La palmitoiletanolamida es una amida de ácido graso que tu propio cuerpo fabrica, y es de los poquísimos suplementos del mercado español que llega con tres metaanálisis de ensayos aleatorizados doble ciego a favor. También es de los que peor soportan que uno lea la letra pequeña de esos metaanálisis. Esta entrada separa lo que está demostrado, lo que está sugerido y lo que te están cobrando de más.
Lo que has venido a saber
¿Qué es la palmitoiletanolamida?
Una amida de ácido graso endógena, aislada en 1957 y presente de forma natural en el organismo humano y en alimentos como la yema de huevo, el cacahuete y la lecitina de soja. No es una planta, no es un extracto y no es un fármaco de síntesis: es una molécula de señalización que ya tienes.
¿Funciona de verdad para el dolor crónico?
En el análisis agrupado, sí. El metaanálisis de referencia reúne 11 ensayos doble ciego y 774 pacientes, y encuentra una reducción media de 1,68 puntos sobre una escala de 11. El problema no es el resultado, es la heterogeneidad del 93 por ciento que lo acompaña.
¿Qué dosis tiene datos detrás?
Los ensayos usan entre 300 y 1.200 mg al día, casi siempre repartidos en dos tomas, durante 8 a 12 semanas. No se ha detectado relación dosis-respuesta: en el único ensayo que comparó 300 con 600 mg, los dos grupos mejoraron igual.
¿Merece la pena pagar por la micronizada?
No está demostrado que sí. Es el argumento con el que se justifica el sobreprecio, y viene de estudios en animales. Los dos ensayos humanos más limpios de la serie usaron PEA sin micronizar y salieron positivos.
¿Es un cannabinoide?
No. Se la vende como cannabimimética y pertenece al llamado sistema endocannabinoide ampliado, pero no tiene afinidad directa demostrada por los receptores CB1 ni CB2. Actúa por otra puerta: el receptor nuclear PPAR-alfa.
¿Qué dice KRECE?
Que es de los suplementos menos malos y peor explicados del mercado. La señal analgésica es real y la seguridad es excelente, pero el marketing vende certeza clínica donde hay una señal agregada sobre once ensayos pequeños, italianos en su mayoría y con la industria dentro.
PEA: lo que vas a encontrar
La PEA, sección a sección
Qué es la palmitoiletanolamida y de dónde sale
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La palmitoiletanolamida se aisló en 1957, con el nombre de N-(2-hidroxietil)-palmitamida, a partir de lecitina de soja, yema de huevo y harina de cacahuete, y ya entonces se describió como un agente antiinflamatorio natural. Ocho años después se encontró también en tejidos de mamífero: es un compuesto endógeno, no un ingrediente importado a la fisiología humana desde fuera.
Químicamente es lo que su nombre dice: ácido palmítico unido a etanolamina. Pertenece a la familia de las etanolamidas de ácido graso, un grupo de mediadores lipídicos del que forman parte también la anandamida y la oleoiletanolamida. Esa parentela importa, porque es la que explica a la vez su mecanismo y buena parte de la confusión comercial que la rodea.
Su historia clínica es más antigua de lo que sugiere el envase. En los años setenta se comercializó en la antigua Checoslovaquia bajo el nombre de Impulsin, y no como analgésico sino como profiláctico de infecciones respiratorias. En 1974 se publicaron ensayos doble ciego controlados con placebo sobre 1.386 voluntarios que describieron menos episodios de fiebre, menos infecciones respiratorias y menos dolor. El producto se retiró del mercado años después sin motivo aparente, y la molécula reapareció décadas más tarde por la puerta del complemento alimenticio.
Ese detalle no es una curiosidad histórica. Un compuesto con historial de consumo en Europa antes de 1997 queda fuera del reglamento de nuevos alimentos, que es la barrera que ha frenado en la Unión Europea a moléculas mucho más recientes. La PEA llegó al lineal por una vía que hoy estaría cerrada.
Cómo actúa: PPAR-alfa y el mecanismo ALIA
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Aquí hay que desmontar primero lo que se dice en las fichas de producto. La PEA se encuadra en el sistema endocannabinoide ampliado por su parecido estructural con la anandamida, y de ahí sale la etiqueta de cannabimimética que circula por las tiendas. El problema es que la propia PEA no ha demostrado afinidad directa por los receptores CB1 ni CB2. La literatura la clasifica como mensajero paracannabinoide, que no es lo mismo.
La contradicción llega hasta el registro de nomenclatura. La ficha de MeSH de la molécula la etiqueta como agonista de receptores cannabinoides en su clasificación de acción farmacológica y, tres líneas más abajo, la describe literalmente como una molécula relacionada con los endocannabinoides inactiva sobre el receptor cannabinoide. Cuando ni el tesauro de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos se aclara, conviene desconfiar del folleto.
La vía que sí está sostenida es otra: la PEA es agonista del receptor nuclear PPAR-alfa, un factor de transcripción implicado en el metabolismo lipídico y en la regulación de la inflamación. Los estudios mecanísticos implican además a los canales iónicos del nociceptor, en particular al TRPV1. La distinción entre unirse a un receptor y activarlo con qué potencia es exactamente la que explicamos en afinidad, potencia y eficacia, y es la que separa un mecanismo de un eslogan.
El concepto que mejor la describe es el de ALIA, siglas del antagonismo local de la lesión por autacoides. La idea es que la PEA no bloquea la cascada inflamatoria ya desatada, sino que actúa antes: modula el comportamiento de las células no neuronales que la desatan, sobre todo los mastocitos y la glía. Es un control de compuerta, no un freno de emergencia, y es la misma familia de mecanismo que discutimos al hablar de la quercetina y la estabilización mastocitaria.
Esa diferencia tiene una consecuencia práctica que casi nadie explica: si el mecanismo es modulador y no bloqueante, el efecto tarda y no se nota como una pastilla. Quien espere el alivio de un antiinflamatorio clásico en dos horas va a concluir que no funciona, y va a concluirlo por la razón equivocada. La misma lógica de accion lenta que gobierna a la curcumina y su problema de biodisponibilidad aplica aquí.
Los tres metaanálisis y su letra pequeña
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La PEA tiene algo que casi ningún suplemento del mercado español puede enseñar: tres revisiones sistemáticas con metaanálisis, todas ellas favorables. Empecemos por lo que dicen, y sigamos por lo que no cabe en el titular.
El trabajo de referencia se publicó en Nutrients en 2023, registrado en PROSPERO, y es el más estricto de los tres porque solo admitió ensayos aleatorizados doble ciego. De 253 artículos cribados sobrevivieron 11, con 774 pacientes repartidos entre 383 de PEA y 391 de control. El resultado agrupado favorece a la PEA con una reducción media de 1,68 puntos sobre una escala normalizada de 11, con intervalo de confianza del 95 por ciento entre 1,05 y 2,31.
El segundo, de 2025, amplió el criterio a ensayos aleatorizados en general y reunió 18 estudios y 1.196 pacientes, concluyendo que la PEA reduce el dolor y mejora la calidad de vida con beneficio apreciable a las 4 a 6 semanas. El tercero, centrado en las formulaciones de partícula reducida, agrupó 9 estudios y 742 pacientes y encontró que a los 60 días la reducción del dolor era mayor que a los 30.
Y ahora la letra pequeña, que es donde vive la posición de KRECE. El dato que ningún vendedor reproduce del metaanálisis de 2023 es la heterogeneidad: I al cuadrado del 93 por ciento. En cristiano: los once ensayos no están midiendo lo mismo. Hay endometriosis, túnel carpiano, esclerosis múltiple, dismenorrea, síndrome de boca ardiente, artrosis de rodilla, neuropatía diabética, articulación temporomandibular, dolor pélvico, lesión medular e intestino irritable, con dosis que van de 300 a 1.200 mg y duraciones de 10 días a 12 meses.
Promediar eso da un número, pero ese número no es una recomendación clínica: es la constatación de que algo funciona en algún sitio. La pregunta útil no es cuánto baja el dolor con PEA, es en qué dolor concreto, y esa pregunta el agregado no la responde. El propio equipo autor lo escribe: la heterogeneidad de indicaciones impide formular recomendaciones detalladas por patología.
Hay dos limitaciones más que conviene tener presentes. Todos los ensayos menos uno reclutaron menos de 100 pacientes, lo que limita la potencia del agregado. Y el 70 por ciento de los participantes fueron mujeres, sesgado por tres estudios de dolor ginecológico, de modo que extrapolar el resultado a un varón de 55 años con lumbalgia es un salto que los datos no autorizan. Sobre cómo se ordena todo esto por niveles, la referencia es nuestro criterio de gradación de suplementos.
Dónde funciona y dónde falló
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Si el agregado no sirve para decidir, hay que bajar al ensayo. Y al bajar aparece lo más útil de toda la serie: dos ensayos negativos que el marketing nunca menciona y que delimitan el terreno mejor que los nueve positivos.
El primero es danes, de 2016, sobre 73 pacientes con dolor neuropático por lesión medular, con PEA ultramicronizada a 600 mg dos veces al día durante 12 semanas. No hubo diferencia significativa frente a placebo en la variable principal, aunque sí se redujo el consumo de medicación de rescate. El segundo es español, de 2017, sobre 68 pacientes con síndrome del túnel carpiano a 300 mg dos veces al día durante 60 días: tampoco hubo diferencias, ni en dolor ni en función.
Del lado positivo, los dos ensayos metodológicamente más sólidos de la serie, ambos con la puntuación de calidad más alta, son australianos. Uno en artrosis de rodilla con 111 pacientes, el mayor de la serie en su categoría, con mejora significativa del dolor y de la función física. Otro en neuropatía periférica diabética con 70 pacientes, con mejora del dolor y de la calidad del sueño. Ese segundo escenario es territorio compartido con el ácido alfa lipoico, que llega con más recorrido clínico y más barato.
El resto de positivos se concentra en dolor ginecológico y orofacial: endometriosis, vestibulodinia, dismenorrea, articulación temporomandibular y síndrome de boca ardiente. En varios de ellos la PEA no iba sola, sino combinada con transpolidatina, lo que impide atribuirle el efecto en limpio. En el ensayo de vestibulodinia, de hecho, mejoraron los dos brazos y no hubo diferencia significativa frente a placebo.
Lectura de conjunto: la señal es más consistente en dolor inflamatorio y mixto de intensidad moderada que en dolor neuropático puro por lesión estructural. Tiene sentido mecanístico, porque un modulador de mastocitos y glía tiene poco que ofrecer cuando el problema es un nervio seccionado o un túnel óseo que comprime.
Dosis, micronización y el sobrecoste
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El rango que aparece en los ensayos va de 300 a 1.200 mg diarios. Nueve de los once ensayos repartieron la dosis en dos tomas y los otros dos la dieron una vez al día; ambos esquemas produjeron reducciones significativas. La duración habitual fue de 8 a 12 semanas, y la recomendación pragmática de los autores es no juzgar el resultado antes de las cuatro semanas.
Lo interesante es lo que no aparece: no se detectó relación dosis-respuesta. En el único ensayo que comparó dos dosis dentro del mismo diseño, 300 frente a 600 mg diarios en artrosis de rodilla, el dolor bajó de forma significativa sin diferencia entre los dos grupos. Ese hallazgo, si se sostiene, convierte en gasto puro buena parte del escalado comercial hacia los 1.200 mg.
Y llegamos al argumento que sostiene los precios del sector. La PEA es lipófila y poco soluble en agua, lo que limita su absorción oral, y de ahí nace la industria de la micronización y la ultramicronización. La evidencia a favor de reducir el tamaño de partícula es preclinica: modelos animales y ensayos in vitro. En humanos, hasta qué punto mejora el efecto clínico está en disputa.
El reparto en la serie de once ensayos es revelador: tres usaron ultramicronizada, dos micronizada, uno comicronizada, dos sin micronizar y en tres no consta. Y aquí está el dato incomodo para el argumento comercial: los dos ensayos sin micronizar son los dos australianos, los de mejor calidad metodológica de toda la serie, y los dos salieron claramente positivos. Mientras tanto, uno de los que usaron ultramicronizada, el de lesión medular, salió negativo.
Traducción para el lineal: cuando una etiqueta te cobra un sobreprecio por ultramicronizada, te está cobrando por una hipótesis farmacocinética razonable que a día de hoy no tiene demostración clínica comparativa. Hacen falta estudios cara a cara, y no existen. Es el mismo patrón que auditamos en las formas premium de magnesio: la forma cara puede tener razón, pero todavía no la ha demostrado donde importa.
Seguridad, interacciones y quién debe evitarla
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Lo esencial: el perfil de seguridad de la PEA es de los mejores que se ven en este catálogo, pero eso no la convierte en un tratamiento del dolor crónico. Un dolor persistente merece un diagnóstico, no un suplemento. Nada de lo que sigue sustituye a una consulta médica, y menos si el dolor es nuevo, cambia de patrón o se acompaña de pérdida de fuerza, fiebre o pérdida de peso.
Los datos de tolerancia son consistentes. En la serie de once ensayos doble ciego, seis no describieron ningún efecto adverso atribuible, tres no encontraron diferencia con placebo y solo uno reportó algo: dos casos de síntomas gastrointestinales leves y transitorios, frente a uno en el grupo placebo. Un análisis agrupado de cerca de 1.500 pacientes tampoco encontró efectos adversos reseñables.
Eso incluye tratamientos largos: el ensayo en esclerosis múltiple mantuvo 600 mg diarios durante 12 meses sin efectos adversos atribuidos. Es un perfil que la hace especialmente considerable en pacientes que toleran mal los antiinflamatorios no esteroideos o que los tienen contraindicados, que es justamente donde más se la está empezando a usar.
Dicho eso, hay límites duros que ningún vendedor pone por escrito. No hay datos de seguridad en embarazo ni en lactancia, y la ausencia de señal de daño no es lo mismo que evidencia de seguridad: en ese contexto la respuesta por defecto es no. Tampoco hay datos en menores. Y no existen estudios de interacción farmacológica sistemáticos, de modo que quien tome anticoagulantes, inmunosupresores o pauta analgésica compleja debe consultarlo, no deducirlo.
El riesgo real de esta molécula no es toxicológico, es de oportunidad. Un producto muy seguro y de efecto lento es el candidato perfecto para retrasar un diagnóstico durante meses. Si llevas ocho semanas tomando PEA y el dolor sigue igual, la conclusión no es subir a 1.200 mg: es que hace falta otra cosa.
Quién paga los ensayos
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Esta sección no suele existir en las fichas de producto, y es la que más cambia la lectura. De los once ensayos del metaanálisis de 2023, dos fueron financiados directamente por empresas y en otros dos la medicación la aportó el fabricante. Es decir, cuatro de once tienen a la industria dentro del diseño o del suministro.
El detalle que lo agrava: según la propia tabla de los revisores, ninguno de los once estudios publicó las declaraciones de conflicto de interés de sus autores. Ninguno. En una literatura de once ensayos pequeños eso no es una nota al pie, es una limitación estructural del cuerpo de evidencia.
Hay además una concentración de proveedor notable: el producto de un mismo grupo farmacéutico italiano aparece en cinco de los once ensayos, y el de una segunda compañía en dos más. Siete de once ensayos vienen de Italia, que es también el país donde la PEA tiene su encaje regulatorio más favorable y su mercado más maduro. La correlación entre dónde se investiga una molécula y dónde se vende no invalida los resultados, pero obliga a ponderarlos.
Conviene ser justo con el matiz. Los dos ensayos australianos de mayor calidad también tienen industria detrás, uno financiado por compañía, y aun así son los mejor diseñados del conjunto y declararon su origen. Financiación industrial no equivale a fraude; equivale a que hace falta replicación independiente, y en esta molécula esa replicación independiente es escasa. Es el mismo razón por el que auditamos el mercado en otros suplementos con más relato que réplica.
PEA, intestino y la pista de las etanolamidas
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Uno de los once ensayos del metaanálisis, italiano y de 2017, probó PEA combinada con polidatina en 54 pacientes con síndrome del intestino irritable, a 200 mg dos veces al día durante 12 semanas, y encontró una reducción significativa del dolor abdominal frente a placebo. Es un ensayo pequeño, financiado por la compañía y con combinación de principios, así que no cierra nada. Pero apunta a algo que en 2026 ha ganado contexto.
La PEA no es una etanolamida cualquiera: forma parte de un grupo de mediadores lipídicos que incluye también a la oleoiletanolamida y a la linoleoiletanolamida. En 2026 se publicó un trabajo que encontró que esas tres etanolamidas están reducidas en el suero de pacientes con intestino irritable con predominio de diarrea que además tienen resistencia a la insulina, y que cuanto más bajas, peores los síntomas digestivos.
El mecanismo propuesto es elegante: la oleoiletanolamida actuaría como agonista de PPAR-alfa, el mismo receptor de la PEA, regulando al alza el transportador de serotonina y limitando así la serotonina periférica disponible, que es un motor conocido de la diarrea en esa patología. El hallazgo conecta el intestino con el metabolismo por una vía que hasta ahora se estudiaba por separado, y encaja con lo que sabemos de la microbiota como órgano metabólico y de la resistencia a la insulina como proceso sistémico.
Ahora el freno, porque es donde casi todo el mundo se cae. La parte humana de ese trabajo es correlacional y toda la parte de intervención, la que muestra que dar la molécula mejora los síntomas, está hecha en ratones. No hay ensayo humano aleatorizado de oleoiletanolamida en intestino irritable. Quien traduzca ese paper a un protocolo de suplementación está saltando dos escalones de la jerarquía de evidencia a la vez.
La posición razonable, por tanto, es intermedia: la vía PPAR-alfa en el eje intestino-metabolismo es una hipótesis con buen respaldo mecanístico y con un ensayo humano pequeño que apunta en la misma dirección. Eso justifica seguirla de cerca. No justifica venderla.
Complemento aquí, alimento médico allí
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En España la PEA se vende como complemento alimenticio, sin receta, en dosis que suelen ir de 300 a 1.200 mg diarios y con marcas tanto nacionales como de importación. En Italia, la misma molécula a las mismas dosis se comercializa desde hace años como alimento para usos médicos especiales, una categoría regulada aparte y pensada para el manejo dietético de pacientes bajo supervisión. Misma sustancia, mismo mercado único, dos estatutos legales distintos.
La consecuencia práctica para quien compra en España es concreta: como complemento alimenticio, la PEA no tiene ninguna declaración de propiedades saludables autorizada. Ninguna. Por eso las fichas de producto están escritas en ese registro extraño de insinuación prudente, hablando de soporte nutricional y equilibrio celular en vez de decir dolor, y por eso todas terminan con la advertencia de que lo dicho no ha sido evaluado por la autoridad europea y no sirve para diagnosticar ni tratar ninguna enfermedad.
Aquí hay un desajuste que merece nombrarse. Estamos ante una molécula con tres metaanálisis de ensayos aleatorizados que no puede decir nada en su etiqueta, mientras el mismo lineal exhibe productos con mucha menos evidencia amparados en declaraciones genéricas autorizadas hace quince años. El sistema de declaraciones europeo mide la solidez del expediente presentado, no la de la literatura existente, y nadie ha presentado expediente para la PEA porque es una molécula sin patente que nadie posee en exclusiva.
El efecto colateral es previsible y está a la vista: el vacío legal de la etiqueta lo llena el contenido de marca. Buena parte de lo que un lector en español encuentra al buscar esta molécula son fichas de tienda, blogs de clínica y algún publirreportaje en prensa generalista que apela a un Nobel para avalarla. Conviene precisar ese punto: el Nobel de Medicina de 1986 se concedió por el factor de crecimiento nervioso, no por la palmitoiletanolamida. El trabajo sobre mastocitos y el concepto ALIA vino después y no fue lo premiado.
La PEA indicación por indicación
| Indicación | Evidencia | Nivel (N0-N5) | Resultado | Veredicto KRECE |
|---|---|---|---|---|
| Dolor crónico, agregado | 11 ECA, 774 pacientes | N5 | Baja 1,68 sobre 11 | Real, con heterogeneidad del 93% |
| Artrosis de rodilla | ECA, 111 pacientes | N4 | Menos dolor, más función | El mejor caso individual |
| Neuropatía diabética | ECA, 70 pacientes | N4 | Menos dolor, mejor sueño | Hay comparadores más baratos |
| Dolor ginecológico | 4 ECA pequeños | N4 | Positivo, salvo vestibulodinia | Combinada con polidatina |
| Intestino irritable | ECA, 54 pacientes | N3 a N4 | Menos dolor abdominal | Señal aislada y financiada |
| Túnel carpiano | ECA, 68 pacientes | N4 | Igual que placebo | No usar aquí |
| Dolor por lesión medular | ECA, 73 pacientes | N4 | Igual que placebo | No usar aquí |
| Ventaja de micronizar | Sin ECA comparativo | N1 | Solo datos preclinicos | El sobreprecio no se sostiene |
| Resistencia a la insulina | Asociación sérica, ratón | N1 a N2 | Etanolamidas bajas | Hipótesis viva, no protocolo |
ECA es ensayo controlado aleatorizado, todos ellos doble ciego. La fila que más dice de esta molécula es la de la micronización: es la única del cuadro donde el argumento comercial va por delante de la evidencia, y es justo la que fija el precio en la estantería.
PEA: 5 cosas que la evidencia deja claras
- La PEA no es un cannabinoide. Pertenece al sistema endocannabinoide ampliado, pero no tiene afinidad directa demostrada por CB1 ni CB2. Actúa por PPAR-alfa y por control de mastocitos y glía, que es un mecanismo distinto y más lento.
- Los tres metaanálisis son reales y favorables, pero el de referencia trae una heterogeneidad del 93 por ciento. El promedio de once dolores distintos no es una indicación: es la señal de que algo funciona en algún sitio.
- Los dos ensayos negativos delimitan el terreno mejor que los positivos: túnel carpiano y dolor por lesión medular fallaron. La señal se concentra en dolor inflamatorio y mixto, no en el neuropático por lesión estructural.
- El sobreprecio por micronizada o ultramicronizada no tiene demostración clínica comparativa. Los dos ensayos de mejor calidad de la serie usaron PEA sin micronizar y salieron positivos.
- Cuatro de los once ensayos tienen industria en el diseño o el suministro, y ninguno de los once declaró los conflictos de interés de sus autores. No invalida el cuerpo de evidencia; obliga a leerlo con esa corrección puesta.
La posición de KRECE
La PEA es de los suplementos menos malos y peor explicados del mercado español, y las dos cosas van juntas. Tiene mecanismo plausible, seguridad excelente y tres metaanálisis de ensayos aleatorizados a favor, que es más de lo que puede enseñar el 95 por ciento de lo que se vende en el lineal. Y aun así el cuerpo de evidencia son once ensayos pequeños, mayoritariamente italianos, con la industria dentro y sin una sola declaración de conflicto de interés publicada. Las dos frases son verdad al mismo tiempo.
Si la vas a probar, hazlo con el diseño correcto y con fecha de caducidad. Una indicación donde la señal existe, que es dolor inflamatorio o mixto de intensidad moderada. Dosis de 600 mg diarios repartidos en dos tomas, porque no hay evidencia de que subir compre más. Ocho semanas mínimo antes de juzgar nada, y una decisión binaria al final: si no ha cambiado, se retira. Un suplemento tan seguro que puede tomarse indefinidamente sin daño es exactamente el que acaba tomándose indefinidamente sin beneficio.
No pagues por la ultramicronización hasta que alguien la demuestre. Es la hipótesis farmacocinética más razonable del sector y no tiene un solo ensayo humano cara a cara que la respalde, mientras los dos estudios mejor diseñados de toda la literatura usaron la forma normal. Cuando la diferencia de precio entre dos frascos se sostiene sobre datos de rata, el consumidor está financiando una hipótesis, no comprando un producto mejor.
Y aquí somos más duros con el contexto que con la molécula. Un producto muy seguro, de efecto lento y sin declaraciones autorizadas es el escenario perfecto para que alguien pase ocho meses gestionando con cápsulas un dolor que necesitaba una prueba de imagen. El mayor riesgo de la PEA no es la PEA: es lo que deja de hacerse mientras se toma. Dolor crónico nuevo, cambiante o con síntomas de alarma se lleva a consulta, no a la tienda.
Preguntas frecuentes sobre la PEA
¿Para qué sirve la palmitoiletanolamida?
¿Qué dosis de PEA se usa en los estudios?
¿Merece la pena la PEA micronizada o ultramicronizada?
¿La PEA tiene efectos secundarios?
¿Es la PEA un cannabinoide o un derivado del CBD?
¿Sirve la PEA para el intestino irritable?
En qué se basa este artículo
Ver las 8 fuentes
- Lang-Illievich K, Klivinyi C, Lasser C, Brenna CTA, Szilagyi IS, Bornemann-Cimenti H. Palmitoylethanolamide in the Treatment of Chronic Pain: A Systematic Review and Meta-Analysis of Double-Blind Randomized Controlled Trials. Nutrients. 2023;15(6):1350. PMID 36986081.Fuente principal de esta entrada. 11 ensayos doble ciego, 774 pacientes, reducción agrupada de 1,68 puntos (IC 95% 1,05 a 2,31), heterogeneidad I2 del 93%, rango de dosis de 300 a 1.200 mg, reparto de micronización, financiación industrial y ausencia de declaraciones de conflicto de interés. Registro PROSPERO CRD42021262315. Verificado el 20 de agosto de 2026.
- Meta-Analysis of Palmitoylethanolamide in Pain Management: Addressing Literature Gaps and Enhancing Understanding. 2025. PMID 39798151.Segundo metaanálisis: 18 estudios y 1.196 pacientes, con beneficio apreciable entre las semanas 4 y 6. Registro PROSPERO CRD42024550546.
- Extended Treatment with Micron-Size Oral Palmitoylethanolamide (PEA) in Chronic Pain: A Systematic Review and Meta-Analysis. Nutrients. 2024;16(11):1653.Tercer metaanálisis, centrado en formulaciones de partícula reducida: 9 estudios y 742 pacientes, con mayor reducción a los 60 días que a los 30. No compara micronizada frente a no micronizada.
- National Library of Medicine. MeSH Supplementary Concept: palmidrol, identificador C005958.Nomenclatura de referencia. Términos de entrada: palmitoylethanolamide, N-palmitoylethanolamine, Impulsin, MimyX. Número CAS 544-31-0. Es la ficha que a la vez la clasifica como agonista de receptores cannabinoides y la describe como inactiva sobre ese receptor. Verificado el 20 de agosto de 2026.
- PubChem CID 4671, Palmitoylethanolamide. National Center for Biotechnology Information.Identidad química: C18H37NO2. Verificado el 20 de agosto de 2026.
- Gut bacteria that produce fatty acid ethanolamides alleviate diarrhea-predominant IBS with insulin resistance. Cell Host & Microbe. 2026.Origen de la sección de intestino. Etanolamidas reducidas en suero de pacientes con intestino irritable con diarrea y resistencia a la insulina. La intervención con oleoiletanolamida y el eje PPAR-alfa con el transportador de serotonina son murinos. Registros NCT02822677, NCT03457324, ChiCTR2300069830 y ChiCTR2300067254.
- Travelli C, et al. Fatty Acid Ethanolamides as a Possible Novel Inflammatory Target in the Gut-Brain Axis. Journal of Crohn’s and Colitis. 2026;20(Supl. 1).Contexto del interés por la PEA como diana en enfermedad inflamatoria intestinal. Comunicación a congreso, no ensayo clínico.
- Cremon C, Stanghellini V, Barbaro MR, et al. Randomised clinical trial: the analgesic properties of dietary supplementation with palmitoylethanolamide and polydatin in irritable bowel syndrome. Alimentary Pharmacology & Therapeutics. 2017;45:909-922.El único ensayo doble ciego de PEA en intestino irritable dentro del metaanálisis de 2023: 54 pacientes, 200 mg dos veces al día, 12 semanas, financiado por la compañía y con principio combinado.
