Ilustración molecular del sodio liberándose de un cristal de cloruro sódico en disolución junto a los iones de cloruro.
SUPLEMENTOS · 5 Sep 2026

Sodio

Cuánto sodio necesitas al día, por qué en España se come casi el doble, cómo convertir sodio en sal y qué hay detrás de la curva en J.

Sistema KRECE / Suplementos
sodio · sal · etiqueta · la curva en J
Sodiopor qué en España comes casi el doble y no lo notas

La recomendación europea son 2 gramos de sodio al día, unos 5 de sal. En España la ingesta media es de 9,8 gramos de sal, casi el doble, y la mayor parte no viene del salero: viene del pan, del embutido y del queso. Esta entrada explica cuánto sodio necesitas de verdad, por qué la etiqueta te obliga a multiplicar por 2,5 para entenderla, quién sí necesita más y no menos, y por qué el argumento de que reducir sal es peligroso se apoya en un problema de medición, no en un hallazgo de fisiología.

Respuestas directas

Lo que has venido a saber

¿Cuánto sodio hay que tomar?

La EFSA fija 2,0 g de sodio al día como ingesta segura y adecuada para adultos, incluidas embarazadas y lactantes. La OMS recomienda no pasar de esa misma cifra, equivalente a 5 g de sal. Son recomendaciones de techo con base cardiovascular, no un requerimiento nutricional calculado.

¿Cuánta sal se come en España?

Una media de 9,8 gramos de sal al día según la AESAN, prácticamente el doble de lo recomendado, y más del 80 por ciento de la población está por encima. El pan aporta él solo en torno al 19 por ciento del sodio ingerido por los adultos.

¿Sal y sodio son lo mismo?

No, y confundirlos es el error más caro del lineal. La sal es cloruro sódico y solo el 40 por ciento de su peso es sodio. La fórmula legal de conversión es sal igual a sodio por 2,5. Un producto con 0,8 g de sodio por 100 g lleva 2 g de sal.

¿No era peligroso reducir demasiado la sal?

Ese argumento viene de estudios que estimaron el sodio con una fórmula sobre una orina puntual, no midiéndolo. Esa fórmula sobreestima en los consumos bajos y subestima en los altos, que es exactamente lo que fabrica una curva en J. Cuando se mide con recogidas de 24 horas repetidas, la relación sale lineal.

¿Quién necesita más sodio y no menos?

Deportistas de resistencia en calor, personas en dieta cetogénica o en ayuno prolongado, y quien toma ciertos diuréticos o inhibidores de SGLT2. La hiponatremia por beber agua en exceso durante una prueba larga es un cuadro grave y evitable.

¿Qué dice KRECE?

Que la conversación útil no es cuánta sal echas, porque eso es la minoría del total. Es qué compras y qué proporción de sodio y potasio tiene tu dieta. Y que el compromiso español de reformulación ha fracasado: en 2026 la carne procesada tiene alrededor de un 30 por ciento más de sodio.

El análisis

El sodio, sección a sección

Qué hace el sodio y por qué no puedes prescindir de él

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El sodio es el catión principal del líquido que rodea a las células, la contraparte exacta del potasio, que vive dentro. Esa oposición sostiene el volumen del plasma, la presión osmótica, la conducción del impulso nervioso y la contracción muscular. Mantenerla cuesta energía sin descanso: la bomba de sodio y potasio expulsa sodio y mete potasio consumiendo ATP de forma continua, y necesita magnesio como cofactor.

Conviene decir de entrada que el sodio no es un veneno del que haya que escapar. Es un nutriente esencial, se absorbe casi por completo (los estudios de balance dan en torno al 98 por ciento) y sin él no hay presión arterial ni impulso nervioso. El problema no es que exista: es la cantidad a la que llega en una dieta industrial, y sobre todo la proporción en la que llega frente al potasio.

La regulación corre a cargo del riñón y del sistema renina-angiotensina-aldosterona, que retiene sodio y elimina potasio cuando hace falta. Ese eje evolucionó en un entorno donde el sodio escaseaba y el potasio abundaba, y hoy trabaja contra la dieta que recibe. El mecanismo está en aldosterona, y la lógica general de cómo el cuerpo defiende sus constantes, en homeostasis.

Dos gramos: qué dice la EFSA y qué la OMS

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En 2019, tras una década de trabajo, el panel de nutrición de la EFSA cerró los valores de referencia del sodio. Su conclusión merece leerse con precisión porque casi siempre se cita mal. El panel dice que los datos no permitían derivar un requerimiento medio ni una ingesta de referencia poblacional, y que, integrando la evidencia y sus incertidumbres, considera que 2,0 g de sodio al día es un nivel para el que hay confianza suficiente en un riesgo cardiovascular reducido, y que además permite mantener el balance de sodio en la mayoría de los adultos.

Es decir: 2 gramos no es lo que necesitas, es lo que se considera seguro y suficiente. La cifra aplica a adultos, incluidas embarazadas y lactantes, y la escala infantil va de 1,1 g entre 1 y 3 años a 2,0 g entre los 11 y los 17. Para lactantes de 7 a 11 meses se fija una ingesta adecuada de 0,2 g. En la misma tanda, la EFSA fijó el cloruro en 3,1 g diarios en adultos, por ser equimolar y venir sobre todo del propio cloruro sódico.

La OMS llega a la misma cifra por otro camino y la formula como techo: no superar 2 g de sodio, equivalentes a 5 g de sal al día, y trabaja con el objetivo de reducir la ingesta mundial un 30 por ciento. La coincidencia entre una agencia que evalúa seguridad nutricional y otra que fija política de salud pública no es casual, y es lo más parecido a un consenso que hay en este terreno.

El contraste con el potasio es lo que da sentido a las dos cifras juntas. El potasio tiene una ingesta adecuada de 3.500 mg y la poblacion no llega; el sodio tiene un techo de 2.000 mg y la población lo dobla. Las dos desviaciones van en el mismo sentido y por eso conviene tratarlas como un solo problema, no como dos.

Sal no es sodio: multiplica por 2,5

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La sal común es cloruro sódico, y el sodio pesa 23 mientras el cloro pesa 35,5. De ahí sale la aritmética que hay que llevar puesta al supermercado: solo el 40 por ciento del peso de la sal es sodio. Un gramo de sal aporta unos 0,4 g de sodio, y un gramo de sodio equivale a unos 2,5 g de sal. La normativa europea de información alimentaria fija exactamente esa conversión: sal igual a sodio multiplicado por 2,5.

En la práctica española esto se resuelve solo, porque el etiquetado obligatorio declara sal, no sodio. La confusión aparece con productos importados, con suplementos deportivos y con bebidas isotónicas, que muchas veces declaran sodio en miligramos. Ahí hay que multiplicar, y el resultado sorprende: 800 mg de sodio en una etiqueta son 2 gramos de sal, casi la mitad del techo diario en un solo producto.

La regla práctica que da la propia divulgación sanitaria es sencilla y sirve de filtro rápido: más de 1 gramo de sal por 100 gramos de producto es un alimento salado. Con esa sola comprobación, hecha en el lineal, se identifica la mayor parte del problema sin necesidad de llevar cuentas de nada. Es el mismo tipo de aritmética de etiqueta que aplicamos al magnesio elemental en su entrada correspondiente.

Dónde está de verdad la sal que comes

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El tópico dice que el problema es el salero. Los datos dicen otra cosa. La mayor parte del sodio de una dieta occidental viene de alimentos procesados, no de la sal añadida en casa, y en España el reparto está medido: la AESAN identificó el pan como la fuente número uno en adultos, con en torno al 19 por ciento del sodio total ingerido, seguido del jamón, los embutidos y los fiambres. En niños, esos mismos alimentos dominan, con el pan en segundo lugar.

Eso cambia por completo la estrategia razonable. Dejar de salar el plato reduce una fracción pequeña del total y, además, empeora la experiencia de comer sin resolver el problema. Lo que mueve la aguja es la composición de la cesta de la compra: pan, embutido, queso, conservas, salsas, precocinados y aperitivos. Es, otra vez, la misma lista que aparece cuando se habla de comida ultraprocesada, y no es casualidad: el sodio es en buena medida un marcador de procesamiento.

Hay además un efecto silencioso que conviene nombrar. Las conservas de legumbre y verdura llevan sal en el líquido de gobierno, y escurrir y enjuagar antes de usarlas elimina una parte apreciable sin cambiar nada del menú. Es de las pocas intervenciones de cocina que salen gratis.

España 2026: el compromiso de reformulación que no se cumplió

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España lleva desde finales de 2008 con un plan de reducción del consumo de sal, con campañas de concienciación y convenios voluntarios con la industria. El del pan es de 2004; el de productos de carnicería y charcutería artesanales, de 2012, comprometía reducir un 10 por ciento el contenido medio de sal en dos años. El compromiso con la OMS era rebajar el consumo un 30 por ciento antes de 2026.

El resultado está medido y es malo. Un trabajo del grupo Badali de la Universidad Miguel Hernández de Elche, dirigido por Ana Belén Ropero y difundido en enero de 2026, analizó si los alimentos procesados que se venden en España han reducido su sodio en los últimos años. La conclusión es que no: la carne procesada ha aumentado su contenido de sodio en torno a un 30 por ciento, y ha crecido la oferta de quesos que superan los valores máximos recomendados.

Ese dato tiene una lectura editorial que KRECE no se va a callar. La reformulación voluntaria, como política, ha fracasado en España en la categoría que más importa. Cuando la reducción depende de que el fabricante quiera, y la sal es a la vez conservante, potenciador de sabor y retenedor de agua que aumenta el peso del producto, los incentivos van en contra. Traducido al lector: no esperes que el problema se resuelva en la fábrica, porque llevamos dos décadas esperando.

La curva en J: un problema de medición, no de fisiología

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Cada vez que alguien defiende que reducir la sal es innecesario o peligroso, el argumento acaba en el mismo sitio: un conjunto de estudios de cohorte, encabezados por PURE, que encuentran una relación en forma de J entre sodio y mortalidad, con más riesgo tanto en los consumos altos como en los bajos. Si eso fuera cierto, existiría un punto óptimo intermedio y las recomendaciones actuales estarían empujando a la gente por debajo de él.

El nudo del asunto es cómo se midió el sodio. Medirlo bien exige recoger la orina de 24 horas, y repetirlo, porque la ingesta varía mucho de un día a otro. Eso es impracticable en una cohorte internacional de decenas de miles de personas, así que PURE hizo lo posible: tomó una orina matinal en ayunas y estimó la excreción de 24 horas aplicando la fórmula de Kawasaki. Sus autores defienden que es la fórmula menos sesgada disponible y que no es lo mismo que una orina puntual cualquiera.

El problema es que esa fórmula tiene un sesgo con dirección conocida: sobreestima el sodio en los consumos bajos y lo subestima en los altos. Un error con esa forma no añade ruido al azar, sino que dobla la curva: empuja gente de consumo bajo hacia arriba y gente de consumo alto hacia abajo, y produce artificialmente el repunte del extremo izquierdo. Una reanálisis de la cohorte china de validación de PURE encontró tasas de error del 58 por ciento en el cuartil más bajo, y un 68 por ciento de sujetos reclasificados.

La prueba que más pesa es la comparación directa. Cuando el mismo tipo de análisis se hace con recogidas reales de orina de 24 horas repetidas entre tres y siete veces por persona, en el seguimiento de los ensayos de prevención de la hipertensión, la asociación entre sodio y mortalidad sale lineal, con un riesgo un 12 por ciento mayor por cada gramo diario de sodio, y sin ninguna curva en J en la parte baja. La red europea de acción sobre la sal revisó estas publicaciones en 2018 y concluyó que la evidencia que cuestionaba la reducción poblacional estaba sesgada por metodología.

La posición honesta es esta: el debate existe y no está cerrado del todo, pero no es un debate simétrico. De un lado hay cohortes con un método de estimación cuyo sesgo explica el hallazgo; del otro, ensayos y cohortes con medición directa que no lo encuentran. Cuando alguien te cite la curva en J, la pregunta útil no es qué estudio dice qué, sino cómo midieron el sodio.

Presión arterial y sensibilidad a la sal: a quién le importa más

+Lo esencial: el efecto del sodio sobre la presión no es igual en todo el mundo: es mayor con la edad, en hipertensos, en personas con exceso de peso, con enfermedad renal y con ingesta baja de potasio. Quien tenga tensión alta, enfermedad renal o tome antihipertensivos, lo habla con su médico antes de cambiar nada.

El concepto clínico se llama sensibilidad a la sal, y describe cuánto sube la presión arterial de una persona concreta al aumentar el sodio. Es un rasgo continuo, no una etiqueta de sí o no, y varía bastante entre individuos. Es más marcada con la edad, en personas con hipertensión ya establecida, con exceso de peso, con función renal reducida y, muy importante, en quienes tienen una ingesta baja de potasio.

Ese último punto es la bisagra de todo el clúster. El sodio y el potasio no actúan por separado sobre la presión: lo que pesa es la proporción. Por eso una intervención que baja el sodio y sube el potasio a la vez produce más efecto que cualquiera de las dos por separado, y por eso la conversación sobre sal no se puede tener sin la del potasio al lado.

Un matiz que la divulgación suele saltarse: el efecto sobre la presión es dosis-dependiente y modesto en una persona sana, pero se aplica a toda una población y durante décadas. Un desplazamiento pequeño de la distribución de presión arterial en millones de personas se traduce en muchos ictus e infartos evitados, aunque en un individuo concreto el cambio sea de pocos milímetros de mercurio. Es el mismo razonamiento de salud pública que explicamos en homocisteína: lo que es irrelevante para uno puede ser enorme para el conjunto.

Y la advertencia práctica. Si tienes hipertensión diagnosticada, enfermedad renal o tomas antihipertensivos, diuréticos o inhibidores de SGLT2, cualquier cambio importante en tu sodio se habla con quien te trata. En esos escenarios el manejo de sodio y agua está farmacológicamente modificado, y los efectos secundarios de esa familia de fármacos están en su entrada.

Cuándo hace falta más sodio, y la hiponatremia

+Lo esencial: en pruebas de resistencia largas, en calor extremo, en dieta cetogénica o en ayuno prolongado, las necesidades de sodio suben. El error grave no es tomar poca sal: es beber mucha agua sin sodio durante horas de ejercicio, lo que puede provocar hiponatremia, un cuadro que puede ser mortal.

Todo lo anterior describe a la población general en una dieta normal. Hay escenarios en los que se invierte. El sudor contiene sodio, y en una prueba de resistencia larga con calor las pérdidas dejan de ser triviales. En dieta cetogénica ocurre algo distinto y menos conocido: al bajar la insulina, el riñón excreta más sodio, y buena parte de los síntomas de la llamada gripe keto (fatiga, cefalea, mareo al levantarse, calambres) son de déficit de sodio, no de falta de carbohidrato. Está relacionado con lo que explicamos en cuerpos cetónicos y en cetonas exógenas.

El riesgo serio va en la dirección contraria a la que la gente teme. La hiponatremia asociada al ejercicio se produce por beber grandes volúmenes de agua o de bebida muy diluida durante horas, diluyendo el sodio del plasma. Sus síntomas iniciales (náusea, cefalea, confusión, hinchazón) se parecen a los de la deshidratación, lo que lleva al error fatal de beber más. En casos graves produce edema cerebral y puede ser mortal, y ha causado muertes documentadas en maratones.

La regla operativa es corta: en esfuerzos por debajo de una hora, agua y nada más. En pruebas largas o con mucho calor, beber según sed y con sodio, no a horario fijo y no solo agua. Y ante síntomas durante una prueba larga, la respuesta no es automáticamente beber más. Cómo se estructura el entrenamiento largo está en entrenamiento concurrente.

Conviene no extrapolar esto al sedentario. Que un corredor de ultrafondo necesite sodio extra no significa que un adulto que va al gimnasio tres veces por semana en un clima templado tenga déficit. La excepción del deportista se ha convertido en argumento de venta para una categoría entera de productos de electrolitos dirigida a gente que no los necesita.

Cómo leer la etiqueta y qué significan las declaraciones

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En la Unión Europea, la tabla nutricional obligatoria declara sal por cada 100 gramos o mililitros, y opcionalmente por porción. Ese es el número que hay que mirar, y el filtro rápido ya lo hemos dado: por encima de 1 gramo de sal por 100 gramos, el producto es salado. Si la etiqueta declara sodio, multiplica por 2,5.

Las declaraciones del frontal están reguladas y tienen umbrales concretos, fijados por el reglamento europeo de declaraciones nutricionales. Bajo contenido de sodio o sal exige no superar 0,12 g de sodio por 100 g o 100 ml. Muy bajo contenido baja el listón a 0,04 g. Y sin sodio o sin sal se reserva a productos con un máximo de 0,005 g por 100 g. Son cifras de sodio, no de sal, así que la conversión sigue aplicando.

Dos trampas frecuentes. La primera es la porción declarada: una tabla por porción de 30 gramos en un producto del que nadie come 30 gramos maquilla el resultado, y hay que volver siempre a los 100 gramos para comparar. La segunda es el sodio oculto en aditivos: glutamato monosódico, bicarbonato sódico, nitrito sódico, benzoato sódico y varios más aportan sodio sin que aparezca la palabra sal en la lista de ingredientes. La tabla nutricional sí lo recoge; la lista de ingredientes, no de forma evidente. El marco general de qué obliga la norma a declarar y qué no está en la entrada sobre marco regulatorio alimentario y de medicamentos.

Qué hacer: la palanca que sí funciona

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Ordenado por cuánto mueve la aguja y no por cuánto se habla de ello. Primero, reducir el peso de los procesados salados en la cesta: pan industrial, embutido, queso curado, conservas, salsas, precocinados y aperitivos. Ahí está la mayoría del sodio, y es la única palanca con recorrido grande.

Segundo, subir el potasio con verdura, legumbre, tubérculo y fruta, que es la otra mitad de la proporción y donde la población tiene el déficit. Tercero, la sal sustitutiva con cloruro potásico, que actúa sobre los dos lados con un solo gesto y es la intervención con mejor evidencia de desenlaces duros de todo este terreno, con la advertencia de que no es apta para todo el mundo: quien tenga enfermedad renal o tome inhibidores de la ECA, antagonistas del receptor de angiotensina o diuréticos ahorradores de potasio, no debe usarla sin control médico.

Y cuarto, muy por detrás, el salero. Reducir la sal que añades en la mesa es lo primero que todo el mundo intenta y lo que menos cambia, porque es la fracción pequeña del total. No es que no sirva: es que hacerlo bien ahí y no tocar la compra es optimizar el 15 por ciento e ignorar el 80.

Una última nota sobre el gusto, que es la razón por la que casi todos los intentos fracasan. La preferencia por lo salado se reajusta en unas semanas: bajar el sodio de forma progresiva reeduca el umbral, y lo que al principio sabe soso acaba sabiendo normal, con el efecto secundario de que los ultraprocesados empiezan a resultar desagradablemente salados. Ir despacio no es una concesión, es la estrategia que funciona.

Comparativa

Lo que se dice del PEG-MGF y lo que respalda cada afirmación

El sodio en la práctica: referencias, equivalencias y palancas reales, auditado por krece.io
DatoCifraFuente y contextoQué implicaNivel (N0-N5)
Ingesta segura y adecuada de sodio (adultos UE)2,0 g/díaEFSA 2019, tras no poder derivar requerimiento medio ni ingesta de referencia poblacional.Techo con base cardiovascular, no requerimientoN5
Recomendación de la OMS2 g de sodio, 5 g de salObjetivo global de reducir la ingesta un 30 %.Coincide con la EFSA por otro caminoN5
Consumo medio en España9,8 g de sal/díaAESAN; más del 80 % de la población por encima de lo recomendado.Prácticamente el doble del techoN3
Conversión legal sal y sodiosal = sodio × 2,5Normativa europea de información alimentaria; el sodio es el 40 % del peso de la sal.0,8 g de sodio son 2 g de salNormativa
Principal fuente de sodio en adultos españolesPan, ~19 % del totalAESAN; le siguen jamón, embutidos y fiambres.El salero es la minoría del problemaN3
Reformulación de procesados en EspañaCarne procesada +30 % de sodioGrupo Badali, Universidad Miguel Hernández, enero de 2026.El compromiso voluntario ha fracasadoN3
La curva en J entre sodio y mortalidadDesaparece al medir bienCon 3 a 7 recogidas de orina de 24 horas la relación es lineal, riesgo +12 % por gramo de sodio.Probable artefacto de mediciónN3

La fila de la reformulación y la de la curva en J son las dos que faltan en casi toda la divulgación española sobre sal. Una explica por qué no basta con esperar a la industria; la otra, por qué el argumento contrario no es tan sólido como parece.

Puntos clave

Sodio: 5 cosas que conviene tener claras

  1. La referencia europea son 2,0 g de sodio al día, y la EFSA la fija reconociendo que no pudo derivar un requerimiento: es un nivel seguro y adecuado con base cardiovascular, no una necesidad calculada. En España se comen 9,8 g de sal, casi el doble del techo.
  2. Sal no es sodio: solo el 40 % del peso de la sal es sodio, y la conversión legal es sal igual a sodio por 2,5. Filtro rápido en el lineal: más de 1 g de sal por 100 g es un alimento salado.
  3. El salero es la minoría. En adultos españoles el pan aporta en torno al 19 % del sodio total, seguido de jamón, embutidos y fiambres. La palanca es la cesta de la compra, no la mesa.
  4. La curva en J que se usa para desactivar las recomendaciones procede de estimar el sodio con una fórmula sobre orina puntual, que sobreestima en consumos bajos y subestima en altos. Con recogidas reales de 24 horas repetidas, la relación es lineal.
  5. La excepción existe y es real: resistencia en calor, cetogénica y ayuno prolongado aumentan las necesidades. El riesgo grave ahí no es la falta de sal, es la hiponatremia por beber agua en exceso durante horas de ejercicio.
Posición oficial

La posición de KRECE

En sodio, la pregunta correcta no es cuánta sal echas, sino qué compras. Con el pan aportando en torno a la quinta parte del sodio de un adulto español y el grueso del resto viniendo de embutido, queso y procesados, dejar el salero es optimizar el margen pequeño. Es la razón por la que dos décadas de campañas centradas en el salero no han movido la cifra nacional: atacaban el 15 por ciento del problema.

La reformulación voluntaria ha fracasado en España, y hay que decirlo con esas palabras. El compromiso con la OMS era bajar el consumo un 30 por ciento antes de 2026, y el análisis del grupo Badali de la Universidad Miguel Hernández de enero de 2026 encuentra lo contrario en la categoría clave: la carne procesada ha subido su sodio alrededor de un 30 por ciento. Cuando la sal es a la vez conservante, potenciador y retenedor de agua que aumenta el peso vendido, el incentivo del fabricante apunta en dirección contraria a la salud pública.

La curva en J es, con la evidencia actual, un artefacto de cómo se midió el sodio. No decimos que el debate esté cerrado, decimos que no es simétrico. La fórmula de Kawasaki sobre orina matinal sobreestima el sodio bajo y subestima el alto, que es exactamente la deformación que fabrica el repunte del extremo izquierdo, y cuando se mide con recogidas de 24 horas repetidas la curva desaparece. Ante quien la cite, la pregunta no es qué estudio dice qué: es cómo midieron.

Y a la vez, el sodio no es un veneno, y el discurso de miedo hace daño. Es un nutriente esencial, hay escenarios reales donde hace falta más, y la hiponatremia por exceso de agua durante una prueba larga ha matado gente. Una publicación que solo sepa decir menos sal no está informando bien a un corredor en agosto ni a alguien en cetogénica estricta. Las dos cosas son ciertas a la vez y hay que sostenerlas juntas.

La palanca con mejor evidencia toca los dos lados a la vez, y no está en el estante de los suplementos. Bajar sodio y subir potasio con el mismo gesto es lo que produce el efecto grande, y eso se hace cambiando la compra y, en quien pueda usarla, la sal. No hay ningún producto que vender aquí, y precisamente por eso es la recomendación en la que más se puede confiar.

Consultas frecuentes

Preguntas frecuentes sobre el sodio

¿Cuánto sodio se puede tomar al día?
La EFSA fija 2,0 g de sodio diarios como ingesta segura y adecuada para adultos, incluidas embarazadas y lactantes, y la OMS recomienda no superar esa misma cantidad, equivalente a 5 g de sal. La EFSA aclara que no pudo derivar un requerimiento medio: es un nivel de seguridad, no una necesidad.
¿Cuánta sal se consume en España?
Una media de 9,8 gramos al día según la AESAN, casi el doble de lo recomendado, con más del 80 % de la población por encima del objetivo. El pan aporta alrededor del 19 % del sodio total en adultos, seguido de jamón, embutidos y fiambres.
¿Cómo se convierte el sodio de la etiqueta en sal?
Multiplicando por 2,5, que es la conversión que fija la normativa europea, porque solo el 40 % del peso de la sal es sodio. Un producto con 0,8 g de sodio por 100 g contiene 2 g de sal. Como filtro rápido, más de 1 g de sal por 100 g indica un alimento salado.
¿Es cierto que tomar poca sal es peligroso?
La evidencia de esa idea viene de cohortes que estimaron el sodio con una fórmula aplicada a una orina matinal, y esa fórmula sobreestima los consumos bajos y subestima los altos, lo que fabrica una curva en J. Con recogidas reales de orina de 24 horas repetidas, la relación con la mortalidad sale lineal y sin repunte en la parte baja.
¿Quién necesita tomar más sodio?
Deportistas en pruebas de resistencia largas o con calor, personas en dieta cetogénica o ayuno prolongado, y quienes toman ciertos diuréticos o inhibidores de SGLT2. Buena parte de los síntomas de la gripe keto son déficit de sodio, no falta de carbohidrato.
¿Qué es la hiponatremia asociada al ejercicio?
Una dilución peligrosa del sodio del plasma por beber grandes volúmenes de agua durante horas de ejercicio. Sus primeros síntomas se confunden con los de la deshidratación, lo que lleva a beber más y agravarla. En casos graves produce edema cerebral y puede ser mortal. La pauta es beber según sed y con sodio, no a horario fijo.
Fuentes de información

En qué se basa este artículo

Ver las 7 fuentes
  1. Panel NDA de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria. Dietary reference values for sodium. EFSA Journal. 2019;17(9):5778. DOI 10.2903/j.efsa.2019.5778. PMID 32626425.Fuente de los 2,0 g diarios de sodio como ingesta segura y adecuada en adultos, incluidas embarazadas y lactantes, y de la escala infantil de 1,1 a 2,0 g con 0,2 g en lactantes de 7 a 11 meses. El panel declara expresamente que los datos no permitían derivar un requerimiento medio ni una ingesta de referencia poblacional. Verificado el 5 de septiembre de 2026.
  2. Panel NDA de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria. Dietary reference values for chloride. EFSA Journal. 2019;17(9):5779. DOI 10.2903/j.efsa.2019.5779.Valores de cloruro fijados como equimolares a los de sodio: 3,1 g diarios en adultos, incluidas embarazadas y lactantes, porque la fuente dietética principal de cloruro es el propio cloruro sódico.
  3. Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición. Reformulación de alimentos: convenios de reducción de sal.Documenta el convenio de reducción de sal en pan de 2004 y el de productos de carnicería y charcutería artesanales de 2012, con compromiso de reducir un 10 % el contenido medio de sal en dos años. Recoge que el pan aporta el 19 % del sodio total ingerido por los adultos españoles, seguido de jamón, embutidos y fiambres.
  4. Universidad Miguel Hernández de Elche, grupo Badali. Análisis del contenido de sodio en alimentos procesados comercializados en España, difundido en enero de 2026.Dirigido por Ana Belén Ropero. Los alimentos procesados en España no han reducido su sodio pese al compromiso de rebajar el consumo un 30 % antes de 2026; la carne procesada lo ha aumentado en torno a un 30 % y ha crecido la oferta de quesos por encima de los valores máximos recomendados. Fuente de prensa que recoge la nota de la universidad.
  5. Khitan Z, Shapiro AP, Shapiro JI. PURE is not so pure when it comes to dietary sodium and cardiovascular events. The Journal of Clinical Hypertension. 2018.Crítica metodológica al uso de la fórmula de Kawasaki sobre orina matinal en ayunas en PURE, y a las diferencias entre el procedimiento de PURE y el de la validación original de la fórmula.
  6. Strazzullo P, Campanozzi A, Cappuccio FP, et al. Population dietary salt reduction and the risk of cardiovascular disease: a scientific statement from the European Salt Action Network. Nutrition, Metabolism and Cardiovascular Diseases. 2018.Revisión de la red europea de acción sobre la sal. Documenta el sesgo de las estimaciones sobre orina puntual y recoge que, con 3 a 7 recogidas de orina de 24 horas por individuo, la asociación entre sodio y mortalidad es lineal, con un riesgo un 12 % mayor por gramo diario de sodio y sin tendencia en J en la parte baja.
  7. Petersen KS, Johnson C, Mohan S, et al. Further evidence that methods based on spot urine samples should not be used to examine sodium-disease relationships. The Journal of Clinical Hypertension. 2020.Revisión sistemática periódica. Concluye que las asociaciones no lineales o en J observadas son atribuibles al uso de métodos basados en orina puntual, y que el error de medición de la fórmula de Kawasaki distorsiona la relación observada.
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