era médico?
No. No era médico ni ejerció la medicina. Era doctor en Biología y ofrecía asesoramiento nutricional privado. La distinción importa porque buena parte de lo que hoy se hace en su nombre implica fármacos reales: hormona tiroidea, progesterona, aspirina.
¿Qué defendía exactamente?
Que casi toda enfermedad es una caída del metabolismo oxidativo. De ahí salen sus recomendaciones: azúcar y fruta madura frente a almidón, lácteos y gelatina, tiroides y progesterona como protectores, y evitación total de las grasas poliinsaturadas, incluido el aceite de pescado.
¿Qué se sostiene de su obra?
Más de lo que sus críticos admiten. Señaló muy pronto el eje endotoxina-inflamación-metabolismo, la centralidad de la función tiroidea y el papel de la progesterona. También acertó al desconfiar del pico de demonización de la grasa saturada de los años ochenta.
¿Y qué está contradicho?
Su tesis más influyente. La revisión Cochrane de 2020 encontró que reducir la grasa saturada baja los eventos cardiovasculares un 17%, y la Asociación Americana del Corazón concluye que lo mejor para sustituirla es precisamente el ácido linoleico que Peat consideraba veneno.
¿Qué dice KRECE?
Que fue un buen lector de fisiología y un mal cerrador de hipótesis, y que el problema no es lo que escribió, sino que se lee como un protocolo cuando fue un ensayo especulativo. El riesgo real no está en la comida: está en la hormona tiroidea comprada por internet.
Ray Peat: lo que vas a encontrar
Ray Peat, sección a sección
Quién fue: la biografía verificada
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Raymond Franklin Peat nació en 1936 y murió el 24 de noviembre de 2022, a los 86 años. Según su propia web, obtuvo un doctorado en Biología por la Universidad de Oregón con especialización en fisiología, y su tesis de 1972 estudió los cambios oxidativos asociados a la edad en el útero del hámster. Antes de la biología había estudiado literatura y lingüística, cosa que se nota en su prosa y que explica parte de su influencia.
Enumera docencia en la Universidad de Oregón, Urbana College, Montana State University, el National College of Naturopathic Medicine, la Universidad Veracruzana, la Universidad Autónoma del Estado de México y Blake College. También declara haber ejercido asesoramiento nutricional privado, que fue en la práctica su actividad principal durante décadas. En 1974 dirigió además una clínica de adelgazamiento en Eugene.
El dato que ordena toda la lectura de su obra es simple y suele pasarse por alto: no era médico. No cursó medicina, no ejerció y no tenía pacientes en sentido clínico. Eso no invalida nada de lo que escribió, porque un biólogo puede entender fisiología mejor que muchos médicos. Sí importa para calibrar qué peso darle cuando lo que está en juego son dosis de hormona tiroidea o de progesterona, que es donde su comunidad ha acabado.
Su punto de partida intelectual lo fecha él mismo en 1968, cuando empezó a trabajar con la progesterona y las hormonas emparentadas. La idea que arrastró toda su vida es que la progesterona y sus vecinas protegen la estructura y la energía del cuerpo frente al estrógeno, la radiación, el estrés y la falta de oxígeno. Todo lo demás, incluidas las zanahorias, es desarrollo de esa tesis.
Su producción científica real: dos artículos y medio siglo de silencio
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Este apartado es el más incómodo para sus seguidores y el más importante para leerlo bien. Peat publicó en revistas con revisión por pares en 1971 y 1972, en Physiological Chemistry and Physics, y esos artículos derivan de su tesis doctoral. El principal, firmado con A. L. Soderwall, trata sobre cambios de vía estimulados por estrógeno y enzimas inactivadas por frío. Es trabajo real y del nivel que se le supone a una tesis.
Y ahí se detiene. Los cincuenta años siguientes los dedicó a escribir boletín, ensayo, entrevista y correspondencia privada, siempre fuera del circuito de revisión por pares. No hay ensayos clínicos suyos, no hay estudios de intervención suyos, no hay replicación independiente de sus hipótesis firmada por él.
Conviene ser justo con lo que eso significa y lo que no. No significa que estuviera equivocado: publicar poco no hace falsa una idea, y la historia de la ciencia está llena de outsiders que tenían razón. Sí significa que sus afirmaciones no pasaron nunca por el filtro que convierte una hipótesis en un hallazgo: nadie las sometió a contraste, nadie intentó refutarlas formalmente, y él nunca tuvo que responder a un revisor.
El propio Peat era más honesto sobre esto que muchos de sus divulgadores actuales: se presentó a sí mismo como crítico de la ciencia y como pensador, no como investigador. La distorsión vino después, cuando terceros empezaron a citarle como si fuese literatura. Cuando un vídeo dice «según el doctor Peat», está citando un ensayo de opinión, no un resultado.
Qué es la teoría bioenergética
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El marco entero cabe en una frase: la salud es una función de la eficiencia con la que la célula convierte combustible y oxígeno en energía. Cuando esa conversión funciona, el organismo está en modo reparación. Cuando falla, el cuerpo tira de un sistema de emergencia caro, gobernado por adrenalina y cortisol, y de ahí sale casi toda la patología crónica: fatiga, infertilidad, mal sueño, autoinmunidad, envejecimiento acelerado.
De esa premisa salen los términos que reconocerás si has pasado por ese universo. Lo pro-metabólico es lo que sostiene ese motor: azúcar disponible, hormona tiroidea suficiente, temperatura corporal alta, buen pulso. Lo antimetabólico es lo que lo frena: exceso de estrógeno, endotoxina intestinal, cortisol crónico, grasas poliinsaturadas y todo lo que Peat entendía como «estrés».
Hay que reconocerle una cosa: como lente heurística es potente y a veces elegante. Poner el metabolismo en el centro en lugar del síntoma se parece bastante a lo que hoy hace la biología del envejecimiento cuando habla de disfunción mitocondrial como sello transversal, algo que ordenamos en los sellos moleculares del envejecimiento. La intuición de fondo no es marginal.
El problema es de método, no de intuición. Un marco que explica todo no se puede refutar con nada, y por tanto no predice nada en particular. Si tu insomnio, tu acné y tu tiroides son la misma cosa, cualquier mejora confirma la teoría y cualquier empeoramiento se atribuye a que aún no has quitado suficientes poliinsaturados. Eso es exactamente lo contrario de una hipótesis científica, y es la razón por la que su corpus resulta a la vez tan convincente y tan poco contrastable.
La bandera roja mayor: la guerra contra los poliinsaturados
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Es su tesis más influyente, la que ha saltado del nicho al mainstream de las redes, y es también donde la evidencia le lleva la contraria de forma más clara. Peat sostenía que las grasas poliinsaturadas, y en particular el ácido linoleico de los aceites de semillas, son inestables, prooxidantes y supresoras de la función tiroidea, y recomendaba eliminarlas casi por completo, incluidos los omega-3 del pescado.
Contra esa idea hay ensayos aleatorizados, no opiniones. La revisión Cochrane de 2020 sobre reducción de grasa saturada, con doce ensayos y 53.758 participantes, encontró que reducirla bajó los eventos cardiovasculares combinados un 17%, con una razón de riesgo de 0,83. Y la Asociación Americana del Corazón, en su documento de posición sobre grasas de la dieta, concluye que la evidencia favorece sustituir la saturada por poliinsaturados n-6, es decir por el propio ácido linoleico, incluso por encima de los monoinsaturados, porque es donde los ensayos han dado resultado positivo.
El argumento mecanístico del que cuelga la tesis tampoco resiste. La idea de que el linoleico inflama por su conversión a ácido araquidónico se ha probado en humanos y los ensayos controlados no encuentran aumento de marcadores inflamatorios al aumentar su ingesta. Es un caso de libro de mecanismo plausible en la pizarra que no se materializa cuando se mide en personas.
Dicho lo cual, aquí hay que ser honesto en la otra dirección, porque el debate metodológico sí es real. Los ensayos disponibles no aislaron el linoleico: cambiaron patrones dietéticos enteros a la vez, y no permiten separar cuánto del beneficio viene de quitar saturada y cuánto de añadir poliinsaturada. También es cierto que el aceite recalentado repetidamente genera productos de oxidación que nadie defiende. Nada de eso rescata la tesis de Peat, pero conviene no sustituir una certeza infundada por otra. Nuestro balance sobre la parte del omega-3 está en la evidencia humana real de EPA y DHA.
El azúcar como protector del metabolismo
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La segunda tesis de marca es que el azúcar, y en especial la fruta madura, el zumo de naranja y la sacarosa, es pro-metabólica: alimenta la oxidación, evita que el cuerpo tire de adrenalina y protege la conversión de hormona tiroidea en el hígado. Peat llegó a defender la fruta y el azúcar frente a los almidones, por su menor carga de fermentación intestinal.
Lo que hay debajo es un fondo fisiológico correcto estirado hasta una conclusión que nadie ha demostrado. Es cierto que la disponibilidad de glucógeno hepático modula la respuesta de estrés, y es cierto que el ayuno prolongado eleva las hormonas contrarreguladoras. De ahí a que una ingesta alta de azúcar sea ampliamente protectora hay un salto que no tiene ensayos clínicos que lo respalden, y que choca de frente con lo que se sabe sobre azúcares libres, hígado graso y alteración del ecosistema intestinal.
Merece la pena notar el patrón, porque se repite en toda su obra: Peat toma una observación verdadera y acotada, la convierte en principio general y la aplica a poblaciones para las que nunca se estudió. Un adulto delgado, activo y con buena sensibilidad a la insulina no responde igual al azúcar que alguien con resistencia a la insulina establecida, y su marco no distingue entre los dos.
Progesterona, pregnenolona y tiroides: donde deja de ser comida
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Lo esencial: esta sección no trata de alimentos, trata de fármacos. La hormona tiroidea, la progesterona y la pregnenolona son sustancias activas con dosis, con efectos adversos y con interacciones. Nada de lo que sigue es una pauta, y ninguna de estas tres cosas debe tomarse sin un médico que pida y sepa interpretar analíticas.
El corazón hormonal de Peat es el antagonismo entre estrógenos y progesterona. En su lectura, el estrógeno es catabólico, prooxidante y proliferativo, y la progesterona es el freno protector. De ahí salen las recomendaciones de progesterona tópica u oral y de pregnenolona como precursor, que en su comunidad circulan como si fueran suplementos.
La parte cierta es que el antagonismo existe y que la progesterona tiene usos clínicos reales y acotados, sobre todo en la fase lútea y en terapia hormonal de la menopausia junto con estrógeno para proteger el endometrio. La parte no cierta es la generalización: que casi cualquier síntoma femenino sea «exceso de estrógeno» y se corrija con progesterona por libre no está demostrado, y convierte un diagnóstico en una etiqueta.
Con la tiroides el asunto es más serio. Peat defendía el uso de tiroides desecada y de T3, guiado por temperatura corporal y pulso en lugar de por analítica. Aquí hay que ser tajante: la hormona tiroidea en exceso no es inocua. Provoca fibrilación auricular, pérdida de masa ósea y arritmias, y el sobretratamiento es un problema documentado en endocrinología, no un riesgo teórico. Si sospechas hipotiroidismo, el camino está en nuestro protocolo de hipotiroidismo y Hashimoto, y pasa por una consulta y por medir TSH, T4 libre y anticuerpos, no por un termómetro. En autoinmunidad tiroidea, lo único con señal razonable en suplementación lo revisamos en selenio y Hashimoto.
El conflicto de interés que casi nadie menciona
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En 1984, Peat obtuvo una patente estadounidense para el tratamiento de la deficiencia de progesterona mediante una composición estable de progesterona y tocoferoles, es decir progesterona disuelta en vitamina E. De esa patente salió un producto comercial que sigue vendiéndose hoy bajo el nombre Progest-E. En 1986 patentó además composiciones con dehidroepiandrosterona para artritis.
El dato no es una acusación, es contexto obligatorio. El hombre que dedicó cincuenta años a defender la progesterona como protector universal patentó y comercializó una formulación de progesterona. Eso no convierte en falsa ninguna de sus afirmaciones, pero es exactamente la clase de información que aquí exigimos cuando auditamos a cualquier otro divulgador, y no hay motivo para hacer una excepción.
Lo llamativo es la asimetría de trato. En su comunidad, un médico que recomienda un fármaco de una farmacéutica es sospechoso por definición, mientras que la patente propia de Peat no aparece casi nunca en las presentaciones de su figura. El escepticismo hacia el conflicto de interés no puede ser selectivo: o se aplica a todos o no vale para nadie. Es el mismo criterio con el que revisamos a otros referentes del espacio, como en la ficha de Xevi Verdaguer.
Qué acertó, y no es poco
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Una ficha que solo demoliera sería mala pieza y además sería injusta. Peat vio pronto cosas que tardaron décadas en llegar al centro del campo, y conviene reconocerlas con el mismo rigor con el que se le corrige.
La primera y más clara es el eje endotoxina-inflamación-metabolismo. Peat escribía sobre productos bacterianos absorbidos desde el intestino como causa de carga inflamatoria sistémica cuando eso era marginal. Hoy el papel del lipopolisacárido en la inflamación de bajo grado es literatura consolidada, y lo tratamos en inflammaging y en el protocolo de barrera intestinal. Acertó la dirección aunque errase casi todas las intervenciones.
La segunda es la centralidad del metabolismo y de la función tiroidea en cuadros que se despachan como psicológicos. Mucha gente con hipotiroidismo subclínico pasa años con diagnósticos de ansiedad o depresión antes de que alguien mire la tiroides. Que su comunidad haya convertido eso en autoprescripción es un problema distinto del acierto original.
La tercera es haber desconfiado del consenso antigrasa saturada de los años ochenta cuando era casi dogma. El campo se ha movido hacia una posición más matizada, en la que importa por qué se sustituye la grasa saturada y no solo cuánta se quita. La ironía es que ese matiz, llevado hasta el final, apunta al linoleico como sustituto preferente, que es justo lo que él rechazaba.
Y la cuarta, más de fondo: su insistencia en que el organismo responde como un sistema y no como una lista de órganos independientes. Esa mirada está hoy en el centro de la biología del envejecimiento, y es la que hace que su prosa siga enganchando a gente inteligente.
Los riesgos concretos del peatismo aplicado
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Lo esencial: el riesgo de seguir a Peat no está en beber zumo de naranja ni en comer zanahoria rallada. Está en tres prácticas concretas que su comunidad ha normalizado y que implican fármacos: hormona tiroidea sin control analítico, hormonas esteroideas por libre y aspirina de uso diario. Si estás haciendo cualquiera de las tres, es una conversación con tu médico, no con un foro.
Hormona tiroidea sin analítica. Es el más grave. Ajustar tiroides desecada o T3 por temperatura y pulso, sin TSH ni T4 libre, expone a un exceso sostenido cuyas consecuencias conocidas son fibrilación auricular, pérdida de densidad ósea y arritmias. Y hay un problema añadido: quien tiene un hipotiroidismo real y lo trata mal pierde tiempo de tratamiento correcto, que es barato, eficaz y está financiado.
Progesterona y pregnenolona por cuenta propia. Son hormonas, no vitaminas. Alteran el eje completo, interaccionan con anticonceptivos y con terapia hormonal, y su uso prolongado sin indicación ni seguimiento no tiene datos de seguridad que lo respalden. La dosificación a ojo de un producto tópico oleoso es, además, poco reproducible.
Aspirina diaria. Peat la defendía como antiinflamatorio de fondo. Las guías actuales han ido en dirección contraria en prevención primaria, precisamente porque el riesgo de hemorragia digestiva supera al beneficio en la mayoría de adultos sanos. Tomarla a diario sin indicación cardiovascular no es una medida antienvejecimiento, es asumir un riesgo hemorrágico a cambio de nada demostrado.
Hay un cuarto riesgo, más silencioso, que afecta sobre todo a mujeres jóvenes: el retraso diagnóstico. Cuando cualquier síntoma se explica como dominancia estrogénica o metabolismo lento, se dejan de buscar causas que sí tienen tratamiento, desde anemia y déficit de hierro hasta endometriosis o síndrome de ovario poliquístico. El marco es tan omniabarcante que desincentiva ir al médico, y ese es probablemente su daño mayor.
Por qué explotó después de muerto
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Peat escribió durante cuarenta años con una audiencia pequeña y fiel. Su difusión masiva llega después de su muerte en 2022, cuando creadores de bienestar llevan sus ideas a TikTok e Instagram. El momento cultural no podía ser mejor: la salud hormonal femenina se había convertido en una de las categorías de más crecimiento, y su marco ofrecía una explicación unificada a un conjunto de síntomas que la medicina convencional despacha mal y deprisa.
Ese éxito póstumo tiene una consecuencia técnica importante: Peat ya no puede corregir a quien le cita. Buena parte de lo que hoy circula bajo su nombre son simplificaciones de tercera mano de textos que él escribió con más cautelas, y hay recetas y protocolos rígidos que él mismo habría rechazado, porque se resistía a la idea de una dieta fija. Cuando alguien afirma «Peat decía que», conviene preguntar dónde lo decía exactamente.
También explica la forma que ha tomado el fenómeno. Lo que viraliza no son sus ensayos sobre metabolismo oxidativo, que son densos, sino artefactos simples y compartibles: la ensalada de zanahoria diaria, el zumo de naranja con sal, la evitación de aceites de semillas. Es el mismo mecanismo que hemos descrito al hablar de qué es el biohacking y qué es humo: la parte que se propaga es la que cabe en un vídeo de treinta segundos, no la que sostiene el argumento.
Un ejemplo sirve para ver el mecanismo entero. La ensalada de zanahoria se defiende porque su fibra sería indigerible y barrería el intestino sin fermentar. Cuando se mide, la zanahoria resulta ser de los vegetales más fermentables: en un análisis de ocho vegetales, fue la de mayor desaparición de materia seca durante la fermentación con bacterias fecales humanas, un 63,7%. El argumento se apoya en una propiedad que la zanahoria no tiene, cosa que nadie comprobó en veinte años de repetirlo. Lo que la fibra fermentable sí hace lo ordenamos en probióticos, fibra y postbióticos.
Las tesis de Ray Peat, una a una, por nivel de evidencia
| Tesis | Qué muestra la evidencia | Nivel (N0-N5) | Veredicto KRECE |
|---|---|---|---|
| Los poliinsaturados son el problema central de la dieta | Reducir grasa saturada bajó los eventos cardiovasculares un 17% en 12 ensayos y 53.758 personas. Las guías favorecen el linoleico como sustituto. | N5 | Contradicho |
| El ácido linoleico genera inflamación sistémica | Los ensayos controlados no encuentran aumento de marcadores inflamatorios al subir su ingesta. | N5 | Contradicho |
| El azúcar es ampliamente protector del metabolismo | Fondo fisiológico parcial sobre glucógeno y estrés, sin ensayos que respalden la generalización. | Hipótesis | No demostrado |
| La progesterona protege frente al estrógeno | Antagonismo real y usos clínicos acotados. La generalización a cualquier síntoma, no. | N4 en indicación | Parcial, no extrapolable |
| Ajustar tiroides por temperatura y pulso | El exceso de hormona tiroidea causa fibrilación auricular, arritmias y pérdida ósea. | N5 en contra | Peligroso |
| Aspirina diaria como antiinflamatorio de fondo | En prevención primaria el riesgo hemorrágico supera al beneficio en la mayoría de adultos sanos. | N5 en contra | Desaconsejado |
| La endotoxina intestinal deteriora el metabolismo | El eje lipopolisacárido e inflamación de bajo grado está consolidado. | N2 a N4 | Acertó la dirección |
| La zanahoria cruda no fermenta y barre el intestino | De ocho vegetales analizados, fue la de mayor fermentación con bacterias fecales humanas. | N1 en contra | Contradicho |
Ninguna figura se juzga en bloque. La misma persona ocupa la fila de lo acertado y la de lo peligroso, y ese es justo el motivo para auditar tesis por tesis en lugar de aceptar o rechazar un nombre.
Ray Peat: 5 cosas que conviene tener claras
- Era biólogo, no médico, y su producción con revisión por pares se limita a dos artículos de 1971 y 1972. Los cincuenta años siguientes escribió fuera de ese circuito.
- Su tesis más influyente, la guerra contra los poliinsaturados, es la más claramente contradicha: los ensayos apuntan al linoleico como el mejor sustituto de la grasa saturada.
- Acertó en cosas serias, sobre todo el eje endotoxina, inflamación y metabolismo, y la centralidad de la tiroides en cuadros que se despachan como psicológicos.
- Patentó en 1984 una formulación de progesterona con tocoferoles que dio lugar a un producto comercial. El conflicto de interés existe y casi nunca aparece cuando se le presenta.
- El riesgo real no está en la comida sino en tres prácticas: tiroides sin analítica, hormonas por libre y aspirina diaria. Las tres son fármacos y las tres exigen médico.
La posición de KRECE
Ray Peat fue un excelente lector de fisiología y un pésimo cerrador de hipótesis. Leía literatura antigua que casi nadie leía, conectaba campos que no se hablaban entre sí y escribía mejor que la mayoría de los científicos en activo. Lo que no hizo nunca fue el paso siguiente: someter sus ideas a una prueba que pudiera tumbarlas. Sin ese paso, cincuenta años de escritura brillante siguen siendo cincuenta años de hipótesis.
Su tesis estrella es también la más equivocada, y eso debería bastar como aviso de calibración. La cruzada contra los poliinsaturados no es un detalle periférico de su obra: es la parte que ha conquistado las redes y la que la evidencia contradice con más claridad. Cuando el elemento más viral de un corpus es el peor sostenido, eso dice algo sobre cómo se ha propagado ese corpus, y obliga a revisar el resto con la misma lupa.
Aun así, aquí no lo despachamos como pseudociencia, porque no lo es del todo y decirlo sería inexacto. El eje endotoxina-inflamación lo vio veinte años antes que el campo. Su insistencia en mirar el metabolismo como sistema está hoy en el centro de la biología del envejecimiento. Tratar su obra como basura es tan perezoso como tratarla como escritura sagrada, y además garantiza que quien le sigue no te escuche.
La línea que aquí sí trazamos es entre la mesa y el botiquín. Beber zumo de naranja, comer fruta madura, cocinar con mantequilla o tomar una zanahoria rallada al día no le hace daño a nadie, aunque el mecanismo que se le atribuye sea falso. Ajustarse la tiroides por temperatura corporal, tomar progesterona por cuenta propia o hacerse una pauta diaria de aspirina son otra categoría de decisión, y ahí no hay matiz que ofrecer: eso es medicarse, y medicarse sin médico es el riesgo.
Y una nota sobre por qué funciona tan bien. El peatismo crece donde la medicina convencional falla peor: mujeres jóvenes con fatiga, ciclos irregulares y analíticas normales a las que se ha despachado en siete minutos. Esa frustración es legítima y el vacío es real. Pero llenarlo con un marco que explica todo y no predice nada no resuelve el problema: lo aplaza, y a veces retrasa un diagnóstico que sí tenía tratamiento.
Preguntas frecuentes sobre Ray Peat
¿Quién fue Ray Peat y cuándo murió?
¿Ray Peat era médico?
¿Son malos los aceites de semillas, como él decía?
¿Qué parte de su obra se sostiene?
¿Es peligroso seguir la dieta de Ray Peat?
¿Tenía conflictos de interés?
En qué se basa este artículo
Ver las 8 fuentes
- Peat R. Background, en raypeat.com.Fuente primaria de su biografía autodeclarada: doctorado en Biología por la Universidad de Oregón con especialización en fisiología, centros donde impartió docencia, asesoramiento nutricional privado, inicio del trabajo con progesterona en 1968 y artículos de 1971 y 1972. Verificado el 20 de agosto de 2026.
- Peat R, Soderwall AL. Estrogen stimulated pathway changes and cold-inactivated enzymes. Physiological Chemistry and Physics. 1972;4(3):295-300.Su principal artículo con revisión por pares, derivado de la tesis doctoral. Se cita sin identificador porque no se ha podido abrir la ficha del repositorio en esta sesión; la referencia bibliográfica es consistente en dos fuentes independientes.
- Hooper L, Martin N, Jimoh OF, Kirk C, Foster E, Abdelhamid AS. Reduction in saturated fat intake for cardiovascular disease. Cochrane Database of Systematic Reviews. 2020, CD011737.Fuente del dato central de la sección sobre poliinsaturados: reducir la grasa saturada redujo los eventos cardiovasculares combinados un 17%, razón de riesgo 0,83 con intervalo de confianza del 95% de 0,70 a 0,98, en 12 ensayos y 53.758 participantes.
- Hooper L, et al. Reduction in saturated fat intake for cardiovascular disease. Cochrane Database Syst Rev. 2020;5(5):CD011737.Registro bibliográfico de la misma revisión, con la actualización posterior de agosto de 2020 referenciada desde la propia ficha.
- Sacks FM, et al. Dietary Fats and Cardiovascular Disease: A Presidential Advisory From the American Heart Association. Circulation.Documento de posición del que sale la conclusión de que la evidencia favorece sustituir la grasa saturada por poliinsaturados n-6, es decir por ácido linoleico, incluso por encima de los monoinsaturados.
- Hamley S. The effect of replacing saturated fat with mostly n-6 polyunsaturated fat on coronary heart disease: a meta-analysis of randomised controlled trials. Nutrition Journal.Se incluye deliberadamente porque matiza en la dirección contraria: recoge el debate metodológico sobre si los ensayos permiten aislar el efecto del linoleico. Sostiene el párrafo de honestidad de la sección 04.
- Bourquin LD, et al. Vegetable fiber fermentation by human fecal bacteria. The Journal of Nutrition.Fermentación in vitro de la fibra de ocho vegetales con bacterias fecales humanas. La zanahoria presentó la mayor desaparición de materia seca, 63,7%, frente al 49,4% del pepino. Desmonta la premisa de la ensalada de zanahoria.
- Fruit and vegetable insoluble dietary fibre in vitro fermentation characteristics depend on cell wall type. Bioactive Carbohydrates and Dietary Fibre. 2020.Confirma lo anterior aislando la fracción insoluble: también esa se fermenta de forma extensa, y la velocidad se asocia a mayor contenido de pectina y pared celular primaria.
