Un plato saludable dividido entre la luz dorada del amanecer y la luz azul de la noche sobre un fondo oscuro, con un reloj tenue al fondo, que representa la crononutrición.
GLOSARIO · 21 Jun 2026

Crononutrición: qué es y qué dice la evidencia sobre la hora de comer

Qué es la crononutrición y si de verdad importa a qué hora comes. La evidencia real sobre el timing de las comidas, el desayuno rey y las dietas crono, sin marketing.

Estado
Cobertura con matices
Base mecánica
7/10
Efecto en peso
4/10
Dietas crono comerciales
2/10
Dificultad
Intermedio
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16 min
Categoría
Glosario

La crononutrición tiene un núcleo científico sólido y un envoltorio comercial inflado, y casi nadie te ayuda a separarlos. El núcleo: tu cuerpo no procesa la comida igual a las ocho de la mañana que a las once de la noche. El envoltorio: las dietas que prometen adelgazar repartiendo grupos de alimentos por franjas horarias.

La idea de fondo es real y está bien medida: el metabolismo sigue un horario, y comer en contra de ese horario sale caro en glucosa, en insulina y, probablemente, en peso. Pero de ahí a la «cronodieta» milagro hay un salto que la evidencia no da. La hora importa; importa menos que cuánto y qué comes, y mucho menos de lo que vende el marketing.

Comer de noche no convierte la comida en grasa por arte de magia, y añadir un desayuno no adelgaza. Aquí está la entidad entera: qué es la crononutrición, qué dice de verdad la ciencia sobre la hora de comer, en qué se diferencia del ayuno y dónde acaba el dato y empieza el eslogan.

Conviene separar tres planos que la divulgación funde a propósito. Uno: la cronobiología metabólica, la ciencia que mide cómo cambia el manejo de la glucosa o la insulina a lo largo del día. Dos: la recomendación práctica, cargar las calorías temprano y cenar pronto, que tiene base pero efectos modestos. Tres: la dieta crono comercial, con su reparto rígido de alimentos por horas, que es marketing. Este artículo recorre los tres sin mezclarlos.

Y como esto toca el metabolismo de la glucosa y el peso, es tema sensible: distinguimos lo que un ensayo en humanos ha demostrado de lo que un divulgador afirma en un pódium. La crononutrición no es una dieta; es un campo de la epidemiología nutricional. Nada de «adelgaza sin esfuerzo» ni de horarios mágicos.

En breve Lectura 30 s
  • N2-N3 · mecánico

    El metabolismo tiene horario: la tolerancia a la glucosa es mayor por la mañana y cae por la noche. La misma comida produce un pico glucémico mayor de noche.

  • N4 · RCT pequeño

    Con las mismas calorías, cargarlas en el desayuno en lugar de la cena se asoció a más pérdida de peso en ensayos cortos. El efecto es real pero modesto.

  • N3 · eTRF

    Comer pronto (eTRF) mejora la sensibilidad a la insulina sin perder peso; la misma ventana por la tarde no funciona o empeora. La hora pesa más allá de las calorías.

  • 0 aval · marketing

    Añadir un desayuno no adelgaza, y las «cronodietas» de reparto rígido por horas no tienen respaldo. Redistribuir las calorías no es lo mismo que añadirlas.

VeredictoLa hora de comer importa, pero es la tercera palanca, detrás de cuánto y qué comes. Útil y sin coste para casi todos; no es una dieta milagro.

La ciencia de a qué hora comer, no una dieta.

La crononutrición es el campo de la epidemiología nutricional que estudia cómo el momento del día en que comemos afecta al metabolismo y a la salud, no solo qué comemos o cuánto. Parte de un hecho medido: el cuerpo procesa los mismos nutrientes de forma distinta según la hora, porque su fisiología sigue un ritmo circadiano de unas 24 horas. La palabra clave del campo es timing: el cuándo como tercera variable, junto al cuánto y el qué.

De dónde viene el término

El campo despegó a partir de un trabajo español. En 2013, el grupo de Marta Garaulet, catedrática de Fisiología en la Universidad de Murcia e investigadora en el Brigham and Women’s Hospital de Harvard, publicó el primer estudio en humanos que ligaba la hora de la comida principal con el éxito de una dieta de adelgazamiento [1]. Aquel hallazgo abrió la puerta a una línea de investigación que acabó bautizándose como crononutrición. Garaulet es, en el lado académico, la referencia del campo en español; conviene tenerlo claro antes de entrar en el ruido divulgativo.

Qué estudia exactamente

La crononutrición analiza cómo cambian a lo largo del día la tolerancia a la glucosa, la sensibilidad a la insulina, la termogénesis y las hormonas del hambre y la saciedad, y cómo la alimentación sincroniza los relojes periféricos de hígado, intestino y tejido adiposo. Si la luz es el principal sincronizador del reloj central del cerebro, la comida es el sincronizador más potente de los relojes de los órganos. De ahí que comer a deshora tenga consecuencias metabólicas, no solo digéstivas.

Qué NO es la crononutrición

No es una dieta de adelgazamiento ni un método cerrado. No es lo mismo que el ayuno intermitente (eso es restringir el tiempo sin comer, no ordenar la hora) y no es la «cronodieta» que asigna grupos de alimentos a franjas rígidas, una construcción comercial sin aval científico. La crononutrición es la disciplina que estudia el fenómeno; las dietas que cuelgan de su nombre son otra cosa, y conviene no confundir la ciencia con el producto que se vende con su etiqueta.

¿Importa de verdad a qué hora comes? Sí, y se mide en glucosa.

El metabolismo de la glucosa muestra una variación diurna clara: la misma comida produce un pico glucémico más alto y más sostenido por la noche que por la mañana. Es el hallazgo más sólido del campo y el que da sentido a todo lo demás. No es una cuestión de fuerza de voluntad: es fisiología circadiana, y está medida.

El metabolismo tiene horario

Por la mañana, el cuerpo maneja la glucosa con más eficiencia: la sensibilidad a la insulina es mayor y la respuesta de las células beta del páncreas, más ágil. A medida que avanza el día esa capacidad desciende, de modo que una cena idéntica al desayuno deja la glucosa más alta durante más tiempo. El gráfico siguiente lo resume: dos respuestas a la misma comida, una a las ocho y otra a las ocho de la tarde.

Respuesta de la glucosa a la misma comida por la mañana y por la noche Esquema: tras una comida idéntica, la glucosa sube poco y baja rápido por la mañana, mientras que por la noche sube más y tarda más en volver a la línea base, reflejando la menor tolerancia a la glucosa nocturna. La misma comida, dos horas distintas Tiempo tras la comida (minutos) 0306090120 Glucosa en sangre basal Comida a las 8:00 pico bajo, vuelve rápido Comida a las 20:00 pico alto, tarda en bajar Esquema ilustrativo del fenómeno medido: la tolerancia a la glucosa cae a lo largo del día.
La tolerancia a la glucosa es mayor por la mañana: la misma comida deja un pico menor y más breve a las 8:00 que a las 20:00. El esquema ilustra un fenómeno bien documentado en humanos, no las cifras de un ensayo concreto.

Por qué la noche es peor

Al caer la tarde sube la melatonina, la señal de oscuridad, que entre otras cosas reduce la secreción de insulina. Comer mucho justo cuando la melatonina empieza a subir junta dos señales que no encajan: comida abundante y un cuerpo que se prepara para ayunar y dormir. A la vez, el cortisol, alto al despertar, ayuda a movilizar energía por la mañana. El resultado es una ventana metabólica más eficiente en la primera mitad del día, algo que la propia fisiología hormonal explica.

La cronodisrupción

Cuando el horario de las comidas se desalinea de forma crónica del reloj interno (turnos de noche, cenas muy tardías, picoteo nocturno), se habla de cronodisrupción: la ruptura de la sincronía entre los relojes internos y el ciclo de 24 horas. Comer en desalineación con el reloj biológico se asocia a mayor resistencia a la insulina y más riesgo de diabetes, un patrón que aparece de forma consistente en quienes trabajan a turnos. No es que una cena tardía aislada enferme; es el patrón sostenido el que pasa factura.

¿Es mejor desayunar como un rey y cenar como un mendigo? Con un matiz importante.

Repartir las mismas calorías cargando el desayuno en lugar de la cena se asoció a más pérdida de peso en ensayos cortos, pero el eslogan popular esconde un matiz decisivo: redistribuir las calorías no es lo mismo que añadir un desayuno. Esta distinción separa el dato útil del consejo que no sirve, y es donde casi toda la divulgación resbala.

Diagrama de un reloj de 24 horas dividido entre día y noche que muestra cortisol y tolerancia a la glucosa altos por la mañana y melatonina alta con menor tolerancia por la noche.
El reloj metabólico de 24 horas: la ventana de mayor eficiencia (cortisol alto, mejor tolerancia a la glucosa) cae en la primera mitad del día; al anochecer sube la melatonina y la tolerancia desciende.

Lo que dicen los ensayos

Dos trabajos sostienen el «cargar temprano». El de Garaulet (2013), observacional sobre 420 personas en un programa de 20 semanas, encontró que quienes comían tarde la comida principal perdían unos 2,2 kg menos que los que comían pronto, pese a una ingesta calórica, un gasto y un sueño similares [1]. Y un ensayo aleatorizado de Jakubowicz (2013) en mujeres con sobrepeso, isocalórico, vio que el grupo con desayuno alto en calorías perdía 8,7 kg frente a 3,6 kg del grupo con cena alta [2]. La señal es consistente: a igualdad de calorías, la mañana rinde mejor.

El matiz que el eslogan esconde

Aquí viene lo que casi nadie cuenta. Un meta-análisis de 13 ensayos aleatorizados concluyó que añadir un desayuno no ayuda a perder peso; de hecho, quienes desayunaban consumían unas 260 kcal más al día y pesaban de media algo más que quienes lo saltaban [4]. No hay contradicción con lo anterior, hay una confusión de fondo: «desayuna como un rey» no significa añadir un desayunazo a todo lo demás, sino mover el peso de las calorías hacia la mañana manteniendo el total. Quien interpreta el consejo como «come más al empezar el día» sin restar por la noche, engorda. El estudio del desayuno, además, era de baja calidad y corto, así que ni siquiera el «saltarlo adelgaza» es una regla.

«Lo que comes de noche se convierte en grasa» es falso

El eslogan más repetido de la divulgación es también el más falso. Comer de noche no transforma automáticamente la comida en grasa: el balance energético de 24 horas sigue mandando, y una persona que cena tarde pero mantiene su déficit calórico no acumula grasa por el reloj. Lo que sí ocurre es más sutil y menos vendible: peor control de la glucosa esa noche, peor descanso y, a la larga, un patrón asociado a más riesgo metabólico. El matiz importa porque la versión exagerada genera culpa innecesaria y no describe la fisiología real.

¿Es lo mismo crononutrición que ayuno intermitente? No, y la diferencia es la clave.

El ayuno intermitente ordena cuánto tiempo pasas sin comer; la crononutrición ordena a qué hora comes. Son dos palancas distintas, y la prueba de que la hora importa por sí misma está en que el mismo ayuno por ventanas funciona o falla según cuándo se coloque. Distinguirlos no es un tecnicismo: es lo que evita aplicar mal las dos ideas.

Ayuno es cuánto rato; crononutrición es a qué hora

El ayuno intermitente consiste en concentrar la comida en una ventana (por ejemplo, ocho horas) y ayunar el resto. Su efecto sobre el peso se explica sobre todo por el déficit calórico que suele provocar, no por el reloj. La crononutrición, en cambio, no te dice cuántas horas ayunar, sino dónde colocar la comida en el día. Puedes hacer ayuno sin pensar en la hora, y puedes cuidar la hora sin ayunar. Son ejes independientes que la divulgación mezcla.

eTRF, donde se tocan

El punto de contacto se llama eTRF (alimentación con restricción temporal temprana). Un ensayo aleatorizado cruzado en hombres con prediabetes comparó una ventana de 6 horas con la cena antes de las 15:00 frente a una de 12 horas: el grupo temprano mejoró la sensibilidad a la insulina, la tensión y el estrés oxidativo sin perder peso [3]. El dato decisivo: cuando la misma restricción se coloca tarde, los beneficios desaparecen o se invierten. No basta con comprimir la ventana (eso es ayuno); colocarla temprano (eso es crononutrición) es lo que marca la diferencia. La hora pesa por encima de las calorías.

Por qué KRECE los trata por separado

Confundir ambos lleva a errores prácticos. Quien hace una ventana de ayuno nocturna (saltarse el desayuno y cenar tarde) cree estar haciendo lo correcto y está combinando lo peor de los dos mundos: ni aprovecha la tolerancia matutina ni evita la carga nocturna. Por eso separamos las entidades: el ayuno tiene su lógica y sus límites, y la hora de comer, la suya. Mezclarlas en un solo consejo de «come en ocho horas» pierde justo el matiz que la evidencia señala.

La evidencia, ordenada por niveles: sólida en mecanismo, modesta en peso, ausente en longevidad.

El cuerpo de evidencia de la crononutrición es bueno en lo mecánico, modesto y mixto en peso, y especulativo en las grandes promesas. Esta gradación es la brújula honesta del campo, y la que el marketing nunca pone en la etiqueta. No es que «no funcione»; es que rinde menos de lo que promete.

Lo más sólido: glucosa e insulina

El nivel mejor sostenido es el mecanístico en humanos: la variación diurna de la tolerancia a la glucosa, el efecto de comer temprano sobre la sensibilidad a la insulina y el deterioro asociado a la cronodisrupción están bien documentados en estudios controlados, aunque a menudo pequeños [3][5]. Es la base que justifica el campo y la que sostiene la recomendación de cargar pronto. Quien quiera verlo en su propia piel puede observarlo con un monitor continuo de glucosa: la misma comida suele dejar una curva peor de noche.

Lo intermedio: peso y obesidad

En peso, la evidencia es real pero modesta y mixta. Los ensayos que la sostienen son cortos, con muestras pequeñas y a menudo solo en mujeres, y el efecto, aunque consistente en dirección, es de pocos kilos [1][2]. Para quien busca perder peso, el timing es un complemento del déficit calórico, no un sustituto: el grueso lo sigue marcando cuánto y qué se come, como detallamos en el protocolo de pérdida de peso.

Crononutrición: afirmaciones frente a evidencia, por nivel, auditado por krece.io
AfirmaciónQué hay demostradoNivel (N0-N5)Veredicto KRECE
La glucosa se tolera peor por la nocheVariación diurna medida en humanos; mecanismo claro.N2-N3Sólido
Comer temprano mejora la insulinaRCT cruzado en prediabetes (eTRF): mejora sin perder peso.N3Sólido
Cargar calorías por la mañana adelgaza másRCT pequeños e isocalóricos: efecto modesto, muestras cortas.N4Probable, modesto
Añadir un desayuno ayuda a adelgazarMeta-análisis de RCT: no adelgaza; más calorías al día.N5Desmentido
Comer de noche se convierte en grasaEl balance de 24 h manda; sin efecto mágico del reloj.N0Falso
Las dietas crono de reparto por horas adelgazanConstrucción comercial sin ensayos que la sostengan.N0Sin aval

Lo sólido es el mecanismo; lo modesto, el peso; lo falso, los eslogánes. Ninguna «cronodieta» comercial alcanza siquiera el nivel de ensayo controlado.

Lo más flojo: las grandes promesas

Las afirmaciones de que la crononutrición alarga la vida, previene el cáncer o «repara» el metabolismo son extrapolaciones. Hay señales mecanísticas interesantes y mucha investigación animal, pero el salto a endpoints duros en humanos no se ha dado. Cuando un divulgador presenta la hora de comer como una palanca de longevidad, está vendiendo una promesa que la evidencia no respalda todavía.

¿Funcionan las «dietas crono» y a quién hay que creer?

Las dietas crono comerciales no tienen aval, y en la divulgación en español conviene separar a la fuente científica de los amplificadores: el dato viene de la investigación, no del pódium más ruidoso. Saber de dónde sale cada afirmación es lo que permite usar el grano y descartar la paja.

Las dietas comerciales de reparto rígido

La «cronodieta» más conocida procede de la chrononutrition del francés Alain Delabos, que asigna grupos de alimentos a franjas horarias fijas (grasas por la mañana, proteína al mediodía, azúcares por la tarde). Ese reparto rígido no tiene respaldo científico: confunde el principio real (cargar energía temprano) con un sistema cerrado de reglas que nadie ha demostrado. Es marketing de dieta con barniz cronobiológico, el ejemplo perfecto de cómo un núcleo válido se infla hasta convertirse en producto.

La divulgación en español: la fuente y los amplificadores

En el lado académico, la referencia es Marta Garaulet: sus estudios son la fuente primaria del campo, revisada por pares. En el lado divulgativo, el término lo ha popularizado sobre todo Xevi Verdaguer, fisioterapeuta y divulgador de gran alcance que se presenta como psiconeuroinmunólogo. En lo que dice sobre crononutrición concreta (cargar hidratos temprano, no cenar tarde) coincide a grandes rasgos con el consenso, hay que reconócerselo; pero conviene saber que su marco general, la PNI, es discutido (la Universidad de Barcelona retiró su máster en 2017 por considerarlo fuera de la ciencia aplicada) y que tiende a una precisión mayor que la que el dato soporta. La regla práctica: el dato, de la investigación; al divulgador, por el interés, no por el aval. Lo mismo aplica a la Glucose Goddess y a sus hacks de glucosa, que rozan este terreno.

Cómo distinguir el dato del eslogan

Tres preguntas filtran casi todo el ruido. ¿La afirmación viene de un estudio en humanos o de un mecanismo extrapolado? ¿Promete un efecto modesto (creible) o una transformación (sospechosa)? ¿Habla de redistribuir calorías o de añadir alimentos y reglas? Con esas tres, casi cualquier consejo de crononutrición se ordena solo: el que sobrevive suele ser el sencillo y modesto, y el que cae es el que promete adelgazar por arte del reloj.

¿Cómo aplicar la crononutrición con criterio?

Lo razonable de la crononutrición es barato, sin riesgo y aplicable para casi todos: cargar las calorías antes, cenar pronto y comer con cierta regularidad. Donde hay que ir con cuidado es en convertir un principio sensato en una obsesión de relojes, sobre todo en quien tiene una relación complicada con la comida.

Lo razonable y sin coste

Tres hábitos resumen casi todo el beneficio plausible: cargar más del día en el desayuno y la comida que en la cena (sin añadir calorías, redistribuyéndolas), cenar dos o tres horas antes de dormir en lugar de justo antes, y mantener horarios regulares para no desincronizar los relojes periféricos. Nada de esto exige una dieta especial ni comprar nada; es ordenar lo que ya comes.

Deporte y medición

En contexto deportivo, el timing de los hidratos alrededor del entrenamiento responde a otra lógica (rendimiento y recuperación) que puede chocar con la regla general de «menos por la noche»; quien entrena tarde tiene motivos para comer hidratos después, y eso es razonable. Para los curiosos, un monitor continuo de glucosa permite ver la propia respuesta a la misma comida a distintas horas, aunque no es imprescindible para aplicar lo básico.

Embarazo, turnos y cautelas

Dos avisos. En embarazo, lactancia o cualquier condición metabólica, los horarios y las necesidades cambian y cualquier ajuste se consulta con un profesional, no se improvisa con consejos de internet. Y en quien tiene o ha tenido un trastorno de la conducta alimentaria, fijar reglas rígidas sobre cuándo se puede o no comer puede hacer más daño que bien; ahí la flexibilidad es la prioridad. La crononutrición es una palanca menor: útil como hábito, peligrosa como obsesión.

La posición de KRECE
La hora de comer importa de verdad, pero es la tercera palanca, no la primera. El núcleo es buena fisiología; el envoltorio comercial, marketing. Útil como hábito, no como dieta milagro.
La hora importa, pero menos que el cuánto y el qué.
La variación circadiana del metabolismo es real y está medida. Pero el timing es un modulador, no el motor: el grueso del resultado, en peso y en salud metabólica, lo sigue marcando cuántas calorías y de qué calidad. Ordenar la hora ayuda; no sustituye lo básico.
El grano es la cronobiología; la paja es la cronodieta.
La ciencia del timing metabólico (glucosa, insulina, eTRF) tiene base sólida. Las «cronodietas» de reparto rígido de alimentos por franjas no tienen ningún aval. Confundir las dos cosas es el error central del campo, y separarlas es lo útil de este artículo.
«Desayuna como un rey» se malinterpreta.
La evidencia apunta a redistribuir las calorías hacia la mañana, no a añadir un desayuno. Añadirlo no adelgaza y suele sumar calorías. El consejo útil es mover el peso del día hacia delante manteniendo el total, no comer más al empezar.
La fuente es la investigación, no el divulgador de turno.
El conocimiento del campo viene de grupos como el de Garaulet, no de los amplificadores mediáticos. Un divulgador puede acertar y a la vez moverse en un marco discutido; el dato se juzga por su origen, no por el alcance de quien lo repite. Interesa el mensajero; no lo confundas con el aval.
Aplicable sin coste para casi todos, peligroso como obsesión.
Cargar temprano, cenar pronto y comer con regularidad no cuesta nada y es razonable. Pero convertir el reloj en una jaula de reglas hace daño, sobre todo a quien tiene una relación frágil con la comida. Útil como hábito flexible; nunca como dogma.

Preguntas frecuentes

¿Qué es la crononutrición?

Es el campo de la epidemiología nutricional que estudia cómo el momento del día en que comes afecta al metabolismo y la salud, no solo qué comes o cuánto. Parte de que el cuerpo procesa los nutrientes de forma distinta según la hora, porque sigue un ritmo circadiano. No es una dieta ni un método cerrado.

¿Importa de verdad la hora a la que como?

Sí, pero con medida. La tolerancia a la glucosa es mayor por la mañana y la misma comida deja peor curva de noche, eso está bien documentado. Ahora bien, la hora es un modulador: pesa menos que cuántas calorías y de qué calidad comes. Importa, sin ser lo más importante.

¿Es mejor desayunar fuerte y cenar ligero?

A igualdad de calorías, cargarlas en el desayuno se asoció a algo más de pérdida de peso en ensayos cortos. El matiz clave: se trata de redistribuir el total hacia la mañana, no de añadir un desayuno. Añadirlo no adelgaza. Cenar pronto y ligero es razonable; comer más al empezar el día sin restar por la noche, no.

¿Es lo mismo la crononutrición que el ayuno intermitente?

No. El ayuno ordena cuánto tiempo pasas sin comer; la crononutrición, a qué hora comes. La prueba de que la hora importa por sí misma es que comer temprano (eTRF) mejora la insulina, mientras que la misma ventana por la tarde no funciona o empeora. Se pueden combinar, pero son ejes distintos.

¿Engorda comer de noche?

No por arte de magia. El balance calórico de 24 horas sigue mandando: cenar tarde manteniendo el déficit no acumula grasa por el reloj. Lo que sí empeora de noche es el control de la glucosa y, a la larga, el patrón metabólico. La idea de que comer de noche se convierte automáticamente en grasa es falsa.

¿Funcionan las dietas de crononutrición para adelgazar?

Las «cronodietas» comerciales que asignan grupos de alimentos a franjas horarias no tienen respaldo científico. Lo útil del campo (cargar temprano, cenar pronto, regularidad) es un hábito sencillo, no una dieta de reglas rígidas. Para perder peso, el grueso lo marca el déficit calórico, no el reparto por horas.

Referencias
  1. Garaulet M, Gómez-Abellán P, Alburquerque-Béjar JJ, et al. Timing of food intake predicts weight loss effectiveness. Int J Obes. 2013;37(4):604-611. PubMed. Estudio fundacional del campo: en 420 personas durante 20 semanas, quienes comían tarde la comida principal perdieron unos 2,2 kg menos pese a una ingesta y un gasto similares. Observacional, generador de hipótesis.
  2. Jakubowicz D, Barnea M, Wainstein J, et al. High caloric intake at breakfast vs. dinner differentially influences weight loss of overweight and obese women. Obesity. 2013;21(12):2504-2512. PubMed. ECA isocalórico: el grupo con desayuno alto en calorías perdió 8,7 kg frente a 3,6 kg del grupo con cena alta. Muestra pequeña, solo mujeres, 12 semanas.
  3. Sutton EF, Beyl R, Early KS, Cefalu WT, Ravussin E, Peterson CM. Early Time-Restricted Feeding Improves Insulin Sensitivity, Blood Pressure, and Oxidative Stress Even without Weight Loss in Men with Prediabetes. Cell Metab. 2018;27(6):1212-1221. PubMed. ECA cruzado: comer en ventana temprana mejoró la sensibilidad a la insulina y la tensión sin perder peso; la misma restricción tarde no aporta o empeora. Muestra pequeña, prueba de concepto.
  4. Sievert K, Hussain SM, Page MJ, et al. Effect of breakfast on weight and energy intake: systematic review and meta-analysis of randomised controlled trials. BMJ. 2019;364:l42. PubMed. Meta-análisis de 13 ECA: añadir un desayuno no mejora la pérdida de peso y se asocia a mayor ingesta calórica diaria. Estudios de baja calidad y corto seguimiento; interpretar con cautela.
  5. Mentzelou M, Papadopoulou SK, Psara E, et al. Chrononutrition in the Prevention and Management of Metabolic Disorders: A Literature Review. Nutrients. 2024;16(5):722. PubMed. Revisión reciente del campo: variación diurna del manejo de glucosa e insulina, cronodisrupción y horario de la ingesta en obesidad y síndrome metabólico; marco de la crononutrición.
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